Tras los pasos de Hugo Wolf, arrogante, irascible, sifilítico

Hugo Wolf (Slovenj Gradec 1860 – Viena 1903) nunca ha logrado sacudirse la etiqueta de compositor difícil. Cuando posiblemente habría que calificarlo de distinto. Porque, a diferencia de Mendelssohn, Brahms, Schumann, Schubert o Beethoven, la mayoría de las canciones de este genio del lied no son cantabile, no se pueden cantar fácilmente siguiendo una melodía. Y no porque no la dominara sino porque no era su objetivo. 

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 Richard Stokes construye una biografía del genio del lied alemán a partir de su correspondencia y de las canciones que compuso  

Hugo Wolf (Slovenj Gradec 1860 – Viena 1903) nunca ha logrado sacudirse la etiqueta de compositor difícil. Cuando posiblemente habría que calificarlo de distinto. Porque, a diferencia de Mendelssohn, Brahms, Schumann, Schubert o Beethoven, la mayoría de las canciones de este genio del lied no son cantabile, no se pueden cantar fácilmente siguiendo una melodía. Y no porque no la dominara sino porque no era su objetivo. 

De hecho, cuando creó Reclusión ( Verborgenheit ), el famoso lied melódico de 1888 sobre un poema de Eduard Mörike, acabó enfurecido porque se interpretaba a todas horas y creía haberse convertido en un one hit man. La odiaba. La calificó de aperitivillo ligero y, según dice en sus cartas, quería destruirla.

“Su idea de lo que es una canción es distinta de la de Schubert y Schumann. Para él el piano es la parte más importante. Y en algunas de sus canciones sinfónicas, aun no siendo melódica, la música se entreteje, va entrando y saliendo de la textura del piano”.

A Wolf le aterrorizaba la posibilidad de contagiar la sífilis a alguien, no comía con otra gente

Quien lo explica es el profesor Richard Stokes, de la Royal Academy of Music de Londres, que ni es músico ni es historiador pero sí un reconocido especialista en lieder que enseña poesía. Británico germanófilo –desde los 14 quedó fascinado por el lied escuchando al barítono Fischer-Dieskau– publica un nuevo ensayo, Las canciones completas de Hugo Wolf (Acantilado), después de haber escrito, entre otros, S. Bach: The Complete Cantatas (2000) o The Book of Lieder (2005).

Pero es a Wolf a quien dedica su pasión. A ese individuo fascinante pero también “arrogante, dominante, inflexible, dominante”, como lo califica, pero también “amante de los niños, infantil, maníaco depresivo, eufórico, carente de sentido práctico, impetuoso, megalómano, irascible y, al final de su vida, demente”.

Efectivamente, el músico nacido en la Eslovenia del Imperio Austríaco contrajo pronto la sífilis, como Schubert o Schumann. Le llevaron a un burdel a los 18. ¿Quién? En su caso, el compositor Goldschmidt, de su círculo íntimo. Igual que a Schubert le llevó su amigo Franz von Schober, con consecuencias catastróficas, pues moría a los 31 años.

“Wolf estaba aterrorizado ante la posibilidad de contagiarla, no comía con otra gente”, apunta Stokes a su paso por Barcelona, donde esta semana ha asistido a la clausura de la Schubertíada de Barcelona. “Debía suponer que era una sentencia de muerte. Cuando se le diagnosticó en 1823, Schubert escogió poemas que tenían que ver con la muerte. Wolf no. Él estaba más inspirado por la calidad de la poesía. Buscaba poetas con cierto pedigrí poético como Eichendorff (de quien usó 24 poemas), Goethe (51 poemas), Heine (18), Mörike (53)… Era poco habitual musicar un poema con tanta profundidad”.

Mi esperanza es que el público vaya sintonizando más con Wolf. En este sentido es un libro pionero”

La cuestión es que a Wolf se le programa infinitamente menos que al resto de sus coetáneos. De ahí el empeño de Stokes en reavivar su figura a partir de canciones y las cartas “tan honestas”. “Él componía como ningún otro. Y acto seguido llamaba a los amigos: ‘he compuesto la mejor canción de mi historia’. Y al día siguiente escribía otra y decía: ‘No, retiro lo que he dicho. La de hoy es incluso mejor’. Todo era hiperbólico. Mi esperanza es que el público vaya sintonizando más con Wolf. En este sentido es un libro pionero”.

Ese hombre contradictorio y excéntrico que era Wolf tenía un padre muy disciplinado. No quería que fuera compositor. Él era curtidor, y Wolf debía hacer lo mismo. Pero el hijo le adora y llora su muerte durante años. Sus cartas también revelan más detalles de su relación amorosa secreta con Melanie Köchert, a la que comenzó a dar clases de piano. Estaba casada con un joyero vienés más que rico que se convirtió en mecenas de Wolf. También su atracción sexual por la mezzo Frieda Zerny: “No puedo negar que me arrolló”, escribe.

Richard Stokes, autor de 'Las canciones completas de Hugo Wolf'
Richard Stokes, autor de ‘Las canciones completas de Hugo Wolf’Llibert Teixido

O su encuentro con Wagner, al que fue a visitar por su cuenta con 15 años. Se presentó en su hotel y lo halló de buen humor, así que Wagner le dio algún consejo sobre las canciones. Y sí, en ellas hay rasgos wagnerianos. Y al igual que en Wagner, no hay arias, sino más bien recitativos.

El humor, genial, y el amor insaciable aparece en muchas de sus  canciones. “Tiene su lado erótico, pero muy elegante: Qué pasó después de la tormenta… se refiere al encuentro primero entre dos amantes y a la tormenta también del acto sexual. O en La escoba ha limpiado chimeneas y callejones, la escoba es, en el siglo XIX, un pene, y el callejón, la vagina”. 

Respecto a los tres lieder  El intérprete del arpa sobre los poemas maníacos de Goethe que tienen un punto de locura, Schubert los musicó en La menor, y a Wolf le parecieron canciones demasiado bonitas para un texto tan torturado. “No ha entendido a Goethe”, escribió. En lugar de una melodía memorable como la de Schubert, Wolf utilizó disonancias y tonalidades quejumbrosas que reflejan locura y sufrimiento. “Pero yo creo que Wolf no tiene razón. Schubert lo entendió, pero a través de la belleza”, concluye el profesor.

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