«El mundo moderno no ha cambiado nuestro cerebro pero nos ha puesto en circunstancias para las que no estábamos realmente diseñados y esto está teniendo consecuencias en nuestra salud». Así lo asegura en declaraciones a ABC Matthew D. Lieberman, prestigioso psicólogo de Harvard experto en neurociencia cognitiva social que lleva décadas analizando cómo las interacciones humanas impactan en nuestro comportamiento y bienestar.El profesor norteamericano publicó en 2013 el que seguramente es su trabajo más importante y que se ha convertido en un referente mundial en este campo, ‘Social: Por qué nuestros cerebros están programados para conectarse’ . Allí defendía que las relaciones sociales son para los humanos más fundamentales que la necesidad de comida o refugio. El libro, que Capital Swing acaba de traducir al español, es una obra maestra sobre el motor de nuestros comportamientos, miedos y motivaciones, partiendo precisamente de la importancia de la conexión social. La cuestión no ha pasado de moda, pero desde ese 2013 acontecimientos como el Covid-19, la explosión de las redes sociales o la reciente llegada de la inteligencia artificial han alterado significativamente la forma en la que precisamente nos conectamos. Consciente de ello, el autor lamenta que la soledad y el aislamiento «ha empeorado mucho», especialmente a raíz de la pandemia. Él mismo destaca que compañeros profesores coinciden en los cambios detectados entre universitarios: en los últimos años los han notado más serios, incluso con un aire depresivo y sin apenas ganas de diversión. «Ahora tienen mejor sentido del humor, parecen más capaces de conectar con sus compañeros», asegura él, confiado en que «lo peor» del Covid ya ha pasado.Noticia relacionada general No No «El mejor recurso para superar un duelo es tener a alguien que te escuche» Laura PeraitaLieberman también incide en cómo ha evolucionado «la polarización política y la hostilidad partidista» en estos últimos años, que está llevando a que las personas que ven el mundo de manera distinta se estén separando físicamente, lo que entorpece al siempre importante sentimiento de comunidad. En cuanto a la IA, el neurocientífico la considera «el invento más extraordinario», aunque solo como compañera de reflexión y no por su apoyo social. Lieberman da por hecho que la IA se integrará en nuestra vida y llama a trabajar para que sea «una parte útil y beneficiosa y no perjudicial».El norteamericano tiene claro que, a pesar de estos impactos, los cerebros no están cambiando y están igual que hace 50.000 años pero alerta de la soledad. Cuando las personas se sienten solas y aisladas, el sistema inmunitario se activa, pero estarlo de forma crónica acaba asociando esta activación a la depresión, enfermedades cardíacas, cáncer u otras afecciones. «El mundo moderno no ha cambiado nuestros cerebros evolucionados, pero nos ha puesto en circunstancias para las que nuestros cerebros no estaban realmente diseñados, y eso tiene consecuencias reales para nuestra salud», avisa en conversación con ABC.Menos sociables en lo más importanteLieberman tiene claro que, como parece evidente, nos estamos volviendo menos sociables por culpa de las tecnologías y que esto afecta, precisamente, a aspectos importantes de nuestra vida. Con todo, piropea el ‘boom’ de gadgets y herramientas digitales porque, por ejemplo, gracias a Zoom se ha podido conectar con personas a miles de kilómetros y con FaceTime su hijo pudo ver a sus abuelos. «Para las relaciones visuales estas herramientas son extraordinarias», puntualiza, antes de enfatizar que «precisamente aquí está el problema».«La proximidad física cambia la forma en que interactuamos y en una charla online la gente entra, va directa al grano y luego se marcha» Matthew D. Lieberman«No se pueden hacer amigos nuevos y duraderos cuando toda una relación se basa en Zoom», ejemplifica el norteamericano, recordando la importancia de la « proximidad física , que cambia la forma en que interactuamos». Así, recuerda que en una charla online la gente «entra, va directa al grano y luego se marcha», mientras que en persona, aunque sea una reunión de trabajo, el ‘match’ social da para mucho más: al acabar sigues hablando y caminando juntos y pueden surgir vínculos a partir de cualquier anécdota. «Estos momentos de serendipia no ocurren igual de forma remota», enfatiza.Esto le lleva a incidir