Miles Davis y la pregunta de siempre: “¿Esto es jazz?”

En 1960, cuando estaba presentando el disco Sketches of Spain, le preguntaron a Miles Davis: “¿Esto es jazz?”. “Es música y me gusta”, respondió, lacónico, Davis. En Gran Bretaña le repitieron la pregunta y esa segunda vez contestó: “Creo que sí. ¿A usted qué le parece?”. La prensa especializada de la época, sin embargo, no estaba muy convencida. Para el New York Times, la propuesta de Davis de ese momento tenía poco y nada de jazz.

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 En el centenario de su nacimiento, libros, reediciones de sus álbumes más míticos y conciertos especiales (también en Barcelona) rinden tributo al hombre que cambió, siempre entre controversias, la definición del género varias veces  

En 1960, cuando estaba presentando el disco Sketches of Spain, le preguntaron a Miles Davis: “¿Esto es jazz?”. “Es música y me gusta”, respondió, lacónico, Davis. En Gran Bretaña le repitieron la pregunta y esa segunda vez contestó: “Creo que sí. ¿A usted qué le parece?”. La prensa especializada de la época, sin embargo, no estaba muy convencida. Para el New York Times, la propuesta de Davis de ese momento tenía poco y nada de jazz.

 Sketches of Spain (“bosquejos de España”) pasó de tener ventas bajísimas a convertirse en uno de sus discos más populares, a ganar premios varios y a figurar en diversas listas de mejores álbumes de todos los tiempos. Sin embargo, y a pesar de que en general la crítica fue elogiosa hacia su obra, los constantes cruces e innovaciones de Miles Davis, su mirada puesta siempre en el futuro, lo hicieron enfrentarse muchas veces a cuestionamientos semejantes: lo que Davis hacía no era jazz; Davis no respetaba las convenciones, las esencias ni las raíces del género; Davis era, en definitiva, un traidor.

El trompetista de jazz estadounidense Miles Davis durante una sesión de grabación en los estudios de la calle 30 en la ciudad de Nueva York, alrededor de 1959 
El trompetista de jazz estadounidense Miles Davis durante una sesión de grabación en los estudios de la calle 30 en la ciudad de Nueva York, alrededor de 1959 Michael Ochs Archives / Getty

Este año, el centenario del nacimiento de Miles Davis, esas polémicas parecen haber quedado atrás, sepultadas bajo reediciones de sus biografías, lanzamientos de sus principales discos cargados de bonus tracks, conciertos tributo. Como la mayoría de los músicos de jazz, la vida de Davis fue plena, dramática y llena de peripecias. Como muy pocos de esos músicos, su obra fue impredecible, siempre cambiante e innovadora. Dos de los textos clásicos sobre él, reeditados este año por Alba Editorial, retratan magistralmente ambos aspectos. Uno de ellos, Miles: la autobiografía, coescrita por Quincy Troupe, cuenta la vida de Davis a través de sus propias palabras, con una prosa cargada de oralidad, de opiniones contundentes, de confesiones sórdidas, odios y fanatismos. El otro, Miles Davis y Kind of Blue: la creación de una obra maestra, de Ashley Kahn, es un análisis adictivo y meticuloso del disco más famoso de Miles Davis, que presentó al mundo el jazz modal, consolidó la fama del cool y prefiguró lo que luego se conocería como hard bop. Por su parte, el periodista y gestor cultural Pere Pons es el responsable de la compilación Miles Davis: Sketches of Catalonia (Enderrock Llibres), una crónica del paso de Davis por Catalunya, con textos de una quincena de periodistas especializados.

⁄ Sus constantes cruces e innovaciones lo hicieron enfrentarse a menudo a polémicas y críticas: todo eso ya ha quedado atrás

Si todos estos títulos son fundamentales para entender la música y la vida de Davis, probablemente el mejor de todos los libros escritos sobre él sea Miles Davis: la biografía definitiva, del también trompetista Ian Carr, un amplio y meticuloso análisis de su obra. Hoy está tristemente descatalogado.

Maestro en superar las expectativas, enemigo de las definiciones rígidas, tal vez uno de los mayores méritos de Miles Davis sea que nos obliga a preguntarnos, una y otra vez, qué es el jazz, sabiendo que, a partir de él, ninguna de las respuestas podrá abarcar todo el universo de esa música. A finales de la década del sesenta, después de apuntar a los inicios de la vanguardia, Davis inició lo que luego se conoció como su período eléctrico, prefigurando lo que luego se conocería como fusión o jazz rock, con discos magistrales como In a silent way o Bitches brew . Para muchos, eso, por supuesto, tampoco era jazz. Lo acusaron de comercializarse, de hacer música fácil, de venderse a los sonidos populares del funk y del rock. Criticaron incluso su manera de vestirse.

Uno de los más vehementes de esos críticos fue Wynton Marsalis, a quien Davis acusó de “policía del jazz” y que, en un gesto interpretable como una falta de respeto, en 1986 subió al escenario de un concierto de Davis sin pedirle permiso. Davis lo insultó y anunció que no seguiría tocando hasta que Marsalis se marchara.

⁄ Su autobiografía está llena de oralidad, opiniones contundentes, confesiones sórdidas, odios y fanatismos

En esa misma década, Miles Davis se encontraba instalado de lleno en la fusión eléctrica, colaborando con el extraordinario multiinstrumentista Marcus Miller, quien le proporcionó un marco pleno de sonidos bailables, bases rockeras y funk. We want Miles, la segunda de esas colaboraciones, un disco doble grabado en directo en Japón en 1981, es, precisamente, el título que Marcus Miller eligió para homenajear la música de su antiguo jefe y mentor, en un concierto este julio que forma parte del festival de jazz de Barcelona y que recorrerá la obra de Davis desde los años cincuenta hasta la era eléctrica e incluso más allá, en una especie de exploración del futuro. Además de Miller, subirán a escena otros tres músicos que participaron de la grabación original: el percusionista Mino Cinelu, el saxofonista Bill Evans y el guitarrista Mike Stern, cuyos solos y su actitud de estrella de rock en el We want Miles le generaron encendidos elogios y, también, críticas que lo hicieron llorar.

En 1959, cuando Miles Davis había asombrado a todo el mundo con Kind of blue y su nombre era sinónimo de jazz, alguien calificó su música de “el sonido de la sorpresa”. Quizá, más allá de reediciones, revisiones y tributos, la mejor manera de rendirle homenaje sea, precisamente, dejarse sorprender por su música y preguntarse, sin contestarse nunca: “¿Esto es jazz?”.

Este marzo se cumplieron cincuenta años del disco debut de Pat Metheny, Bright size life. Grabado con el extraordinario bajista Jaco Pastorius y el baterista Bob Moses, no llegó a vender mil ejemplares a su lanzamiento. Más tarde pasó a ser un clásico ineludible y consagró a Metheny como uno de los guitarristas más importantes del jazz moderno. Ahora, medio siglo después, este guitarrista de sonido inconfundible vuelve este mismo julio al festival de jazz de Barcelona y promete seguir ampliando el panorama de esta música.

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Miles Davis Quincy TroupeMiles. La autobiografía. Trad.: Jordi Gubern Vilalta. Alba. 536 páginas. 24 euros

Ashley KahnMiles Davis y Kind of Blue. La creación de una obra maestra. Traducción de Víctor Obiols. Alba. 344 páginas. 14,50 euros

Pere Pons (coord.). Miles Davis. Sketches of CataloniaEnderrock Llibres. 176 páginas. 21 euros

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