Hallan a ‘Urokodia’, la primera araña con colmillos

Científicos de Reino Unido y China hallan en el yacimiento de Chengjiang a ‘Urokodia’, un extraño fósil de 3 cm que ha resultado ser el ‘eslabón perdido’ que nos muestra los primeros colmillos arácnidos de la historiaDesde la temida y mortífera viuda negra hasta la araña radiactiva que le dio sus poderes a Spiderman, hay algo que sin duda define nuestro miedo instintivo a las arañas : su mordedura. Esos formidables colmillos, unas ‘herramientas de caza’ casi perfectas, han aterrorizado (y maravillado) a la humanidad durante milenios. Pero, ¿dónde, cuándo y cómo inventó la naturaleza un arma tan formidable?La respuesta acaba de emerger de las profundidades del tiempo geológico, hace la friolera de 518 millones de años . Sorprendentemente, la mordedura de las arañas no surgió en tierra firme, en alguna selva húmeda o desierto abrasador, sino bajo las frías aguas de un antiguo océano. Y, para colmo, el animal que ‘estrenó’ aquellos primeros colmillos se parecía más a un ciempiés que a cualquier araña actual.Noticia relacionada general No No Así se cría una reina: en cuna ‘de lujo’ y cuidada por un séquito de abejas hasta ahora desconocido Judith de JorgeBajo la dirección de científicos de las universidades de Leicester (Reino Unido) y Yunnan (China) un equipo internacional de investigadores ha hallado en un diminuto fósil llamado Urokodia la evidencia más antigua jamás registrada de los primeros colmillos similares a los de las arañas. El hallazgo se publica hoy en ‘Nature’.Un monstruo en miniaturaLos arácnidos modernos, junto con los escorpiones, las garrapatas y los prehistóricos cangrejos herradura, pertenecen a un inmenso y extraordinariamente exitoso grupo de invertebrados conocidos como quelicerados. En la actualidad, este linaje domina múltiples ecosistemas terrestres y marinos y cuenta con más de 100.000 especies formalmente descritas por la ciencia. Pero a pesar de sus diferencias, a menudo evidentes a simple vista, todos sus miembros comparten ciertas características de diseño comunes: patas articuladas, un resistente exoesqueleto externo y, sobre todo, unos apéndices frontales hiper especializados llamados quelíceros.A simple vista, el primitivo fósil de Urokodia, dotado de grandes ojos pedunculados y un esqueleto segmentado, no se parece absolutamente en nada a las veloces arañas o escorpiones de la actualidadNo resulta exagerado considerar un quelícero como una especie de ‘navaja suiza’ anatómica, firmemente incrustada en el rostro del animal. Dependiendo de la especie , la herramienta funciona como unas poderosas pinzas para aferrar y despedazar a las presas, o como colmillos huecos en forma de aguja hipodérmica, diseñados para ‘apuñalar’ e inyectar un veneno paralizante. Sin embargo, rastrear el origen de estas sofisticadas estructuras en el registro fósil ha resultado, desde siempre, extremadamente difícil para los paleontólogos.Un hallazgo excepcionalHasta ahora, de hecho, informes y estudios previos como la investigación publicada en 2019, también en ‘Nature’, sobre el fósil Mollisonia plenomacula hallado en el esquisto canadiense de Burgess Shale, situaban la aparición de los primeros quelíceros en torno a hace 500 millones de años. Aquel hallazgo supuso un hito, pero dejaba interrogantes en el aire. Ahora, Urokodia no solo retrocede el reloj evolutivo casi 18 millones de años más, sino que nos muestra en directo los primeros ‘balbuceos’ de esta anatomía letal.Los restos de Urokodia fueron recuperados en el célebre (y prolífico) yacimiento de Chengjiang, en la provincia sureña de Yunnan, en China. No es casualidad que este trabajo vea la luz justo coincidiendo con el 42 aniversario del descubrimiento de este tesoro paleontológico, famoso a nivel