Hace unos pocos meses, la Conselleria d’Economia de la Generalitat de Catalunya organizó un acto bajo un sugerente título: “ La estadística, pilar de la democracia”. Aunque pueda parecer, en una primera impresión, algo grandilocuente, refleja bien la importancia de disponer de una información lo más fiable posible para la sociedad en general y para las políticas públicas en particular. Para que esto sea así, los datos que elaboran los institutos de estadística oficiales no solo han de garantizar la fiabilidad y calidad adecuadas, sino que, además, han de mostrar de la manera más transparente posible las metodologías con las que se elaboran las estadísticas. Todo ello garantizando la independencia de los institutos de estadística, la no manipulación política de los datos o evitando las presiones a las instituciones que los producen.
Hace unos pocos meses, la Conselleria d’Economia de la Generalitat de Catalunya organizó un acto bajo un sugerente título: “ La estadística, pilar de la democracia”. Aunque pueda parecer, en una primera impresión, algo grandilocuente, refleja bien la importancia de disponer de una información lo más fiable posible para la sociedad en general y para las políticas públicas en particular. Para que esto sea así, los datos que elaboran los institutos de estadística oficiales no solo han de garantizar la fiabilidad y calidad adecuadas, sino que, además, han de mostrar de la manera más transparente posible las metodologías con las que se elaboran las estadísticas. Todo ello garantizando la independencia de los institutos de estadística, la no manipulación política de los datos o evitando las presiones a las instituciones que los producen.Seguir leyendo…
Hace unos pocos meses, la Conselleria d’Economia de la Generalitat de Catalunya organizó un acto bajo un sugerente título: “La estadística, pilar de la democracia”. Aunque pueda parecer, en una primera impresión, algo grandilocuente, refleja bien la importancia de disponer de una información lo más fiable posible para la sociedad en general y para las políticas públicas en particular. Para que esto sea así, los datos que elaboran los institutos de estadística oficiales no solo han de garantizar la fiabilidad y calidad adecuadas, sino que, además, han de mostrar de la manera más transparente posible las metodologías con las que se elaboran las estadísticas. Todo ello garantizando la independencia de los institutos de estadística, la no manipulación política de los datos o evitando las presiones a las instituciones que los producen.
Algunas actuaciones del presidente Trump son un buen ejemplo de lo que deberíamos evitar. Por ejemplo, acusar a la Oficina de Estadísticas Laborales de publicar datos de empleo manipulados y destituir a su directora, Erika McEntarfer, es una muestra, entre otras, de lo que los poderes públicos no deberían hacer. En España, aunque ajena a esta problemática, es relevante destacar la dimisión, en el 2022, del director del Instituto Nacional de Estadística, J.M. Rodríguez, por las discrepancias con el Ministerio de Economía sobre la metodología de estimación del PIB tras la pandemia.
Algunas actuaciones de Trump son un buen ejemplo de lo que deberíamos evitar
Evidentemente, no todo se puede poner en un mismo saco. Manipular políticamente los datos estadísticos es un grado de intervención totalmente rechazable porque afecta a la credibilidad social de las estadísticas y de las instituciones que las generan. También lo es el cese de los responsables de dichas instituciones cuando los resultados publicados no son del agrado de los poderes públicos. Indican, en este caso, que la independencia de los institutos no goza de las garantías adecuadas. En cambio, el debate, incluso la controversia, sobre las metodologías utilizadas en la elaboración de las estadísticas y su acceso al público en general puede y debe ser la mejor garantía posible para elaborar las estadísticas más adecuadas a las demandas de la sociedad, que en su esencia son cambiantes a lo largo del tiempo.
Una muestra de estos debates se focaliza en la idoneidad de los indicadores estadísticos estimados. Por ejemplo, es conocido el debate sobre si el PIB o el PIB per cápita son los indicadores que mejor reflejan la prosperidad de un país. Otro tipo de debate está más vinculado a la interpretación de los indicadores. En este caso, la reciente controversia entre Krugman, por un lado, y Aghion, Bergeaud y Garicano, por otro, sobre el alcance de dos indicadores, la productividad a precios constantes y la productividad a precios corrientes ajustada por la paridad de poder de compra, para explicar las diferencias entre la economía europea y la de EE.UU. Todos ellos son buenos ejemplos de cómo el debate puede ayudar a la mejor comprensión de los indicadores estadísticos.
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