No poder bañarse después de una comida, tener que esperar dos horas antes de volver a darse un chapuzón, ponerse malo si uno entra de repente en una agua que está muy fría… En fin, sufrir el popular corte de digestión . No hay verano que estos temores, que tanto nos inculcaron nuestros padres y abuelos y que pueden estar vinculados a los ahogamientos , nos acompañen, pero ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Qué es un corte de digestión? ¿Existe?«La digestión no se corta», defiende en declaraciones a ABC la doctora Esther Garcia Planella , jefe clínica de Gastroenterología del servicio de Patología Digestiva del Hospital de Sant Pau (Barcelona). Ella expone que en plena digestión una parte muy importante del flujo de sangre del cuerpo se dirige al sistema digestivo para poder centrarse en el proceso de digestión y absorción de nutrientes y se habla coloquialmente de un corte de digestión cuando, en estos momentos, uno entra al agua de forma brusca y afronta cambios repentinos en el cuerpo.Todo ello se debe a que, como expone la especialista, con estos cambios se puede activar un mecanismo que afecta al sistema nervioso y al sistema cardiovascular. «Nos puede provocar una bajada de la tensión, del ritmo o la frecuencia cardíaca, nos puede dar una lipotimia y en consecuencia un ahogamiento», remarca Garcia Planella, incidiendo que por lo tanto «no es un corte de digestión sino que es una situación de termoregulación ». Y en estos casos la temperatura corporal suele ser mucho más importante que la del agua: no por estar en el Atlántico puede pasar más que en el Mediterráneo.Sea como sea generalmente se ha asociado este malestar a la comida, pero puede desencadenarse en otros ámbitos, como después de haber realizado ejercicio físico intenso, después de una exposición solar prolongada o una entrada repentina al agua por pasar de una temperatura corporal alta a una temperatura muy distinta. Y también tras una ingesta importante de alcohol, que al fin y al cabo es muy distinta a la de los alimentos.«No es lo mismo haberme comido una manzana, que tiene una digestión muy corta, rápida y con poco requerimiento de mecanismos, que una comida de tres platos y con alcohol de por medio. Todo suma a que pueda producirse un mal momento de estos», insiste la especialista digestiva durante su charla con ABC.Una entrada relajadaLa doctora también incide en la importancia de realizar, especialmente si es tras haber comido o hecho deporte, una entrada pausada , tranquila. «Me mojo las piernas, la cara, la barriga y los brazos, me voy metiendo al agua y si noto alguna sensación de mareo o náusea u otras circunstancias salgo del agua», reitera. Para ella lo ideal es hacerlo de forma progresiva «porque así en cierta manera estás dando el aviso a tu organismo de que va a venir un contraste».Mención especial merece pensar en los menores de edad . No es que ellos sean más sensibles a estas desregulaciones, ni mucho menos, pero probablemente, por desconocimiento de síntomas que pudieran llegar a aparecer, tendrían una reacción distinta a la de un adulto, que puede intuir que algo no está funcionando como debería, y por este motivo hay que intensificar toda alerta. En este sentido, Garcia Planella tiene muy presente que cada vez se producen más ahogamientos mortales en playas españolas y sabe que puede que una parte se deban a situaciones de este tipo. «En pocas ocasiones se conoce la casuística médica y no podemos saber si se producen porque la persona ha sufrido un infarto, una crisis epiléptica o un cambio brusco previo», comenta. Por todo ello, la especialista del Sant Pau no hace más que clamar «mucho mucho cuidado tras la exposición solar, ingesta de alcohol, ejercicio físico intenso» y pensar en aspectos tan básicos como que una persona que se sumerja en el agua tras la comida o el gimnasio lo haga cerca de la arena o de las escaleras por si tiene que salir o pedir ayuda. « Que no pase cuando uno esté mar adentro », ejemplifica ella. Tampoco se olvida de que esto también puede suceder en invierno. «Al final es un mecanismo fisiológico, que puede aparecer siempre, aunque no haga sol o no tenga tanto calor», remarca.MÁS INFORMACIÓN noticia Si ¿Me pongo moreno con protección 50? ¿Vale la crema del año pasado?… Un dermatólogo responde noticia Si El calor sube la temperatura de las discusiones de pareja, familia y trabajo noticia Si María Pilar Castro, bióloga celular: «Cuidar la piel también es dormir, comer bien y gestionar el estrés»«Debemos tener mucho más respeto hacia nuestro cuerpo y hacia lo que hacemos antes de realizar una inmersión», sentencia la jefa de Patología Digestiva, que acaba su reflexión poniendo sobre la mesa los horarios que seguimos en verano. «Igual debería haber determinadas horas en las que las playas deberían estar cerradas por sentido común», se atreve a apuntar. Y no solo por los riesgos al zambullirse al agua: sino también por los efectos del sol en nuestro cuerpo. No poder bañarse después de una comida, tener que esperar dos horas antes de volver a darse un chapuzón, ponerse malo si uno entra de repente en una agua que está muy fría… En fin, sufrir el popular corte de digestión . No hay verano que estos temores, que tanto nos inculcaron nuestros padres y abuelos y que pueden estar vinculados a los ahogamientos , nos acompañen, pero ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Qué es un corte de digestión? ¿Existe?