en que precisamente la conexión social se ha desvalorizado. Él se acuerda de un profesor suyo, Dan Gilbert, que hablaba de que existe un « deseo erróneo » relacionado con lo que realmente aporta felicidad. Lieberman ve inevitable pensar en que algunos pensarán en éxitos profesionales o ganar dinero, pero corrobora que esto lleva a que muchos se centren únicamente en trabajar «y al final terminamos más aislados, y nos acabamos preguntando por qué no somos tan felices como creíamos». Además, cree que precisamente «somos menos sociables en los aspectos en los que nuestra biología necesita que lo seamos».La fórmula mágica para vivir mejorEntonces, ¿existe alguna fórmula mágica para vivir mejor teniendo en cuenta la realidad actual? El neurocientífico asegura que no existe una receta única, pero sí que hay aspectos cruciales que ayudan a ello. «Lo primero es tomar en serio cómo nuestros cerebros fueron diseñados para conectarnos con el mundo social, porque de ahí provienen muchas de nuestras fuentes orgánicas de felicidad y bienestar», destaca recordando que la vida social difícilmente puede sustituirse por alguna alternativa que dé más felicidad.«Debemos tomarnos las conexiones sociales en serio, como una necesidad biológica y no como un lujo», añade el autor, que ejemplifica que si uno intenta trabajar o ser productivo mientras tiene «hambre social» no va a rendir igual. En esta línea, recuerda que existen pruebas evidentes de que si uno conecta socialmente en el trabajo es más productivo. Finalmente, Lieberman lanza un consejo práctico: «arriesgarse, exponerse, ser curioso con los demás», especialmente si uno se siente solo o desconectado. Así se formarán conexiones reales: «Puedes ir con alguien al peor concierto de tu vida y luego pasar años rememorando lo terrible que fue. No todo tienen que ser experiencias maravillosas, pero sí compartidas».MÁS INFORMACIÓN noticia Si La luz que regula tu vida: cómo el sol, los leds y las pantallas te gobiernan noticia Si La dieta mediterránea, aliada contra la depresión: la clave está en la microbiota noticia Si Tati Ballesteros, criminóloga: «Estamos confundiendo estar ocupados con estar vivos»Lieberman concluye que la gente suele pasar por alto que precisamente «asumir estos riesgos es, en realidad, la forma más eficaz de encontrar a tu gente». «Localizar incluso a una sola persona así en un nuevo entorno puede transformar tu experiencia, pasando de la monotonía a la sensación de pertenencia. Así que la fórmula mágica, si es que existe, es dejar de subestimar la importancia que tiene tu cerebro social para tu felicidad y bienestar, y empezar a invertir en tu vida social con la misma seriedad con la que inviertes en tu carrera profesional. La neurociencia es muy clara al respecto: estamos programados para la conexión, y cuando respetamos esa programación, vivimos mejor», sentencia el prestigioso psicólogo. «El mundo moderno no ha cambiado nuestro cerebro pero nos ha puesto en circunstancias para las que no estábamos realmente diseñados y esto está teniendo consecuencias en nuestra salud». Así lo asegura en declaraciones a ABC Matthew D. Lieberman, prestigioso psicólogo de Harvard experto en neurociencia cognitiva social que lleva décadas analizando cómo las interacciones humanas impactan en nuestro comportamiento y bienestar.El profesor norteamericano publicó en 2013 el que seguramente es su trabajo más importante y que se ha convertido en un referente mundial en este campo, ‘Social: Por qué nuestros cerebros están programados para conectarse’ . Allí defendía que las relaciones sociales son para los humanos más fundamentales que la necesidad de comida o refugio. El libro, que Capital Swing acaba de traducir al español, es una obra maestra sobre el motor de nuestros comportamientos, miedos y motivaciones, partiendo precisamente de la importancia de la conexión social. La cuestión no ha pasado de moda, pero desde ese 2013 acontecimientos como el Covid-19, la explosión de las redes sociales o la reciente llegada de la inteligencia artificial han alterado significativamente la forma en la que precisamente nos conectamos. Consciente de ello, el autor lamenta que la soledad y el aislamiento «ha empeorado mucho», especialmente a raíz de la pandemia. Él mismo destaca que compañeros profesores coinciden en los cambios detectados entre universitarios: en los últimos años los han