La Aida del Liceu quedó abruptamente interrumpida este lunes por la alerta lanzada por Protecció Civil llamando a la precaución ante el temporal previsto para la mañana de este martes en el litoral y prelitoral catalán. Era la segunda función del reparto que lidera la soprano Anna Netrebko, quien se encontraba en pleno clímax del tercer acto, cuando se debate con Radamés (el tenor Ivan Gyngazov) para convencerle de huir juntos de su destino y de la guerra inminente entre Egipto y Etiopía.
La segunda función de la soprano rusa se vio truncada durante dos minutos en lo más sublime del tercer acto
La Aida del Liceu quedó abruptamente interrumpida este lunes por la alerta lanzada por Protecció Civil llamando a la precaución ante el temporal previsto para la mañana de este martes en el litoral y prelitoral catalán. Era la segunda función del reparto que lidera la soprano Anna Netrebko, quien se encontraba en pleno clímax del tercer acto, cuando se debate con Radamés (el tenor Ivan Gyngazov) para convencerle de huir juntos de su destino y de la guerra inminente entre Egipto y Etiopía.
En este famoso momento clave de la traición en que Radamés, el héroe militar egipcio que está dividido entre su amor a la esclava etíope y su lealtad a la patria, y se decide por su amada Aida -”Fuggiamo!”- antes de caer en cuenta de que ha revelado su secreto militar y deshonrado a su patria, se escucharon en un Liceu lleno al 97% centenares de insistentes avisos sonando en los móviles de los espectadores que no habían apagado del todo sus aparatos.
Diez minutos antes, los bomberos llamaron al teatro a modo de prevención, pero ya era tarde para avisar a los artistas, ya en escena
Diez minutos antes, los bomberos llamaron al teatro a modo de prevención, pero ya era tarde para avisar a los artistas, que en plena actuación serían quienes no entenderían qué estaba sucediendo. Efectivamente, al comenzar a sonar los móviles, el maestro Antonello Manacorda paró la música y el tenor Ivan Gyngazov detuvo en seco su dúo con Netrebko. Los cantantes, que llegan de otras latitudes y pueden interpretar una alarma como indicio de extrema gravedad, se miraron desconcertados, mientras responsables del Liceu situados entre bambalinas les indicaban que todo estaba en orden, que solo se trataba de un aviso por lluvias.
Anna Netrebko se lo tomó con humor y trató de llenar el vacío escénico durante los dos minutos que duró la alarma, pues no todo el mundo en sus localidades era consciente de que había que detenerla en su móvil. La soprano se puso a saltar en el escenario, luego se sentó sin perder la complicidad con su público, que reía con ella, sin que se produjera ninguna situación de pánico o abandono de la sala.
Manacorda retomó la partitura en unos compases previos, y la actuación en vivo siguió su curso. Era el debut en ópera escenificada de la deseada soprano rusa, lo cual suponía para los espectadores presenciar un gran momento en los anales de la ópera, como en su día hubo un momento Callas o un momento Tebaldi… Este, no osbtante será recordado por el celo gubernamental provocado por el cambio climático. Y también por el aplauso sonoro y el gran cariño que el liceísmo le expresó a la extraordinaria cantante y artista al final de esta notoria producción dirigida por la artista iraní Shirin Neshat.
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