Cisma en la Iglesia: los ‘lefebvrianos’ ordenan cuatro obispos sin permiso del Papa y caen en la excomunión automática

Este miércoles, pasadas las once de la mañana, se ha consumado un cisma anunciado en la Iglesia católica romana, cuando el pequeño grupo ultraconservador de los lefebvrianos, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, ha ordenado cuatro obispos sin permiso del Papa en una misa celebrada al aire libre en un descampado alpino de Ècône, Suiza. Al hacerlo, tal como les había advertido el Vaticano y el mismo Papa el día anterior, han caído en la excomunión automática, latae sententiae, es decir, que no necesita de un pronunciamiento explícito. No obstante, es probable que la Santa Sede emita un comunicado en las próximas horas para explicar el alcance de la medida.

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 El grupo ultraconservador, que reivindica la misa en latín y con el cura de espaldas, acusa al Vaticano de traicionar la tradición: “Cualquier castigo o censura contra este acto carece de valor”  

Este miércoles, pasadas las once de la mañana, se ha consumado un cisma anunciado en la Iglesia católica romana, cuando el pequeño grupo ultraconservador de los lefebvrianos, la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, ha ordenado cuatro obispos sin permiso del Papa en una misa celebrada al aire libre en un descampado alpino de Ècône, Suiza. Al hacerlo, tal como les había advertido el Vaticano y el mismo Papa el día anterior, han caído en la excomunión automática, latae sententiae, es decir, que no necesita de un pronunciamiento explícito. No obstante, es probable que la Santa Sede emita un comunicado en las próximas horas para explicar el alcance de la medida.

En realidad, este grupo ya está fuera de la comunión con Roma desde que en 1988 sucedió algo similar, la ordenación ilícita de cuatro obispos —entre ellos el español Alfonso de Galarreta—, y Juan Pablo II los excomulgó. Benedicto XVI les levantó la excomunión en 2009, en un polémico intento de reconciliación (uno de ellos acababa de negar el Holocausto) que fracasó a los tres años. Ahora la agrupación ha vuelto a las andadas ante la necesidad de garantizar su propia sucesión episcopal, pues ya solo viven dos de aquellos primeros cuatro obispos. De hecho, ha sido Galarreta quien ha oficiado la ceremonia este miércoles. Es posible que por ello él también sea excomulgado, por segunda vez. También puede correr la misma suerte el otro obispo superviviente de la agrupación, el suizo Bernard Fellay, que ha concelebrado la misa.

Los lefebvrianos reciben este nombre porque son seguidores del obispo francés Marcel Lefebvre, que a partir de 1970 encabezó el rechazo del mundo más ultraconservador a las reformas y documentos del Concilio Vaticano II, visto como una traición a la esencia de la fe. La más visible, que el cura diera la misa en la lengua de cada lugar, no en latín, y mirando a los fieles, no de espaldas. Para ellos los siete papas que ha habido desde entonces están equivocados.

“Están obsesionados, siguen su ideología”, ha dicho sobre el grupo en una entrevista el cardenal alemán Gerhard Müller, prefecto de Doctrina de la Fe con Benedicto XVI y que es uno de los más destacados representantes del sector más conservador de la Iglesia. “No puede ser que un grupo de católicos se defina como la única presencia de la verdad católica frente a los papas, los obispos y los concilios. Paradójicamente, son más protestantes que los propios protestantes que hoy, en Europa, están más cerca del Papa que ellos”, ha señalado.

El Concilio Vaticano II, la última gran asamblea de la cristiandad, celebrada entre 1962 y 1965, renovó la Iglesia y aún hoy marca el camino de la fe católica. Sin embargo, tuvo su oposición en los núcleos más tradicionalistas. Lefebvre, que participó en el concilio, fundó este movimiento integrista que reivindicaba la misa en latín y rechazaba medidas como el diálogo con el resto de religiones, la mayor participación de los laicos o el hecho de que los judíos dejara den ser considerados el “pueblo deicida”. Su enfrentamiento con el Vaticano culminó en 1988 cuando Lefebvre desafió a Juan Pablo II al ordenar por su cuenta a los cuatro obispos.