notado más serios, incluso con un aire depresivo y sin apenas ganas de diversión. «Ahora tienen mejor sentido del humor, parecen más capaces de conectar con sus compañeros», asegura él, confiado en que «lo peor» del Covid ya ha pasado.Noticia relacionada general No No «El mejor recurso para superar un duelo es tener a alguien que te escuche» Laura PeraitaLieberman también incide en cómo ha evolucionado «la polarización política y la hostilidad partidista» en estos últimos años, que está llevando a que las personas que ven el mundo de manera distinta se estén separando físicamente, lo que entorpece al siempre importante sentimiento de comunidad. En cuanto a la IA, el neurocientífico la considera «el invento más extraordinario», aunque solo como compañera de reflexión y no por su apoyo social. Lieberman da por hecho que la IA se integrará en nuestra vida y llama a trabajar para que sea «una parte útil y beneficiosa y no perjudicial».El norteamericano tiene claro que, a pesar de estos impactos, los cerebros no están cambiando y están igual que hace 50.000 años pero alerta de la soledad. Cuando las personas se sienten solas y aisladas, el sistema inmunitario se activa, pero estarlo de forma crónica acaba asociando esta activación a la depresión, enfermedades cardíacas, cáncer u otras afecciones. «El mundo moderno no ha cambiado nuestros cerebros evolucionados, pero nos ha puesto en circunstancias para las que nuestros cerebros no estaban realmente diseñados, y eso tiene consecuencias reales para nuestra salud», avisa en conversación con ABC.Menos sociables en lo más importanteLieberman tiene claro que, como parece evidente, nos estamos volviendo menos sociables por culpa de las tecnologías y que esto afecta, precisamente, a aspectos importantes de nuestra vida. Con todo, piropea el ‘boom’ de gadgets y herramientas digitales porque, por ejemplo, gracias a Zoom se ha podido conectar con personas a miles de kilómetros y con FaceTime su hijo pudo ver a sus abuelos. «Para las relaciones visuales estas herramientas son extraordinarias», puntualiza, antes de enfatizar que «precisamente aquí está el problema».«La proximidad física cambia la forma en que interactuamos y en una charla online la gente entra, va directa al grano y luego se marcha» Matthew D. Lieberman«No se pueden hacer amigos nuevos y duraderos cuando toda una relación se basa en Zoom», ejemplifica el norteamericano, recordando la importancia de la « proximidad física , que cambia la forma en que interactuamos». Así, recuerda que en una charla online la gente «entra, va directa al grano y luego se marcha», mientras que en persona, aunque sea una reunión de trabajo, el ‘match’ social da para mucho más: al acabar sigues hablando y caminando juntos y pueden surgir vínculos a partir de cualquier anécdota. «Estos momentos de serendipia no ocurren igual de forma remota», enfatiza.Esto le lleva a incidir en que precisamente la conexión social se ha desvalorizado. Él se acuerda de un profesor suyo, Dan Gilbert, que hablaba de que existe un « deseo erróneo » relacionado con lo que realmente aporta felicidad. Lieberman ve inevitable pensar en que algunos pensarán en éxitos profesionales o ganar dinero, pero corrobora que esto lleva a que muchos se centren únicamente en trabajar «y al final terminamos más aislados, y nos acabamos preguntando por qué no somos tan felices como creíamos». Además, cree que precisamente «somos menos sociables en los aspectos en los que nuestra biología necesita que lo seamos».La fórmula mágica para vivir mejorEntonces, ¿existe alguna fórmula mágica para vivir mejor teniendo en cuenta la realidad actual? El neurocientífico asegura que no existe una receta única, pero sí que hay aspectos cruciales que ayudan a ello. «Lo primero es tomar en serio cómo nuestros cerebros fueron diseñados para conectarnos con el mundo social, porque de ahí provienen muchas de nuestras fuentes orgánicas de felicidad y bienestar», destaca recordando que la vida social difícilmente puede sustituirse por alguna alternativa que dé más felicidad.