El aumento de las temperaturas propio del verano, y sobre todo en las últimas olas de calor de estos últimos días, no solo afecta al cuerpo, también a los procesos psicológicos que intervienen en la comunicación. En estas circunstancias, el organismo destina más recursos a regular la temperatura corporal, lo que incrementa, además, la sensación de fatiga, incomodidad e irritabilidad. El investigador Pilcher y sus colaboradores lo demostraron ya en 2002, asegurando que el calor afecta de tal manera que el ser humano responde con reacciones más impulsivas, con menor paciencia en las conversaciones y una mayor tendencia a interpretar de forma negativa comentarios ambiguos.Rocío Gómez-Juncal , psicología, profesora e investigadora en UNIR, reconoce a ABC que, además, algunas investigaciones, como las presentadas en la revisión sistemática de Thomby, han observado que las olas de calor pueden asociarse con un empeoramiento del bienestar psicológico y con un aumento de síntomas de ansiedad o malestar emocional, mayor riesgo de suicidio, aumento del riesgo de ingreso hospitalario por enfermedad mental y empeoramiento de los síntomas de la enfermedad mental. «Cuando una persona se siente físicamente incómoda, dispone de menos recursos para escuchar activamente, empatizar o gestionar desacuerdos de manera constructiva. Esto no significa que la temperatura determine nuestro comportamiento , ni que cambie quiénes somos; pero sí puede reducir temporalmente nuestra capacidad para regular emociones y manejar conflictos. Cuando el cuerpo está bajo estrés térmico , la paciencia y la tolerancia a la frustración suelen resentirse».No obstante, matiza que es importante señalar que el calor no convierte automáticamente a las personas en agresivas. «No podemos ser tan reduccionistas -advierte-. Factores como la personalidad, el contexto social, el cansancio, la calidad del sueño o la presencia de conflictos previos son determinantes mucho más importantes. El calor debemos entenderlo como un factor que puede reducir nuestro margen de tolerancia o detonar una tendencia de comportamiento ya existente».Noticia relacionada general No No Salas de rabia, un golpe (literal) al estrés Anna CabezaEn su opinión, desde la Psicología se apuesta por la prevención como la estrategia más útil para evitar situaciones conflictivas generadas por las altas temperaturas. Entre ellas destaca la de identificar las señales de irritabilidad . «Si notamos cansancio, tensión, impaciencia o sensación de agobio, conviene interpretar esas señales como una alerta para reducir la intensidad de una conversación conflictiva. Si esto es así, lo mejor es parar, posponer esa conversación es muy recomendable para rebajar la posible escalada».Igualmente considera muy positivo priorizar el descanso y la hidratación . «La deshidratación (por falta de hidratación con agua o por exceso de consumo de bebidas alcohólicas, edulcoradas y con gas) y la falta de sueño pueden aumentar la reactividad emocional. Son factores aparentemente simples, pero con un gran impacto psicológico. Conocerlo y mejorar nuestra higiene del sueño y nuestros hábitos alimenticios es fundamental».Hacer pausas antes de responder «cuando nos sentimos alterados, tomarnos unos minutos de descanso, cambiar de espacio o refrescarnos pueden ayudar a recuperar perspectiva y reducir respuestas impulsivas -prosigue la docente de INIR-. Respirar hondo, contar hasta diez, cambiar de entorno, mojarnos la cara, son posibles pausas que nos van a permitir tomar perspectiva».«Ajustar las expectativas puede prevenir muchas discusiones. Si algo nos enseña la investigación es que el contexto influye en nuestras emociones, pero no las determina» Rocío Gómez-Juncal PsicólogaTambién invita a ser conscientes de que en verano muchas personas están más cansadas, duermen peor o soportan condiciones ambientales difíciles. «Recordar esto puede ayudar a no atribuir automáticamente malas intenciones a comportamientos que quizá reflejan simplemente malestar o fatiga. Practicar la autocompasión y la compasión con el otro es un hábito maravilloso que puede evitarnos muchos malos entendidos y discusiones».Por último, destaca la importancia de mantener expectativas realistas, puesto que las vacaciones, el sol y el verano suelen asociarse a la idea de bienestar constante , pero indica que también implican cambios de rutina, convivencia más intensa y estrés logístico. «Ajustar las expectativas puede prevenir muchas discusiones. Y, sobre todo, hay que recordar que si algo nos enseña la investigación es que el contexto influye en nuestras emociones, pero no las