Por fin podrá conmemorarse como se merece, con un remake del acontecimiento, el cumpleaños del eclipse del 12 de agosto de 1654. Aunque el tiempo ha cubierto de polvo su recuerdo, fue un hecho muy sonado. En gran parte, porque a aquel ocultamiento solar, acertadamente previsto por los astrónomos, lo precedieron unas estremecedoras predicciones astrológicas que remarcaban que se daría mientras el sol pasaba por el signo ígneo de Leo y cerca de los planetas maléficos Saturno y Marte. Algunas también indicaban que, dado que el diluvio universal había sido el 1656 a.C. y que el fin del mundo sería el 1656 d.C., el inminente eclipse era un inequívoco signo apocalíptico.
Por fin podrá conmemorarse como se merece, con un remake del acontecimiento, el cumpleaños del eclipse del 12 de agosto de 1654. Aunque el tiempo ha cubierto de polvo su recuerdo, fue un hecho muy sonado. En gran parte, porque a aquel ocultamiento solar, acertadamente previsto por los astrónomos, lo precedieron unas estremecedoras predicciones astrológicas que remarcaban que se daría mientras el sol pasaba por el signo ígneo de Leo y cerca de los planetas maléficos Saturno y Marte. Algunas también indicaban que, dado que el diluvio universal había sido el 1656 a.C. y que el fin del mundo sería el 1656 d.C., el inminente eclipse era un inequívoco signo apocalíptico.Seguir leyendo…
Por fin podrá conmemorarse como se merece, con un remake del acontecimiento, el cumpleaños del eclipse del 12 de agosto de 1654. Aunque el tiempo ha cubierto de polvo su recuerdo, fue un hecho muy sonado. En gran parte, porque a aquel ocultamiento solar, acertadamente previsto por los astrónomos, lo precedieron unas estremecedoras predicciones astrológicas que remarcaban que se daría mientras el sol pasaba por el signo ígneo de Leo y cerca de los planetas maléficos Saturno y Marte. Algunas también indicaban que, dado que el diluvio universal había sido el 1656 a.C. y que el fin del mundo sería el 1656 d.C., el inminente eclipse era un inequívoco signo apocalíptico.

En su historia sobre El miedo en Occidente , Jean Delumeau habla de la oleada de pánico que generaron estos malos augurios y profecías. Como Elisabeth Labrousse, a quien cita y que escribió una monografía sobre el tema, no se ahorra de reproducir el pasaje que el sacerdote, teólogo e historiador Honoré Bouché dedicó al terror que los rodeó en La Chorographie ou Description de Provence (1664): “Con motivo de un eclipse que se produjo entre las nueve y las diez de la mañana del 12 de agosto, se hicieron, no solo en la Provenza, sino también en toda Francia, Italia, España y Alemania, tales tonterías que nunca se habían oído contar otras semejantes”. Bouché también apunta que, “en aquella ficción y aquel miedo imaginario, solo la Iglesia sacó provecho de las locuras del pueblo”.
Por el eclipse de 1654 se hicieron en Europa “tales tonterías que nunca se habían oído contar otras semejantes”
Pero La Chorographie no es la única obra en la que resuena la conmoción provocada por el eclipse de 1654. La lista es larga. Incluye, por ejemplo, un opúsculo anónimo atribuido a Pierre Gassendi que pretendía disipar el miedo que se había instalado supersticiosamente en el alma de los parisinos.
Y algunos jesuitas más amigos de la astronomía que de las predicciones astrológicas también se apuntaron a la fiesta. Como Jacques de Billy, profesor de matemáticas de la orden y autor de una detallada tabla de eclipses, que habla de ello en Le tombeau de l’astrologie judiciaire (1657), donde ironiza sobre la epidemia de confesiones que acompañó el fenómeno.
O Jakob Bald, poeta alsaciano profesor de retórica de la Compañía, a quien sus contemporáneos aclamaban como el Horacio alemán, que dio a la imprenta De Eclipse solario anno MDCLIV, die XII, augusti (1662), una sátira magníficamente ilustrada de las tonterías que, desde Madrid a Estocolmo, se cometieron por el pánico.
En uno de sus grabados, puede verse a un astrónomo, que recuerda a Galileo, que, sentado en el suelo, contempla estupefacto una imagen del eclipse con el lema: “Mmm!… Parece que este sol enmascarado puede causarnos problemas”. La idea de Bald era que, tras el eclipse, el sol había vuelto a brillar, pero la mente de los europeos seguía manipulablemente ofuscada. Como puede verse leyendo Hobbes o Spinoza, la instrumentalización del miedo era, en el siglo XVII, una poderosa arma política. Como ahora.
Cultura
