Alrededor del 50% de la población española percibe que hay discriminación por edad hacia las personas de 55 años o más, según datos de Vâina de la Fuente-Núñez, experta internacional en envejecimiento saludable. El edadismo se ha instalado con fuerza en nuestra sociedad y sus efectos no se pueden pasar por alto. «Varios estudios han demostrado que las personas con percepciones positivas del propio envejecimiento viven una media de 7,5 años más que quienes las tienen negativas, un efecto mayor que el de dejar de fumar o hacer ejercicio regularmente», explica a ABC Macarena Sánchez-Izquierdo , profesora del departamento de Psicología de la Universidad Pontifica Comillas, y participante de ‘Fragilidad y vulnerabilidad en personas mayores y edadismo’, la iniciativa conjunta entre ABC y Fundación la «Caixa».Recuerda Sánchez-Izquierdo que «todos vamos a ser mayores» y si aceptamos estereotipos como los que apuntan que las personas de avanzada edad son frágiles, enfermas o débiles, «al alcanzar esta etapa podemos asimilarlos y sentirnos vulnerables por asimilación, lo que limita mucho la vida. El tan recurrente ‘yo ya no salgo por si me caigo y me rompo la cadera’, y otros tantos ejemplos parecidos se adueñan de la vida y la restringen al máximo. Se dejan de realizar muchas cosas de las que somos capaces de hacer, lo que tiene un grave riesgo físico y mental», advierte.Esta docente lamenta, además, que el 98,8% de las descripciones de personas mayores en Facebook contienen estereotipos negativos (pasividad, incompetencia tecnológica, desconexión..) y que las redes sociales no solo reflejan el edadismo, « lo amplifican y lo normalizan . Y hay algo más reciente y preocupante: los algoritmos de inteligencia artificial están aprendiendo esos sesgos y los reproducen a escala global».Noticia relacionada general No No Carmen Romero, experta en longevidad «Cumplir años es inevitable, pero siempre existe margen de mejora» Laura PeraitaAñade que a diario existen muchos gestos cotidianos que, sin darnos cuenta, fomentan este fenómeno. Cuando un médico, un profesional o cualquier persona dice «son cosas de la edad», está siendo edadista, en ocasiones sin saberlo. Es decir, la atribución de síntomas a la edad cronológica, en lugar de a causas tratables —lo que se denomina ‘atribución a la edad’ —, retrasa diagnósticos, reduce derivaciones a especialistas y excluye a los mayores de tratamientos que sí recibirían si tuvieran 40 años. «Es un sesgo tan interiorizado que ni los propios profesionales lo perciben», afirma esta especialista que es, además, coordinadora de la Cátedra Abanca-Afundación/Icade sobre Longevidad, Economía y Sociedad. Edadismo ‘amable’ muy dañinoAdemás, señala que hay un edadismo ‘amable’ que hace tanto daño como el hostil y es que «cuando tratamos a una persona mayor de manera infantil, empleando una terminología con diminutivos, sobreprotegiendo en exceso, tomando decisiones por ella como si no estuviera capacitada… ejercemos un ‘edadismo benevolente’. Parece cariño, pero no lo es -asegura-. Socava la autonomía, refuerza la dependencia y produce los mismos efectos psicológicos que el rechazo. Supone arrebatarle la autonomía con una sonrisa».Décadas de investigación demuestran que la representación mediática de este sector de población influye tanto en cómo la sociedad lo trata como en la manera en la que él mismo se percibe, con efectos medibles sobre su salud y longevidad». De hecho, Sánchez-Izquierdo apunta que este fenómeno cuesta más que muchas enfermedades. «Cerca de 63.000 millones de dólares al año solo en Estados Unidos -advierte-. Los estereotipos negativos sobre la vejez generan costes sanitarios masivos , infradiagnósticos, tratamientos inadecuados, hospitalizaciones evitables y años de vida perdidos. En EE.UU. -concreta-, el gasto sanitario atribuible directamente al edadismo asciende al 15% del coste anual de ocho enfermedades prevalentes. En Europa, la Comisión Europea ya señala que reducir el edadismo es una prioridad económica, no solo ética». «La herramienta clave contra el edadismo es educar sobre cómo es envejecer y hacerlo con carácter intergeneracional» Macarena Sánchez-Izquierdo, profesora del departamento