‘Sorpasso’ en Marte: China, y no la NASA, traerá las primeras rocas del planeta rojo a la Tierra

En aproximadamente cinco años, si todo sale según lo previsto, un pequeño contenedor sellado con unos 500 gramos de tierra y roca marcianas cruzará la atmósfera y aterrizará en nuestro mundo. Y por primera vez en la historia, los humanos podrán sostener entre sus manos un pedazo de otro planeta traído directamente desde allí.Pero no serán los norteamericanos, ni tampoco los europeos, quienes lleven a cabo esta hazaña. Serán, una vez más, los chinos . Y ello a pesar de que el programa conjunto Mars Sample Return (Retorno de muestras de Marte), liderado por la NASA y la Agencia Espacial Europea, lleva más de una década gestándose, y de que el sofisticado ‘rover’ Perseverance lleva cinco largos años recogiendo y almacenando sistemáticamente muestras en la superficie marciana preparándose, precisamente, para esa misión concreta.Tenemos rocas marcianas aquí, es cierto, y sin necesidad de ir a por ellas. De hecho, alrededor de 400 meteoritos llovidos del cielo han sido confirmados ya como ‘marcianos’. Pero traer materiales directamente de allí, sin que hayan tenido que sufrir miles de años de radiación en el espacio, una violenta y ardiente entrada en la atmósfera y la contaminación y desgaste de los organismos y fenómenos meteorológicos terrestres, es algo totalmente distinto.Si tiene éxito, el gigante asiático se convertirá en la primera nación de la historia en traer material físico de otro planetaNoticia relacionada general No No La «intrigante roca» de Marte arroja nuevas pistas sobre posible vida antigua en el planeta rojo Patricia BioscaEstamos hablando de material prístino e inalterado de Marte, listo para ser analizado átomo a átomo en los laboratorios más avanzados de la Tierra. Listo para revelar cuáles son las riquezas del Planeta Rojo y los secretos que llevamos décadas buscando. Listo para averiguar, por fin, si Marte tuvo alguna vez o incluso aún retiene, alguna forma de vida .Un calendario para ganarEn 2028, China planea lanzar la misión Tianwen-3. Su ambicioso diseño prevé posarse sobre las llanuras marcianas, perforar hasta dos metros en el subsuelo, recolectar la piedra y el polvo, y devolver esas preciosas muestras a la Tierra para el año 2031. El cronograma de Pekín, además, se ha acelerado en dos años respecto a sus previsiones iniciales. Mientras tanto, en Occidente, el esfuerzo espacial no deja de sufrir retrasos y acaba de recibir un varapalo que muchos consideran muy difícil de superar.El programa estadounidense Mars Sample Return, sin ir más lejos, se ha estrellado de bruces contra la realidad económica y política del país de las barras y estrellas. Algunos informes independientes alertaron de sobrecostes astronómicos, calculando que la factura final de esa misión podría superar los 11.000 millones de dólares. De modo que la tijera no se hizo esperar. La propuesta de presupuesto para el año fiscal 2026 impulsada por la administración Trump abogó por cancelar el programa en su forma actual, y el Congreso estadounidense ratificó recientemente la falta de fondos, asestando un golpe letal al proyecto del Jet Propulsion Laboratory.Treinta tubos de titanio con muestras del ‘rover’ Perseverance abandonados en Marte por falta de presupuesto para ir a buscarlosHoy, treinta cápsulas de titanio, que el ‘rover’ estadounidense ha ido sellando cuidadosamente en el cráter Jezero, aguardan abandonadas bajo el polvo rojo. Un tesoro científico incalculable pero inalcanzable sin una nave financiada que vaya a por ellas. La respuesta de China es rotunda: Tianwen-3 será la única misión a la vista capaz de lograrlo.El secreto de la vida está bajo la superficiePero las ventajas de Tianwen-3 no estriban sólo en su vertiginoso calendario, sino sobre todo en su audacia técnica. La arquitectura de la misión requerirá dos lanzamientos simultáneos de los gigantescos cohetes Larga Marcha 5. Uno transportará el módulo de aterrizaje y el vehículo de ascenso marciano; el otro llevará el orbitador y la cápsula de retorno a la Tierra. Y una vez en la superficie, en lugar de desplegar un rover pesado y lento, los ingenieros chinos han optado por la agilidad: usarán un dron autónomo capaz de volar a varios cientos de metros a la redonda para agarrar rocas prometedoras y llevarlas a la base.Pero la verdadera ‘joya de la corona’, la que diferencia a esta misión