Jaime Abello Banfi fundó, junto a Gabriel García Márquez la actual Fundación Gabo en 1994 para salvaguardar y fomentar el periodismo de calidad en todo el mundo, con especial énfasis en Latinoamérica aunque, con 162 actividades que implican a 280 invitados de 37 países, el festival atrae a instituciones y profesionales de todo el mundo.
El director general de la Fundación Gabo analiza los riesgos a la libertad de prensa
Jaime Abello Banfi fundó, junto a Gabriel García Márquez la actual Fundación Gabo en 1994 para salvaguardar y fomentar el periodismo de calidad en todo el mundo, con especial énfasis en Latinoamérica aunque, con 162 actividades que implican a 280 invitados de 37 países, el festival atrae a instituciones y profesionales de todo el mundo.
La UE no es ajena al riesgo de retroceso democrático, basta mirar a Hungría”
No es solo una festival para periodistas ¿no?
García Márquez tiene que ver con literatura, con periodismo, con cine, pero también con ideas y con compromisos y alegrías. Él es el punto de partida, no el punto de llegada. No se trata de estar hablando de Gabo todo el tiempo, sino de los temas que le interesaban.
Cuando uno escucha ciertos testimonios de sufrimiento y sacrificio de tantos periodistas presentas, se pone al borde de la lágrima.
Sí, es conmovedor y uno se pregunta qué los mueve. Hay una auténtica búsqueda de la verdad, o por lo menos de una aproximación a ella, junto a una pasión por contar historias, una vocación de servicio público y, al final, también patriotismo, o como le queramos llamar, el querer lo mejor para tu comunidad o país, esa repugnancia hacia la injusticia. A mí me parece eso fundamental, en el fondo de cada buen periodista hay esa actitud de no normalizar la injusticia, no darla como algo que hay que aceptar. Y más si esa injusticia tiene que ver con la arbitrariedad, la dictadura o los atropellos del poder.
¿Las zonas inseguras para el periodismo crecen o disminuyen en el mundo?
Están aumentando. Porque van de la mano del deterioro de la democracia y desgraciadamente también de un cambio de los paradigmas relacionados con la libertad de prensa y los derechos humanos, que se consideraban intocables, pero hoy en día hasta Estados Unidos ha abierto una campaña para acabar con la corte internacional de justicia. El contexto es muy desfavorable. En Colombia y en otros lugares han vuelto los asesinatos de periodistas.
¿Y qué le diría a un lector español que cree que eso de la falta de libertad son cosas de África o América Latina?
Pues le diría que aquí le acaban de dar el premio IPI a los Héroes de la Libertad de Expresión nada menos que al conjunto de los periodistas húngaros. Es un país de la Unión Europea en el cual se instaló un régimen de corte autoritario, que afortunadamente ha caído en las últimas elecciones, pero que se quedó en el poder mucho tiempo, apoyado por tres países como Estados Unidos, Rusia y China. El retroceso democrático –y por tanto de la libertad de prensa– es una amenaza que hay que tener presente en todas partes, incluyendo Europa. Piense en la gente que vivía en Ucrania antes de la guerra, nadie se imaginó que una guerra iba a devastarlos, es decir, los países pueden cambiar. Y vivimos una tensión política creciente en las sociedades. La polarización, la guerra de narrativas, las mutuas acusaciones políticas nos están llevando a una situación peligrosa en la que se da además el manejo político del miedo, que en cada parte tiene un objetivo distinto. En Europa, por ejemplo, el miedo a los inmigrantes ha sido explotado políticamente.
¿Por qué un festival periodístico lleva el nombre de Gabo?
Porque él lo practicó, creó esta fundación y no olvide nunca que decía que el periodismo es un género literario. Por supuesto, se refería al buen periodismo, al que no inventa, sino que trata de indagar la realidad y de verificar los hechos que está narrando. Pero debe hacerlo usando las técnicas narrativas alrededor de los personajes, los ritmos, el tiempo, las estructuras… Es algo que a él le fascinaba y por eso insistía en que los talleres de periodismo debían ser como talleres de carpintería para desarmar las piezas de los reportajes y de las crónicas y entender cómo se habían logrado crear.

Varias mesas –e incluso premios– se dedican al periodismo colaborativo.
Es un fenómeno que en América Latina es muy visible. Es un proyecto donde participan muchos periodistas, a veces muchos medios, y se tocan temas complejos. Se ha premiado a El Clip, original de Costa Rica pero hay otros proyectos, una de esas redes mundiales se llama Organized Crime and Corruption Reporting Project (OCCRP), y hacen periodismo colaborativo global, juntan a gente de los 5 continentes. Con ellos tenemos un proyecto muy divertido, que se llama Float Life, para convertir investigaciones periodísticas en proyectos cinematográficos de ficción. Ya van a salir las primeras películas.
¿Cómo va la actividad de la fundación en España?
La fundación no se va a mudar a España, pero trabaja y va a trabajar allí, especialmente en el 2027, el año del centenario de Gabo. Hemos hecho talleres en Barcelona y Madrid… Es muy natural la relación con España y nos interesa profundizarla, pero no dejaremos de ser una fundación latinoamericana. Ese es el aporte que vamos a hacer, no mimetizarnos como españoles, sino ser muy latinoamericanos en España, con nuestros aliados.
Cuando uno viene aquí, recuerda por qué se enamoró de este oficio.
Eso buscamos: mantener ese amor vivo, esa pasión que puede convertirse en hábito.
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