Una virtud nada despreciable de la superproducción odiseica de Christopher Nolan es poner uno de los relatos fundacionales de la cultura occidental en el mismo escaparate que acostumbran a monopolizar contenidos tan diversos como el Mundial de fútbol, los conciertos de Taylor Swift, la verborrea de Trump o las últimas ocurrencias de creadores de contenidos sin sustancia. La Odisea , y en general la cultura clásica, es tan rica que permite abordarla desde muchas perspectivas. En su Canto XI, en la traducción catalana de Pau Sabaté, que ha sido la gran novedad del verano, leemos: “No hi ha cap glòria major ni renom més gran per a un home, mentre és en vida, que el que assoleix amb braços i cames”. Es un elogio de la fuerza física propio del mundo antiguo, pero que tiene parangón hoy, aunque los brazos y las piernas de los guerreros cada vez queden más lejos de sus acciones, que primero pasaron de empuñar armas blancas a usar armas de fuego y ahora se parapetan tras los joysticks que dirigen los drones. Aquí Homero ilustra el esfuerzo extremo y la gloria terrenal en relación con el castigo mitológico de Sísifo, pero permite empezar un recorrido literario por piernas y brazos perdidos.
Una virtud nada despreciable de la superproducción odiseica de Christopher Nolan es poner uno de los relatos fundacionales de la cultura occidental en el mismo escaparate que acostumbran a monopolizar contenidos tan diversos como el Mundial de fútbol, los conciertos de Taylor Swift, la verborrea de Trump o las últimas ocurrencias de creadores de contenidos sin sustancia. La Odisea , y en general la cultura clásica, es tan rica que permite abordarla desde muchas perspectivas. En su Canto XI, en la traducción catalana de Pau Sabaté, que ha sido la gran novedad del verano, leemos: “No hi ha cap glòria major ni renom més gran per a un home, mentre és en vida, que el que assoleix amb braços i cames”. Es un elogio de la fuerza física propio del mundo antiguo, pero que tiene parangón hoy, aunque los brazos y las piernas de los guerreros cada vez queden más lejos de sus acciones, que primero pasaron de empuñar armas blancas a usar armas de fuego y ahora se parapetan tras los joysticks que dirigen los drones. Aquí Homero ilustra el esfuerzo extremo y la gloria terrenal en relación con el castigo mitológico de Sísifo, pero permite empezar un recorrido literario por piernas y brazos perdidos.Seguir leyendo…
Una virtud nada despreciable de la superproducción odiseica de Christopher Nolan es poner uno de los relatos fundacionales de la cultura occidental en el mismo escaparate que acostumbran a monopolizar contenidos tan diversos como el Mundial de fútbol, los conciertos de Taylor Swift, la verborrea de Trump o las últimas ocurrencias de creadores de contenidos sin sustancia. La Odisea , y en general la cultura clásica, es tan rica que permite abordarla desde muchas perspectivas. En su Canto XI, en la traducción catalana de Pau Sabaté, que ha sido la gran novedad del verano, leemos: “No hi ha cap glòria major ni renom més gran per a un home, mentre és en vida, que el que assoleix amb braços i cames”. Es un elogio de la fuerza física propio del mundo antiguo, pero que tiene parangón hoy, aunque los brazos y las piernas de los guerreros cada vez queden más lejos de sus acciones, que primero pasaron de empuñar armas blancas a usar armas de fuego y ahora se parapetan tras los joysticks que dirigen los drones. Aquí Homero ilustra el esfuerzo extremo y la gloria terrenal en relación con el castigo mitológico de Sísifo, pero permite empezar un recorrido literario por piernas y brazos perdidos.

Uno de los recuerdos más vivos que tengo de la novela 14 (Anagrama), que Jean Echenoz dedicó a la Primera Guerra Mundial, es un brazo, el brazo perdido de un mutilado que solo existe en la mente de su exportador. Echenoz es capaz de transmitir la violencia de la Gran Guerra sin relatar batalla alguna, mostrándonos a unos amigos de la Vandea llamados a filas y poniendo el foco en ese brazo perdido. Piernas y brazos también brillan por su ausencia en algunos mutilados que aparecen en los cuentos de dos autores de un humor negro parecido a ambos lados de una de las fronteras más sangrantes del planeta, el israelí Etgar Keret (autor entre otros de El blues del fin del mundo , Siruela) y el libanés Mazen Maarouf, autor de Chistes para milicianos ( Alianza).
Homero escribe que la mayor gloria es la que se alcanza con brazos y piernas
Pero el elogio homérico de brazos y piernas me lleva al caballero Tirant lo Blanc, la gran aportación de Joanot Martorell a la literatura universal.
Tirant destaca por la astucia, como Odiseo, y también es descrito como un caballero de gran aliento por su legendaria resistencia en los duelos a ultranza, pero tiene una clara dimensión de antihéroe que Martorell despliega en episodios memorables. Cuando Carmesina chilla al encontrárselo en la cama, inducido por la doncella Plaerdemavida, para no estar descubierto el caballero se ve obligado a saltar por una ventana que está a doce alnas de altura, el equivalente a nueve metros, y del porrazo se rompe una pierna. La descripción del dolor sostenido que padecerá el caballero es tan vívida que acabamos dando la razón a Homero.
Cultura
