Se crea empleo

España está creando empleo, una noticia muy positiva. En el segundo semestre del año se generaron 486.000 puestos de trabajo, casi la mitad ocupados por población extranjera. En términos anuales, se han creado más de medio millón de empleos, tanto en el sector privado como en el público, este último impulsado con especial fuerza por la proximidad de las elecciones municipales y autonómicas. Estas cifras contrastan con la notable caída del empleo autónomo, que perdió 42.900 puestos y se vio especialmente afectado por el fuerte aumento de sus costes.

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 España está creando empleo, una noticia muy positiva. En el segundo semestre del año se generaron 486.000 puestos de trabajo, casi la mitad ocupados por población extranjera. En términos anuales, se han creado más de medio millón de empleos, tanto en el sector privado como en el público, este último impulsado con especial fuerza por la proximidad de las elecciones municipales y autonómicas. Estas cifras contrastan con la notable caída del empleo autónomo, que perdió 42.900 puestos y se vio especialmente afectado por el fuerte aumento de sus costes.Seguir leyendo…  

España está creando empleo, una noticia muy positiva. En el segundo semestre del año se generaron 486.000 puestos de trabajo, casi la mitad ocupados por población extranjera. En términos anuales, se han creado más de medio millón de empleos, tanto en el sector privado como en el público, este último impulsado con especial fuerza por la proximidad de las elecciones municipales y autonómicas. Estas cifras contrastan con la notable caída del empleo autónomo, que perdió 42.900 puestos y se vio especialmente afectado por el fuerte aumento de sus costes.

Gracias al buen momento del mercado laboral, la tasa de desempleo ha caído por debajo del umbral psicológico del 10%, hasta situarse en el 9,8%. Esto supone 213.300 parados menos y deja el total de desempleados cerca de los 2,5 millones.

España es el país europeo con mayor tasa de desempleo a pesar de crecer el doble

Como era de esperar, estas cifras han sido aprovechadas por el presidente del Gobierno y, especialmente, por la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz. Han servido como broche para presentar un balance del ejercicio que, según el Gobierno, ha sido muy positivo. Sin embargo, habría que ser más prudente antes de lanzar las campanas al vuelo si se tiene en cuenta que la tasa de desempleo en España duplica a la media de la OCDE y está muy lejos del 5,9% de la UE. No habría que olvidar que España es el país europeo con mayor tasa de desempleo a pesar de crecer el doble que los países de su entorno.

Otro dato significativo es que el 40% del empleo creado se concentra en el sector servicios y la hostelería, impulsado por la Semana Santa y la proximidad de las vacaciones de verano. También se han generado puestos en sectores como el sanitario y el tecnológico, como cabía esperar, pero la mayoría de los nuevos empleos son de bajo valor añadido. Esto ayuda a explicar que la productividad siga siendo muy baja y permanezca prácticamente estancada. Por tanto, estos datos deben analizarse también a la luz de la regularización extraordinaria de inmigrantes, que afecta a 1,2 millones de personas.

Al escuchar a los responsables gubernamentales, podría parecer que España avanza por el buen camino y que esta es la senda que debe mantenerse en el futuro. Sin embargo, nada está más lejos de la realidad. La buena evolución del mercado laboral no responde a un modelo de crecimiento sólido, sino a una inercia que empieza a agotarse. Sus tres principales motores muestran claros signos de desgaste: la llegada masiva de inmigrantes, a la que se atribuye alrededor del 60% del crecimiento del PIB, se ve frenada por la falta de vivienda y los elevados precios del alquiler; las ayudas millonarias procedentes de la UE y que ya se han agotado; y el turismo, con cien millones de visitantes al año, se enfrenta a riesgos crecientes por las olas de calor y la masificación.

Se trata, en definitiva, de un modelo de crecimiento económico poco sostenible que deberá replantearse tras las elecciones generales.

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