De Junts a Aliança y vuelta a empezar

El empresariado catalán y sus organizaciones mantienen aún una palpable distancia con el partido ultraderechista Aliança Catalana, de la alcaldesa de Ripoll, Silvia Orriols, pese a que las encuestas le pronostican un espectacular ascenso electoral. Por delante de Junts y peleando con ERC por el segundo puesto. Frialdad que tal vez obedezca que en los centros de decisión empresarial también tienen sus propios termómetros, que rebajan varios grados la dimensión de ese ascenso demoscópico.

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 El empresariado catalán y sus organizaciones mantienen aún una palpable distancia con el partido ultraderechista Aliança Catalana, de la alcaldesa de Ripoll, Silvia Orriols, pese a que las encuestas le pronostican un espectacular ascenso electoral. Por delante de Junts y peleando con ERC por el segundo puesto. Frialdad que tal vez obedezca que en los centros de decisión empresarial también tienen sus propios termómetros, que rebajan varios grados la dimensión de ese ascenso demoscópico.Seguir leyendo…  

El empresariado catalán y sus organizaciones mantienen aún una palpable distancia con el partido ultraderechista Aliança Catalana, de la alcaldesa de Ripoll, Silvia Orriols, pese a que las encuestas le pronostican un espectacular ascenso electoral. Por delante de Junts y peleando con ERC por el segundo puesto. Frialdad que tal vez obedezca que en los centros de decisión empresarial también tienen sus propios termómetros, que rebajan varios grados la dimensión de ese ascenso demoscópico.

La líder de Aliança Catalana apenas ha mantenido unos pocos encuentros con el mundo económico. El más público, con Emilio Cuatrecasas, el reputado abogado barcelonés, alejado ahora de cualquier responsabilidad gremial o profesional, más allá de sus inversiones personales, como el golf del Empordà, donde se celebró la reunión de enero pasado. El más reciente, una comida con una patronal territorial vallesana. Habrá más, sin duda. Los empresarios quieren ver en persona a la dirigente ultra y tienen curiosidad por escuchar sus propuestas. Hay expectación y aforos desbordados cuando se organiza alguno de esos encuentros

Cuando la invitan, Orriols se adentra en el territorio de referencia de la antigua Convergència, el del pequeño empresariado y las clases medias –fuera del ámbito del gran empresariado barcelonés, donde las cosas son bien diferentes y los ultras tienen más dificultades–, sabiendo que va a tener un auditorio muy predispuesto a escuchar sus propuestas y con ganas de conocerla. Ese tejido social añora, ahora con febril intensidad, el viejo pujolismo que el procés arrumbó. Se sienten huérfanos de referente político y de programa práctico acorde con sus intereses.

Desencantados de Junts, el teórico heredero del pujolismo y del que lamentan que desatienda las prioridades económicas y políticas del momento. Su lectura es que el partido independentista se ha quedado anclado en un procés que acabó hace ya casi una década, con el referéndum del 1 de octubre del 2017 y la escapada de Carles Puigdemont. Es momento de propuestas concretas. Los decepcionantes datos recientes sobre la inversión del Estado en Catalunya acentúan ese sentimiento: “Dónde está la influencia del PSC, Junts y ERC en la política española?” es un lamento de nuevo audible.

Empresarios durante la intervención de Illa en la última Reunión del Cercle
Empresarios durante la intervención de Illa en la última Reunión del CercleAndreu Esteban

En esos pocos y discretos encuentros, adoptando un posado de humildad, Orriols les regala los oídos: en Catalunya se pagan demasiados impuestos; el de patrimonio tendría que desaparecer; hay que fomentar la cultura del esfuerzo; la gandulería no se ha de subvencionar (referencia al absentismo); el independentismo de Aliança no desembocará en la locura de repetir las jornadas de octubre. Tranquilidad y buenos negocios.

Comparten las ideas económicas de Orriols; pero no su xenofobia; los inmigrantes son esenciales

Muchos salen encantados: “esta mujer tiene razón”. La conexión de Orriols con el auditorio sorprende a los propios organizadores. Pero de ahí a tener su voto en el bolsillo aún media un buen trecho, al decir de ellos mismos. La mayoría no comparte su ideario xenófobo. Muchas de sus empresas no aguantarían ni un día sin los trabajadores inmigrantes que aseguran su producción. Y saben que las soluciones de Orriols no son tan fáciles ni simples como ella las presenta.

Si ahora hubiera elecciones al Parlament, esa orfandad política del tejido económico catalán se expresaría en una enorme dispersión y fragmentación del voto. Alguno, sin duda, acabaría en Aliança; pero también relevante podría ser la cuota de los socialistas de Salvador Illa, en funciones intermitentes de partido refugio temporal, que ha definido un plan de prioridades, pese a que luego tiene dificultades en aplicarlo y a quien, entre las filas empresariales, atribuyen cierta pérdida del empuje que parecía tener al inicio; incluso, aunque en menor medida, a ERC, en este caso entre los sectores más sensibles al eje nacional.

Esto mientras se despeja la incógnita de cuánto durará la actual legislatura española y pendientes de la reformulación de Junts, una vez que la amnistía se implemente y el partido independentista se vea obligado a solventar su disyuntiva entre partido de orden o tropa de choque.

En los salones nobles del empresariado barcelonés, que han delegado estos menesteres en Josep Sánchez Llibre, el presidente de Foment, continuan pensando que Junts es la apuesta principal; que no quiere decir exclusiva, si el PP acabará gobernando algún día. Será así, sin duda, durante el resto de la vigente legislatura. Sus siete votos en el Congreso valen su peso en oro. Palanca de influencia legislativa y política en España y de reconocimiento ante sus pares empresariales. También más adelante, cuando rijan las nuevas viejas reglas del juego político: las de antes del procés y de después de la aplicación de la amnistía, si la aritmética parlamentaria así lo permitiera. No le faltarán los incentivos desde el mundo corporativo, donde creen que aún hay tiempo, antes de unas próximas elecciones en Catalunya, para que Junts evolucione y reconstruya los lazos con el tejido económico.

Eso abriría la puerta a otro baile alternativo en Catalunya. En el Parlament, los votos de PP, Vox, Aliança y Junts podrían acabar encarnando una mayoría de oposición, que no gobernase, que actuara como freno de las iniciativas no deseadas del Govern que se constituyera.

La gran empresa confía en que Junts se convierta en una fuerza de orden tras la vuelta de Puigdemont

Una especie de espejo de lo que ahora pasa en el Congreso de los diputados, cuando Junts se suma a PP y Vox para frenar medidas y leyes concretas presentadas o impulsadas por el gobierno de Pedro Sánchez y los partidos de izquierda que le apoyan parlamentariamente. Acuerdos de alcance limitado.

Un paso más en la larga recomposición del sistema de partidos en Catalunya, descompuesto por las sacudidas del procés e incapaz de generar un nuevo modelo, pendiente de la resolución de las causas penales. Las fuerzas económicas, una vez más, quieren intervenir en ese proceso en busca de conseguir que cuaje una formación que represente fielmente sus intereses. Y sigue.

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