Quieto parado

Un alto funcionario del Estado, cuyo nombre prefiero
no mencionar, me envía un watsap en el que me escribe: “La economía española funciona mejor con prórrogas presupuestarias y gobiernos débiles que acometen pocas reformas. Hay menos distorsiones. ¡Mejor que Sánchez siga hasta julio del 2027!”. Que viene a ser lo mismo que el dicho inglés If it ain’t broke, don’t fix it (si no está roto, no lo arregles).

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 Un alto funcionario del Estado, cuyo nombre prefierono mencionar, me envía un watsap en el que me escribe: “La economía española funciona mejor con prórrogas presupuestarias y gobiernos débiles que acometen pocas reformas. Hay menos distorsiones. ¡Mejor que Sánchez siga hasta julio del 2027!”. Que viene a ser lo mismo que el dicho inglés If it ain’t broke, don’t fix it (si no está roto, no lo arregles).Seguir leyendo…  

Un alto funcionario del Estado, cuyo nombre prefiero
no mencionar, me envía un watsap en el que me escribe: “La economía española funciona mejor con prórrogas presupuestarias y gobiernos débiles que acometen pocas reformas. Hay menos distorsiones. ¡Mejor que Sánchez siga hasta julio del 2027!”. Que viene a ser lo mismo que el dicho inglés If it ain’t broke, don’t fix it (si no está roto, no lo arregles).

Lo cierto es que la economía española funciona bien, no por los méritos de un Gobierno que ha hecho más bien poco, sino por la coincidencia de varios factores. Crece a un ritmo del 2,2% gracias a los 600.000 inmigrantes que llegan todos los años, a los 100 millones de turistas, al impulso de las energías renovables –favorecido por las subvenciones aprobadas por José María Aznar– y a las ingentes ayudas que vienen de Bruselas tras la recesión provocada por la pandemia. Gracias a todo ello, pero el mérito no es de nadie en particular.

Crece a un ritmo del 2,2% gracias a los 600.000 inmigrantes, los 100 millones de turistas, el impulso de las energías renovables y las ayudas de Bruselas

Con todo, el gran acierto de Pedro Sánchez ha sido no estropear esa buena marcha. Esto se ha conseguido en parte porque no contaba con apoyos suficientes para sacar adelante leyes y ocurrencias como las que proponía, sin ir más lejos, su vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. El Gobierno de coalición progresista ni siquiera ha aprobado los presupuestos en los tres últimos años. Y esto, visto así, ha sido todo un acierto: al menos no ha roto nada. Ahora, deprisa y corriendo, ha anunciado que presentará unos presupuestos sietemesinos. Si llegaran a aprobarse, algo todavía muy incierto, solo servirán para la primera parte del 2027. Ya que como muy tarde tendrá que celebrar elecciones en julio.

En realidad, no serían unos auténticos presupuestos generales del Estado, sino un manifiesto electoral con el que captar votos a base de prometer el oro y el moro. Un ejemplo es el anuncio de una inversión multimillonaria en vivienda. Lo que Sánchez no ha hecho en ocho años pretende hacerlo en siete meses. Y así con todo: cederá a lo que le exijan sus socios de investidura para que se los aprueben, cueste lo que cueste.

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Angel Garcia / Bloomberg

Su falta de credibilidad de partida es enorme. El vicepresidente, Carlos Cuerpo, hace tan solo unas semanas se escudó en que la guerra del golfo Pérsico le impedía elaborar el cuadro macroeconómico que es la base del presupuesto. Pues bien, la guerra de Irán no ha terminado y la incertidumbre es la misma que le impedía aprobar los presupuestos para el 2026. Pero (con el manual de resistencia en la mano) ahora ya sí que puede elaborar el cuadro macro para el 2027 porque así lo ha ordenado Sánchez. Cuerpo, que estaba considerado un buen técnico, terminará siendo un pésimo político
si sigue con estos enjuagues.

Un profesor del IESE como Javier Díaz Giménez, habituado a examinar y calificar a sus brillantes alumnos, pondría a la economía española un notable, un 7, y al Gobierno de Pedro Sánchez, un suspenso, un 3. En su opinión, es muy probable que la inflación cierre por encima del 4%, el doble del objetivo fijado por el BCE. Eso permitirá reducir la deuda pública por debajo del 100% del PIB, algo que se presentará como un gran éxito cuando la realidad es que seguimos teniendo déficit presupuestario en medio de un ciclo expansivo y una recaudación fiscal excepcional. La realidad es que el PIB per cápita seguirá cayendo, igual que el poder adquisitivo de los salarios, mientras sigue creciendo la tasa de pobreza. En eso, como en gestión del buen gobierno, ética, estabilidad institucional y respeto a la justicia, los socialistas se merecen un cero zapatero .

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