En vacaciones es habitual desplazarse a destinos desconocidos para descubrir todos sus rincones visitando ciudades y pueblos, caminando por paseos marítimos en zonas costeras, realizando largas caminatas y excursiones en la montaña e incluso practicando algún deporte como puede ser la natación en el mar o piscinas. Sin embargo, cuando termina el verano subirse a la báscula suele suponer un verdadero reto porque muchas veces se descubre que se ha ganado algún que otro kilo de más. ¿A qué se debe si aparentemente se ha mantenido una actividad mayor a la del resto del año en la que una gran mayoría suele pasar muchas horas sentada en la oficina? La respuesta no suele estar en la falta de ejercicio, sino en un cambio completo del contexto en el que vivimos durante estas semanas. «Nos movemos más sí, pero también comemos de forma muy diferente -asegura José Ruiz, entrenador personal y experto en cambios físicos -. Se trata de una de las grandes trampas del verano: pensar que todo el movimiento extra compensa automáticamente los excesos».Y es que este entrenador reconoce que es cierto que se camina más que durante el resto del año, pero señala que hay al mismo tiempo un cambio en muchos hábitos como el hecho de tomar aperitivos casi a diario, helados, tapas antes de comer, hacer sobremesas muy largas, picoteos constantes entre comidas, beber cervezas o copas al atardecer, tener cenas que empiezan tarde y terminan aún más tarde… «Y todo eso suma muchas más calorías de las que solemos imaginar», advierte.Explica que no es raro que una persona que durante el año mantiene una alimentación bastante estructurada pase a consumir varios cientos de calorías extra cada día casi sin darse cuenta. «El aperitivo no suele ser solo una cerveza. Cuando pregunto a algunos clientes qué ha cambiado durante el verano, muchas veces me responden: ‘Solo me he tomado alguna cerveza’. Cuando analizamos el contexto aparece la realidad . La cerveza suele venir acompañada de aceitunas, patatas fritas, frutos secos, queso, embutidos o pan. Después llega la comida. Más tarde el helado. Y por la noche una cena larga con algún postre o varias copas. Es decir, el problema rara vez es un alimento concreto. Es la suma de pequeñas decisiones que se repiten prácticamente todos los días. El alcohol también juega su papel. El verano suele asociarse a momentos sociales, terrazas y celebraciones continuas. Y -matiza- aunque una copa ocasional no determina el peso corporal, la frecuencia con la que se consume alcohol durante estas semanas sí puede marcar diferencias».Asegura que, además de aportar calorías, el alcohol suele aumentar el apetito, favorecer decisiones alimentarias menos saludables, empeorar la calidad del sueño y dificultar la recuperación después del ejercicio. Es decir, no solo suma energía, sino que también influye indirectamente sobre otros hábitos y decisiones saludables. El gran enemigo del veranoJosé Ruiz incide en que el gran enemigo del verano es el picoteo continuo porque durante el resto del año solemos mantener horarios más o menos estables que desaparecen en vacaciones desaparecen. «En esta época desayunamos tarde, después aparece un aperitivo, luego una comida abundante, un helado o chuches mientras paseamos, quizá otro pequeño picoteo viendo una película o hablando con amigos… Muchas personas apenas sienten hambre real en vacaciones porque prácticamente nunca dejan de comer. Nos movemos más… pero no tanto como creemos -insiste-. En verano desaparecen muchos límites. Hay más reuniones sociales, más improvisación, más tiempo libre y más oportunidades para comer. Nuestro comportamiento cambia porque cambia el entorno. Y eso es completamente normal».No duda en afirmar que caminar más siempre es positivo. «De hecho, desde Malagaentrena resaltamos continuamente la importancia del movimiento diario porque tiene un enorme impacto sobre la salud y sobre el gasto energético. Pero también conviene poner las