Recuperó cuerpos de soldados rusos y ucranianos del campo de batalla desde 2014 hasta que falleció la pasada semana al pisar una mina Leer Recuperó cuerpos de soldados rusos y ucranianos del campo de batalla desde 2014 hasta que falleció la pasada semana al pisar una mina Leer
Una gran explosión interna había abierto el carro de combate T72 como si fuera una lata de sardinas. La torreta se encontraba a 10 metros de distancia. Oleksi Yúkov comenzó a dar vueltas alrededor del blindado buscando evidencias. No tardó en encontrarlas en forma de ropa militar hecha jirones. «Son restos de uniformes rusos». Alrededor la primavera ucraniana había llenado el campo de flores y el aire de insectos. El trabajo de ese día en la destruida aldea de Dolyna, bajo un sol que quemaba, era comprobar si había restos humanos y extraerlos para ser analizados, porque el objetivo siempre fue informar a las familias del destino final de sus seres queridos y darles cristiana sepultura. Fueran ucranianos o rusos.
Aquel día de 2024, delante de este reportero, el equipo de Yúkov y sus ayudantes de la Asociación de Investigadores del Patrimonio Histórico Militar Platzdarm, excavaron dentro del blindado hasta que, poco a poco, fueron encontrando lo que buscaban. Conforme quitaban capas de tierra, comenzó a emerger un olor punzante y nauseabundo. «La humedad ha preservado estos restos. La muerte puede olerse y sentirse», dijo Yúkov. «La explosión aplastó al conductor de este carro de combate hacia la tierra y los trozos de su cuerpo se fundieron con el acero derretido pero, a pesar del tiempo pasado, tenemos algunos restos de carne y huesos de la cara». Hasta encontró el posible origen de la explosión: la anilla de una granada:«Es posible que algún soldado ucraniano introdujera una granada por la escotilla del carro y sorprendiera a sus tripulantes».
Este arqueólogo de 40 años, responsable de la recuperación y entrega de cientos de cuerpos de soldados muertos a sus familias, ya fueran rusas o ucranianas, murió la pasada semana al pisar una mina en una zona cercana al frente de batalla del Donbás, el lugar habitual de trabajo de Yúkov.
El investigador y experto en anatomía humana (podía identificar huesos humanos con sólo ver un pequeño fragmento) nació en Sloviansk, justo donde comenzó el conflicto en 2014 entre Ucrania y las milicias prorrusas apoyadas por Moscú. Hasta ese momento se había especializado en hallar e identificar cuerpos de soldados alemanes y soviéticos caídos durante la Segunda Guerra Mundial. «A veces es sencillo identificar a los muertos. Los soldados alemanes tenían mejor las dentaduras que los soviéticos porque comían alimentos que se masticaban mejor, pero también tenían más caries por tomar más azúcar», contó a este reportero mientras extraía la funda de una pistola y la hebilla del cinturón del muerto. «Minas remotas, bombardeos, drones: todo está en tu contra. Pero vas y haces todo lo posible para que cada alma regrese a casa», decía Yúkov.
La información de los muertos rusos se remitía al Ministerio de Defensa ruso para confirmar mediante ADN que esos soldados son eran de su ejército. Esta colaboración ha supuesto uno de los pocos puentes que han seguido en pie entre las autoridades rusas y ucranianas durante la invasión.
Este pasado domingo Ucrania celebró un oficio cristiano ortodoxo en la Catedral de San Volodimir, en el centro de Kiev, donde miles de personas se reunieron para presentar sus respetos a Oleksi Yúkov, una persona muy conocida y respetada por la sociedad, conocido como «el recolector de almas».
Cientos de personas también se congregaron en la plaza Maidán de Kiev y se arrodillaron como señal de respeto mientras su féretro era trasladado al lugar. También se celebraron ceremonias conmemorativas en otras ciudades.
La viuda de Yíkov, Evgenyia Kaluhyna, prometió continuar su labor, de pie junto al féretro abierto de su esposo. «El trabajo era difícil y aterrador», dijo. «Pero les prometo que lo continuaremos porque los (muertos) lo merecen, y ustedes lo merecen por todo lo que hicieron». En declaraciones a The Associated Press, la hija de Yúkov, Diana Kaluhyna, aseguró que «el amor y la bondad» que él mostró a las familias en duelo conmovieron a la nación. «Lo que me quedó hoy fue una simple verdad: él honró a los muertos y sanó a los vivos», afirmó. «Ofreció más que esperanza, restauró a la gente».
Yúkov, que también era un experto en artes marciales, había sufrido lesiones en las piernas y perdió un ojo en una explosión de otra mina en 2022, aunque ninguna de esas heridas le impidió regresar al frente para recuperar más cuerpos.
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