de Psicología de la Universidad Pontifica ComillasSiendo una prioridad, ¿por dónde empezar? «La verdadera herramienta, la que funciona contra el edadismo, es educar sobre cómo es envejecer y hacerlo con carácter intergeneracional para que los jóvenes aprecien que este grupo de población es muy heterogéneo. Tenemos personas con 60 años que no pueden casi ni caminar, al Papa que con 70 años, al que siguen miles de feligreses, que ha cumplido una apretada y extensa agenda en España recientemente, o a personas de 90 que continúan realizando entrenamiento de fuerza. No se puede generalizar ni meter a todos en el mismo saco».Su mensaje es positivo y esperanzador y propone que, además de que se dicten políticas adecuadas para este grupo de edad, «la sociedad muestre con mayor visibilidad la gran diversidad de mayores (los hay creativos, expertos, aventureros…), que las familias no traten de modo infantil a sus mayores y que opten por preguntarles en qué pueden ayudarles y no decidan por ellos». Fenómeno muy interiorizadoA sus 66 años, María José Alonso nunca había oído hablar del término edadismo hasta que se apuntó a la jornada ‘Memoria y acción: creando identidad frente al edadismo’, del Centro Social de Personas Mayores el Llano (Gijón)«, y organizada por Fundación »la Caixa«. »Es más -puntualiza a ABC- cuando nos preguntaron por situaciones vividas, nos costó mucho trabajo identificar casos de edadismo porque lo tenemos tan interiorizado que no nos damos cuenta de que lo sufrimos«. Entonces, ¿es mejor vivir en esta ignorancia? «Rotundamente no -asegura-. Hasta la fecha soy muy activa, hago muchas cosas, pero no deseo ver cómo en el futuro me tratan como si no supiera desenvolverme en el mundo, fuera frágil, no pudiera tomar decisiones, me hablaran como si fuera tonta… Hay mayores que no son capaces de defenderse por ellos mismos, que han perdido facultades, pero no estoy dispuesta a que por mi edad me hagan sentir que no valgo , cuando sí que sirvo para mucho por mí misma». «Hace falta un movimiento social para dejar de normalizar esta percepción que tenemos asumida de generaciones pasadas» María José Alonso (66 años)Coincide con la psicóloga en que es imprescindible hablar mucho de este problema para poder erradicarlo. «Hace falta que los políticos y la sociedad civil a nivel local, pero también estatal, lo conviertan en un movimiento social -insiste-. Si se logra, los mayores serán más respetados, recibirán mejor trato, se expresarán mejor, se les escuchará y serán más felices. No hay que olvidar -concluye- que todos vamos a ser personas mayores».«Una gran escuela contra el edadismo es la familia. Hace años convivían juntas varias generaciones, hoy no. Es necesario reunirse, conocerse y compartir momentos» Germán Menéndez (74 años)Germán Menéndez (de 74 años) también acudió al taller con María José Alonso. Este sanitario jubilado propone que se creen espacios adecuados para que estas personas puedan expresarse y tener mayor eco en la sociedad. «Los gobernantes deben adoptar leyes, normas y macromedidas, sin perder la perspectiva de que han determinado que a partir de los 65 años somos tercera edad, pero somos un grupo muy heterogéneo y no todos necesitamos los mismo. Hay que reclamar respeto a la individualidad».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Ana Asensio: «El mayor predictor de salud y felicidad son tus vínculos» noticia Si Francesc Torralba, filósofo: «Nada se hace real si no lo has soñado antes» noticia Si Belén Colomina, psicóloga: «Si no entrenas la mente caes en la rumiación y el pensamiento negativo»Señala, además, que una gran escuela que lucha contra el edadismo es la familia. «Hace años convivían varias generaciones en la misma casa, hoy no. Es necesario, por ello, reunirse, conocerse y compartir espacios y momentos para darnos cuenta de cómo somos unos y otros y romper estereotipos. En el taller que hicimos, nos reunimos con jóvenes y fue muy enriquecedor porque desde la sencillez y el diálogo conocimos nuestros puntos de vista y todos nos hicimos respetar, que es la base de la convivencia. Dejaron atrás esa sensación de rechazo a la gente mayor y nosotros nos sentimos muy a gusto con