El ex número uno y ex entrenador de Alcaraz admite que no vio la final del Open de Australia y niega que su exigencia fuera uno de los motivos de la ruptura: «Mi relación con él no era paternal, ni mucho menos». Tras su etapa juntos, ya prepara su regreso al circuito en 2027 con un nuevo jugador. Leer El ex número uno y ex entrenador de Alcaraz admite que no vio la final del Open de Australia y niega que su exigencia fuera uno de los motivos de la ruptura: «Mi relación con él no era paternal, ni mucho menos». Tras su etapa juntos, ya prepara su regreso al circuito en 2027 con un nuevo jugador. Leer
Juan Carlos Ferrero aparece tímido, como tímido saludaba a las multitudes cuando era el mejor tenista del mundo y levantaba un Roland Garros, y como tímido celebraba los éxitos de su ya ex pupilo Carlos Alcaraz, con quien conquistó seis Grand Slam. «Siempre he sido bastante tímido, siempre he estado más cómodo en espacios reducidos que ante muchísima gente, pero me he ido adaptando. Al principio de mi carrera llevaba peor la fama y, con la edad, poco a poco aprendí», admite en conversación con EL MUNDO.
En la Casa Seat de Barcelona, junto a Álex Corretja, presenta su libro, ‘Mentalidad ganadora’ (Ediciones Península), en el que, a sus 46 años, repasa su carrera, desvela episodios poco conocidos, como la depresión que sufrió tras el fallecimiento de su madre, y se retrata como un hombre tan tímido como competitivo, autoexigente y metódico. «Para que un libro así le interese al lector hay que poner todas las cartas sobre la mesa. La gente ya me conocía, pero quería mostrar realmente cómo soy», explica Ferrero, todavía con su polémica ruptura con Alcaraz a cuestas y a punto de anunciar a quién entrenará el próximo año.
- Cuenta en el libro, por ejemplo, que tardó en dar el estirón y que eso le costó algunas derrotas durante la adolescencia.
- A esas edades, los jugadores que se desarrollan pronto tienen ventaja. A los 14 o 15 años yo era pequeñito y notaba bastante las diferencias físicas. Pero luego todo se igualó. En realidad, todavía no sé decir si eso afectó a mi desarrollo como tenista, si algo habría cambiado de haber dado el estirón antes.
- A esa edad, además, tuvo que lamentar el fallecimiento de su madre, Rosario, a causa de un cáncer.
- Fue un palo bastante gordo. Cuando pasa algo así, tan inesperado y tan rápido, trastoca todos tus planes de vida. Tenía 16 años y mi carrera no estaba definida, ni mucho menos. Todo colapsó, pensé en dejar el tenis y necesité bastante tiempo para recuperarme, la verdad.
- En cuanto empezó a ganar, todo pasó muy rápido. La Copa Davis de 2000, Roland Garros en 2003… En el libro narra muchos partidos, pero pocas celebraciones.
- El tenis es así. Ganas un domingo y el martes estás jugando otro torneo en otro país. Las victorias se disfrutan poco. Y no hablo de salir de fiesta, sino de tener unos días. Sentarte a pensar en lo que acabas de vivir y no estar ya metido en el siguiente torneo, pensando en la pista, en las pelotas, en la táctica.
- De la celebración de la Copa Davis de 2000 en Barcelona se cuentan algunas leyendas.
- Aquella Davis la celebramos bien. Y Roland Garros también. Pero queda todo en petit comité. Intentaba celebrar los grandes éxitos porque era consciente de su importancia, pero sí es verdad que seguía con la cabeza en el circuito, en la rueda de los torneos.
- Michael Phelps aseguraba que hay dos tipos de deportistas: los que aman ganar y los que odian perder. ¿Es de los segundos?
- A nadie le gusta perder, ¿no? Pero es verdad que algunos se lo toman mejor que otros. A mí perder siempre se me daba bastante mal, me lo tomaba mal. Solo cuando me hice mayor empecé a verlo de otra manera y aprendí a analizar mejor lo ocurrido.
- Se retiró en 2012 con 32 años. ¿Fue demasiado pronto?
- Sí. Viendo cómo los tenistas alargan ahora sus carreras, podría haber jugado más, obviamente. Pero nosotros no nos cuidábamos igual que ahora en aspectos como la prevención de lesiones o la salud mental. En mi época, las carreras duraban 10 o 12 años y ya está. En mis últimas temporadas ya no me sentía bien, después de la lesión de rodilla que sufrí, y cuando me retiré tuve claro que era el momento adecuado.