mundial por preservar, increíblemente intactos, los delicados tejidos blandos de criaturas que vivieron durante la Explosión Cámbrica, un periodo que vio el mayor ‘Big Bang’ de la vida animal en la Tierra. Se trató, de hecho, de un momento en el que la evolución ‘pisó el acelerador’ y ensayó los diseños corporales más extraños imaginables, muchos de los cuales permanecen en la actualidad (Artrópodos, Cordados, moluscos, equinodermos…).Secretos revelados por los rayos XA simple vista, nuestro minúsculo protagonista no se parece en nada a las peludas arañas o a los acorazados escorpiones modernos. De hecho, tenía apenas entre 2 y 3 centímetros de largo, poseía grandes ojos que sobresalían de su cabeza montados sobre prominentes pedúnculos (de un modo muy similar a los ojos de un caracol), y hacía gala de un esqueleto fuertemente segmentado y múltiples extremidades articuladas que colgaban bajo la parte inferior de su esbelto y aplanado cuerpo.Pero los detalles de este espectacular fósil no fueron evidentes desde el principio, sino que estaban ocultos, adheridos en la matriz de la roca. Por eso, para no dañar la valiosa y delicada muestra durante su extracción, los investigadores emplearon modernas técnicas no destructivas de tomografía de rayos X. Básicamente, fue como hacerle un escáner médico a una piedra prehistórica. Los resultados, descritos meticulosamente en el artículo de Nature, dejaron sin aliento al equipo: la roca había momificado, casi intacta, gran parte de la anatomía blanda del animal.El hallazgo rempuja el reloj evolutivo de los arácnidos mucho más atrás en el tiempo de lo que se creía, revelando la auténtica ‘fase beta’ de sus letales colmillosY allí, justo detrás de sus grandes ojos pedunculados, estaban los quelíceros. Surgían de la cabeza como dos minúsculas extremidades frontales en forma de pinza. Eran, sin lugar a duda, los precursores exactos, la auténtica ‘fase beta’ evolutiva, de los letales colmillos de las arañas actuales.Yu Liu, líder de la investigación en la Universidad de Yunnan y profesor visitante en la Universidad de Leicester, relata así la emoción del hallazgo: «Estábamos utilizando análisis de tomografía de rayos X de estos fósiles para revelar su anatomía blanda enterrada en las rocas durante cientos de millones de años, cuando de repente notamos las extremidades en forma de pinza en la parte delantera del animal. Supimos de inmediato que se trataba de un fósil muy emocionante y, de hecho, de un ancestro lejano de los quelicerados vivos, como escorpiones y arañas».Respirar bajo el aguaPero Urokodia, además, guardaba una segunda sorpresa en su anatomía. Los escáneres en tres dimensiones, en efecto, revelaron unas estructuras muy inusuales en sus patas, unos pliegues que los científicos dedujeron que actuaban como ‘branquias en libro’ para facilitar la respiración bajo el agua.Podemos imaginar un libro con sus páginas ligeramente separadas y sumergido por completo en una corriente de agua. A medida que el líquido fluye por los minúsculos espacios entre las ‘páginas’ (que en realidad son finísimas y tupidas láminas de tejido vascularizado), el animal extrae con gran eficacia el oxígeno disuelto. Se trata exactamente del mismo y sofisticado mecanismo respiratorio que siguen utilizando en la actualidad los quelicerados acuáticos modernos, como el ancestral cangrejo herradura, que a pesar de su apariencia (y de su nombre) está más emparentado con las arañas que con los crustáceos.Como linaje biológico, los quelicerados han demostrado ser uno de los grupos de seres vivos con mayor éxito adaptativo de toda la historia de la Tierra. Conquistaron primero las vastas profundidades de los océanos primitivos y, millones de años más tarde, emergieron a la superficie para convertirse en unos formidables cazadores terrestres. Y ahora, gracias a este pequeño hallazgo chino, el registro fósil nos confirma que sus antepasados llevan diseñando y perfeccionando sus ‘armas’ desde hace más de 500 millones de años.