ellos». Alrededor del 50% de la población española percibe que hay discriminación por edad hacia las personas de 55 años o más, según datos de Vâina de la Fuente-Núñez, experta internacional en envejecimiento saludable. El edadismo se ha instalado con fuerza en nuestra sociedad y sus efectos no se pueden pasar por alto. «Varios estudios han demostrado que las personas con percepciones positivas del propio envejecimiento viven una media de 7,5 años más que quienes las tienen negativas, un efecto mayor que el de dejar de fumar o hacer ejercicio regularmente», explica a ABC Macarena Sánchez-Izquierdo , profesora del departamento de Psicología de la Universidad Pontifica Comillas, y participante de ‘Fragilidad y vulnerabilidad en personas mayores y edadismo’, la iniciativa conjunta entre ABC y Fundación la «Caixa».Recuerda Sánchez-Izquierdo que «todos vamos a ser mayores» y si aceptamos estereotipos como los que apuntan que las personas de avanzada edad son frágiles, enfermas o débiles, «al alcanzar esta etapa podemos asimilarlos y sentirnos vulnerables por asimilación, lo que limita mucho la vida. El tan recurrente ‘yo ya no salgo por si me caigo y me rompo la cadera’, y otros tantos ejemplos parecidos se adueñan de la vida y la restringen al máximo. Se dejan de realizar muchas cosas de las que somos capaces de hacer, lo que tiene un grave riesgo físico y mental», advierte.Esta docente lamenta, además, que el 98,8% de las descripciones de personas mayores en Facebook contienen estereotipos negativos (pasividad, incompetencia tecnológica, desconexión..) y que las redes sociales no solo reflejan el edadismo, « lo amplifican y lo normalizan . Y hay algo más reciente y preocupante: los algoritmos de inteligencia artificial están aprendiendo esos sesgos y los reproducen a escala global».Noticia relacionada general No No Carmen Romero, experta en longevidad «Cumplir años es inevitable, pero siempre existe margen de mejora» Laura PeraitaAñade que a diario existen muchos gestos cotidianos que, sin darnos cuenta, fomentan este fenómeno. Cuando un médico, un profesional o cualquier persona dice «son cosas de la edad», está siendo edadista, en ocasiones sin saberlo. Es decir, la atribución de síntomas a la edad cronológica, en lugar de a causas tratables —lo que se denomina ‘atribución a la edad’ —, retrasa diagnósticos, reduce derivaciones a especialistas y excluye a los mayores de tratamientos que sí recibirían si tuvieran 40 años. «Es un sesgo tan interiorizado que ni los propios profesionales lo perciben», afirma esta especialista que es, además, coordinadora de la Cátedra Abanca-Afundación/Icade sobre Longevidad, Economía y Sociedad. Edadismo ‘amable’ muy dañinoAdemás, señala que hay un edadismo ‘amable’ que hace tanto daño como el hostil y es que «cuando tratamos a una persona mayor de manera infantil, empleando una terminología con diminutivos, sobreprotegiendo en exceso, tomando decisiones por ella como si no estuviera capacitada… ejercemos un ‘edadismo benevolente’. Parece cariño, pero no lo es -asegura-. Socava la autonomía, refuerza la dependencia y produce los mismos efectos psicológicos que el rechazo. Supone arrebatarle la autonomía con una sonrisa».Décadas de investigación demuestran que la representación mediática de este sector de población influye tanto en cómo la sociedad lo trata como en la manera en la que él mismo se percibe, con efectos medibles sobre su salud y longevidad». De hecho, Sánchez-Izquierdo apunta que este fenómeno cuesta más que muchas enfermedades. «Cerca de 63.000 millones de dólares al año solo en Estados Unidos -advierte-. Los estereotipos negativos sobre la vejez generan costes sanitarios masivos , infradiagnósticos, tratamientos inadecuados, hospitalizaciones evitables y años de vida perdidos. En EE.UU. -concreta-, el gasto sanitario atribuible directamente al edadismo asciende al 15% del coste anual de ocho enfermedades prevalentes. En Europa, la Comisión Europea ya señala que reducir el edadismo es una prioridad económica, no solo ética». «La herramienta clave contra el edadismo es educar sobre cómo es envejecer y hacerlo con carácter intergeneracional» Macarena Sánchez-Izquierdo, profesora del departamento