Desde entonces siempre han estado en los márgenes de la Iglesia, pero la ola ultraconservadora de los últimos años, con sectores eclesiásticos muy activos contra el papa Francisco, les ha dado cierto protagonismo. Están presentes en 70 países y cuentan con 733 sacerdotes, 264 seminaristas, 145 hermanos y 250 monjas.

Con la llegada de León XIV la fraternidad esperaba tener una oportunidad, pero el Papa tiene claras las líneas rojas. La ruptura de este miércoles confirma que los sectores más integristas de la Iglesia y la extrema derecha global ya se distancian del Pontífice estadounidense. El pistoletazo de salida fue el ataque de Donald Trump al Papa el pasado abril.

La misa de Ècône, retransmitida en directo en varios idiomas en la página web de la entidad, ha comenzado a las nueve de la mañana. Se ha celebrado en un altar situado bajo una carpa y frente a una explanada llena de cientos de fieles, unos 16.000, según los organizadores. Para este grupo se ha tratado de un “día histórico” y “una fiesta”, en palabras del superior general de la fraternidad, el italiano Davide Pagliarani. Los cuatro nuevos obispos son el suizo Pascal Schreiber, el estadounidense Michael Goldade y los franceses Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier.

A primera hora de la mañana, Pagliarani ha hecho pública una carta dirigida a León XIV, como respuesta a la que el Papa le dirigió la víspera rogándole que recapacitara. En el texto, el líder del grupo le pide en cambio al Pontífice que sea él quien reconsidere su postura: “Lejos de nosotros separarnos de la Iglesia romana: al contrario, deseamos servirla de manera excepcional, como una madre necesitada, que requiere ayuda especial, algo que no todos comprenden (…) Quisiera pedirle filialmente que se tome el tiempo necesario para este discernimiento”.

Pagliarani recuerda en la carta que, en realidad, la fraternidad “ya fue declarada cismática en 1988, por razones y en circunstancias absolutamente similares a las actuales; sin embargo, después de tantos años, nos hablamos como un padre a su hijo”. “Su Santidad me exhorta paternalmente a evitar un cisma que —teóricamente— ya se ha producido. ¿No cree que quizás esta misma actitud suya, cuya preocupación aprecio, sea prueba de que la Compañía no es ni cismática ni hostil a la Iglesia?“, argumenta.

La defensa in extremis de los lefebvrianos continuó al inicio de la ceremonia. Se ha leído un breve discurso de Pagliarani, ya de tono más agresivo, en el que afirma que “cualquier castigo o censura contra este acto carece de valor”. Ha asegurado que “desde el Concilio Vaticano II hasta hoy, las autoridades de la Iglesia han manifestado una actitud contraria a la fe y actúan contrarias a la sagrada tradición”. Por esa razón, ha argumentado, “ya no toleran la sana doctrina, sino que, apartándose de la verdad, se vuelven hacia las fábulas, como escribe San Pablo, consideramos nuestro deber, ante la Iglesia y las almas, proceder a la consagración de obispos fieles a la sana tradición y al magisterio constante de la Iglesia”.

La misa se ha desarrollado, obviamente, en latín, pero la homilía de Pagliarini ha sido en francés. En ella ha seguido insistiendo en que su decisión es legítima: “Estamos dispuestos a pagar cualquier precio para salvar a la Iglesia. El sacrificio que Dios nos pide hoy es ser tratados como rebeldes, pero queremos servir a la Iglesia como una madre en apuros, que sufre, una madre que a veces es traicionada, una madre que necesita y merece ser amada. Debemos hacer todo lo posible para ayudarla y apoyarla. Podríamos permanecer indiferentes, pero eso sería una traición a la Iglesia”. Al final de la ceremonia, según se vio en las imágenes, el cielo se oscureció y cayó un chaparrón de dimensiones bíblicas.

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