La noche del viernes, entre tres cabezas coronadas como ángeles –una de ellas con unos enormes prismáticos como en una peli de Wes Anderson– la reconocí. Era mi prima Rosalía. Muchos tuvimos una prima como ella. Mientras, en las gradas, algunas madres e hijas se miraban y se reconocían en años. Unas la que fueron, y otras, el ser como eran ellas, que todo fue así hasta que se jodió Perú, vamos, que conocí a tu padre.
La noche del viernes, entre tres cabezas coronadas como ángeles –una de ellas con unos enormes prismáticos como en una peli de Wes Anderson– la reconocí. Era mi prima Rosalía. Muchos tuvimos una prima como ella. Mientras, en las gradas, algunas madres e hijas se miraban y se reconocían en años. Unas la que fueron, y otras, el ser como eran ellas, que todo fue así hasta que se jodió Perú, vamos, que conocí a tu padre.Seguir leyendo…
La noche del viernes, entre tres cabezas coronadas como ángeles –una de ellas con unos enormes prismáticos como en una peli de Wes Anderson– la reconocí. Era mi prima Rosalía. Muchos tuvimos una prima como ella. Mientras, en las gradas, algunas madres e hijas se miraban y se reconocían en años. Unas la que fueron, y otras, el ser como eran ellas, que todo fue así hasta que se jodió Perú, vamos, que conocí a tu padre.
Rosalía era aquella prima que, habiendo salido la noche anterior, parecía que no iba a llegar antes de las tres para el almuerzo en casa de la abuela, pero siempre llegaba. Lo hacía, duchada y cambiada de ropa, con una sonrisa de oreja a oreja y besos para todos. Rosalía era quien se llevaba, como favorita de la susodicha abuela, el sobre con más dinero de aguinaldo. Todos lo sabíamos y lo aceptábamos porque era la más buena y la más lista. Rápida y cariñosa. Sacaba mejores notas, se esforzaba más y siempre trataba de que el resto de los primos, no lo sintiéramos como una humillación. Era la mejor y no podía evitarlo y eso también lo aceptábamos. Nunca sabías si te quería por quererte o porque era tu prima, pero daba igual porque te hacía sentir igual de bien. La prima Rosalía siempre tenía novios que no le convenían. Y al empezar el verano le solían romper el corazón y ella decía que había aprendido, pero no era verdad, aunque tampoco parecía importarle: seguía con las clases extra y se sacaba para sus gastos.
La Rosalía artista es, al parecer, un animal de los nuestros. Ella trata de disimular lo extraordinaria que es
Esta noche en el Palau Sant Jordi Rosalía se ha traído al confesionario a Bad Gyal, nuestra otra prima. La que también salía la noche antes, pero llegaba tarde al almuerzo y le caía la bronca y se enfadaba y siempre era volver a empezar con ella. Esa prima te caía quizás mejor que la otra y, por eso, decidías salir a fumar con ella al balcón, pero, de repente, venía Rosalía, que, al parecer, también fumaba –aunque nadie lo sospechara hasta ese momento– y lo hacía mejor, sus dedos más largos, y no olía, al volver al interior de la casa, a nada que no fuera perfume y, quizás, un poco de vicio, pero nada del otro mundo.
La Rosalía artista es, al parecer, un animal de los nuestros. Ella trata de disimular lo extraordinaria que es, lo lejos que ha ido desde el balcón de la abuela y al que no ha vuelto aún, para no hacernos sentir mal. La han definido como agente del caos en el corazón del pop y está bien visto. Es casi menos valiente que temeraria, con un talento para llegar antes que los propios ladrones a robar al banco, autoexigente, trabajadora, alumna y maestra, esponja y aspersor mundial. Cómo no quererla si, además, nos dice que nos ama y da igual que solo seamos sus primos fumando en un balcón. Y que, en el sobre del aguinaldo, nos venda una colonia cara o el disco que ya compramos, pero ahora en versión extendida. Que importa que, sentimentalmente, nos pantojee un tanto si luego nos da todas las horas cantando, tantas horas de trabajo y tanto talento, que todo lo hace bien la prima mientras, además, nos advierte que no pisemos las señales rojas, y que evitemos siempre a novios que traten mal a los camareros.

Es casi menos valiente que temeraria, con un talento para llegar antes que los ladrones a robar al banco
Siempre supimos que la prima Rosalía llegaría lejos pero nunca pensamos que tanto. Llegará allí donde quiera, mientras quiera y sepa, porque ella es la que marca los tiempos y tira abajo las puertas, porque ha sabido dejarnos atrás con nuestro vuelo gallináceo, nuestras apropiaciones culturales y sacrilegios cantarines, sin casi humillarnos. Como ayer mismo, en una impecable actuación que merecía mejor sonido que en un Sant Jordi que pareció a ratos una hormigonera.
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