de Psicología de la Universidad Pontifica ComillasSiendo una prioridad, ¿por dónde empezar? «La verdadera herramienta, la que funciona contra el edadismo, es educar sobre cómo es envejecer y hacerlo con carácter intergeneracional para que los jóvenes aprecien que este grupo de población es muy heterogéneo. Tenemos personas con 60 años que no pueden casi ni caminar, al Papa que con 70 años, al que siguen miles de feligreses, que ha cumplido una apretada y extensa agenda en España recientemente, o a personas de 90 que continúan realizando entrenamiento de fuerza. No se puede generalizar ni meter a todos en el mismo saco».Su mensaje es positivo y esperanzador y propone que, además de que se dicten políticas adecuadas para este grupo de edad, «la sociedad muestre con mayor visibilidad la gran diversidad de mayores (los hay creativos, expertos, aventureros…), que las familias no traten de modo infantil a sus mayores y que opten por preguntarles en qué pueden ayudarles y no decidan por ellos». Fenómeno muy interiorizadoA sus 66 años, María José Alonso nunca había oído hablar del término edadismo hasta que se apuntó a la jornada ‘Memoria y acción: creando identidad frente al edadismo’, del Centro Social de Personas Mayores el Llano (Gijón)«, y organizada por Fundación »la Caixa«. »Es más -puntualiza a ABC- cuando nos preguntaron por situaciones vividas, nos costó mucho trabajo identificar casos de edadismo porque lo tenemos tan interiorizado que no nos damos cuenta de que lo sufrimos«. Entonces, ¿es mejor vivir en esta ignorancia? «Rotundamente no -asegura-. Hasta la fecha soy muy activa, hago muchas cosas, pero no deseo ver cómo en el futuro me tratan como si no supiera desenvolverme en el mundo, fuera frágil, no pudiera tomar decisiones, me hablaran como si fuera tonta… Hay mayores que no son capaces de defenderse por ellos mismos, que han perdido facultades, pero no estoy dispuesta a que por mi edad me hagan sentir que no valgo , cuando sí que sirvo para mucho por mí misma». «Hace falta un movimiento social para dejar de normalizar esta percepción que tenemos asumida de generaciones pasadas» María José Alonso (66 años)Coincide con la psicóloga en que es imprescindible hablar mucho de este problema para poder erradicarlo. «Hace falta que los políticos y la sociedad civil a nivel local, pero también estatal, lo conviertan en un movimiento social -insiste-. Si se logra, los mayores serán más respetados, recibirán mejor trato, se expresarán mejor, se les escuchará y serán más felices. No hay que olvidar -concluye- que todos vamos a ser personas mayores».«Una gran escuela contra el edadismo es la familia. Hace años convivían juntas varias generaciones, hoy no. Es necesario reunirse, conocerse y compartir momentos» Germán Menéndez (74 años)Germán Menéndez (de 74 años) también acudió al taller con María José Alonso. Este sanitario jubilado propone que se creen espacios adecuados para que estas personas puedan expresarse y tener mayor eco en la sociedad. «Los gobernantes deben adoptar leyes, normas y macromedidas, sin perder la perspectiva de que han determinado que a partir de los 65 años somos tercera edad, pero somos un grupo muy heterogéneo y no todos necesitamos los mismo. Hay que reclamar respeto a la individualidad».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Ana Asensio: «El mayor predictor de salud y felicidad son tus vínculos» noticia Si Francesc Torralba, filósofo: «Nada se hace real si no lo has soñado antes» noticia Si Belén Colomina, psicóloga: «Si no entrenas la mente caes en la rumiación y el pensamiento negativo»Señala, además, que una gran escuela que lucha contra el edadismo es la familia. «Hace años convivían varias generaciones en la misma casa, hoy no. Es necesario, por ello, reunirse, conocerse y compartir espacios y momentos para darnos cuenta de cómo somos unos y otros y romper estereotipos. En el taller que hicimos, nos reunimos con jóvenes y fue muy enriquecedor porque desde la sencillez y el diálogo conocimos nuestros puntos de vista y todos nos hicimos respetar, que es la base de la convivencia. Dejaron atrás esa sensación de rechazo a la gente mayor y nosotros nos sentimos muy a gusto con ellos».
