Gottfried Helnwein, sobre el pasado nazi de Austria: “Quería obligar a mirar lo insoportable”

El pintor y fotógrafo Gottfried Helnwein dice que le habría encantado ser músico, formar parte de los Rolling Stones para poder estar en permanente contacto con el público. “Como pintor, estás solo. Pintas porque quieres hablar a alguien a quien aún no conoces, pero una vez expones he aprendido más de la reacción espontánea de la gente que de cualquier otra persona del mundo”, señala el enfant terrible del arte austríaco, que a sus 78 años parece él mismo un eterno Rolling, pómulos marcados y nariz angulosa, gafas de sol oscuras, pañuelo anudado a la frente, pantalones pitillo y anillos en forma de impactantes calaveras en las dos manos.

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 El pintor hiperrealista Gottfried Helnwein expone en el MEAM pinturas de niñas abusadas o víctimas de violencia junto a ‘Los desastres de la guerra’, de Goya  

El pintor y fotógrafo Gottfried Helnwein dice que le habría encantado ser músico, formar parte de los Rolling Stones para poder estar en permanente contacto con el público. “Como pintor, estás solo. Pintas porque quieres hablar a alguien a quien aún no conoces, pero una vez expones he aprendido más de la reacción espontánea de la gente que de cualquier otra persona del mundo”, señala el enfant terrible del arte austríaco, que a sus 78 años parece él mismo un eterno Rolling, pómulos marcados y nariz angulosa, gafas de sol oscuras, pañuelo anudado a la frente, pantalones pitillo y anillos en forma de impactantes calaveras en las dos manos.

Gottfried Helnwein, fotografiado junto a dos de las obras que expone en el MEAM 
Gottfried Helnwein, fotografiado junto a dos de las obras que expone en el MEAM Llibert Teixidó

Su obra, perturbadora e impactante, no siempre resiste una mirada desprevenida (Helnwein es un maestro en el arte de impactar, desde que en los años setenta recorrió su Viena natal vestido con un uniforme nazi, con la cabeza vendada y sangre falsa goteando de la boca) pero al fin y al cabo, dice, “el verdadero arte debería ser capaz de conmover y emocionar”. Y eso lo consigue. “Hace poco expuse en la Albertina de Viena, donde batí el récord de público de un artista vivo [350.000 visitantes], y el director me confió que antes habían expuesto a grandes como Kiefer o Warhol, pero nunca habían visto gente parada delante de los cuadros llorando”.

“Nunca he estado más cerca de ningún ser humano que de Goya, ese hombre al que ni siquiera conocí”

Gottfried Helnwein lo cuenta en el MEAM donde, por primera vez en Barcelona, presenta una muestra, La guerra continúa-Helnwein& Goya , en la que reúne más de cincuenta pinturas y fotografías con 13 grabados de Los desastres de la guerra de su colección. Los protagonistas de buena parte de sus cuadros son los niños. Niños lastimados, la sangre corriendo por sus cuerpos como consecuencia del abuso y la violencia; un grupo de oficiales nazis observando un recién nacido desnudo en brazos de su madre o una niña aparentemente muerta acosada por las miradas de un grupo de caras rotas, los soldados desfigurados de la Gran Guerra.

Una niña aparentemente muerta rodeada por un grupo de caras rotas, los soldados desfigurados de la Gran Guerra 
Una niña aparentemente muerta rodeada por un grupo de caras rotas, los soldados desfigurados de la Gran Guerra Llibert Teixidó

“Nací en Viena justo después de la Segunda Guerra Mundial, y de niño, de muy pequeño, pensaba que había aterrizado en el infierno porque todo estaba oscuro, todo el mundo estaba deprimido, las casas bombardeadas. Nunca veía a nadie sonreír, nadie cantaba. Pensaba: ‘Este es el lugar equivocado del mundo’. Lo que no sabía es que la generación de mis padres era responsable, activa o pasivamente, del Holocausto, de las dos guerras mundiales y de los 60 millones de muertos. Pero era muy curioso e insistente con mis preguntas, aunque nunca obtenía respuestas”, recuerda.

Imagen de la exposición en el Palau Gomis, sede del MEAM 
Imagen de la exposición en el Palau Gomis, sede del MEAM Llibert Teixidó

La absolución de Franz Murer, un oficial de las SS conocido como “el carnicero de Vilnius” (se le atribuyen 80.000 muertes), celebrada con flores y fiestas abrió los ojos al Helnwein adolescente, que decidió salir de la oscuridad y “estudiar la historia de la violencia y ahí encontré fotografías forenses de niños violados, maltratados, asesinados… que ya nunca se me han quitado de la cabeza” La decisión de convertirse en artista le llegó a los 18 años, “no tanto por razones estéticas sino para hablar de la naturaleza humana”.

 “Todo ser humano tiene que ser niño alguna vez”, argumenta. “Es imposible evitarlo. No muchos se convertirán en adultos, pero todo el mundo tiene que ser niño. Así que utilicé al niño como metáfora de la existencia. Seres indefensos que dependen de la bondad de los adultos. Y es un mal trago, porque en realidad no abunda mucho. Quería obligar a la gente a mirar lo insoportable”. Y ahí conecta con Goya, el primer artista de la historia que “mostró la guerra como el momento en el que la existencia humana cae a su punto más bajo. Los hombres se convierten en bestias y monstruos”. “Nunca he estado más cerca de ningún ser humano que de este hombre al que ni siquiera conocí”, concluye.

Algunos de los retratos fotográficos que se muestran en el piso superior 
Algunos de los retratos fotográficos que se muestran en el piso superior Llibert Teixidó
Retratos fotográficos de Marilyn Manson 
Retratos fotográficos de Marilyn Manson Llibert Teixidó

En el piso superior, Helnwein muestra una selección de retratos nada complacientes de Marilyn Manson –con orejas de Mickey Mouse o vestido de oficial de marina con los labios negros–, del autor de cómics Lucky Devil embadurnado en azul y ojos inertes o del líder de la banda alemana Rammstein con el rostro atravesado con aparatos de tortura.

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