Jódar aprende a sufrir en un Grand Slam y se mete en tercera ronda de Roland Garros

Supera al australiano Duckworth en más de tres horas de incomodidad y se enfrentará a Michelsen Leer Supera al australiano Duckworth en más de tres horas de incomodidad y se enfrentará a Michelsen Leer  

Hay un momento en los Grand Slam en que las piernas dejan de ser piernas y se convierten en deuda, y las manos tiemblan cuando no deberían, y la cabeza empieza a rumiar de más, una duda en cada golpe. «¿Qué pasa, tío? ¿Qué pasa?», gritaba al aire Rafa Jódar al descubrirlo. Una cosa es el tenis y otra es el tenis a cinco sets, con tantos ojos encima y los rivales que ya te conocen esperándote. A sus 19 años le falta recorrido en los grandes escenarios, pero le sobra talento para seguir sumando victorias pase lo que pase.

Este miércoles, en segunda ronda de Roland Garros, el joven superó al australiano James Duckworth por 6-1, 6-7 (5), 6-4 y 7-5 en más de tres horas de esfuerzo e incomodidad. A su manera, tan contenido como siempre, celebró y se marchó de la pista 7 para recuperarse lo antes posible de cara a tercera ronda, donde se medirá al ganador del duelo entre los estadounidenses Alex Michelsen y Nishesh Basavareddy.

No necesitó lágrimas para doblegar a Duckworth, pero sí sudor y sangre, y habrá que ver cómo se rehace. En el Open de Australia de este año ya se llevó un partido largo, a cinco sets, ante Rei Sakamoto, y se presentó exhausto al siguiente. Esta vez debería ser diferente. Ya no le viene de nuevo y de todas las lecciones debe aprender.

Duckworth, por ejemplo, le enseñó varias para el futuro. Rival modesto -ocupa el puesto 82 del ranking ATP y solo ha ganado dos de sus ocho participaciones en París-, mostró a Jódar que a partir de ahora quien se le ponga delante sabrá exactamente qué hacer. En lugar de entregarse a un intercambio directo y rendirse a la velocidad de bola del español, el australiano le propuso una dieta de golpes incómodos -altísimos, muy liftados, cambiando ritmos- y lo consiguió. Tras un primer set de dominio, Jódar empezó a acumular error tras error y ahí llegaron sus dudas. ¿Por qué?, se preguntaba mirando a la raqueta.

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