Alrededor del 50% de la población española percibe que hay discriminación por edad hacia las personas de 55 años o más, según datos de Vâina de la Fuente-Núñez, experta internacional en envejecimiento saludable. El edadismo se ha instalado con fuerza en nuestra sociedad y … sus efectos no se pueden pasar por alto. «Varios estudios han demostrado que las personas con percepciones positivas del propio envejecimiento viven una media de 7,5 años más que quienes las tienen negativas, un efecto mayor que el de dejar de fumar o hacer ejercicio regularmente», explica a ABC Macarena Sánchez-Izquierdo, profesora del departamento de Psicología de la Universidad Pontifica Comillas, y participante de ‘Fragilidad y vulnerabilidad en personas mayores y edadismo’, la iniciativa conjunta entre ABC y Fundación la «Caixa».
Recuerda Sánchez-Izquierdo que «todos vamos a ser mayores» y si aceptamos estereotipos como los que apuntan que las personas de avanzada edad son frágiles, enfermas o débiles, «al alcanzar esta etapa podemos asimilarlos y sentirnos vulnerables por asimilación, lo que limita mucho la vida. El tan recurrente ‘yo ya no salgo por si me caigo y me rompo la cadera’, y otros tantos ejemplos parecidos se adueñan de la vida y la restringen al máximo. Se dejan de realizar muchas cosas de las que somos capaces de hacer, lo que tiene un grave riesgo físico y mental», advierte.
Esta docente lamenta, además, que el 98,8% de las descripciones de personas mayores en Facebook contienen estereotipos negativos (pasividad, incompetencia tecnológica, desconexión..) y que las redes sociales no solo reflejan el edadismo, «lo amplifican y lo normalizan. Y hay algo más reciente y preocupante: los algoritmos de inteligencia artificial están aprendiendo esos sesgos y los reproducen a escala global».
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Carmen Romero, experta en longevidad
Laura Peraita
Añade que a diario existen muchos gestos cotidianos que, sin darnos cuenta, fomentan este fenómeno. Cuando un médico, un profesional o cualquier persona dice «son cosas de la edad», está siendo edadista, en ocasiones sin saberlo. Es decir, la atribución de síntomas a la edad cronológica, en lugar de a causas tratables —lo que se denomina ‘atribución a la edad’—, retrasa diagnósticos, reduce derivaciones a especialistas y excluye a los mayores de tratamientos que sí recibirían si tuvieran 40 años. «Es un sesgo tan interiorizado que ni los propios profesionales lo perciben», afirma esta especialista que es, además, coordinadora de la Cátedra Abanca-Afundación/Icade sobre Longevidad, Economía y Sociedad.
Edadismo ‘amable’ muy dañino
Además, señala que hay un edadismo ‘amable’ que hace tanto daño como el hostil y es que «cuando tratamos a una persona mayor de manera infantil, empleando una terminología con diminutivos, sobreprotegiendo en exceso, tomando decisiones por ella como si no estuviera capacitada… ejercemos un ‘edadismo benevolente’. Parece cariño, pero no lo es -asegura-. Socava la autonomía, refuerza la dependencia y produce los mismos efectos psicológicos que el rechazo. Supone arrebatarle la autonomía con una sonrisa».
Décadas de investigación demuestran que la representación mediática de este sector de población influye tanto en cómo la sociedad lo trata como en la manera en la que él mismo se percibe, con efectos medibles sobre su salud y longevidad». De hecho, Sánchez-Izquierdo apunta que este fenómeno cuesta más que muchas enfermedades. «Cerca de 63.000 millones de dólares al año solo en Estados Unidos -advierte-. Los estereotipos negativos sobre la vejez generan costes sanitarios masivos, infradiagnósticos, tratamientos inadecuados, hospitalizaciones evitables y años de vida perdidos. En EE.UU. -concreta-, el gasto sanitario atribuible directamente al edadismo asciende al 15% del coste anual de ocho enfermedades prevalentes. En Europa, la Comisión Europea ya señala que reducir el edadismo es una prioridad económica, no solo ética».

