Más allá del colesterol y el tabaco: la violencia también pesa en la salud cardíaca de las mujeres

Tensión, colesterol, tabaco, dieta, diabetes, actividad física. Los marcadores habituales para medir el riesgo cardíaco son cuantificables, pero dejan fuera una parte de la biografía que puede tener un importante peso. Una de cada tres mujeres de una muestra de pacientes ingresados en Cardiología en el Hospital 12 de Octubre de Madrid había sufrido violencia a lo largo de su vida, según un estudio presentado la semana pasada en el congreso de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). Se suma a la creciente evidencia científica que muestra que la violencia deja huella mucho más allá de las lesiones inmediatas y la salud mental, el área más obvia y estudiada.

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 Una de cada tres mujeres ingresadas en Cardiología en el Hospital 12 de Octubre de Madrid había sufrido malos tratos a lo largo de su vida  

Tensión, colesterol, tabaco, dieta, diabetes, actividad física. Los marcadores habituales para medir el riesgo cardíaco son cuantificables, pero dejan fuera una parte de la biografía que puede tener un importante peso. Una de cada tres mujeres de una muestra de pacientes ingresados en Cardiología en el Hospital 12 de Octubre de Madrid había sufrido violencia a lo largo de su vida, según un estudio presentado la semana pasada en el congreso de la Sociedad Española de Cardiología (SEC). Se suma a la creciente evidencia científica que muestra que la violencia deja huella mucho más allá de las lesiones inmediatas y la salud mental, el área más obvia y estudiada.

“Los cardiólogos hemos sido muy biologistas”, reconoce Héctor Bueno, especialista del hospital y uno de los autores del estudio. “Los antecedentes psicológicos y psicosociales suelen quedar en segundo plano, pese a su importancia para la salud cardiovascular”, continúa el médico, que se asombró de unos resultados tan contundentes.

Los mecanismos por los que la violencia puede afectar al corazón son variados. Blanca Coll-Vinent, médica de Urgencias del Hospital Clínic de Barcelona, señala las alteraciones de la respuesta al estrés y las dificultades para cuidar la propia salud. “Las personas en esta situación tienen menos autocuidado, están más anuladas, tienen menos percepción de la enfermedad. Además, por lo general, se cuidan menos y tienen más factores de riesgo: fuman más, hay más obesidad”, resume.

Guadalupe Pastor, profesora de la Escuela Andaluza de Salud Pública e investigadora sobre violencia de género, razona que un contexto de control, amenazas, humillaciones que a menudo se extiende durante años genera una respuesta del organismo que puede terminar perjudicándolo.

Una investigación más amplia para entender esta relación, publicada en 2020 en Journal of the American Heart Association, comparó los registros de 18.547 mujeres con casos de violencia machista documentada con los de otras 72.231 sin ese antecedente registrado y encontró una incidencia de enfermedad cardiovascular un 31% mayor entre las primeras.

El trabajo del 12 de Octubre aborda cuánta violencia aparece entre quienes ya han ingresado por una patología cardiovascular. Incluye a 93 pacientes, entrevistados por un profesional de psicología dentro de una investigación más amplia. El 32,7% de las mujeres refirió alguna experiencia de violencia; el 22,4%, antecedentes de violencia de género —casi el doble que entre la población femenina—, y el 16,3%, de maltrato infantil, categorías que pueden solaparse. Bueno lo presenta como una llamada de atención, no como una estimación extrapolable a todos los hospitales, ya que su centro atiende a una población socialmente vulnerable. “Es una muestra modesta y seguramente en otras zonas el resultado sería distinto. No permite sacar conclusiones firmes”, advierte.

La diferencia entre hombres y mujeres es otro de los aspectos que sorprendieron a Bueno: solo el 2,3% de los varones declaró alguna experiencia de violencia. El cardiólogo plantea que, más allá de que las mujeres sufran más violencia que ellos, puede influir una mayor resistencia masculina a participar o a hablar de problemas psicológicos.

Otro estudio presentado en el congreso de la SEC refuerza la evidencia del riesgo de la violencia en la salud cardiovascular de las mujeres. Entre 295 ingresadas por síndrome coronario agudo (incluido el infarto), el 42% tenía antecedentes de violencia machista. Quienes seguían sufriéndola tardaban más en consultar desde que aparecían los síntomas, lo que muestra que el maltrato puede interferir así en un aspecto tan decisivo de la atención cardiovascular como llegar a tiempo al hospital.

Durante un seguimiento medio de tres años, el desenlace que agrupaba muerte por cualquier causa, nuevo síndrome coronario, ictus o insuficiencia cardíaca ocurrió en el 20,5% de las mujeres con antecedentes de violencia y en el 10,6% de las demás. Coll-Vinent, coautora, considera necesario incorporar estos antecedentes a la atención y a la práctica clínica.

“Hay evidencias y estudios a nivel internacional que han puesto en relación violencia, cardiopatía y muchas otras enfermedades orgánicas”, señala Carmen Fernández, médica de familia jubilada y experta en salud y violencia machista. Las experiencias de la infancia también cuentan. Un metaanálisis publicado en 2023 en American Journal of Preventive Medicine, con 10 estudios y más de 343.000 adultos, encontró un riesgo de enfermedad coronaria un 52% mayor asociado al maltrato infantil. Los resultados eran generalmente consistentes en ambos sexos y para distintas formas de abuso.

Para Fernández, una de las dificultades está en trasladar el conocimiento a la práctica: “Aunque las guías del Ministerio de Sanidad contemplan el riesgo de la violencia machista, aplicarlo depende de las comunidades autónomas, y la mayor parte no lo contempla. Cuando no es un producto, cuesta mucho. Aumentar el tratamiento con estatinas porque el colesterol llega a tal cifra se hace enseguida. Primero, porque es más fácil, porque es cuantitativo, pero también porque está la industria detrás que no te deja olvidarlo. Pero cuando son problemas más de tipo psicosocial, como la violencia, la cosa es mucho más difícil”.

El tener en cuenta la violencia sufrida “cambia la prevención, el diagnóstico y el abordaje”, asegura la médica. “No solo vale con dar pastillas, hay que abordar el problema concomitante, intervenir a nivel psicosocial. Primero hay que detectarlo, investigar, preguntar por la posibilidad de que esa persona sufra violencia y otros problemas psicosociales. Y luego hacer abordaje por un lado orgánico, pero también el psicosocial, es fundamental, porque si no queda cojo”, añade Fernández.

Pastor agrega que esa tarea compete a todas las especialidades, no solo a la Medicina de Familia, Urgencias y Ginecología, que son los más obvios. “En todos los servicios puede haber oportunidades para detectar violencia de manera temprana y hacerlo antes para que el daño no se acumule. Hacen falta profesionales formados, registros que permitan conocer los antecedentes y espacios seguros para conversar”, zanja.

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