“¿Y a qué año lo enviamos?”, duda Lucas.
“Un estudio matemático indica que hay un 47% de posibilidades de que seamos una simulación hecha por la inteligencia artificial de otra civilización”, según Hervé le Tellier, matemático y escritor, premio Goncourt 2020
En el capítulo anterior…
Presentación de Lucios Minicius Natalis Quadronius Verus, a quien llamaremos Minicius júnior para abreviar. Patricio nacido en Barcino en el siglo I d.C. y primer campeón olímpico de origen hispano, Minicius júnior es abducido y lanzado arbitrariamente hacia otro tiempo por dos tipos inclasificables que viven en el año 2091.
Consulta los capítulos anteriores de Experimento Cronos:
1. Barcelona, 2091: Andrew Smith III & Lucas Johnson IV se aburren
2. Barcino, 130 d.C: Minicius júnior es abducido
“¿Y a qué año lo enviamos?”, duda Lucas.
“Y yo qué sé, ponle a hace 700 años, a ver qué tal le va”, contesta un excitado Andrew.
Lucas teclea los números correspondientes a 1391 y se acomoda en una de las dos sillas, desplazadas desde el centro del almacén hacia la esquina en la que la imagen de Minícius júnior se empieza a invisibilizar junto a su casa de Barcino para recomponerse en apenas unos segundos en un espacio totalmente diferente. El experimento Cronos renace pues un 5 de agosto del 2091 (y de 1391), esta vez de forma ilegal y antiética impulsado por dos tipos con mucho tiempo libre y tirando a irresponsables, por no decir imbéciles.
¿Qué es lo que deja pasmado a Minicius jr?
En realidad todo.
Por lo pronto su hogar ha desaparecido a sus espaldas y el hedor a su alrededor es insoportable. Se lleva la mano a la nariz y la boca de forma instintiva y empieza a temblar, él que nunca le tuvo miedo a nada. “¿Dónde estoy? ¿Qué está pasando? ¡Júpiter, te imploro, sácame de aquí, devuélveme a casa!”. De repente, se echa hacia atrás haciendo gala de unos grandes reflejos que desde 2091 sus dos marionetistas aplauden y corean. El motivo de su reacción es que cinco hombres famélicos han acorralado a un sexto y se disponen a matarlo. Lo hacen rabiosos al grito de ¡muerte a los judíos! La mayoría le golpean pero uno de ellos saca un objeto punzante parecido a una espada y le atraviesa el pecho. A Minicius jr no le impresiona especialmente la escena porque a lo largo de su vida ha matado gente como para hacer unas cuantas gildas con sus cuerpos, pero sigue muy alterado por no saber qué caray ha ocurrido con su existencia en un abrir y cerrar de ojos. Por eso, se dirige al asesino principal, el que lleva la espada, y le pregunta: “Ubi sum ego?”, que en latín significa “¿dónde estoy?”.
“Què collons diu aquest friki de la túnica y les sandàlies?”, contesta el nativo con un catalán medieval.
Andrew y Lucas, que siguen la escena entusiasmados hasta el punto de agenciarse una pastilla con sabor concentrado de palomitas, manipulan enseguida la cabecita de Minicius jr para que entienda y hable el catalán en décimas de segundo, el sueño de la extinta Convergència.
La demagogia se ha propagado y la gente señala a la comunidad judía como culpable
“Hola, el meu nom és Lucios Minicius Natalis Quadronius Verus i m’agradaria saber on soc”, pregunta con educación.
“Doncs esteu vos al barri jueu de Barcelona, així que dedueixo per les pintes que deus ser un puto rabí”, contesta el hombre de la espada, que inmediatamente blande su arma hacia Minicius jr sin mediar una palabra más.
Minicius júnior, un bravo guerrero, esquiva la agresión, atiza a su enemigo y le birla la espada en una gran maniobra aplaudida, cómo no, por Andrew y Lucas, sentados cómodamente en sus sillas. Seguidamente, le atraviesa el vientre y hace lo propio con los otros cuatro tipos de la manada, que intentaban aporrearle con todo tipo de artefactos, sin acertar una sola vez.
Minicius jr no tiene ni idea de lo que está sucediendo. No es consciente de que los hombres que ha liquidado no son militares sino ciudadanos de la peor clase de Barcelona movidos por el odio. Barcelona lleva décadas sufriendo episodios de hambruna, brotes de peste letales (la ciudad ha perdido el 30 por ciento de su población, que ahora debe rondar los 17.000 individuos, sin contar perros y gatos que todavía no han sido metidos en una olla) y, consecuentemente, una situación económica que ríete tú de la crisis de Lehman Brothers. La demagogia se ha propagado entre la gente que, desesperada y más pobre que las ratas, señala a la comunidad judía como culpable de todos sus males. Estamos ante los precursores de Aliança Catalana: cambien judíos por musulmanes. Lógicamente, de todo esto no tenían ni idea los dos gañanes que mandan sobre el destino de Minicius desde el futuro. El 5 de agosto el asalto al barrio judío fue devastador, un pogromo de manual. Arcos, ballestas y fuego. Solo se salvaron los que lograron huir o los que se convirtieron al cristianismo de manera exprés.
Minicus jr mata esa mañana a una docena de aborígenes radicalizados más hasta que, agotado, se convierte al cristianismo para sobrevivir. La moto le suena de algo, puesto que, en una charla en Roma con el emperador Adriano, buen amigo que por cierto odiaba a los judíos, éste la había hablado de un gurú carismático que arrastraba masas hasta que Poncio Pilato, gobernador de Judea bajo el mandato del emperador Tiberio, lo había crucificado hacía ya unos cuantos años.
Han transcurrido cuatro semanas desde el episodio de violencia extrema en Barcelona. Minicius jr se ha resignado a su suerte, ha montado un negocio de mascarillas aprovechando que los judíos, grandes emprendedores, han sido exterminados, y ha fornicado con hombres y mujeres asumiendo el riesgo de contagio de la peste y numerosas ITS porque a estas alturas le da igual morir o seguir vivo. Andrew y Lucas, aburridos de tanta paz ambiental (la prosperidad en los negocios de su pelele no les interesa lo más mínimo y sus escenas sexuales les dicen poco ya que son consumidores de porno mucho más elaborado), succionan al pobre Minicius jr y deciden trasladarle a otra época. Se vienen nuevas emociones fuertes para nuestro pobre barcinonense.
Cultura