«Debemos tomarnos las conexiones sociales en serio, como una necesidad biológica y no como un lujo», añade el autor, que ejemplifica que si uno intenta trabajar o ser productivo mientras tiene «hambre social» no va a rendir igual. En esta línea, recuerda que existen pruebas evidentes de que si uno conecta socialmente en el trabajo es más productivo. Finalmente, Lieberman lanza un consejo práctico: «arriesgarse, exponerse, ser curioso con los demás», especialmente si uno se siente solo o desconectado. Así se formarán conexiones reales: «Puedes ir con alguien al peor concierto de tu vida y luego pasar años rememorando lo terrible que fue. No todo tienen que ser experiencias maravillosas, pero sí compartidas».MÁS INFORMACIÓN noticia Si La luz que regula tu vida: cómo el sol, los leds y las pantallas te gobiernan noticia Si La dieta mediterránea, aliada contra la depresión: la clave está en la microbiota noticia Si Tati Ballesteros, criminóloga: «Estamos confundiendo estar ocupados con estar vivos»Lieberman concluye que la gente suele pasar por alto que precisamente «asumir estos riesgos es, en realidad, la forma más eficaz de encontrar a tu gente». «Localizar incluso a una sola persona así en un nuevo entorno puede transformar tu experiencia, pasando de la monotonía a la sensación de pertenencia. Así que la fórmula mágica, si es que existe, es dejar de subestimar la importancia que tiene tu cerebro social para tu felicidad y bienestar, y empezar a invertir en tu vida social con la misma seriedad con la que inviertes en tu carrera profesional. La neurociencia es muy clara al respecto: estamos programados para la conexión, y cuando respetamos esa programación, vivimos mejor», sentencia el prestigioso psicólogo.
«El mundo moderno no ha cambiado nuestro cerebro pero nos ha puesto en circunstancias para las que no estábamos realmente diseñados y esto está teniendo consecuencias en nuestra salud». Así lo asegura en declaraciones a ABC Matthew D. Lieberman, prestigioso psicólogo de Harvard … experto en neurociencia cognitiva social que lleva décadas analizando cómo las interacciones humanas impactan en nuestro comportamiento y bienestar.
El profesor norteamericano publicó en 2013 el que seguramente es su trabajo más importante y que se ha convertido en un referente mundial en este campo, ‘Social: Por qué nuestros cerebros están programados para conectarse’. Allí defendía que las relaciones sociales son para los humanos más fundamentales que la necesidad de comida o refugio. El libro, que Capital Swing acaba de traducir al español, es una obra maestra sobre el motor de nuestros comportamientos, miedos y motivaciones, partiendo precisamente de la importancia de la conexión social. La cuestión no ha pasado de moda, pero desde ese 2013 acontecimientos como el Covid-19, la explosión de las redes sociales o la reciente llegada de la inteligencia artificial han alterado significativamente la forma en la que precisamente nos conectamos.
Consciente de ello, el autor lamenta que la soledad y el aislamiento «ha empeorado mucho», especialmente a raíz de la pandemia. Él mismo destaca que compañeros profesores coinciden en los cambios detectados entre universitarios: en los últimos años los han notado más serios, incluso con un aire depresivo y sin apenas ganas de diversión. «Ahora tienen mejor sentido del humor, parecen más capaces de conectar con sus compañeros», asegura él, confiado en que «lo peor» del Covid ya ha pasado.
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Lieberman también incide en cómo ha evolucionado «la polarización política y la hostilidad partidista» en estos últimos años, que está llevando a que las personas que ven el mundo de manera distinta se estén separando físicamente, lo que entorpece al siempre importante sentimiento de comunidad. En cuanto a la IA, el neurocientífico la considera «el invento más extraordinario», aunque solo como compañera de reflexión y no por su apoyo social. Lieberman da por hecho que la IA se integrará en nuestra vida y llama a trabajar para que sea «una parte útil y beneficiosa y no perjudicial».
El norteamericano tiene claro que, a pesar de estos impactos, los cerebros no están cambiando y están igual que hace 50.000 años pero alerta de la soledad. Cuando las personas se sienten solas y aisladas, el sistema inmunitario se activa, pero estarlo de forma crónica acaba asociando esta activación a la depresión, enfermedades cardíacas, cáncer u otras afecciones. «El mundo moderno no ha cambiado nuestros cerebros evolucionados, pero nos ha puesto en circunstancias para las que nuestros cerebros no estaban realmente diseñados, y eso tiene consecuencias reales para nuestra salud», avisa en conversación con ABC.