cifras en perspectiva. Una caminata de una hora puede gastar aproximadamente entre 250 y 400 calorías dependiendo del ritmo y de la persona. Sin embargo, un aperitivo completo con bebidas, unas tapas y un helado puede superar fácilmente esa cantidad. Por eso, muchas personas tienen la sensación de haber estado muy activas durante las vacaciones y, aun así, ganar peso. No es falta de fuerza de voluntad. Este es probablemente el aspecto más importante. Mucha gente vuelve de vacaciones pensando ‘no tengo fuerza de voluntad’, pero normalmente el problema no es ese. Lo que cambia es el contexto».«El cuerpo responde al conjunto de nuestros hábitos, no a un helado, una cerveza o una cena especial. Y esa es probablemente la mejor noticia»Entonces, ¿cómo disfrutar del verano sin ganar peso? «No hace falta renunciar a los helados ni vivir las vacaciones contando calorías. La clave está en mantener una base de hábitos saludables incluso cuando cambia la rutina», puntualiza.Entre las estrategias sencillas que funcionan bien para este objetivo resalta las siguientes:• Mantener un buen nivel de actividad física diaria.• Seguir realizando dos o tres sesiones de entrenamiento de fuerza por semana.• Priorizar alimentos frescos en las comidas principales.• Reservar los caprichos para momentos concretos, en lugar de convertirlos en una costumbre diaria.• Moderar o incluso suprimir el consumo de alcohol.• Hidratarse bien.• Procurar mantener horarios de sueño relativamente estables.MÁS INFORMACIÓN noticia Si «La obsesión por cumplir hábitos no es saludable, produce ahogo» noticia Si Piernas cansadas, cómo combatir la hinchazón y qué alimentos tomar noticia Si «A la mierda la dieta. Si esperas a adelgazar para respetar tu cuerpo, cometes un error»Insiste en que no se trata de hacerlo perfecto. «Se trata de que los excesos sean una excepción y no el patrón de todo el verano. El verano no engorda, cambia nuestros hábitos. Culpar al verano sería injusto. Este periodo no hace que ganemos grasa por sí solo, lo que ocurre es que cambian nuestros horarios, nuestras decisiones y nuestra forma de relacionarnos con la comida. Cuando entendemos esto, dejamos de pensar que el problema es la falta de disciplina y empezamos a analizar qué está ocurriendo realmente. No hay que olvidar que el cuerpo responde al conjunto de nuestros hábitos, no a un helado, una cerveza o una cena especial. Y esa es probablemente la mejor noticia: puedes disfrutar del verano, compartir momentos con tu familia y tus amigos y seguir cuidando tu salud. No hace falta elegir entre una cosa u otra -concluye-. Basta con mantener el equilibrio la mayor parte del tiempo». En vacaciones es habitual desplazarse a destinos desconocidos para descubrir todos sus rincones visitando ciudades y pueblos, caminando por paseos marítimos en zonas costeras, realizando largas caminatas y excursiones en la montaña e incluso practicando algún deporte como puede ser la natación en el mar o piscinas. Sin embargo, cuando termina el verano subirse a la báscula suele suponer un verdadero reto porque muchas veces se descubre que se ha ganado algún que otro kilo de más. ¿A qué se debe si aparentemente se ha mantenido una actividad mayor a la del resto del año en la que una gran mayoría suele pasar muchas horas sentada en la oficina? La respuesta no suele estar en la falta de ejercicio, sino en un cambio completo del contexto en el que vivimos durante estas semanas. «Nos movemos más sí, pero también comemos de forma muy diferente -asegura José Ruiz, entrenador personal y experto en cambios físicos -. Se trata de una de las grandes trampas del verano: pensar que todo el movimiento extra compensa automáticamente los excesos».Y es que este entrenador reconoce que es cierto que se camina más que durante el resto del año, pero señala que hay al mismo tiempo un cambio en muchos hábitos como el hecho de tomar aperitivos casi a diario, helados, tapas antes de comer, hacer