«La herramienta clave contra el edadismo es educar sobre cómo es envejecer y hacerlo con carácter intergeneracional»
Macarena Sánchez-Izquierdo, profesora del departamento de Psicología de la Universidad Pontifica Comillas
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Siendo una prioridad, ¿por dónde empezar? «La verdadera herramienta, la que funciona contra el edadismo, es educar sobre cómo es envejecer y hacerlo con carácter intergeneracional para que los jóvenes aprecien que este grupo de población es muy heterogéneo. Tenemos personas con 60 años que no pueden casi ni caminar, al Papa que con 70 años, al que siguen miles de feligreses, que ha cumplido una apretada y extensa agenda en España recientemente, o a personas de 90 que continúan realizando entrenamiento de fuerza. No se puede generalizar ni meter a todos en el mismo saco».
Su mensaje es positivo y esperanzador y propone que, además de que se dicten políticas adecuadas para este grupo de edad, «la sociedad muestre con mayor visibilidad la gran diversidad de mayores (los hay creativos, expertos, aventureros…), que las familias no traten de modo infantil a sus mayores y que opten por preguntarles en qué pueden ayudarles y no decidan por ellos».
Fenómeno muy interiorizado
A sus 66 años, María José Alonso nunca había oído hablar del término edadismo hasta que se apuntó a la jornada ‘Memoria y acción: creando identidad frente al edadismo’, del Centro Social de Personas Mayores el Llano (Gijón)«, y organizada por Fundación »la Caixa«. »Es más -puntualiza a ABC- cuando nos preguntaron por situaciones vividas, nos costó mucho trabajo identificar casos de edadismo porque lo tenemos tan interiorizado que no nos damos cuenta de que lo sufrimos«.
Entonces, ¿es mejor vivir en esta ignorancia? «Rotundamente no -asegura-. Hasta la fecha soy muy activa, hago muchas cosas, pero no deseo ver cómo en el futuro me tratan como si no supiera desenvolverme en el mundo, fuera frágil, no pudiera tomar decisiones, me hablaran como si fuera tonta… Hay mayores que no son capaces de defenderse por ellos mismos, que han perdido facultades, pero no estoy dispuesta a que por mi edad me hagan sentir que no valgo, cuando sí que sirvo para mucho por mí misma».

«Hace falta un movimiento social para dejar de normalizar esta percepción que tenemos asumida de generaciones pasadas»
María José Alonso (66 años)
Coincide con la psicóloga en que es imprescindible hablar mucho de este problema para poder erradicarlo. «Hace falta que los políticos y la sociedad civil a nivel local, pero también estatal, lo conviertan en un movimiento social -insiste-. Si se logra, los mayores serán más respetados, recibirán mejor trato, se expresarán mejor, se les escuchará y serán más felices. No hay que olvidar -concluye- que todos vamos a ser personas mayores».

«Una gran escuela contra el edadismo es la familia. Hace años convivían juntas varias generaciones, hoy no. Es necesario reunirse, conocerse y compartir momentos»
Germán Menéndez (74 años)
Germán Menéndez (de 74 años) también acudió al taller con María José Alonso. Este sanitario jubilado propone que se creen espacios adecuados para que estas personas puedan expresarse y tener mayor eco en la sociedad. «Los gobernantes deben adoptar leyes, normas y macromedidas, sin perder la perspectiva de que han determinado que a partir de los 65 años somos tercera edad, pero somos un grupo muy heterogéneo y no todos necesitamos los mismo. Hay que reclamar respeto a la individualidad».
Señala, además, que una gran escuela que lucha contra el edadismo es la familia. «Hace años convivían varias generaciones en la misma casa, hoy no. Es necesario, por ello, reunirse, conocerse y compartir espacios y momentos para darnos cuenta de cómo somos unos y otros y romper estereotipos. En el taller que hicimos, nos reunimos con jóvenes y fue muy enriquecedor porque desde la sencillez y el diálogo conocimos nuestros puntos de vista y todos nos hicimos respetar, que es la base de la convivencia. Dejaron atrás esa sensación de rechazo a la gente mayor y nosotros nos sentimos muy a gusto con ellos».
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