- ¿Cómo está su rodilla ahora?
- Está parecida a como estaba cuando me retiré, la verdad. Por eso ya no puedo jugar al tenis.
- Vive en su propia academia de tenis, en Villena, cerca de Alicante.
- Desde los 15 años. Al principio vivía con mis compañeros, luego en una casa pequeñita y después me hice una un poquito más grande. Vivo un pelín apartado de las demás instalaciones, pero dentro de la academia, con mi familia. Prefiero escuchar el ruido de las pelotas de tenis al de los coches.
- El primer tenista del top 10 del ranking ATP al que entrenó fue Alexander Zverev, en 2017. Chocaron por sus diferencias en cuanto a hábitos. ¿Qué ha cambiado para estar a punto de ser número uno?
- Se ha dado cuenta de lo exigente que es estar ahí arriba. Ha hecho un esfuerzo para elevar su nivel, también obligado por Carlos y Jannik [Sinner]. Ahora Zverev lo está haciendo muy bien. Ha madurado, tiene más experiencia; ha seguido un proceso lógico.
- Cuenta en el libro los viajes en furgoneta con Alcaraz cuando este tenía 15 años y los torneos en los que compartían apartamento. ¿Se ve en otro proyecto parecido, entrenando a un adolescente?
- No me veo, ahora mismo no me pasa por la cabeza. Con una persona tan joven hay que invertir mucho tiempo, hacerlo todo desde el principio, y no estoy en ese momento de mi vida. Con Carlos realmente me motivaba hacerlo, pero ahora mismo, después de haber pasado por todo, no es lo que busco.
- ¿Cuánto tuvo de emocional, de paternal, su relación con Alcaraz?
- Hubo una conexión muy grande. Con los años nos fuimos cogiendo cariño y generando una amistad. Se creó una relación muy fuerte, de mucha confianza, y eso nos hizo fuertes. Esa fue una de las bases de nuestra carrera juntos. Pero la relación no era paternal, ni mucho menos. Hay que separar bien la familia, el entrenador y las amistades.
- En el libro confiesa que a veces le falta flexibilidad, por ejemplo con los dulces en las fiestas de cumpleaños de sus hijos. ¿Eso pesó en sus años junto a Alcaraz?
- No lo creo. Ni mucho menos fue uno de los motivos por los que al final decidimos separar nuestros caminos. En la carrera de un deportista de élite tiene que haber un orden. No eres una persona normal, no puedes tener la vida de un joven de 20 años. Decir que no a muchas cosas es fundamental, pero con Carlos no fui demasiado estricto, en absoluto.
- Intentaba restringir sus horas de móvil. Un mal hábito para él y para todos. Una guerra perdida.
- Es algo que afecta a toda la sociedad, eso es cierto. No solo a los niños ni a los jóvenes: todos estamos metidos en el teléfono. Me gustaría que fuera de otra manera y creo que para un tenista es importante saber alejarse de ese ruido, pero el mundo sigue ese camino y es verdad que parece imparable.
- ¿Cambiaría algo del final de su relación con Alcaraz el año pasado?
- Cambiaría cosas de su carrera, no solamente del último año. Pero no separamos nuestros caminos por un hecho concreto que pudiera cambiar.
- A principios de año contó que no podía ver sus partidos por el golpe emocional. ¿Vio la victoria de Alcaraz en la final del pasado Open de Australia?
- No, no vi la final. Ahora ya estoy viendo bastantes partidos suyos y he vuelto a estar metido en la dinámica de ver tenis con tranquilidad. Lo veo y lo analizo todo. La verdad es que estoy otra vez bastante bien.
- Ya ha cerrado un acuerdo para entrenar a otro jugador a partir de 2027.
- Por suerte, ya he podido cerrar con un jugador y queda poquito para desvelar quién es. Tengo muchas ganas de volver a entrenar el año que viene. Me apetece volver a la competición y seguir el circuito. No voy a estar full time, no viajaré a todos los torneos, pero sí trabajaré durante el año.
- ¿Es un tenista español?
- No puedo revelar nada. Él está jugando torneos y todavía no es el momento de decir el nombre, pero queda poquito para desvelarlo.
- ¿Se ha planteado alejarse del tenis?
- No me lo planteo. Tampoco pienso a muy largo plazo. Voy pasito a pasito, con la mente puesta en el año que viene. No sé qué me deparará el tiempo, qué pasará después.
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