
En el amanecer de esta década, sobre todo a partir de 2022, España vivió un bum renovable que disparó la instalación de paneles fotovoltaicos y, en menor medida, de aerogeneradores. Sirvió, aunque menos de lo deseable, para atenuar algo el impacto de la crisis energética desatada por la invasión rusa de Ucrania. Y está sirviendo, ahora sí a gran escala, como escudo protector frente a las consecuencias de la guerra en Oriente Próximo y el peligrosísimo cierre del estrecho de Ormuz, que solo hoy parece tocar a su fin.
Si los precios de la electricidad siguieran tan vinculados a los del gas como en 2021, un hogar típico con la tarifa regulada habría pagado al mes casi un 20%. El clima también ha ayudado
En el amanecer de esta década, sobre todo a partir de 2022, España vivió unbumrenovable que disparó la instalación de paneles fotovoltaicos y, en menor medida, de aerogeneradores. Sirvió, aunque menos de lo deseable, para atenuar algo el impacto de la crisis energética desatada por la invasión rusa de Ucrania. Y está sirviendo, ahora sí a gran escala, como escudo protector frente a las consecuencias de la guerra en Oriente Próximo y el peligrosísimo cierre del estrecho de Ormuz, que solo hoy parece tocar a su fin.
Un estudio publicado este martes por Ember, un prestigioso grupo internacional de analistas especializados en energía y políticas climáticas, estima que esa apuesta renovable ha proporcionado a España una enorme protección frente al alza de precios de la electricidad. Y cifra en 10 euros al mes lo que se ha ahorrado un hogar medio en su factura eléctrica gracias a la solar y la eólica. Lo contrario que ha ocurrido con otros vecinos europeos, que sí han visto cómo la escalada en el precio del gas ―aunque menor, mucho menor, a la sufrida en 2022 y 2023― intoxicaba la formación de precios del mercado mayorista de la luz. A ello se le ha unido que el conflicto se ha desarrollado durante una buena primavera para la eólica, la solar y, también, la hidroeléctrica, que han contribuido a desplazar más al gas.
La influencia de este combustible fósil en el sistema eléctrico español ha ido reduciéndose a medida que ha aumentado estos últimos años la generación solar y eólica, que continúa lanzada —y reforzada ahora con el auge del almacenamiento—. Según el análisis de Ember, las siempre caras centrales de gas solo han fijado el precio de la luz el 9% de las horas en los cinco primeros meses de 2026, frente al 52% del mismo periodo de 2021. “Esto se debe principalmente al crecimiento de la generación eólica y solar, que aumentó un 37% entre 2021 y 2025″, añade en referencia directa al caso español.
Los analistas concluyen que los hogares del país se han estado ahorrando de media 10 euros al mes gracias a esa protección vinculada al auge renovable. Así lo explican: “Si los precios de la electricidad siguieran tan vinculados a los del gas como en 2021, un hogar típico con la tarifa regulada pagaría 10 euros (o un 19%) más al mes en su factura por el aumento en el precio del gas desde marzo de 2026″. Es decir, desde los albores de una guerra, la de Israel y Estados Unidos contra Irán, que estos días encara su epílogo.
Lejos queda ya aquella crisis también energética vinculada al inicio de la invasión de Ucrania, en la que el mercado mayorista español batía, jornada sí, jornada también, récords de precios por la subida vertical del gas. “El fuerte crecimiento de las energías renovables en el sistema eléctrico ibérico ha debilitado significativamente la relación entre los precios del gas y la electricidad desde la crisis del gas de 2021-2024″, abunda el estudio.
A un lado de esta historia está España, junto con Portugal, que han sido de los países de la Unión Europea con los precios de la electricidad más bajos en los primeros meses de 2026. Al otro está Italia, mucho más dependiente del gas, donde “los precios de la electricidad promediaron 143 euros el MWh en marzo, tres veces más altos que en España (42 euros el MWh)”.
Esta protección frente al alza de los precios ha hecho que muchos expertos internacionales en cuestiones de energía y clima hayan puesto en los últimos meses a España como ejemplo de los beneficios que se logran al desvincularse de los combustibles fósiles. En marzo, sin ir más lejos, el secretario ejecutivo del área de Cambio Climático de la ONU, Simon Stiell, alababa en una entrevista con EL PAÍS la apuesta española por las políticas climáticas: “Ha sido líder, no solo en la Unión Europea, sino a nivel global en cuanto a las acciones que están tomando para descarbonizarse y para hacer la transición hacia las renovables”.