sobremesas muy largas, picoteos constantes entre comidas, beber cervezas o copas al atardecer, tener cenas que empiezan tarde y terminan aún más tarde… «Y todo eso suma muchas más calorías de las que solemos imaginar», advierte.Explica que no es raro que una persona que durante el año mantiene una alimentación bastante estructurada pase a consumir varios cientos de calorías extra cada día casi sin darse cuenta. «El aperitivo no suele ser solo una cerveza. Cuando pregunto a algunos clientes qué ha cambiado durante el verano, muchas veces me responden: ‘Solo me he tomado alguna cerveza’. Cuando analizamos el contexto aparece la realidad . La cerveza suele venir acompañada de aceitunas, patatas fritas, frutos secos, queso, embutidos o pan. Después llega la comida. Más tarde el helado. Y por la noche una cena larga con algún postre o varias copas. Es decir, el problema rara vez es un alimento concreto. Es la suma de pequeñas decisiones que se repiten prácticamente todos los días. El alcohol también juega su papel. El verano suele asociarse a momentos sociales, terrazas y celebraciones continuas. Y -matiza- aunque una copa ocasional no determina el peso corporal, la frecuencia con la que se consume alcohol durante estas semanas sí puede marcar diferencias».Asegura que, además de aportar calorías, el alcohol suele aumentar el apetito, favorecer decisiones alimentarias menos saludables, empeorar la calidad del sueño y dificultar la recuperación después del ejercicio. Es decir, no solo suma energía, sino que también influye indirectamente sobre otros hábitos y decisiones saludables. El gran enemigo del veranoJosé Ruiz incide en que el gran enemigo del verano es el picoteo continuo porque durante el resto del año solemos mantener horarios más o menos estables que desaparecen en vacaciones desaparecen. «En esta época desayunamos tarde, después aparece un aperitivo, luego una comida abundante, un helado o chuches mientras paseamos, quizá otro pequeño picoteo viendo una película o hablando con amigos… Muchas personas apenas sienten hambre real en vacaciones porque prácticamente nunca dejan de comer. Nos movemos más… pero no tanto como creemos -insiste-. En verano desaparecen muchos límites. Hay más reuniones sociales, más improvisación, más tiempo libre y más oportunidades para comer. Nuestro comportamiento cambia porque cambia el entorno. Y eso es completamente normal».No duda en afirmar que caminar más siempre es positivo. «De hecho, desde Malagaentrena resaltamos continuamente la importancia del movimiento diario porque tiene un enorme impacto sobre la salud y sobre el gasto energético. Pero también conviene poner las cifras en perspectiva. Una caminata de una hora puede gastar aproximadamente entre 250 y 400 calorías dependiendo del ritmo y de la persona. Sin embargo, un aperitivo completo con bebidas, unas tapas y un helado puede superar fácilmente esa cantidad. Por eso, muchas personas tienen la sensación de haber estado muy activas durante las vacaciones y, aun así, ganar peso. No es falta de fuerza de voluntad. Este es probablemente el aspecto más importante. Mucha gente vuelve de vacaciones pensando ‘no tengo fuerza de voluntad’, pero normalmente el problema no es ese. Lo que cambia es el contexto».«El cuerpo responde al conjunto de nuestros hábitos, no a un helado, una cerveza o una cena especial. Y esa es probablemente la mejor noticia»Entonces, ¿cómo disfrutar del verano sin ganar peso? «No hace falta renunciar a los helados ni vivir las vacaciones contando calorías. La clave está en mantener una base de hábitos saludables incluso cuando cambia la rutina», puntualiza.Entre las estrategias sencillas que funcionan bien para este objetivo resalta las siguientes:• Mantener un buen nivel de actividad física diaria.• Seguir realizando dos o tres sesiones de entrenamiento de fuerza por semana.• Priorizar alimentos frescos en las comidas principales.