En la naturaleza, todo fragmento de tejido separado de un organismo complejo está condenado a una rápida descomposición. Sin el soporte vital de un sistema circulatorio, nervioso o digestivo general, las células de la porción separada simplemente mueren. Así ha sido siempre, excepto en las páginas de la ciencia ficción, desde la reanimación con electricidad del monstruo de Frankenstein hasta la incombustible e independiente mano ‘Cosa’ de la Familia Addams. Pero ahora, esa idea acaba de adquirir una base biológica real y tangible, porque los científicos han hallado una criatura marina capaz de mantener pedazos amputados de sí misma vivos, sanando y creciendo como si fueran ‘zombis’ completamente autónomos.El hito, liderado por investigadores de la Memorial University of Newfoundland de Canadá, acaba de publicarse en ‘Science Advances’. En el estudio, en el que también han participado expertos del Bigelow Laboratory for Ocean Sciences, se documenta por primera vez en la historia de la biología la supervivencia a muy largo plazo (y el crecimiento continuo) de un tejido desechado fuera de un entorno de laboratorio altamente controlado y esterilizado. Las implicaciones del hallazgo prometen abrir una nueva frontera en el campo de la biomedicina.Noticia relacionada general No No Descubren al ‘cocodrilo de la bruja’, que caminaba sobre dos patas hace 200 millones de años Judith de JorgeEl protagonista de esta asombrosa historia de supervivencia es Psolus fabricii, una especie de pepino de mar habituada a las frías aguas del Atlántico Norte. Es de sobra conocido por los biólogos que muchos equinodermos (el gran filo al que pertenecen las estrellas de mar, los erizos y las holoturias) exhiben un envejecimiento celular casi imperceptible y capacidades de regeneración formidables. Pero la norma natural dictaba que, una vez que el tejido se perdía o amputaba, terminaba pudriéndose en el lecho marino.Pero todo cambió después de lo que la doctora Rachel Sipler, investigadora del Bigelow Laboratory y coautora del estudio, califica de «observación aguda». El equipo, de hecho, notó que unos tejidos desechados de la pata tubular de un pepino de mar no se habían descompuesto tras varias semanas de aislamiento. Al contrario, incomprensiblemente, la carne parecía estar creciendo.Crecimiento incomprensibleIntrigados por el extraño fenómeno, los investigadores iniciaron una ambiciosa batería de experimentos. Primero, extrajeron partes de las patas, del cuerpo principal y de los tentáculos de tres individuos diferentes de Psolus fabricii, y los sumergieron en recipientes con agua de mar en constante flujo. Al no tener boca ni sistema digestivo, era imposible que esos tejidos ‘sueltos’ se alimentaran de forma tradicional. A pesar de lo cual, los investigadores hallaron evidencias claras de que las células se diversificaban, reorganizaban sus estructuras e incluso mostraban actividad inmunológica. Su estrategia para sobrevivir consistía en absorber directamente los aminoácidos disueltos en el agua.A diferencia de los frágiles cultivos de laboratorio, este tejido sobrevive y prospera en agua de mar natural, un entorno estresante y repleto de bacteriasPara comprender lo que esto significa, conviene echar la vista atrás y repasar nuestros intentos anteriores de aislar y mantener células vivas. A mediados del siglo XX, la ciencia logró un avance fundamental con las famosas líneas celulares inmortales, como las células HeLa, que proliferan indefinidamente en placas de laboratorio. Sin embargo, para conseguirlo, requieren entornos impolutos, rigurosamente controlados y libres de cualquier bacteria u organismo externo. Además, esas células aisladas no sanan heridas, no se organizan en tejidos complejos ni tampoco se mueven.Y en los océanos, el principal referente biológico de la eterna juventud es la célebre ‘ medusa inmortal ‘ (Turritopsis dohrnii), un hidrozoo capaz