de todo lo que la NASA ha hecho hasta ahora, es el enorme taladro de la nave. Mientras que el Perseverance raspa a una profundidad de apenas cinco milímetros para obtener sus testigos de roca, el módulo chino perforará hasta dos metros de profundidad. Una diferencia de vital importancia.La superficie de Marte, de hecho, que no cuenta con un campo magnético protector y con una atmósfera densa como la nuestra, recibe un bombardeo incesante de radiación cósmica, hasta cien veces más que la Tierra. Radiación que actúa como una ‘lejía’ que ‘desinfecta’ y elimina sistemáticamente cualquier ‘firma biológica’ (restos de antigua actividad microbiana, moléculas orgánicas complejas o isótopos caprichosos) que pudiera haber existido en la superficie. Es decir, que cualquier posible rastro de vida ha sido, literalmente, destruido.La letal radiación cósmica destruye cualquier rastro de vida biológica en la superficie del planetaSin embargo, basta con descender un metro o dos bajo el regolito para que la exposición a la radiación disminuya drásticamente. «La capacidad de perforación a dos metros es una primicia mundial en la exploración de Marte -asegura Hou Zengqian, científico jefe de la misión Tianwen-3 y miembro de la Academia China de Ciencias-, y multiplicará nuestras opciones de encontrar bioseñales bien preservadas».El investigador, además, asegura que «aunque esperamos que las muestras contengan solo evidencia de vida de hace miles de millones de años, estableceremos en tierra un laboratorio de máxima seguridad para garantizar la bioseguridad ante cualquier tipo de posible contaminación exobiológica».En la ilustración, las dos naves de la futura misión Tianwen-3 llegan a Marte Agencia Espacial China (Xinhua)La nueva ‘Guerra Fría’Se abre así un capítulo decisivo en la nueva Guerra Fría que libran las dos principales potencias espaciales del mundo. A lo largo de la última década, China ha recortado la ventaja histórica de la NASA a un ritmo asombroso. Ya lograron alunizar en la esquiva cara oculta de nuestro satélite, trajeron a casa casi dos kilos de regolito lunar (Chang’e-5 y Chang’e-6), construyeron la estación Tiangong sin depender de Rusia ni de EE.UU., y posaron su ‘ rover’ Zhurong en Marte a la primera.Pero esta carrera espacial del siglo XXI trasciende con mucho el mero orgullo nacional. Hoy, lo que está sobre la mesa es el control estratégico de los incalculables recursos del Sistema Solar. Las tensiones actuales podrían llevar, incluso, a futuros enfrentamientos militares ‘extraterrestres’ por el dominio de minerales críticos en la Luna, Marte y el cinturón de asteroides, donde en las próximas décadas se jugará la mayor partida económica de la historia de la Humanidad.De hecho, los verdaderos desafíos de volver a la Luna y establecer colonias permanentes no radican sólo en las dificultades físicas o técnicas, sino en decidir quién será el que imponga las reglas de la economía del futuro. Es una situación de tal magnitud que en el Pentágono han saltado todas las alarmas. Ante lo que perciben como un expansionismo chino sin cuartel, Estados Unidos ya estudia muy en serio el envío de tropas de su recién creada Fuerza Espacial a la Luna . El pretexto es claro: salvaguardar las futuras operaciones mineras corporativas en busca de helio-3 y tierras raras y proteger «zonas de exclusión» que garanticen los intereses nacionales norteamericanos.La carrera espacial es una pugna por el dominio económico que ha llevado a EE.UU. a plantearse el envío de tropas a la LunaMientras en Washington cunde el nerviosismo presupuestario y se empieza a hablar de planes de contingencia militar, Pekín ha optado por el ‘poder blando’. China, en efecto, ha abierto las puertas de la misión Tianwen-3 a la cooperación internacional, reservando 20 kilogramos de instrumentos para países extranjeros y comprometiéndose a permitir que científicos de todo el mundo estudien las rocas marcianas en sus laboratorios de alta seguridad.Si la mecánica celeste y la ingeniería china no fallan, el primer pedazo de otro planeta aterrizará en nuestro mundo en apenas un lustro. Las primeras rocas de Marte nos revelarán sus secretos biológicos más antiguos, aunque, por primera vez en la era de la exploración espacial, lo harán hablando en mandarín. En aproximadamente cinco años, si todo sale según lo previsto, un pequeño contenedor sellado con unos 500 gramos de tierra y roca marcianas cruzará