Hace 25 años, Adam Lake participó en las labores de rescate tras los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York. Allí perdió a 11 compañeros de su unidad. Ahora, a 6.200 kilómetros de la ciudad estadounidense, este bombero jubilado se enfunda los pantalones y la chaqueta ignífuga, se ajusta las botas y coge los guantes y el casco. Vive en Jávea (Alicante) desde hace dos años. A su lado, otros tres voluntarios —un inglés, un colombiano y un irlandés— terminan de equiparse antes de subir al vehículo con el que recorrerán el término municipal. Es miércoles, 15 de julio, y uno de los días más tórridos del verano hasta ahora. La alerta por riesgo de incendio es extrema y patrullan a diario.
Un gran fuego en 2016 marcó al municipio alicantino de Jávea, que elaboró un plan preventivo y se apoya en personas entrenadas para intervenir desde el primer minuto
Hace 25 años, Adam Lake participó en las labores de rescate tras los atentados de las Torres Gemelas de Nueva York. Allí perdió a 11 compañeros de su unidad. Ahora, a 6.200 kilómetros de la ciudad estadounidense, este bombero jubilado se enfunda los pantalones y la chaqueta ignífuga, se ajusta las botas y coge los guantes y el casco. Vive en Jávea (Alicante) desde hace dos años. A su lado, otros tres voluntarios —un inglés, un colombiano y un irlandés— terminan de equiparse antes de subir al vehículo con el que recorrerán el término municipal. Es miércoles, 15 de julio, y uno de los días más tórridos del verano hasta ahora. La alerta por riesgo de incendio es extrema y patrullan a diario.
Los cuatro forman parte de Balcón de Mar, un grupo de 23 voluntarios fundado en 1981 por ciudadanos suizos afincados en Jávea para colaborar con el Ayuntamiento en la prevención de incendios forestales y otras emergencias. El objetivo sigue intacto, pero la localidad ha cambiado. Decenas de urbanizaciones de chalés individuales se desparraman por el monte entre pinos, en un laberinto de calles empinadas, que complican las labores de los equipos de extinción si se declara un incendio. La población, además, pasa de 30.000 a 120.000 habitantes en verano y una gran parte de estos residentes no hablan ni una palabra de español.
Es una situación que se repite en buena parte de los destinos vacacionales, muchos de ellos todavía sin planes de prevención de incendios, como exige la Ley de Montes de 2003. Aunque solo están obligados aquellos que las comunidades autónomas identifican como de alto riesgo.
El plan local de prevención contra incendios de Jávea llegó dos años después del incendio de 2016 en el parque natural de la Granadella que marcó al municipio: arrasó 812 hectáreas, afectó a más de 300 viviendas y calcinó siete. “Aquello fue un infierno; el fuego nos corría a través de los setos de las casas, iba saltando parcela tras parcela; no atendíamos al incendio, solo a las casas, a sacar a gente, porque había fuegos por todos los lados. Nos dimos cuenta de nuestra vulnerabilidad”, rememora José Antonio Monfort, jefe de la Policía Local del pueblo.
Ya habían sufrido otro gran incendio en 2014, en el parque natural del Macizo del Montgó, la montaña más emblemática de Jávea y Dénia, donde también hay urbanizaciones y una de las zonas de mayor riesgo. Ahora cuentan con el plan y con una nueva cartografía de la interfaz urbano-forestal, un área en el que las zonas de monte y las casas prácticamente se tocan. También han recuperado depósitos de agua abandonados para abastecer a los helicópteros, cuentan con drones con cámara térmica, han creado grupos de WhatsApp con las urbanizaciones y desbrozan el monte para reducir la carga de combustible en áreas estratégicas, para lo que también utilizan un rebaño de cabras durante el invierno. Jávea se extiende por 68 kilómetros cuadrados, 22 de ellos de superficie forestal, y el 54% de la población reside en viviendas dispersas.
Depender de uno mismo
Lo que todavía no ha conseguido Jávea es contar con un retén de bomberos propio todo el año; el más cercano se encuentra en Dénia a unos 20 kilómetros. “Solo nos mandan uno del 15 de junio al 15 de septiembre, de 10.00 a 22.00″, se lamenta la alcaldesa, Rosa Cardona (PP). Que también advierte de que, a pesar de todo el esfuerzo, que incluye la autoprotección, “el riesgo cero no existe”. La experiencia les ha hecho aprender a “no depender de organizaciones supramunicipales”, puntualiza.