«Urokodia -explica Mark Williams, de la Universidad de Leicester y coautor del estudio- formaba parte de un antiguo ecosistema de más de 200 tipos diferentes de animales que vivían en los mares hace 518 millones de años. Estos fósiles espectacularmente conservados proporcionan una visión real de cómo evolucionaba la vida en nuestro planeta en los albores mismos de la vida animal».A pesar de que películas como ‘Aracnofobia’, ‘¡Tarantula!’ ‘Arac Attack’ o ‘Lavalantula’ (entre otras muchas) se empeñen en presentar a las arañas como una amenaza espantosa y mortífera para el ser humano, la ciencia nos ha enseñado que la inmensa mayoría de las especies conocidas son completamente inofensivas para nosotros. Y que sus mordeduras no son más que el fruto de una fascinante y bien calculada obra maestra de la evolución, diseñada milímetro a milímetro desde tiempos inmemoriales para cazar pequeñas presas.MÁS INFORMACIÓN noticia Si La NASA se prepara: alunizadores, un rover de Marte y un balón de fútbol si EE.UU. gana el Mundial noticia Si Así fue el ‘infierno’ que modeló la Tierra hace 4.000 millones de añosSe trata, en definitiva, de una historia de éxito biológico sin precedentes que, como acaba de demostrarse, dio comienzo de forma silenciosa con un extraño nadador de apenas tres centímetros nadando en los mares prehistóricos de la antigua China. Científicos de Reino Unido y China hallan en el yacimiento de Chengjiang a ‘Urokodia’, un extraño fósil de 3 cm que ha resultado ser el ‘eslabón perdido’ que nos muestra los primeros colmillos arácnidos de la historiaDesde la temida y mortífera viuda negra hasta la araña radiactiva que le dio sus poderes a Spiderman, hay algo que sin duda define nuestro miedo instintivo a las arañas : su mordedura. Esos formidables colmillos, unas ‘herramientas de caza’ casi perfectas, han aterrorizado (y maravillado) a la humanidad durante milenios. Pero, ¿dónde, cuándo y cómo inventó la naturaleza un arma tan formidable?La respuesta acaba de emerger de las profundidades del tiempo geológico, hace la friolera de 518 millones de años . Sorprendentemente, la mordedura de las arañas no surgió en tierra firme, en alguna selva húmeda o desierto abrasador, sino bajo las frías aguas de un antiguo océano. Y, para colmo, el animal que ‘estrenó’ aquellos primeros colmillos se parecía más a un ciempiés que a cualquier araña actual.Noticia relacionada general No No Así se cría una reina: en cuna ‘de lujo’ y cuidada por un séquito de abejas hasta ahora desconocido Judith de JorgeBajo la dirección de científicos de las universidades de Leicester (Reino Unido) y Yunnan (China) un equipo internacional de investigadores ha hallado en un diminuto fósil llamado Urokodia la evidencia más antigua jamás registrada de los primeros colmillos similares a los de las arañas. El hallazgo se publica hoy en ‘Nature’.Un monstruo en miniaturaLos arácnidos modernos, junto con los escorpiones, las garrapatas y los prehistóricos cangrejos herradura, pertenecen a un inmenso y extraordinariamente exitoso grupo de invertebrados conocidos como quelicerados. En la actualidad, este linaje domina múltiples ecosistemas terrestres y marinos y cuenta con más de 100.000 especies formalmente descritas por la ciencia. Pero a pesar de sus diferencias, a menudo evidentes a simple vista, todos sus miembros comparten ciertas características de diseño comunes: patas articuladas, un resistente exoesqueleto externo y, sobre todo, unos apéndices frontales hiper especializados llamados quelíceros.A simple vista, el primitivo fósil de