Superado el exigente y deslumbrante primer capítulo, el lector de Arca (Seix Barral), la última y ambiciosa novela de Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971), se adentra en una historia de tintes apocalípticos ambientada en Venecia, “la ciudad más bella e inevitable que la humanidad ha tenido la audacia de levantar desde el inicio de su terca aventura”, tal como aparece descrita.
El escritor novela en ‘Arca’ la fabulosa aceleración del presente
Superado el exigente y deslumbrante primer capítulo, el lector de Arca (Seix Barral), la última y ambiciosa novela de Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971), se adentra en una historia de tintes apocalípticos ambientada en Venecia, “la ciudad más bella e inevitable que la humanidad ha tenido la audacia de levantar desde el inicio de su terca aventura”, tal como aparece descrita.
Corre el año 2029, un futuro a la vuelta de la esquina en el que se ha producido una Gran Conmoción, un alucinado y distópico final de los tiempos que nada tiene que ver con virus letales ni guerras nucleares, cuando el protagonista, que posee un don extraordinario por el que puede acceder al pasado, recibe un misterioso encargo. Alojado en un palazzo , que sirve a su vez de umbral hacia lo desconocido, este héroe, que comparte algunos rasgos con el autor, desdobla su capacidad visionaria hacia delante para explorar un porvenir sumergido.
Ambientada en Venecia en el 2029, la obra gira en torno a la acuciante amenaza del final de los tiempos
“Este personaje me permitía recorrer los tres tiempos de la narración: lo sucedido, lo que está pasando y lo que puede ser”, explica Menéndez Salmón sobre la compleja estructura de su novela, que reconoce que no ha escrito “para todos los públicos”, ya que demanda una atenta complicidad del receptor.
También la lengua, que se caracteriza por buscar el “asombro” mediante palabras de apariencia críptica, como epicántico o monófora, pero que “están ahí para nombrar el mundo y atrapar las cosas”, es de una riqueza exuberante.
Arca es “una novela de ideas”, reconoce el autor, y, por tanto, “se compadece” con sus libros anteriores, pero esta vez ha dado “otra vuelta de tuerca” a su trayectoria literaria y ha introducido elementos de géneros como la novela de fantasmas, la novela policiaca y hasta un poco la gótica para “intentar dinamitarlos de alguna manera y convertirlos en otra cosa”.
El resultado es un “artefacto” de casi 500 páginas articulado en forma de “puro enigma” que el protagonista, y con él el lector, trata de resolver a lo largo de sus muchas peripecias.
“Lo que tengo claro es que la marca de agua de este tiempo es su brutal aceleración”, reflexiona el escritor asturiano sobre el tema de su obra, en la que aparecen androides que se rebelan contra el sistema y se decapitan a sí mismos. “Eso es solo atrezo, pero sí, vivimos una época en la que el enunciado de una posibilidad, la que sea, y la realización de esa posibilidad se están acortando cada vez más”, analiza. “No sabemos lo que va a pasar en tres o cuatro años. ¿Es mucho? ¿No es nada? ¿O va a ser la de Dios y va a haber aquí un parteaguas histórico?”. De modo que no le ha hecho falta situar Arca , un título, claro está, que evoca la salvación tras el bíblico diluvio universal, en un horizonte temporal lejano.
“El apocalipsis ya está sucediendo, desde hace décadas. Y somos invitados no solo a contemplarlo, sino a ser agentes de su llegada”, argumenta Menéndez Salmón, que tal vez por ello se refugia en la belleza de las artes, sobre todo las plásticas. “Sí, eso es una seña de identidad para mí. La pintura y la fotografía me conmueven muchísimo, por la promesa de narración que llevan dentro”, concede. Siguiendo así la estela de los clásicos: “Ut pictura poesis ”, escribir es pintar, que decía Horacio.
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