• Reservar los caprichos para momentos concretos, en lugar de convertirlos en una costumbre diaria.• Moderar o incluso suprimir el consumo de alcohol.• Hidratarse bien.• Procurar mantener horarios de sueño relativamente estables.MÁS INFORMACIÓN noticia Si «La obsesión por cumplir hábitos no es saludable, produce ahogo» noticia Si Piernas cansadas, cómo combatir la hinchazón y qué alimentos tomar noticia Si «A la mierda la dieta. Si esperas a adelgazar para respetar tu cuerpo, cometes un error»Insiste en que no se trata de hacerlo perfecto. «Se trata de que los excesos sean una excepción y no el patrón de todo el verano. El verano no engorda, cambia nuestros hábitos. Culpar al verano sería injusto. Este periodo no hace que ganemos grasa por sí solo, lo que ocurre es que cambian nuestros horarios, nuestras decisiones y nuestra forma de relacionarnos con la comida. Cuando entendemos esto, dejamos de pensar que el problema es la falta de disciplina y empezamos a analizar qué está ocurriendo realmente. No hay que olvidar que el cuerpo responde al conjunto de nuestros hábitos, no a un helado, una cerveza o una cena especial. Y esa es probablemente la mejor noticia: puedes disfrutar del verano, compartir momentos con tu familia y tus amigos y seguir cuidando tu salud. No hace falta elegir entre una cosa u otra -concluye-. Basta con mantener el equilibrio la mayor parte del tiempo».
En vacaciones es habitual desplazarse a destinos desconocidos para descubrir todos sus rincones visitando ciudades y pueblos, caminando por paseos marítimos en zonas costeras, realizando largas caminatas y excursiones en la montaña e incluso practicando algún deporte como puede ser la natación en el mar … o piscinas. Sin embargo, cuando termina el verano subirse a la báscula suele suponer un verdadero reto porque muchas veces se descubre que se ha ganado algún que otro kilo de más.
¿A qué se debe si aparentemente se ha mantenido una actividad mayor a la del resto del año en la que una gran mayoría suele pasar muchas horas sentada en la oficina? La respuesta no suele estar en la falta de ejercicio, sino en un cambio completo del contexto en el que vivimos durante estas semanas. «Nos movemos más sí, pero también comemos de forma muy diferente -asegura José Ruiz, entrenador personal y experto en cambios físicos-. Se trata de una de las grandes trampas del verano: pensar que todo el movimiento extra compensa automáticamente los excesos».
Y es que este entrenador reconoce que es cierto que se camina más que durante el resto del año, pero señala que hay al mismo tiempo un cambio en muchos hábitos como el hecho de tomar aperitivos casi a diario, helados, tapas antes de comer, hacer sobremesas muy largas, picoteos constantes entre comidas, beber cervezas o copas al atardecer, tener cenas que empiezan tarde y terminan aún más tarde… «Y todo eso suma muchas más calorías de las que solemos imaginar», advierte.
Noticia relacionada
Explica que no es raro que una persona que durante el año mantiene una alimentación bastante estructurada pase a consumir varios cientos de calorías extra cada día casi sin darse cuenta. «El aperitivo no suele ser solo una cerveza. Cuando pregunto a algunos clientes qué ha cambiado durante el verano, muchas veces me responden: ‘Solo me he tomado alguna cerveza’. Cuando analizamos el contexto aparece la realidad. La cerveza suele venir acompañada de aceitunas, patatas fritas, frutos secos, queso, embutidos o pan. Después llega la comida. Más tarde el helado. Y por la noche una cena larga con algún postre o varias copas. Es decir, el problema rara vez es un alimento concreto. Es la suma de pequeñas decisiones que se repiten prácticamente todos los días. El alcohol también juega su papel. El verano suele asociarse a momentos sociales, terrazas y celebraciones continuas. Y -matiza- aunque una copa ocasional no determina el peso corporal, la frecuencia con la que se consume alcohol durante estas semanas sí puede marcar diferencias».