de revertir su ciclo vital cuando envejece o sufre estrés, regresando a su estado de pólipo juvenil para empezar su vida desde cero, una y otra vez. El comportamiento del pepino de mar es totalmente distinto, aunque igual de desconcertante. Aquí no hablamos de un animal completo reiniciando su reloj interno, sino de un mero trozo de músculo y tejido conectivo amputado y que sobrevive por su cuenta.Más de tres añosLos investigadores mantuvieron el tejido vivo e independiente durante más de tres años. De hecho, el tejido seguía completamente activo cuando detuvieron los experimentos para poder publicar el artículo científico.«El agua de mar natural es casi el enfoque experimental con mayor diversidad microbiana y menos limpio que podríamos elegir -explica Rachel Sipler-. Sin embargo, ese entorno rico, lleno de bacterias y de toda esta materia orgánica, en realidad las estaba alimentando, permitiendo que ese tejido sanara y creciera. Aún no hemos conseguido un pepino de mar nuevo y completo, pero estamos viendo un crecimiento asombroso y una diversificación de células incluso años después de que se extrajera el tejido. Es como un lagarto que pierde su cola. Sabemos que a algunos lagartos les pueden crecer colas nuevas; de lo que hablamos aquí es de si a la cola le puede crecer un lagarto nuevo».«Sabemos que a algunos lagartos les crecen colas nuevas; el desafío aquí es saber si a la cola le puede crecer un lagarto»Por supuesto, el hallazgo tiene implicaciones prácticas que podríamos empezar a ver muy pronto. Si los científicos logran desentrañar los mecanismos moleculares que permiten a estas células marinas mantenerse jóvenes, regenerar sus heridas y defenderse de patógenos solo permaneciendo en el agua, se podrían aplicar esos secretos al desarrollo de terapias cicatrizantes y tratamientos antimicrobianos en humanos. Al mismo tiempo, el hallazgo proporciona a los laboratorios de todo el mundo un modelo biológico barato, robusto y exento de las estrictas limitaciones legales y éticas de las líneas celulares vertebradas o humanas.MÁS INFORMACIÓN noticia Si China envía embriones humanos artificiales al espacio para comprobar si podemos reproducirnos fuera de la Tierra noticia Si La NASA elige la nave de Jeff Bezos para arrancar la primera colonia en la Luna este otoño«Los mejores avances en ciencia – concluye Sipler- se logran cuando encuentras un análogo natural para lo que estás estudiando. Y aquí tenemos una especie que tiene esta capacidad revolucionaria, y no teníamos ni idea. Es un recordatorio de cuánto queda por descubrir en el entorno marino, y de lo importante que es proteger estos recursos». Puede que, después de todo, las claves científicas para prolongar la vida humana siempre hayan estado ahí, esperando en el frío y oscuro lecho de los océanos del mundo. En la naturaleza, todo fragmento de tejido separado de un organismo complejo está condenado a una rápida descomposición. Sin el soporte vital de un sistema circulatorio, nervioso o digestivo general, las células de la porción separada simplemente mueren. Así ha sido siempre, excepto en las páginas de la ciencia ficción, desde la reanimación con electricidad del monstruo de Frankenstein hasta la incombustible e independiente mano ‘Cosa’ de la Familia Addams. Pero ahora, esa idea acaba de adquirir una base biológica real y tangible, porque los científicos han hallado una criatura marina capaz de mantener pedazos amputados de sí misma vivos, sanando y creciendo como si fueran ‘zombis’ completamente autónomos.El hito, liderado por investigadores de la Memorial University of Newfoundland de Canadá, acaba de publicarse en ‘Science Advances’. En el estudio, en el que también han participado expertos del Bigelow Laboratory for Ocean Sciences, se documenta por primera vez en la historia de la biología la supervivencia a muy largo plazo (y el crecimiento continuo) de un tejido desechado