La semana pasada, Stiell volvió a señalar el camino para dejar atrás el petróleo, el gas y el carbón: “La energía solar y eólica ahora son mucho más baratas y seguras que los combustibles fósiles”. A esa ecuación hay que añadir la fuerte caída reciente en el precio de las baterías, complemento cada vez más imprescindible de la fotovoltaica y que permite consumir energía regalada por el sol también durante la noche o en las horas o días nublados.
Además de las renovables, el momento en el que ha llegado esta guerra, por la gracia de Donald Trump y Benjamín Netanyahu, ha sido particularmente favorable: en plena primavera, sin grandes picos de consumo y con una ingente producción renovable gracias a la meteorología. Y con los embalses también en máximos tras un otoño e invierno de lluvias récord. La de Ucrania, por la gracia de Vladímir Putin, llegó en pleno invierno, con la demanda de gas y electricidad disparada. Si en vez de a finales de febrero los bombardeos masivos sobre Irán se hubiesen producido ahora, la situación también sería más difícil: en verano, los aires acondicionados estiran el consumo y los paneles se comportan algo peor con el calor. Pero lo que más preocupaba, a expertos e incluso dentro del Ejecutivo español, era qué ocurriría si el conflicto se prolongara al otoño e invierno.
En cualquier caso, la propia capacidad de resistencia del mercado eléctrico ha sorprendido a propios y extraños. También al propio Gobierno, que se apresuró a desplegar medidas de apoyo fiscal en previsión de un colapso de precios como el vivido en 2022 y 2023, cuando tanto el mercado mayorista como el minorista batieron récords históricos. Ese estallido, sin embargo, no se ha producido esta vez, tanto por el efecto protector de las renovables como porque la subida en el coste del gas ha sido mucho menor. Se da, de hecho, la paradoja de que la mayoría de hogares pagó menos en su factura de abril y mayo —cuando aún estaban en vigor las rebajas de impuestos— que en las inmediatamente anteriores.
En mitad de esta apuesta por las renovables, y bastante antes de la guerra en Irán, España y Portugal vivieron un impactante apagón que afectó a más de 60 millones de personas y que alimentó los discursos antirrenovables, profósiles y pronucleares.
En su informe, Ember resalta que, pese a ese contratiempo, “el crecimiento de las energías renovables ha mantenido su impulso desde el apagón ibérico de abril de 2025 y el almacenamiento en baterías en España está aumentando rápidamente”. Desde aquel 28 de abril de 2025, las incorporaciones mensuales conjuntas de energía eólica y solar en España han promediado 1,3 GW al mes de potencia. Una cifra, también recopilada por Ember, que es “similar” a la media del año anterior: 1,2 GW.
El laboratorio de ideas británico destaca especialmente las reformas impulsadas para “desbloquear el almacenamiento en baterías, que se espera que se multipliquen por cuatro en 2026″. Y sostiene que “este aumento del almacenamiento, junto con otras medidas de resiliencia de la red implementadas desde el apagón, deberían acelerar el fin del costoso modo reforzado de operación de la red”. Este modo, puesto en marcha tras el inédito cero eléctrico de hace poco más de un año, implica un mayor uso de las centrales de gas para ayudar a controlar la tensión.
“El estudio de Ember revela que el escudo de energías renovables es realmente eficaz para los pequeños consumidores domésticos”, sostiene Ismael Morales, de la Fundación Renovables, en un comunicado. “De hecho, si no hubiéramos tenido el modo reforzado de REE [Red Eléctrica de España, el gestor del sistema] tras el apagón, esos ahorros mensuales de 10 euros serían aún mayores. Es necesario eliminarlo cuanto antes”, añade. “Esto es solo el comienzo y, como estamos viendo, debemos seguir mejorando la gestión y flexibilidad del sistema eléctrico para aprovechar al máximo los beneficios de las renovables. Solo entonces el escudo se convertirá en una coraza fuerte”, concluye Morales.
Muchas plantas renovables ya son, sin embargo, igualmente capaces de cumplir el objetivo de controlar la tensión del sistema y evitar episodios como el del apagón de hace poco más de un año. Algunas ya lo hacen desde meses después del apagón y otras están a la espera de un mayor desarrollo normativo o de cambios técnicos mínimos. El despliegue acelerado de baterías también ayudará en ese propósito. Son, en fin, la navaja suiza que necesitará todo sistema eléctrico. Sobre todo, uno tan renovable como el español.
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