El Consorcio llenará de música y nostalgia el Gran Teatre del Liceu el próximo 17 de julio. El grupo, heredero del mítico Mocedades, subirá al escenario con el espectáculo Toda una vida, un recorrido por más de cinco décadas de canciones que han marcado la historia de la música española. Iñaki y Estibaliz Uranga y Carlos Zubiaga no tendrán a su lado a Amaya Uranga, que por motivos de salud, a los 79 años, ya no volverá a actuar. Como ya ocurrió en mayo del 2025, cuando estaba convaleciente de una operación, la sustituirá su sobrina Allende, hija de Sergio y Estibaliz, que se incorpora así al grupo en esta nueva andadura.
La voz de Mocedades se retira y la sustituye su sobrina Allende, hija de Sergio y Estíbaliz
El Consorcio llenará de música y nostalgia el Gran Teatre del Liceu el próximo 17 de julio. El grupo, heredero del mítico Mocedades, subirá al escenario con el espectáculo Toda una vida, un recorrido por más de cinco décadas de canciones que han marcado la historia de la música española. Iñaki y Estibaliz Uranga y Carlos Zubiaga no tendrán a su lado a Amaya Uranga, que por motivos de salud, a los 79 años, ya no volverá a actuar. Como ya ocurrió en mayo del 2025, cuando estaba convaleciente de una operación, la sustituirá su sobrina Allende, hija de Sergio y Estibaliz, que se incorpora así al grupo en esta nueva andadura.
Aunque Amaya se encuentra bien, su hermano Iñaki reconoce que la decisión de retirarse de los escenarios no ha sido fácil. “Está terriblemente enfadada con nosotros porque no le dejamos volver. No te puedes hacer idea. Su vida ha sido la música”, asegura en conversación telefónica con La Vanguardia.

“Allende es una artista magnífica”, destaca Estíbaliz, que recuerda que ha sido protagonista de musicales como Billy Elliot y Matilda. En un primer momento, todos esperaban la recuperación de Amaya, pero finalmente “la edad y las circunstancias no le dejan continuar”, explica la cantante. Como homenaje, tras el concierto del Liceu, El Consorcio iniciará en octubre una nueva gira titulada Querida Amaya como tributo a la histórica voz del grupo.
La actuación del 17 de julio supondrá el regreso de El Consorcio al Liceu después del éxito cosechado en mayo del 2025, cuando actuaron por primera vez en el emblemático teatro barcelonés. “Se convierte en un hito para nuestra carrera musical. Poder cantar en un teatro tan importante a nivel mundial, referente de la música clásica, que ha abierto sus puertas a otros estilos, es algo impresionante”, afirma Iñaki Uranga.
Estíbaliz aún recuerda con emoción los instantes previos a aquel debut. “Estábamos esperando para salir cuando alguien abrió la puerta. Se oía un murmullo precioso. Les dije a todos: ‘Esto va a ser un pelotazo’. Y lo fue”. “Eres un poco bruja”, le responde entre risas su hermano.
El espectáculo recorrerá las distintas etapas musicales de sus integrantes, desde Mocedades hasta El Consorcio, pasando por las carreras en solitario de algunos de ellos. “Lo que va a escuchar el público son las canciones que han demostrado su valía con el paso del tiempo”, explica Estíbaliz. “Hay temas que a nosotros nos encantan, pero al final es el público quien decide cuáles permanecen. Las que cantaremos son las que la gente quiere escuchar”.
Una selección de éxitos que resume más de medio siglo de carrera y que, según Iñaki, constituye “el resultado de toda una vida dedicada a la música”. Tómame o déjame, Amor de hombre, El vendedor, Desde que tú te has ido, El chacachá del tren, Me lo dijo Adela…
Después de cinco décadas sobre los escenarios, los hermanos Uranga aseguran que nunca han perdido la ilusión. “Nosotros somos obreros de la música. Primero somos cantantes y luego, si acaso, artistas. Creo que el público percibe eso y lo agradece”, reflexiona Iñaki.
Quizá por esa cercanía siguen recordando con humor los innumerables imprevistos vividos durante décadas de giras. Como el primer concierto de El Consorcio, en Galicia. Iñaki recuerda que estaba tan nervioso por compartir escenario con sus hermanos que apenas podía moverse. Pero el verdadero sobresalto llegó cuando comenzó la actuación: “La mitad de los músicos empezó a tocar una canción y la otra mitad otra distinta”. El concierto se detuvo unos segundos hasta que todos lograron ponerse de acuerdo. “Ahora me parece una anécdota preciosa”, admite.
También recuerdan cuando fueron anunciados en un casino de Portugal como “Os Corsarios”, o aquella actuación en el Teatro Calderón de Madrid, donde un espectador rompió el silencio del recital con un inesperado grito: “¡Que salgan las bailarinas!”.
“Volver a actuar en el Liceu se convierte en un hito para nuestra carrera musical”, explica Iñaki Uranga
Las giras internacionales también dejaron estampas inolvidables. Estíbaliz rememora un viaje por el interior de Chile hace más de cuarenta años, en un autobús donde convivían pasajeros, gallinas e incluso algún cerdo, mientras el agua de la lluvia entraba por un agujero en el suelo del vehículo.
Iñaki tampoco olvida una jornada entre Tijuana y Mexicali en la que actuaron con más de treinta grados de temperatura y, pocas horas después, la carretera quedó bloqueada por una nevada que impidió el paso del siguiente transporte.

Incluso hubo conciertos que comenzaron sin músicos. En una actuación en un prado de Galicia, el alcalde pidió a Sergio y Estíbaliz que salieran igualmente al escenario mientras la banda seguía intentando llegar. “Cantamos con la guitarra hasta que aparecieron”, recuerda ella.
La música siempre ha formado parte de la familia Uranga. De los nueve hermanos, cinco se dedicaron profesionalmente por completo a ella y otros tres también pasaron por los escenarios en distintas etapas de su vida. Iñaki atribuye esa tradición al padre de la familia, que cantó ópera y zarzuela y regresó de Estados Unidos con un amplio repertorio de música americana. “Nos inculcó esa pasión”, explica.
Pero tanto él como Estíbaliz creen que también existe un componente genético. “Tiene que haber algo. No puede ser casualidad que todos cantemos. También Allende y María (hijas de Sergio y Estíbaliz). Es genética, lo tengo clarísimo”, asegura la cantante.
Quizá ese origen común explique también la estabilidad del grupo. “Nunca he tenido broncas con mis hermanos”, afirma Estíbaliz. “Puede haber diferencias de opinión, pero si no estuviéramos a gusto, no seguiríamos juntos”.
Iñaki recuerda que cuando fundaron El Consorcio, hace ya 33 años, todos llegaron, “como decía Sergio, con la lección aprendida”. “El objetivo era disfrutar y pasarlo bien. Éramos profesionales y estábamos porque queríamos estar”.
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