fuera de un entorno de laboratorio altamente controlado y esterilizado. Las implicaciones del hallazgo prometen abrir una nueva frontera en el campo de la biomedicina.Noticia relacionada general No No Descubren al ‘cocodrilo de la bruja’, que caminaba sobre dos patas hace 200 millones de años Judith de JorgeEl protagonista de esta asombrosa historia de supervivencia es Psolus fabricii, una especie de pepino de mar habituada a las frías aguas del Atlántico Norte. Es de sobra conocido por los biólogos que muchos equinodermos (el gran filo al que pertenecen las estrellas de mar, los erizos y las holoturias) exhiben un envejecimiento celular casi imperceptible y capacidades de regeneración formidables. Pero la norma natural dictaba que, una vez que el tejido se perdía o amputaba, terminaba pudriéndose en el lecho marino.Pero todo cambió después de lo que la doctora Rachel Sipler, investigadora del Bigelow Laboratory y coautora del estudio, califica de «observación aguda». El equipo, de hecho, notó que unos tejidos desechados de la pata tubular de un pepino de mar no se habían descompuesto tras varias semanas de aislamiento. Al contrario, incomprensiblemente, la carne parecía estar creciendo.Crecimiento incomprensibleIntrigados por el extraño fenómeno, los investigadores iniciaron una ambiciosa batería de experimentos. Primero, extrajeron partes de las patas, del cuerpo principal y de los tentáculos de tres individuos diferentes de Psolus fabricii, y los sumergieron en recipientes con agua de mar en constante flujo. Al no tener boca ni sistema digestivo, era imposible que esos tejidos ‘sueltos’ se alimentaran de forma tradicional. A pesar de lo cual, los investigadores hallaron evidencias claras de que las células se diversificaban, reorganizaban sus estructuras e incluso mostraban actividad inmunológica. Su estrategia para sobrevivir consistía en absorber directamente los aminoácidos disueltos en el agua.A diferencia de los frágiles cultivos de laboratorio, este tejido sobrevive y prospera en agua de mar natural, un entorno estresante y repleto de bacteriasPara comprender lo que esto significa, conviene echar la vista atrás y repasar nuestros intentos anteriores de aislar y mantener células vivas. A mediados del siglo XX, la ciencia logró un avance fundamental con las famosas líneas celulares inmortales, como las células HeLa, que proliferan indefinidamente en placas de laboratorio. Sin embargo, para conseguirlo, requieren entornos impolutos, rigurosamente controlados y libres de cualquier bacteria u organismo externo. Además, esas células aisladas no sanan heridas, no se organizan en tejidos complejos ni tampoco se mueven.Y en los océanos, el principal referente biológico de la eterna juventud es la célebre ‘ medusa inmortal ‘ (Turritopsis dohrnii), un hidrozoo capaz de revertir su ciclo vital cuando envejece o sufre estrés, regresando a su estado de pólipo juvenil para empezar su vida desde cero, una y otra vez. El comportamiento del pepino de mar es totalmente distinto, aunque igual de desconcertante. Aquí no hablamos de un animal completo reiniciando su reloj interno, sino de un mero trozo de músculo y tejido conectivo amputado y que sobrevive por su cuenta.Más de tres añosLos investigadores mantuvieron el tejido vivo e independiente durante más de tres años. De hecho, el tejido seguía completamente activo cuando detuvieron los experimentos para poder publicar el artículo científico.«El agua de mar natural es casi el enfoque experimental con mayor diversidad microbiana y menos limpio que podríamos elegir -explica Rachel Sipler-. Sin embargo, ese entorno rico, lleno de bacterias y de toda esta materia orgánica, en realidad las estaba alimentando, permitiendo que ese tejido sanara y creciera. Aún no hemos conseguido un pepino de mar nuevo y completo, pero estamos viendo un crecimiento asombroso y una diversificación de células incluso años después de que se extrajera el tejido. Es como un lagarto que pierde su cola. Sabemos que a algunos lagartos les pueden crecer colas nuevas; de lo que hablamos aquí es de si a la cola le puede crecer un lagarto nuevo».