Nadie habría dicho, a priori, que el tenor Benjamin Bernheim –pura técnica, exquisito fraseo y perfecta dicción– y la soprano Ermonela Yaho –toda pasión y vibrato– formarían una pareja operística descomunal. Pero se comprobó este viernes en la velada inaugural de la 40.ª edición del Festival de Peralada, certamen que hace real esa máxima tan de moda de que los 40 son los nuevos 30, pues mantiene sus esencias con dinamismo juvenil y mejorando con la edad.
El tenor francosuizo y la soprano albanesa inundan de pasión la apertura del festival en su edición núm. 40
Nadie habría dicho, a priori, que el tenor Benjamin Bernheim –pura técnica, exquisito fraseo y perfecta dicción– y la soprano Ermonela Yaho –toda pasión y vibrato– formarían una pareja operística descomunal. Pero se comprobó este viernes en la velada inaugural de la 40.ª edición del Festival de Peralada, certamen que hace real esa máxima tan de moda de que los 40 son los nuevos 30, pues mantiene sus esencias con dinamismo juvenil y mejorando con la edad.
¿Cuántos festivales pueden permitirse tal celebración sin haber recuperado aún su escenario al aire libre, una de sus señas de identidad? Y ya van cuatro ediciones sin ocupar los jardines. El adn de la propuesta cultural y artística de Peralada parece haber acumulado el peso específico necesario para ser deslocalizada en escenarios más reducidos –iglesia del Carme, Mirador del Castell…– o alejados como el Palau de la Música, donde acogerá a la Orquesta del Festival de Bayreuth, sin que eso le suponga desaparecer del mapa. Al menos por el momento.
“Este pianista es un hombre orquesta y un solista. Lo tiene todo”, decía Yaho
La acogida del público que llenaba este viernes la iglesia es la confirmación de que de ese festival que surgió en los ochenta gracias a la conjura de dos damas –la propietaria del castillo, Carmen Mateu, y su amiga y súper soprano Montserrat Caballé– mantiene hoy su amor por la lírica y las artes.
Ese recital era una manera de “rendir homenaje a todas las grandes voces que han regalado momentos inolvidables y han contribuido a situar Peralada en el Olimpo de los grandes festivales líricos internacionales”, apuntaba el director artístico, Oriol Aguilà. Y para ello contaban además con un pianista, Marcos Madrigal, al que la crítica francesa apoda “le trésor de Cuba”, pues este concertista cubano residente en Italia –desde que Martha Argerich lo llevara a su Academia en el Lago Como– se aleja de la figura del acompañante al piano: intérprete avezado, “¡es un hombre orquesta y es un solista, lo tiene todo!”, decía Yaho en el camerino del claustro. Y Bernheim le daba la razón.

El recital abrió con Cilea, se deslizó por Puccini y Verdi y finalizó con Gounod y Massenet, sin bises. Algo insólito, pero el calor se hacía insostenible para la soprano, que lo había dado todo en su escena final, cuando Bernheim y ella se convierten en los amantes de Manon . Ella cantaba “Allons! Il le faut…” y le seguía él con “Ah! fuyez, douce image”, esa oración íntima y resignada de Des Grieux intentando expulsar el recuerdo de Manon, que le ha abandonado por una vida de lujo. Ambos enlazaron ahí con “N’est-ce plus ma main que cette main presse?”, cuando ella aparece en la iglesia y comprende que cometió un error. “¿Ya no es mi mano la que tu mano aprieta? ¿Ya no es mi voz una caricia para ti? ¿Ya no soy Manon?”

Yaho desplegó su brutal intensidad emocional y se entregó en una súplica que de nuevo elevaba a Peralada al Olimpo. Pero quien había dado un recital de gran calado era Bernheim. Si el crítico Roger Alier dijo de él en 2021, en su debut catalán en Peralada, que era un tenor lírico “de indudable importancia”, la crónica de anoche le ha de situar en el zenit de su carrera. El tenor francosuizo, que nacía en París dos años antes que el festival, desplegó su belleza tímbrica, su musicalidad, una técnica excepcional –agudos a mezza voce– y una versatilidad importante, pues antes de regalar al público una sentida “Ah! Lève-toi, soleil!” del Roméo et Juliette y de demostrar por qué el aria estrella de su repertorio es “Pourquoi me réveiller” del Werther , dejó claro que está listo para debutar Tosca en unos meses en Berlín con una mesurada “E lucevan le stelle”. Nadie como él ha sabido controlar la difícil acústica del Carmen pasando de la emisión delicatessen al gran chorro de voz. Felices 40 a todos.
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