«La digestión no se corta», defiende en declaraciones a ABC la doctora Esther Garcia Planella , jefe clínica de Gastroenterología del servicio de Patología Digestiva del Hospital de Sant Pau (Barcelona). Ella expone que en plena digestión una parte muy importante del flujo de sangre del cuerpo se dirige al sistema digestivo para poder centrarse en el proceso de digestión y absorción de nutrientes y se habla coloquialmente de un corte de digestión cuando, en estos momentos, uno entra al agua de forma brusca y afronta cambios repentinos en el cuerpo.Todo ello se debe a que, como expone la especialista, con estos cambios se puede activar un mecanismo que afecta al sistema nervioso y al sistema cardiovascular. «Nos puede provocar una bajada de la tensión, del ritmo o la frecuencia cardíaca, nos puede dar una lipotimia y en consecuencia un ahogamiento», remarca Garcia Planella, incidiendo que por lo tanto «no es un corte de digestión sino que es una situación de termoregulación ». Y en estos casos la temperatura corporal suele ser mucho más importante que la del agua: no por estar en el Atlántico puede pasar más que en el Mediterráneo.Sea como sea generalmente se ha asociado este malestar a la comida, pero puede desencadenarse en otros ámbitos, como después de haber realizado ejercicio físico intenso, después de una exposición solar prolongada o una entrada repentina al agua por pasar de una temperatura corporal alta a una temperatura muy distinta. Y también tras una ingesta importante de alcohol, que al fin y al cabo es muy distinta a la de los alimentos.«No es lo mismo haberme comido una manzana, que tiene una digestión muy corta, rápida y con poco requerimiento de mecanismos, que una comida de tres platos y con alcohol de por medio. Todo suma a que pueda producirse un mal momento de estos», insiste la especialista digestiva durante su charla con ABC.Una entrada relajadaLa doctora también incide en la importancia de realizar, especialmente si es tras haber comido o hecho deporte, una entrada pausada , tranquila. «Me mojo las piernas, la cara, la barriga y los brazos, me voy metiendo al agua y si noto alguna sensación de mareo o náusea u otras circunstancias salgo del agua», reitera. Para ella lo ideal es hacerlo de forma progresiva «porque así en cierta manera estás dando el aviso a tu organismo de que va a venir un contraste».Mención especial merece pensar en los menores de edad . No es que ellos sean más sensibles a estas desregulaciones, ni mucho menos, pero probablemente, por desconocimiento de síntomas que pudieran llegar a aparecer, tendrían una reacción distinta a la de un adulto, que puede intuir que algo no está funcionando como debería, y por este motivo hay que intensificar toda alerta. En este sentido, Garcia Planella tiene muy presente que cada vez se producen más ahogamientos mortales en playas españolas y sabe que puede que una parte se deban a situaciones de este tipo. «En pocas ocasiones se conoce la casuística médica y no podemos saber si se producen porque la persona ha sufrido un infarto, una crisis epiléptica o un cambio brusco previo», comenta. Por todo ello, la especialista del Sant Pau no hace más que clamar «mucho mucho cuidado tras la exposición solar, ingesta de alcohol, ejercicio físico intenso» y pensar en aspectos tan básicos como que una persona que se sumerja en el agua tras la comida o el gimnasio lo haga cerca de la arena o de las escaleras por si tiene que salir o pedir ayuda. « Que no pase cuando uno esté mar adentro », ejemplifica ella. Tampoco se olvida de que esto también puede suceder en invierno. «Al final es un mecanismo fisiológico, que puede aparecer siempre, aunque no haga sol o no tenga tanto calor», remarca.MÁS INFORMACIÓN noticia Si ¿Me pongo moreno con protección 50? ¿Vale la crema del año pasado?… Un dermatólogo responde noticia Si El calor sube la temperatura de las discusiones de pareja, familia y trabajo noticia Si María Pilar Castro, bióloga celular: «Cuidar la piel también es dormir, comer bien y gestionar el estrés»«Debemos tener mucho más respeto hacia nuestro cuerpo y hacia lo que hacemos antes de realizar una inmersión», sentencia la jefa de Patología Digestiva, que acaba su reflexión poniendo sobre la mesa los horarios que seguimos en verano. «Igual debería haber determinadas horas en las que las playas deberían estar cerradas por sentido común», se atreve a apuntar. Y no solo por los riesgos al zambullirse al agua: sino también por los efectos del sol en nuestro cuerpo.
