‘Um julgamento’, juicio a un idealista

Um julgamento se podría leer como una recapitulación del universo escénico de Christiane Jatahy. Presentes casi todos los elementos que plasman su compromiso político, la simbiosis de pantalla y escena viva y su particular fina línea entre la ficción y el documento. Todo amalgamado para construir un simulacro de juicio a un personaje de la literatura dramática tan revisado como el doctor Thomas Stockmann, el Enemigo del pueblo de Henrik Ibsen. Nadie mejor para concentrar sobre su persona y su famoso discurso del acto IV infinitas reflexiones sobre la compleja relación entre la ética del individuo y las decisiones colectivas.

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 La obra se podría leer como una recapitulación del universo escénico de Christiane Jatahy  

Um julgamento

Concepto y dirección: Christiane Jatahy
Texto: Christiane Jatahy, Wagner Moura, Lucas Paraizo
Intérpretes: Julia Bernat, Danilo Grangheia, Wagner Moura y Sílvia Ferrando
Lugar y fecha: Teatre Lliure, Sala Fabià Puigserver, Grec’26 (30/VII/2026)

Um julgamento se podría leer como una recapitulación del universo escénico de Christiane Jatahy. Presentes casi todos los elementos que plasman su compromiso político, la simbiosis de pantalla y escena viva y su particular fina línea entre la ficción y el documento. Todo amalgamado para construir un simulacro de juicio a un personaje de la literatura dramática tan revisado como el doctor Thomas Stockmann, el Enemigo del pueblo de Henrik Ibsen. Nadie mejor para concentrar sobre su persona y su famoso discurso del acto IV infinitas reflexiones sobre la compleja relación entre la ética del individuo y las decisiones colectivas.

El dispositivo, con la participación de once voluntarios entre el público (coordinados en Barcelona por Sílvia Ferrando), es usar el texto de Ibsen como base jurídica para que un tribunal popular decida si Stockmann es o no “un enemigo del pueblo”. Un método de aprendizaje habitual en las facultades de derecho anglosajonas que hace unos años Roger Bernat y Yan Duyvendak convirtieron en propuesta escénica para decidir si Hamlet era un asesino. Pero también recuerda a los juegos de participación democrática que proponían Thomas Ostermeier o Àlex Rigola en sus respectivas versiones de la obra.

Las primeras palabras de un espléndido Wagner Moura (Stockmann) parecen conducir el debate hacia una cuestión tan vigente cómo la retirada de la verdad del pensamiento crítico colectivo. Y todo parece situarse en un abierto conflicto entre el idealismo intransigente y el forzoso consenso que exige el ejercicio político democrático. Así parece, formidablemente defendido por el propio Moura; Danilo Grangheia, que interpreta a Peter Stockmann, su hermano, exalcalde de la ciudad-balneario y fiscal acusador, y Julia Bernat, Petra, hija mayor del acusado y aquí asumiendo la defensa. 

Pero el gran planteamiento ético es sustituido por una inopinada coda en la que Jatahy centra su mirada hacia lo íntimo y la necesidad de los vínculos personales más allá de las diferencias. Ese giro ya se atisba en una prueba judicial: una grabación furtiva que, como un plano de Ingmar Bergman, capta una crisis del matrimonio Stockmann (gran interpretación de Marjorie Estiano).

La sensación residual es muy extraña, como si se montara un gran debate político, con el activo emocional en la batalla de las ideas de las culturas viscerales, para concluir que la vida sigue si tienes a los tuyos a tu lado y puedes disfrutar de un buen helado. Un poso de buen rollo entre el oscuro cuestionamiento filosófico que emerge puntualmente para que el público se relaje y ría. Como mínimo -o máximo- la función es un regalo para disfrutar de la extraordinaria versatilidad de Wagner Moura. Igual de cautivador captado por la pantalla en un primer plano como moviéndose por el escenario (un despliegue escenográfico austero) encarado al público.

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