Pero quien acaba marcando la diferencia de este municipio con respecto a otros son los bomberos voluntarios y los 48 miembros de Protección Civil (30 de ellos capacitados para intervenir en incendios), entrenados y equipados por el Ayuntamiento, que se reparten el municipio para patrullar. “Esta colaboración permite apagar incendios cuando están en sus inicios”, apunta Ferrán Dalmau, ingeniero forestal y experto en prevención de incendios. Con su empresa, MediXXI, ha elaborado más de 200 planes de este tipo, incluido el de Jávea.
Se reparten el municipio entre todos. Lake, de 59 años, está equipado para salir desde la base e iniciar la patrulla por la zona del Cabo de la Nao. Cuenta que se incorporó al cuerpo para “ayudar a su nueva comunidad” y volver, de algún modo, a un trabajo que siempre le ha apasionado.
Él y su mujer se enamoraron de España después de hacer el Camino de Santiago en 2019. Decidieron seguir recorriendo el país y viajaron desde Valencia hasta Estepona. Cuando llegó el momento de elegir dónde instalarse, ganó Jávea. Les conquistó el entorno, pero también los amigos que hicieron. “Yo aporto mi experiencia en incendios de edificios de Nueva York y ellos me enseñan cómo son los incendios forestales aquí. Todos aprendemos de todos”, dice. Todavía no habla español, pero está en ello.
A su lado, el colombiano Steven Muñoz, de 30 años, profesor de artes marciales y fotógrafo, asiente: “Solo llevo siete meses en esto y una de las cosas que más me gusta es que tengo compañeros con años y años de experiencia. No somos solo cuatro vecinos”. El irlandés Terence Curran, exmilitar y ahora agente inmobiliario, es el comandante del grupo desde hace nueve años y se muestra especialmente satisfecho de que se estén incorporando españoles. Ambos se suben al vehículo todoterreno equipado con mangueras camino del parque forestal de Granadella. Curran, de 59 años, explica que ellos vigilan la parte sur del territorio mientras observa cómo ha ido avanzando la vegetación desde el incendio de hace diez años.
Conexión vecinal por Whatsapp
Roman Sotnikov vive en Jávea desde hace 11 años y administra el grupo de WhatsApp que conecta a los vecinos con la Policía Local de la urbanización Tesoro Park, al sur del término municipal. Rodeada de pinares y con viviendas unifamiliares, es una de las zonas con alto riesgo de incendio. Sotnikov es el responsable de la seguridad e incendios de la asociación de vecinos, integrada por unos 80 propietarios.
En el último mes han sufrido dos incendios cerca de la urbanización, que se han apagado rápidamente. “La persona que ve el incendio llama al 112, donde tienes la opción de hablar en inglés; yo informo a los vecinos por un grupo de WhatsApp que tenemos solo para cuestiones importantes”, describe. Después, hay que esperar las indicaciones de las autoridades. “Les digo qué tienen que hacer, porque aquí el 90% somos extranjeros, la gente habla poco español y mi misión es garantizar la comunicación”, comenta Sotnikov en buen español.
“Claro que tenemos miedo, vivimos cerca del bosque y vemos cómo las temperaturas aumentan”, responde. Uno de los problemas con los que se encuentran son las casas alquiladas, en las que los propietarios deberían informar a los inquilinos sobre reglas que son estrictas. “Cuando estamos en alerta roja, no puedes preparar una barbacoa ni en el jardín de tu casa”, pone como ejemplo.
“Es muy importante que llamen inmediatamente, porque los fuegos empiezan por una pequeña llama”, añade Miero Serra, jefe de Protección Civil de la localidad, mientras enseña los vehículos con los que patrullan. Cuando reciben un aviso, salen de inmediato. Si los bomberos todavía no han llegado, empiezan a actuar hasta que estos asumen el mando. Sus vehículos, más ligeros, y el conocimiento que tienen del terreno les permiten llegar antes y atajar muchos incendios cuando aún son un conato. Cuentan también con bombas que pueden usar en las piscinas de las viviendas ―hay más de 9.000―, de forma que estas se convierten en depósitos de agua.
Dalmau advierte de que “en este contexto de cambio climático, los municipios que se están preparando tienen más garantías, sobre todo si implican a la población para que sea parte de la solución, no del problema”. Jávea es un ejemplo de localidad que ha decidido aumentar su respuesta contra el fuego. “Trabajar juntos es la manera de gestionar la que se nos viene encima. Hay que elegir entre improvisación o planificación, y ahí está la diferencia entre unos lugares y otros”.
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