Vivaldi y los tres mosqueteros del violín

La violinista francesa Chouchane Siranossian dejó sin resuello al público del Festival de Torroella este domingo, junto a la tremenda Venice Baroque Orchestra, la formación del maestro y clavecinista Andrea Marcon, que está llevando a cabo con la artista francesa un programa la mar de singular –en CD y en directo– sobre los grandes compositores/violinistas del barroco italiano que rivalizaban entre sí para merecer el puesto de mejor espadachín del arco.

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 La genial violinista Chouchane Siranossian recrea la rivalidad entre cuatro grandes del barroco italiano  

La violinista francesa Chouchane Siranossian dejó sin resuello al público del Festival de Torroella este domingo, junto a la tremenda Venice Baroque Orchestra, la formación del maestro y clavecinista Andrea Marcon, que está llevando a cabo con la artista francesa un programa la mar de singular –en CD y en directo– sobre los grandes compositores/violinistas del barroco italiano que rivalizaban entre sí para merecer el puesto de mejor espadachín del arco.

Décadas antes de que se apodara a Paganini el más grande virtuoso del violín de todos los tiempos, ya había cuatro fieras del instrumento que buscaban con sus propias composiciones llevar más allá la revolución técnica heredada de Arcangelo Corelli. Fallecido éste en 1713, Antonio Vivaldi, Francesco Maria Veracini, Giuseppe Tartini y Pietro Locatelli se dedicaron a superar cualquier desafío de las formas y la expresividad. Era un auténtico duelo entre titanes del violín que Siranossian recrea en este Duelo de arcos en Venecia , un programa espectacular en el que ella misma aporta cadencias y variaciones propias.

El público, estupefacto, despidió a la artista francesa y a la Venice Baroque Orchestra con una ‘standing ovation’

El público de Torroella no daba crédito ante la velocidad y precisión en el escenario, pero sobre todo ante la belleza con la que interpretaban desde La tempesta di mare de Vivaldi –con el arco de Siranossian rasgueando las cuerdas y agriando su sonido– al Concierto para violín en La mayor de Tartini, pasando por la atormentada Sonata núm. 12 en Re menor de Veracini en una formación única de violín, clave y violonchelo que conmocionó por su sentimiento, especialmente en el movimiento lento del principio. “Lo virtuoso no está solo en los movimientos rápidos: también en la manera de conmover a la gente”, contaba a este diario la artista francesa de padre armenio. “En el barroco italiano no se trataba solo de presumir, sino de llegar a las personas”.

La improvisación y la ornamentación era vital en el barroco. Y el especialista era Tartini, que escribió incluso un libro que el padre de Mozart tomó como referente. Y hay cosas, como en Locatelli, que son pura pirotecnia. No en vano era descrito como un diablo. “No tiene nada que envidiar a Paganini: sabemos que Paganini también se inspiró en él”, añade.

La segunda parte del programa abría justamente con el Concierto para violín núm. 2 de Locatelli, un autor que había llegado muy lejos en sus Capricci con las dobles cuerdas y, a veces, con registros altísimos. En realidad, no había gran comunicación entre los cuatro: Veracini se fue a Inglaterra, Locatelli estaba en Ámsterdam y Tartini en Padua. Pero Vivaldi, que permaneció en Venecia, era el menos divo de todos ellos. No estaba tan centrado en presumir…

Acaso porque se sabía por encima del resto: el más original. Con él se completó un concierto extraordinario de más de dos horas de duración. Sonó el Concierto para cuerdas en Sol menor y el tan exigente y bellísimo Grosso Mogul .

Y para los bises, Siranossian escogió el de violín en Re mayor , y rubricó con el vibrante Verano de Las cuatro estaciones . Allí la orquesta estaba en estado de gracia, atacando y cortando, cerrando cada frase con gran libertad de brazos y logrando un Vivaldi muy rítmico y casi rasgado.

El público dedicando una standing ovation a los artistas del Véneto, que hicieron un enorme servicio a la causa barroca.

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