Menos sociables en lo más importante
Lieberman tiene claro que, como parece evidente, nos estamos volviendo menos sociables por culpa de las tecnologías y que esto afecta, precisamente, a aspectos importantes de nuestra vida. Con todo, piropea el ‘boom’ de gadgets y herramientas digitales porque, por ejemplo, gracias a Zoom se ha podido conectar con personas a miles de kilómetros y con FaceTime su hijo pudo ver a sus abuelos. «Para las relaciones visuales estas herramientas son extraordinarias», puntualiza, antes de enfatizar que «precisamente aquí está el problema».

«La proximidad física cambia la forma en que interactuamos y en una charla online la gente entra, va directa al grano y luego se marcha»
Matthew D. Lieberman
«No se pueden hacer amigos nuevos y duraderos cuando toda una relación se basa en Zoom», ejemplifica el norteamericano, recordando la importancia de la «proximidad física, que cambia la forma en que interactuamos». Así, recuerda que en una charla online la gente «entra, va directa al grano y luego se marcha», mientras que en persona, aunque sea una reunión de trabajo, el ‘match’ social da para mucho más: al acabar sigues hablando y caminando juntos y pueden surgir vínculos a partir de cualquier anécdota. «Estos momentos de serendipia no ocurren igual de forma remota», enfatiza.
Esto le lleva a incidir en que precisamente la conexión social se ha desvalorizado. Él se acuerda de un profesor suyo, Dan Gilbert, que hablaba de que existe un «deseo erróneo» relacionado con lo que realmente aporta felicidad. Lieberman ve inevitable pensar en que algunos pensarán en éxitos profesionales o ganar dinero, pero corrobora que esto lleva a que muchos se centren únicamente en trabajar «y al final terminamos más aislados, y nos acabamos preguntando por qué no somos tan felices como creíamos». Además, cree que precisamente «somos menos sociables en los aspectos en los que nuestra biología necesita que lo seamos».
La fórmula mágica para vivir mejor
Entonces, ¿existe alguna fórmula mágica para vivir mejor teniendo en cuenta la realidad actual? El neurocientífico asegura que no existe una receta única, pero sí que hay aspectos cruciales que ayudan a ello. «Lo primero es tomar en serio cómo nuestros cerebros fueron diseñados para conectarnos con el mundo social, porque de ahí provienen muchas de nuestras fuentes orgánicas de felicidad y bienestar», destaca recordando que la vida social difícilmente puede sustituirse por alguna alternativa que dé más felicidad.
«Debemos tomarnos las conexiones sociales en serio, como una necesidad biológica y no como un lujo», añade el autor, que ejemplifica que si uno intenta trabajar o ser productivo mientras tiene «hambre social» no va a rendir igual. En esta línea, recuerda que existen pruebas evidentes de que si uno conecta socialmente en el trabajo es más productivo. Finalmente, Lieberman lanza un consejo práctico: «arriesgarse, exponerse, ser curioso con los demás», especialmente si uno se siente solo o desconectado. Así se formarán conexiones reales: «Puedes ir con alguien al peor concierto de tu vida y luego pasar años rememorando lo terrible que fue. No todo tienen que ser experiencias maravillosas, pero sí compartidas».
Lieberman concluye que la gente suele pasar por alto que precisamente «asumir estos riesgos es, en realidad, la forma más eficaz de encontrar a tu gente». «Localizar incluso a una sola persona así en un nuevo entorno puede transformar tu experiencia, pasando de la monotonía a la sensación de pertenencia. Así que la fórmula mágica, si es que existe, es dejar de subestimar la importancia que tiene tu cerebro social para tu felicidad y bienestar, y empezar a invertir en tu vida social con la misma seriedad con la que inviertes en tu carrera profesional. La neurociencia es muy clara al respecto: estamos programados para la conexión, y cuando respetamos esa programación, vivimos mejor», sentencia el prestigioso psicólogo.
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