Urokodia, dotado de grandes ojos pedunculados y un esqueleto segmentado, no se parece absolutamente en nada a las veloces arañas o escorpiones de la actualidadNo resulta exagerado considerar un quelícero como una especie de ‘navaja suiza’ anatómica, firmemente incrustada en el rostro del animal. Dependiendo de la especie , la herramienta funciona como unas poderosas pinzas para aferrar y despedazar a las presas, o como colmillos huecos en forma de aguja hipodérmica, diseñados para ‘apuñalar’ e inyectar un veneno paralizante. Sin embargo, rastrear el origen de estas sofisticadas estructuras en el registro fósil ha resultado, desde siempre, extremadamente difícil para los paleontólogos.Un hallazgo excepcionalHasta ahora, de hecho, informes y estudios previos como la investigación publicada en 2019, también en ‘Nature’, sobre el fósil Mollisonia plenomacula hallado en el esquisto canadiense de Burgess Shale, situaban la aparición de los primeros quelíceros en torno a hace 500 millones de años. Aquel hallazgo supuso un hito, pero dejaba interrogantes en el aire. Ahora, Urokodia no solo retrocede el reloj evolutivo casi 18 millones de años más, sino que nos muestra en directo los primeros ‘balbuceos’ de esta anatomía letal.Los restos de Urokodia fueron recuperados en el célebre (y prolífico) yacimiento de Chengjiang, en la provincia sureña de Yunnan, en China. No es casualidad que este trabajo vea la luz justo coincidiendo con el 42 aniversario del descubrimiento de este tesoro paleontológico, famoso a nivel mundial por preservar, increíblemente intactos, los delicados tejidos blandos de criaturas que vivieron durante la Explosión Cámbrica, un periodo que vio el mayor ‘Big Bang’ de la vida animal en la Tierra. Se trató, de hecho, de un momento en el que la evolución ‘pisó el acelerador’ y ensayó los diseños corporales más extraños imaginables, muchos de los cuales permanecen en la actualidad (Artrópodos, Cordados, moluscos, equinodermos…).Secretos revelados por los rayos XA simple vista, nuestro minúsculo protagonista no se parece en nada a las peludas arañas o a los acorazados escorpiones modernos. De hecho, tenía apenas entre 2 y 3 centímetros de largo, poseía grandes ojos que sobresalían de su cabeza montados sobre prominentes pedúnculos (de un modo muy similar a los ojos de un caracol), y hacía gala de un esqueleto fuertemente segmentado y múltiples extremidades articuladas que colgaban bajo la parte inferior de su esbelto y aplanado cuerpo.Pero los detalles de este espectacular fósil no fueron evidentes desde el principio, sino que estaban ocultos, adheridos en la matriz de la roca. Por eso, para no dañar la valiosa y delicada muestra durante su extracción, los investigadores emplearon modernas técnicas no destructivas de tomografía de rayos X. Básicamente, fue como hacerle un escáner médico a una piedra prehistórica. Los resultados, descritos meticulosamente en el artículo de Nature, dejaron sin aliento al equipo: la roca había momificado, casi intacta, gran parte de la anatomía blanda del animal.El hallazgo rempuja el reloj evolutivo de los arácnidos mucho más atrás en el tiempo de lo que se creía, revelando la auténtica ‘fase beta’ de sus letales colmillosY allí, justo detrás de sus grandes ojos pedunculados, estaban los quelíceros. Surgían de la cabeza como dos minúsculas extremidades frontales en forma de pinza. Eran, sin lugar a duda, los precursores exactos, la auténtica ‘fase beta’ evolutiva, de los letales colmillos de las arañas actuales.Yu Liu, líder de la investigación en la Universidad de Yunnan y profesor visitante en la Universidad de Leicester, relata así la emoción del hallazgo: «Estábamos utilizando análisis de tomografía de rayos X de estos fósiles para revelar su anatomía blanda enterrada en