Asegura que, además de aportar calorías, el alcohol suele aumentar el apetito, favorecer decisiones alimentarias menos saludables, empeorar la calidad del sueño y dificultar la recuperación después del ejercicio. Es decir, no solo suma energía, sino que también influye indirectamente sobre otros hábitos y decisiones saludables.
El gran enemigo del verano
José Ruiz incide en que el gran enemigo del verano es el picoteo continuo porque durante el resto del año solemos mantener horarios más o menos estables que desaparecen en vacaciones desaparecen. «En esta época desayunamos tarde, después aparece un aperitivo, luego una comida abundante, un helado o chuches mientras paseamos, quizá otro pequeño picoteo viendo una película o hablando con amigos… Muchas personas apenas sienten hambre real en vacaciones porque prácticamente nunca dejan de comer. Nos movemos más… pero no tanto como creemos -insiste-. En verano desaparecen muchos límites. Hay más reuniones sociales, más improvisación, más tiempo libre y más oportunidades para comer. Nuestro comportamiento cambia porque cambia el entorno. Y eso es completamente normal».
No duda en afirmar que caminar más siempre es positivo. «De hecho, desde Malagaentrena resaltamos continuamente la importancia del movimiento diario porque tiene un enorme impacto sobre la salud y sobre el gasto energético. Pero también conviene poner las cifras en perspectiva. Una caminata de una hora puede gastar aproximadamente entre 250 y 400 calorías dependiendo del ritmo y de la persona. Sin embargo, un aperitivo completo con bebidas, unas tapas y un helado puede superar fácilmente esa cantidad. Por eso, muchas personas tienen la sensación de haber estado muy activas durante las vacaciones y, aun así, ganar peso. No es falta de fuerza de voluntad. Este es probablemente el aspecto más importante. Mucha gente vuelve de vacaciones pensando ‘no tengo fuerza de voluntad’, pero normalmente el problema no es ese. Lo que cambia es el contexto».
«El cuerpo responde al conjunto de nuestros hábitos, no a un helado, una cerveza o una cena especial. Y esa es probablemente la mejor noticia»
Entonces, ¿cómo disfrutar del verano sin ganar peso? «No hace falta renunciar a los helados ni vivir las vacaciones contando calorías. La clave está en mantener una base de hábitos saludables incluso cuando cambia la rutina», puntualiza.
Entre las estrategias sencillas que funcionan bien para este objetivo resalta las siguientes:
• Mantener un buen nivel de actividad física diaria.
• Seguir realizando dos o tres sesiones de entrenamiento de fuerza por semana.
• Priorizar alimentos frescos en las comidas principales.
• Reservar los caprichos para momentos concretos, en lugar de convertirlos en una costumbre diaria.
• Moderar o incluso suprimir el consumo de alcohol.
• Hidratarse bien.
• Procurar mantener horarios de sueño relativamente estables.
Insiste en que no se trata de hacerlo perfecto. «Se trata de que los excesos sean una excepción y no el patrón de todo el verano. El verano no engorda, cambia nuestros hábitos. Culpar al verano sería injusto. Este periodo no hace que ganemos grasa por sí solo, lo que ocurre es que cambian nuestros horarios, nuestras decisiones y nuestra forma de relacionarnos con la comida. Cuando entendemos esto, dejamos de pensar que el problema es la falta de disciplina y empezamos a analizar qué está ocurriendo realmente. No hay que olvidar que el cuerpo responde al conjunto de nuestros hábitos, no a un helado, una cerveza o una cena especial. Y esa es probablemente la mejor noticia: puedes disfrutar del verano, compartir momentos con tu familia y tus amigos y seguir cuidando tu salud. No hace falta elegir entre una cosa u otra -concluye-. Basta con mantener el equilibrio la mayor parte del tiempo».
RSS de noticias de bienestar

