La «luz al final del túnel» de Great Osobor, el gigante de Tudela que se rompió la rodilla en su debut con la selección: «Mi motivación es volverme a poner la camiseta de España»

El joven pívot, lesionado de gravedad hace 11 meses en un partido contra Georgia en Tenerife, última su recuperación en Los Ángeles, monitorizado por la Federación. «Lo más duro ha sido mirar a otra gente jugar al baloncesto», admite Leer El joven pívot, lesionado de gravedad hace 11 meses en un partido contra Georgia en Tenerife, última su recuperación en Los Ángeles, monitorizado por la Federación. «Lo más duro ha sido mirar a otra gente jugar al baloncesto», admite Leer  

«Lo más duro ha sido mirar a otra gente jugar al baloncesto. Y tener paciencia. He tenido que aprender a valorar las pequeñas victorias, a confiar en el proceso». Al otro lado del teléfono Great Osobor atiende con exquisita educación, agradecimiento por el interés y un castellano cada vez más impecable. Responde desde El Segundo, Los Ángeles, su hogar desde el pasado mes de febrero, el lugar -el Meyer Institute of Sport- donde se recupera de la gravísima lesión en su rodilla izquierda (rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco) que se produjo hace casi un año en el Santiago Martín de La Laguna, ante Georgia, en el que estaba siendo su segundo partido internacional con la selección española. Del «sueño» cumplido a la pesadilla en una penetración cualquiera.

Porque un par de días antes, en su debut en Copenhague, el chico nacido en Tudela, había arrancando a lo grande (12 puntos, ocho rebotes y un puñado de elogios en la victoria contra Dinamarca). Un «animal» definían su exuberancia sus compañeros, asombrados no sólo por su fortaleza y versatilidad, también por un carácter que los conquistó a todos. Porque Great no dejaba de ser un desconocido para la mayoría. Desde Navarra, donde sus padres, John y Mabel llegaron desde Nigeria, e los 12 años se mudó a Inglaterra y a los 18 se fue a EEUU, donde completó una excelente trayectoria universitaria en Montana State, Utah State y Washington. En las puertas de profesionalismo, mientras ya brillaba en el Science Jena alemán, el mazazo.

Lo recuerda con amargura, cómo no, aunque en su discurso hay un automensaje que pone de relieve la madurez adquirida durante el mal trago. «Me acuerdo de todo como si fuera ayer. Estaba siendo un momento muy especial para mí, porque representar a España siempre ha sido un sueño. Tenía muchísima ilusión y muchas ganas de demostrar al equipo lo que podía hacer. Y cuando llegó la lesión, fue muy duro… Pasas de estar viviendo uno de los mejores momentos de mi carrera a lesionarte. Fue difícil mentalmente», admite, quien intenta «ver el lado positivo»: «Tengo mucha fe en Dios y creo que todo pasa por algo. Esta experiencia me está haciendo más fuerte, tanto física como mentalmente. Creo que mi ‘debut’ va a ser algo que nunca me voy a olvidar. Ahora mi motivación es volver a ponerme esa camiseta y representar a España y demostrar que el jugador que puedo llegar a ser. Siento que todavía tengo mucho que dar».

En la memoria de Osobor está clavada la acción, ese instante en el Santiago Martín que trastocó el despegue de su carrera. No le importa verlo repetido de vez en cuando – «es parte de la historia y me motiva, me hace todavía más fuerte»-. La penetración, el click en la rodilla… «Pasó muy rápido. Cuando me caí, mi primer instinto fue intentar levantarme y seguir jugando. Porque tenía muchas ganas de estar en la pista y ayudar. Al principio, sólo pensaba que era un golpe. Me dije: ‘Voy a andar un poco y estaré bien’. Pero no podía ni apoyar. Ahí es cuando me di cuenta de que había pasado algo grave», relata. «Recuerdo que me ayudó uno de los jugadores de Georgia, el que jugaba en el Barça. Shengelia sí. Un buen hombre», agradece.

El camino de reencuentro físico de Osobor, que en unas semanas cumplirá 24 años, ha tenido un acompañante, pues es parte de La Familia. Que no sólo es un eslogan. La Federación Española no ha dejado ni un segundo sólo al jugador, ni económica ni emocionalmente, desde su operación en Madrid -unos días después, por el doctor Manuel Leyes-, a su recuperación en Los Ángeles. Monitorizado por Elena Isla, directora del Área Médica, y por un Chus Mateo con el que tiene contacto habitual: «Me envía mensajes, pregunta cómo voy…». «Siempre han estado muy pendientes de cómo va mi recuperación. Y eso es algo que agradezco muchísimo. Me hacen sentir que sigo siendo parte del grupo. Y aunque ahora mismo no puedo estar en la pista, tengo muchas ganas de volver y representar a España», pronuncia emocionado.

Ya queda menos, pero no hay prisas en Osobor. No será su vuelta en la próxima Ventana de la selección, a finales de noviembre en Montenegro y en Santiago contra Grecia, jugándose la clasificación para el Mundial 2027 de Qatar. Se cumplirá un año de la fatalidad. «Ya hay luz al final del túnel. Ahora mismo trabajo para tener más fuerza en el cuádriceps. Es la última estación. Estoy haciendo más workouts, uno contra cero, tiro, cosas así. Todavía sin contacto, pero vamos mejorando cada día», se anima.

Finalizado su contrato en Alemania, para Osobor se abrirán otras puertas. A él le apetece la Liga Endesa, aunque tiene un hándicap que no entiende: no ocupa plaza de cupo nacional, porque se formó fuera. «No entiendo mucho de eso, pero es un poco raro. Nací en España y estuve allí hasta los 11 años. Y soy jugador de la selección», protesta, aunque le preocupan más otros aspectos: «Lo más importante es ir a un sitio que entiendan qué tipo de jugador soy».

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