«Sabemos que a algunos lagartos les crecen colas nuevas; el desafío aquí es saber si a la cola le puede crecer un lagarto»Por supuesto, el hallazgo tiene implicaciones prácticas que podríamos empezar a ver muy pronto. Si los científicos logran desentrañar los mecanismos moleculares que permiten a estas células marinas mantenerse jóvenes, regenerar sus heridas y defenderse de patógenos solo permaneciendo en el agua, se podrían aplicar esos secretos al desarrollo de terapias cicatrizantes y tratamientos antimicrobianos en humanos. Al mismo tiempo, el hallazgo proporciona a los laboratorios de todo el mundo un modelo biológico barato, robusto y exento de las estrictas limitaciones legales y éticas de las líneas celulares vertebradas o humanas.MÁS INFORMACIÓN noticia Si China envía embriones humanos artificiales al espacio para comprobar si podemos reproducirnos fuera de la Tierra noticia Si La NASA elige la nave de Jeff Bezos para arrancar la primera colonia en la Luna este otoño«Los mejores avances en ciencia – concluye Sipler- se logran cuando encuentras un análogo natural para lo que estás estudiando. Y aquí tenemos una especie que tiene esta capacidad revolucionaria, y no teníamos ni idea. Es un recordatorio de cuánto queda por descubrir en el entorno marino, y de lo importante que es proteger estos recursos». Puede que, después de todo, las claves científicas para prolongar la vida humana siempre hayan estado ahí, esperando en el frío y oscuro lecho de los océanos del mundo.
En la naturaleza, todo fragmento de tejido separado de un organismo complejo está condenado a una rápida descomposición. Sin el soporte vital de un sistema circulatorio, nervioso o digestivo general, las células de la porción separada simplemente mueren. Así ha sido siempre, excepto en las … páginas de la ciencia ficción, desde la reanimación con electricidad del monstruo de Frankenstein hasta la incombustible e independiente mano ‘Cosa’ de la Familia Addams.
Pero ahora, esa idea acaba de adquirir una base biológica real y tangible, porque los científicos han hallado una criatura marina capaz de mantener pedazos amputados de sí misma vivos, sanando y creciendo como si fueran ‘zombis’ completamente autónomos.
El hito, liderado por investigadores de la Memorial University of Newfoundland de Canadá, acaba de publicarse en ‘Science Advances’. En el estudio, en el que también han participado expertos del Bigelow Laboratory for Ocean Sciences, se documenta por primera vez en la historia de la biología la supervivencia a muy largo plazo (y el crecimiento continuo) de un tejido desechado fuera de un entorno de laboratorio altamente controlado y esterilizado. Las implicaciones del hallazgo prometen abrir una nueva frontera en el campo de la biomedicina.
Noticia relacionada
El protagonista de esta asombrosa historia de supervivencia es Psolus fabricii, una especie de pepino de mar habituada a las frías aguas del Atlántico Norte. Es de sobra conocido por los biólogos que muchos equinodermos (el gran filo al que pertenecen las estrellas de mar, los erizos y las holoturias) exhiben un envejecimiento celular casi imperceptible y capacidades de regeneración formidables. Pero la norma natural dictaba que, una vez que el tejido se perdía o amputaba, terminaba pudriéndose en el lecho marino.
Pero todo cambió después de lo que la doctora Rachel Sipler, investigadora del Bigelow Laboratory y coautora del estudio, califica de «observación aguda». El equipo, de hecho, notó que unos tejidos desechados de la pata tubular de un pepino de mar no se habían descompuesto tras varias semanas de aislamiento. Al contrario, incomprensiblemente, la carne parecía estar creciendo.