No poder bañarse después de una comida, tener que esperar dos horas antes de volver a darse un chapuzón, ponerse malo si uno entra de repente en una agua que está muy fría… En fin, sufrir el popular corte de digestión. No hay verano … que estos temores, que tanto nos inculcaron nuestros padres y abuelos y que pueden estar vinculados a los ahogamientos, nos acompañen, pero ¿qué hay de cierto en todo esto? ¿Qué es un corte de digestión? ¿Existe?
«La digestión no se corta», defiende en declaraciones a ABC la doctora Esther Garcia Planella, jefe clínica de Gastroenterología del servicio de Patología Digestiva del Hospital de Sant Pau (Barcelona). Ella expone que en plena digestión una parte muy importante del flujo de sangre del cuerpo se dirige al sistema digestivo para poder centrarse en el proceso de digestión y absorción de nutrientes y se habla coloquialmente de un corte de digestión cuando, en estos momentos, uno entra al agua de forma brusca y afronta cambios repentinos en el cuerpo.
Todo ello se debe a que, como expone la especialista, con estos cambios se puede activar un mecanismo que afecta al sistema nervioso y al sistema cardiovascular. «Nos puede provocar una bajada de la tensión, del ritmo o la frecuencia cardíaca, nos puede dar una lipotimia y en consecuencia un ahogamiento», remarca Garcia Planella, incidiendo que por lo tanto «no es un corte de digestión sino que es una situación de termoregulación». Y en estos casos la temperatura corporal suele ser mucho más importante que la del agua: no por estar en el Atlántico puede pasar más que en el Mediterráneo.
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Sea como sea generalmente se ha asociado este malestar a la comida, pero puede desencadenarse en otros ámbitos, como después de haber realizado ejercicio físico intenso, después de una exposición solar prolongada o una entrada repentina al agua por pasar de una temperatura corporal alta a una temperatura muy distinta. Y también tras una ingesta importante de alcohol, que al fin y al cabo es muy distinta a la de los alimentos.
«No es lo mismo haberme comido una manzana, que tiene una digestión muy corta, rápida y con poco requerimiento de mecanismos, que una comida de tres platos y con alcohol de por medio. Todo suma a que pueda producirse un mal momento de estos», insiste la especialista digestiva durante su charla con ABC.
Una entrada relajada
La doctora también incide en la importancia de realizar, especialmente si es tras haber comido o hecho deporte, una entrada pausada, tranquila. «Me mojo las piernas, la cara, la barriga y los brazos, me voy metiendo al agua y si noto alguna sensación de mareo o náusea u otras circunstancias salgo del agua», reitera. Para ella lo ideal es hacerlo de forma progresiva «porque así en cierta manera estás dando el aviso a tu organismo de que va a venir un contraste».
Mención especial merece pensar en los menores de edad. No es que ellos sean más sensibles a estas desregulaciones, ni mucho menos, pero probablemente, por desconocimiento de síntomas que pudieran llegar a aparecer, tendrían una reacción distinta a la de un adulto, que puede intuir que algo no está funcionando como debería, y por este motivo hay que intensificar toda alerta.
En este sentido, Garcia Planella tiene muy presente que cada vez se producen más ahogamientos mortales en playas españolas y sabe que puede que una parte se deban a situaciones de este tipo. «En pocas ocasiones se conoce la casuística médica y no podemos saber si se producen porque la persona ha sufrido un infarto, una crisis epiléptica o un cambio brusco previo», comenta.
Por todo ello, la especialista del Sant Pau no hace más que clamar «mucho mucho cuidado tras la exposición solar, ingesta de alcohol, ejercicio físico intenso» y pensar en aspectos tan básicos como que una persona que se sumerja en el agua tras la comida o el gimnasio lo haga cerca de la arena o de las escaleras por si tiene que salir o pedir ayuda. «Que no pase cuando uno esté mar adentro», ejemplifica ella. Tampoco se olvida de que esto también puede suceder en invierno. «Al final es un mecanismo fisiológico, que puede aparecer siempre, aunque no haga sol o no tenga tanto calor», remarca.
«Debemos tener mucho más respeto hacia nuestro cuerpo y hacia lo que hacemos antes de realizar una inmersión», sentencia la jefa de Patología Digestiva, que acaba su reflexión poniendo sobre la mesa los horarios que seguimos en verano. «Igual debería haber determinadas horas en las que las playas deberían estar cerradas por sentido común», se atreve a apuntar. Y no solo por los riesgos al zambullirse al agua: sino también por los efectos del sol en nuestro cuerpo.
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