De la Espriella se inspira en Bukele para recuperar el orden y la autoridad en Colombia

El nuevo presidente pone fin a toda negociación con el narcoterrorismo en el país y creará megacárceles Leer El nuevo presidente pone fin a toda negociación con el narcoterrorismo en el país y creará megacárceles Leer  

Abelardo de la Espriella, el nuevo presidente de Colombia, arranca su mandato con medidas que dejan nítido que la lucha contra la criminalidad será frontal, que se acabaron las negociaciones de paz de todo orden y las gabelas carcelarias que otorgaba su antecesor, Gustavo Petro. «Ha comenzado el tiempo de la recuperación del orden, la libertad y la autoridad», declaró en su primer discurso como jefe del Estado, en el Batallón Pichincha de Cali, frente a centenares de militares, poco después de jurar el cargo.

Mientras pronunciaba su alocución, funcionarios de prisiones trasladaban a un centenar de capos y otros delincuentes de renombre desde la cárcel La Paz de Itagüí, municipio pegado a Medellín, a penales repartidos por todo el país.

La mayoría de ellos mantenían diálogos con el Gobierno petrista para acordar alguna suerte de desmantelamiento de bandas urbanas en el Valle de Aburrá y otros enclaves antioqueños, aunque nunca llegaban a nada concreto y seguían con sus negocios ilícitos. Entre ellos figura el poderoso mafioso José Leonardo Muñoz, alias Douglas, jefe de La Terraza y antiguo miembro de la sanguinaria Oficina de Envigado (dirime disputas entre narcos), así como El Indio y Carlos Pesebre.

De la Espriella también mencionó la polémica construcción de prisiones al estilo Bukele, un dignatario muy popular en Colombia por su combate sin miramientos a las maras: «En mi Gobierno se construirán megacárceles destinadas a recluir a quienes representan la mayor amenaza para la seguridad del pueblo». Es una de sus estrategias para combatir a las diversas disidencias de las FARC, el ELN o las Autodefensas Gaitanistas, que utilizaron los ceses al fuego sin supervisión y el levantamiento de órdenes de captura que proporcionaban la política de Paz Total de Gustavo Petro e Iván Cepeda para fortalecerse.

«Los integrantes de las bandas criminales y del narcoterrorismo tienen dos caminos: someterse al imperio de la ley o enfrentar la fuerza decidida del Estado colombiano y su Fuerza Pública«, manifestó De la Espriella. Agregó que darán a conocer «un listado de grupos narcoterroristas con el propósito de dotar a nuestra gloriosa Fuerza Pública de instrumentos» para atacarlos. Y remató refrendando una de sus promesas de campaña: «La opción del diálogo está agotada, el Estado fue suficientemente noble y cómplice».

Las cifras de la Policía y la Fiscalía certifican el fracaso de mano tendida: 752 líderes sociales y defensores de derechos humanos asesinados, 429 masacres, 767 secuestros y 1.541 atentados terroristas en los cuatro años de petrismo, números hasta un 40% por encima de las registradas con Iván Duque.

De la Espriella también promete hacer la guerra a la corrupción, con inteligencia artificial y cadenas de blockchain, y persiguiendo a los culpables incluso más allá de las fronteras colombianas. «Acudiré a la Justicia de otros países y a los mecanismos de cooperación internacional», aseguró tras la ceremonia de investidura. El vicepresidente, José Manuel Restrepo, doctor en Economía, prepara un estudio con las graves irregularidades del Gobierno anterior halladas hasta el momento.

Fueron precisamente las revelaciones de diversos actos corruptos del círculo íntimo de Gustavo Petro en los últimos días una de las razones de la ausencia de sus seguidores cuando éste abandonó el Palacio de Nariño la mañana del viernes, acompañado de su hija pequeña y de un grupo de colaboradores. Aunque había convocado «al pueblo» en la contigua Plaza de Bolívar y esperaba a miles de petristas, apenas aparecieron unos 40, según el Ayuntamiento capitalino.

Igual de famélicas resultaron las otras siete manifestaciones del Pacto Histórico en otros puntos de la ciudad convocadas para intentar demostrar en las calles el rechazo al «ilegítimo» presidente De la Espriella y despedir a Petro.

«El Gobierno De la Espriella marca desde el primer día un giro contundente, sin matices, un estilo distinto a lo acostumbrado. Es una ruptura con la Paz Total. El discurso ante las tropas, con el tono de mando, supone recuperar el monopolio de la fuerza, derrotar el narcoterrorismo, establecer una gran autoridad del Estado. Todo ello será la agenda principal», explica a EL MUNDO el analista Jorge Enrique Vélez. «Tomará medidas impactantes en los 100 primeros días, será un Gobierno de orden y resultados rápidos, con un sello de tendencia a la derecha sin complejos ideológicos, y con un gabinete técnico que tendrá que demostrar que son ejecutores. Pero tiene un margen muy estrecho. Hereda un país polarizado y debe tratar de unirlo. Y recuperar las finanzas va a ser durísimo. Destaco el gran apoyo al sector privado, hablan el mismo idioma, y sus relaciones con Estados Unidos, que serán fundamentales».

 Internacional // elmundo

Te Puede Interesar