las rocas durante cientos de millones de años, cuando de repente notamos las extremidades en forma de pinza en la parte delantera del animal. Supimos de inmediato que se trataba de un fósil muy emocionante y, de hecho, de un ancestro lejano de los quelicerados vivos, como escorpiones y arañas».Respirar bajo el aguaPero Urokodia, además, guardaba una segunda sorpresa en su anatomía. Los escáneres en tres dimensiones, en efecto, revelaron unas estructuras muy inusuales en sus patas, unos pliegues que los científicos dedujeron que actuaban como ‘branquias en libro’ para facilitar la respiración bajo el agua.Podemos imaginar un libro con sus páginas ligeramente separadas y sumergido por completo en una corriente de agua. A medida que el líquido fluye por los minúsculos espacios entre las ‘páginas’ (que en realidad son finísimas y tupidas láminas de tejido vascularizado), el animal extrae con gran eficacia el oxígeno disuelto. Se trata exactamente del mismo y sofisticado mecanismo respiratorio que siguen utilizando en la actualidad los quelicerados acuáticos modernos, como el ancestral cangrejo herradura, que a pesar de su apariencia (y de su nombre) está más emparentado con las arañas que con los crustáceos.Como linaje biológico, los quelicerados han demostrado ser uno de los grupos de seres vivos con mayor éxito adaptativo de toda la historia de la Tierra. Conquistaron primero las vastas profundidades de los océanos primitivos y, millones de años más tarde, emergieron a la superficie para convertirse en unos formidables cazadores terrestres. Y ahora, gracias a este pequeño hallazgo chino, el registro fósil nos confirma que sus antepasados llevan diseñando y perfeccionando sus ‘armas’ desde hace más de 500 millones de años.«Urokodia -explica Mark Williams, de la Universidad de Leicester y coautor del estudio- formaba parte de un antiguo ecosistema de más de 200 tipos diferentes de animales que vivían en los mares hace 518 millones de años. Estos fósiles espectacularmente conservados proporcionan una visión real de cómo evolucionaba la vida en nuestro planeta en los albores mismos de la vida animal».A pesar de que películas como ‘Aracnofobia’, ‘¡Tarantula!’ ‘Arac Attack’ o ‘Lavalantula’ (entre otras muchas) se empeñen en presentar a las arañas como una amenaza espantosa y mortífera para el ser humano, la ciencia nos ha enseñado que la inmensa mayoría de las especies conocidas son completamente inofensivas para nosotros. Y que sus mordeduras no son más que el fruto de una fascinante y bien calculada obra maestra de la evolución, diseñada milímetro a milímetro desde tiempos inmemoriales para cazar pequeñas presas.MÁS INFORMACIÓN noticia Si La NASA se prepara: alunizadores, un rover de Marte y un balón de fútbol si EE.UU. gana el Mundial noticia Si Así fue el ‘infierno’ que modeló la Tierra hace 4.000 millones de añosSe trata, en definitiva, de una historia de éxito biológico sin precedentes que, como acaba de demostrarse, dio comienzo de forma silenciosa con un extraño nadador de apenas tres centímetros nadando en los mares prehistóricos de la antigua China.  

Científicos de Reino Unido y China hallan en el yacimiento de Chengjiang a ‘Urokodia’, un extraño fósil de 3 cm que ha resultado ser el ‘eslabón perdido’ que nos muestra los primeros colmillos arácnidos de la historia

Desde la temida y mortífera viuda negra hasta … la araña radiactiva que le dio sus poderes a Spiderman, hay algo que sin duda define nuestro miedo instintivo a las arañas: su mordedura. Esos formidables colmillos, unas ‘herramientas de caza’ casi perfectas, han aterrorizado (y maravillado) a la humanidad durante milenios. Pero, ¿dónde, cuándo y cómo inventó la naturaleza un arma tan formidable?

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