la atmósfera y aterrizará en nuestro mundo. Y por primera vez en la historia, los humanos podrán sostener entre sus manos un pedazo de otro planeta traído directamente desde allí.Pero no serán los norteamericanos, ni tampoco los europeos, quienes lleven a cabo esta hazaña. Serán, una vez más, los chinos . Y ello a pesar de que el programa conjunto Mars Sample Return (Retorno de muestras de Marte), liderado por la NASA y la Agencia Espacial Europea, lleva más de una década gestándose, y de que el sofisticado ‘rover’ Perseverance lleva cinco largos años recogiendo y almacenando sistemáticamente muestras en la superficie marciana preparándose, precisamente, para esa misión concreta.Tenemos rocas marcianas aquí, es cierto, y sin necesidad de ir a por ellas. De hecho, alrededor de 400 meteoritos llovidos del cielo han sido confirmados ya como ‘marcianos’. Pero traer materiales directamente de allí, sin que hayan tenido que sufrir miles de años de radiación en el espacio, una violenta y ardiente entrada en la atmósfera y la contaminación y desgaste de los organismos y fenómenos meteorológicos terrestres, es algo totalmente distinto.Si tiene éxito, el gigante asiático se convertirá en la primera nación de la historia en traer material físico de otro planetaNoticia relacionada general No No La «intrigante roca» de Marte arroja nuevas pistas sobre posible vida antigua en el planeta rojo Patricia BioscaEstamos hablando de material prístino e inalterado de Marte, listo para ser analizado átomo a átomo en los laboratorios más avanzados de la Tierra. Listo para revelar cuáles son las riquezas del Planeta Rojo y los secretos que llevamos décadas buscando. Listo para averiguar, por fin, si Marte tuvo alguna vez o incluso aún retiene, alguna forma de vida .Un calendario para ganarEn 2028, China planea lanzar la misión Tianwen-3. Su ambicioso diseño prevé posarse sobre las llanuras marcianas, perforar hasta dos metros en el subsuelo, recolectar la piedra y el polvo, y devolver esas preciosas muestras a la Tierra para el año 2031. El cronograma de Pekín, además, se ha acelerado en dos años respecto a sus previsiones iniciales. Mientras tanto, en Occidente, el esfuerzo espacial no deja de sufrir retrasos y acaba de recibir un varapalo que muchos consideran muy difícil de superar.El programa estadounidense Mars Sample Return, sin ir más lejos, se ha estrellado de bruces contra la realidad económica y política del país de las barras y estrellas. Algunos informes independientes alertaron de sobrecostes astronómicos, calculando que la factura final de esa misión podría superar los 11.000 millones de dólares. De modo que la tijera no se hizo esperar. La propuesta de presupuesto para el año fiscal 2026 impulsada por la administración Trump abogó por cancelar el programa en su forma actual, y el Congreso estadounidense ratificó recientemente la falta de fondos, asestando un golpe letal al proyecto del Jet Propulsion Laboratory.Treinta tubos de titanio con muestras del ‘rover’ Perseverance abandonados en Marte por falta de presupuesto para ir a buscarlosHoy, treinta cápsulas de titanio, que el ‘rover’ estadounidense ha ido sellando cuidadosamente en el cráter Jezero, aguardan abandonadas bajo el polvo rojo. Un tesoro científico incalculable pero inalcanzable sin una nave financiada que vaya a por ellas. La respuesta de China es rotunda: Tianwen-3 será la única misión a la vista capaz de lograrlo.El secreto de la vida está bajo la superficiePero las ventajas de Tianwen-3 no estriban sólo en su vertiginoso calendario, sino sobre todo en su audacia técnica. La arquitectura de la misión requerirá dos lanzamientos simultáneos de los gigantescos cohetes Larga Marcha 5. Uno transportará el módulo de aterrizaje y el vehículo de ascenso marciano; el otro llevará el orbitador y la cápsula de retorno a la Tierra. Y una vez en la superficie, en lugar de desplegar un rover pesado y lento, los ingenieros chinos han optado por la agilidad: usarán un dron autónomo capaz de volar a varios cientos de metros a la redonda para agarrar rocas prometedoras y llevarlas a la base.Pero la verdadera ‘joya de la corona’, la que diferencia a esta misión de todo lo que la NASA ha hecho hasta ahora, es el enorme taladro de la nave. Mientras que el Perseverance raspa a una profundidad de apenas cinco milímetros para obtener sus testigos de roca, el módulo chino perforará hasta dos metros de