BonÀrea: “La inmigración es necesaria, hace falta más gente para trabajar y crecer”

Ramon Alsina Cornellana (Guissona, 1964) ha tomado el relevo de su padre, Jaume Alsina, en la presidencia de bonÀrea en un momento decisivo para el grupo alimentario y de distribución. El cambio se produce tras seis décadas de liderazgo del fundador, con récord de ingresos y beneficios, y un fuerte plan de expansión encima de la mesa en el que el macro centro productivo de Épila (Aragón) juega un papel central.

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 Ramon Alsina asume la presidencia del grupo alimentario y de distribución en plena expansión  

Ramon Alsina Cornellana (Guissona, 1964) ha tomado el relevo de su padre, Jaume Alsina, en la presidencia de bonÀrea en un momento decisivo para el grupo alimentario y de distribución. El cambio se produce tras seis décadas de liderazgo del fundador, con récord de ingresos y beneficios, y un fuerte plan de expansión encima de la mesa en el que el macro centro productivo de Épila (Aragón) juega un papel central.

Con todo, Alsina Cornellana asume el desafío con tranquilidad. “El cambio se ha producido de una forma muy natural; el fundador, mi padre, tiene 92 años y llega un momento en el que tiene que haber un relevo, así que propuso mi nombre al consejo de administración, que votó por unanimidad, supongo que por la confianza y experiencia que me dan los más de 30 años que llevo trabajando en el grupo”, detalla desde la sede en Guissona (Segarra).

El directivo quiere llevar su modelo productivo y de tienda a Madrid, el Levante y las dos Castillas

Otros miembros de la familia Alsina acompañan al nuevo presidente ejecutivo, que combina el cargo con el de consejero delegado, en el organigrama de la empresa. Su hermano Jaume Alsina Cornellana ejerce de director general, mientras que Maria Teresa Alsina Cornellana es directora de tiendas. El resto de los siete hermanos tiene distintas responsabilidades o son accionistas.

Pero no estamos hablando de una empresa familiar. Pese a su relevancia en la cadena de mandos, la familia Alsina posee un 10% de los títulos del grupo. El restante 90% se reparte entre los 4.253 accionistas propietarios. Este año, la junta de accionistas acordó repartir 26 millones de euros en dividendos, a 29 euros por acción, después de haber ganado 102,69 millones en el 2025, un 15% más, y obtener unas ventas de 2.826 millones, un 5,4% por encima del ejercicio anterior.

Para este 2026 esperan seguir mejorando la facturación. “El primer semestre ha ido bien, estamos por encima del semestre pasado tanto en volumen como en ingresos, en tiendas y, sobre todo, en gasolineras”, detalla el presidente ejecutivo.

Este ejercicio prevén sumar 20 nuevos establecimientos a una red actual de 613 comercios, todos en régimen de franquicia, aunque son propietarios de los locales. Cuando el centro de Épila (Zaragoza) esté a pleno funcionamiento en los próximos años, tendrá capacidad para suministrar entre 1.000 y 1.300 tiendas más que se ubicarán en todo tipo de municipios, desde grandes ciudades a pequeñas localidades de apenas 400 habitantes. De esta manera, bonÀrea podrá seguir creciendo fuera de Catalunya, en la zona de Levante, Madrid, las dos Castillas y el norte de España.

La nueva planta productiva, con una inversión total prevista de unos 400 millones y que ya ha iniciado actividad en procesos logísticos, permitirá además potenciar otras líneas de negocio. Entre ellas, el directivo destaca la exportación, que ahora supone menos del 2% del negocio, y el canal de distribución profesional. Si no han desarrollado más estos segmentos hasta ahora es por falta de capacidad. “El 80% de lo que producimos en Guissona va a suministrar nuestras tiendas”.

Esta expansión requerirá un aumento significativo de la plantilla, que en estos momentos supera las 6.600 personas. Trabajadores que tendrán que incorporarse tanto a las granjas colaboradoras, con el reto del relevo generacional, como al centro productivo y a las tiendas. Esta necesidad de personal se está supliendo en gran medida con recién llegados. “La inmigración es necesaria, hace falta gente para trabajar y crecer; aquí somos los que somos”, prosigue. En la Segarra solo viven 22.000 personas y la tasa de paro es muy baja –subraya–, mientras que en Guissona, donde gobierna Junts y bonÀrea ejerce una intensa actividad social a través de su fundación, más de la mitad de los 7.700 habitantes tiene origen inmigrante.

Quizás por ello ve con buenos ojos la reciente regularización impulsada por el Gobierno, a la vez que aboga por potenciar la formación y el talento. En este sentido, no siente a la compañía reflejada en el informe Fènix, en el que se cuestiona la productividad de la industria cárnica y del turismo.

¿Cómo se imagina bonÀrea dentro de una década? “Como el referente del sector agroalimentario y de la distribución no solo en Catalunya y Aragón, sino también en la zona centro, norte y del levante español”.

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