Crecimiento incomprensible
Intrigados por el extraño fenómeno, los investigadores iniciaron una ambiciosa batería de experimentos. Primero, extrajeron partes de las patas, del cuerpo principal y de los tentáculos de tres individuos diferentes de Psolus fabricii, y los sumergieron en recipientes con agua de mar en constante flujo. Al no tener boca ni sistema digestivo, era imposible que esos tejidos ‘sueltos’ se alimentaran de forma tradicional. A pesar de lo cual, los investigadores hallaron evidencias claras de que las células se diversificaban, reorganizaban sus estructuras e incluso mostraban actividad inmunológica. Su estrategia para sobrevivir consistía en absorber directamente los aminoácidos disueltos en el agua.
A diferencia de los frágiles cultivos de laboratorio, este tejido sobrevive y prospera en agua de mar natural, un entorno estresante y repleto de bacterias
Para comprender lo que esto significa, conviene echar la vista atrás y repasar nuestros intentos anteriores de aislar y mantener células vivas. A mediados del siglo XX, la ciencia logró un avance fundamental con las famosas líneas celulares inmortales, como las células HeLa, que proliferan indefinidamente en placas de laboratorio. Sin embargo, para conseguirlo, requieren entornos impolutos, rigurosamente controlados y libres de cualquier bacteria u organismo externo. Además, esas células aisladas no sanan heridas, no se organizan en tejidos complejos ni tampoco se mueven.
Y en los océanos, el principal referente biológico de la eterna juventud es la célebre ‘medusa inmortal‘ (Turritopsis dohrnii), un hidrozoo capaz de revertir su ciclo vital cuando envejece o sufre estrés, regresando a su estado de pólipo juvenil para empezar su vida desde cero, una y otra vez. El comportamiento del pepino de mar es totalmente distinto, aunque igual de desconcertante. Aquí no hablamos de un animal completo reiniciando su reloj interno, sino de un mero trozo de músculo y tejido conectivo amputado y que sobrevive por su cuenta.
Más de tres años
Los investigadores mantuvieron el tejido vivo e independiente durante más de tres años. De hecho, el tejido seguía completamente activo cuando detuvieron los experimentos para poder publicar el artículo científico.
«El agua de mar natural es casi el enfoque experimental con mayor diversidad microbiana y menos limpio que podríamos elegir -explica Rachel Sipler-. Sin embargo, ese entorno rico, lleno de bacterias y de toda esta materia orgánica, en realidad las estaba alimentando, permitiendo que ese tejido sanara y creciera. Aún no hemos conseguido un pepino de mar nuevo y completo, pero estamos viendo un crecimiento asombroso y una diversificación de células incluso años después de que se extrajera el tejido. Es como un lagarto que pierde su cola. Sabemos que a algunos lagartos les pueden crecer colas nuevas; de lo que hablamos aquí es de si a la cola le puede crecer un lagarto nuevo».
«Sabemos que a algunos lagartos les crecen colas nuevas; el desafío aquí es saber si a la cola le puede crecer un lagarto»
Por supuesto, el hallazgo tiene implicaciones prácticas que podríamos empezar a ver muy pronto. Si los científicos logran desentrañar los mecanismos moleculares que permiten a estas células marinas mantenerse jóvenes, regenerar sus heridas y defenderse de patógenos solo permaneciendo en el agua, se podrían aplicar esos secretos al desarrollo de terapias cicatrizantes y tratamientos antimicrobianos en humanos. Al mismo tiempo, el hallazgo proporciona a los laboratorios de todo el mundo un modelo biológico barato, robusto y exento de las estrictas limitaciones legales y éticas de las líneas celulares vertebradas o humanas.
«Los mejores avances en ciencia – concluye Sipler- se logran cuando encuentras un análogo natural para lo que estás estudiando. Y aquí tenemos una especie que tiene esta capacidad revolucionaria, y no teníamos ni idea. Es un recordatorio de cuánto queda por descubrir en el entorno marino, y de lo importante que es proteger estos recursos». Puede que, después de todo, las claves científicas para prolongar la vida humana siempre hayan estado ahí, esperando en el frío y oscuro lecho de los océanos del mundo.
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