profundidad. Una diferencia de vital importancia.La superficie de Marte, de hecho, que no cuenta con un campo magnético protector y con una atmósfera densa como la nuestra, recibe un bombardeo incesante de radiación cósmica, hasta cien veces más que la Tierra. Radiación que actúa como una ‘lejía’ que ‘desinfecta’ y elimina sistemáticamente cualquier ‘firma biológica’ (restos de antigua actividad microbiana, moléculas orgánicas complejas o isótopos caprichosos) que pudiera haber existido en la superficie. Es decir, que cualquier posible rastro de vida ha sido, literalmente, destruido.La letal radiación cósmica destruye cualquier rastro de vida biológica en la superficie del planetaSin embargo, basta con descender un metro o dos bajo el regolito para que la exposición a la radiación disminuya drásticamente. «La capacidad de perforación a dos metros es una primicia mundial en la exploración de Marte -asegura Hou Zengqian, científico jefe de la misión Tianwen-3 y miembro de la Academia China de Ciencias-, y multiplicará nuestras opciones de encontrar bioseñales bien preservadas».El investigador, además, asegura que «aunque esperamos que las muestras contengan solo evidencia de vida de hace miles de millones de años, estableceremos en tierra un laboratorio de máxima seguridad para garantizar la bioseguridad ante cualquier tipo de posible contaminación exobiológica».En la ilustración, las dos naves de la futura misión Tianwen-3 llegan a Marte Agencia Espacial China (Xinhua)La nueva ‘Guerra Fría’Se abre así un capítulo decisivo en la nueva Guerra Fría que libran las dos principales potencias espaciales del mundo. A lo largo de la última década, China ha recortado la ventaja histórica de la NASA a un ritmo asombroso. Ya lograron alunizar en la esquiva cara oculta de nuestro satélite, trajeron a casa casi dos kilos de regolito lunar (Chang’e-5 y Chang’e-6), construyeron la estación Tiangong sin depender de Rusia ni de EE.UU., y posaron su ‘ rover’ Zhurong en Marte a la primera.Pero esta carrera espacial del siglo XXI trasciende con mucho el mero orgullo nacional. Hoy, lo que está sobre la mesa es el control estratégico de los incalculables recursos del Sistema Solar. Las tensiones actuales podrían llevar, incluso, a futuros enfrentamientos militares ‘extraterrestres’ por el dominio de minerales críticos en la Luna, Marte y el cinturón de asteroides, donde en las próximas décadas se jugará la mayor partida económica de la historia de la Humanidad.De hecho, los verdaderos desafíos de volver a la Luna y establecer colonias permanentes no radican sólo en las dificultades físicas o técnicas, sino en decidir quién será el que imponga las reglas de la economía del futuro. Es una situación de tal magnitud que en el Pentágono han saltado todas las alarmas. Ante lo que perciben como un expansionismo chino sin cuartel, Estados Unidos ya estudia muy en serio el envío de tropas de su recién creada Fuerza Espacial a la Luna . El pretexto es claro: salvaguardar las futuras operaciones mineras corporativas en busca de helio-3 y tierras raras y proteger «zonas de exclusión» que garanticen los intereses nacionales norteamericanos.La carrera espacial es una pugna por el dominio económico que ha llevado a EE.UU. a plantearse el envío de tropas a la LunaMientras en Washington cunde el nerviosismo presupuestario y se empieza a hablar de planes de contingencia militar, Pekín ha optado por el ‘poder blando’. China, en efecto, ha abierto las puertas de la misión Tianwen-3 a la cooperación internacional, reservando 20 kilogramos de instrumentos para países extranjeros y comprometiéndose a permitir que científicos de todo el mundo estudien las rocas marcianas en sus laboratorios de alta seguridad.Si la mecánica celeste y la ingeniería china no fallan, el primer pedazo de otro planeta aterrizará en nuestro mundo en apenas un lustro. Las primeras rocas de Marte nos revelarán sus secretos biológicos más antiguos, aunque, por primera vez en la era de la exploración espacial, lo harán hablando en mandarín.  

En aproximadamente cinco años, si todo sale según lo previsto, un pequeño contenedor sellado con unos 500 gramos de tierra y roca marcianas cruzará la atmósfera y aterrizará en nuestro mundo. Y por primera vez en la historia, los humanos podrán sostener entre sus manos … un pedazo de otro planeta traído directamente desde allí.

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