determina. Incluso en los días más calurosos conservamos la capacidad de elegir cómo responder, cuidar nuestros vínculos y crear espacios de bienestar. Entender cómo funciona nuestra mente es, precisamente, una de las mejores formas de protegerla. Nosotros siempre tendremos la opción de conocernos para autoregularnos y elegir cómo responder». Control de las emocionesEn este sentido, Julio García Gómez , experto y docente de Comunicación, añade que el control de las emociones forma parte de la seguridad y fortaleza de las personas y juega en contra de las que tienen caracteres más débiles. Explica que el efecto del calor sobre las relaciones humanas se ceba especialmente en aquellos colectivos más sensibles, en el ámbito de las personas mayores y en los niños de corta edad y adolescentes. Matiza que uno de los errores más frecuentes durante los episodios de calor intenso, según este experto, es intentar abordar asuntos complejos en los momentos más desfavorables del día. «Las conversaciones importantes, especialmente las relacionadas con la familia o la pareja, deberían reservarse para las primeras horas de la mañana o las últimas de la noche, cuando el nivel de fatiga es menor y existe una mayor disposición al diálogo», recomienda.Apunta este docente que en el ámbito familiar, la convivencia puede verse especialmente afectada. El aumento del tiempo compartido, unido al cansancio provocado por el calor, favorece situaciones de tensión entre padres e hijos. «Hablar más no significa comunicarse mejor. En verano es fundamental aprender a sintetizar los mensajes y evitar conversaciones interminables que terminan generando agotamiento y frustración», afirma. Asimismo, aconseja aprovechar momentos cotidianos como el desayuno, la comida o la cena para fomentar el diálogo y reducir, de este modo, el tiempo dedicado a pantallas y dispositivos móviles.«La clave está en no convertir cada desacuerdo en una batalla. Hay que dejar espacio para que la otra persona se exprese y evitar que los problemas se acumulen hasta explotar en los momentos de mayor estrés térmico» Julio García Gómez Experto en ComunicaciónAñade que las relaciones de pareja también pueden resentirse durante los meses más calurosos por aumentar la irritabilidad . «La clave está en no convertir cada desacuerdo en una batalla. Hay que dejar espacio para que la otra persona se exprese y evitar que los problemas se acumulen hasta explotar en los momentos de mayor estrés térmico», sostiene García Gómez. Cuando el tono de voz sube de uno a tres puntos, la voz se quiebra en muchos casos y se poluciona la conversación, es decir se pisan constantemente uno y otro, por lo que este experto en Comunicación propone contar mentalmente hasta diez cuando se responde a una pregunta, vertebrar frases muy cortas, practicar el punto y seguido y no meterse en el jardín de frases complicadas en el que no se sabe muy bien dónde está el principio y el fin. Recomienda, además, hacer titulares ‘periodísticos’ de lo que se quiere expresar, manejar estratégicamente el lenguaje no verbal, no mover las manos de manera amenazante, practicar una media sonrisa y una mirada directa acogedora y no amenazante».Comunicación eficaz en el trabajoEl entorno laboral tampoco escapa a los efectos de las altas temperaturas. Las reuniones largas, la presión y la fatiga pueden dificultar la toma de decisiones y aumentar los conflictos entre compañeros. «Durante una ola de calor conviene utilizar mensajes breves y directos, evitar elevar el tono de voz o prolongar innecesariamente las reuniones. La energía debe destinarse a resolver problemas, no a alimentar tensiones », destaca el experto. Además, subraya la importancia de planificar las jornadas y adaptar las tareas a los momentos de mayor rendimiento físico y mental.En el plano social, García Gómez aconseja moderar la intensidad de las interacciones durante las horas centrales del día y reservar los encuentros más importantes para momentos más frescos. «El calor no debe convertirse en un enemigo de las relaciones. Si aprendemos a adaptar nuestros hábitos comunicativos, podremos aprovechar mejor el tiempo de ocio y fortalecer nuestros vínculos personales», asegura.Como recomendación general, el experto insiste en la necesidad de evitar decisiones precipitadas cuando las temperaturas son extremas. «Las grandes decisiones requieren serenidad. Cuando el calor aprieta, es mejor esperar, reflexionar y evitar actuar desde el cansancio o la irritación». Confiesa a ABC que la hidratación también es terapéutica en comunicación. «Es decir, el agua aporta a nuestra garganta ese punto de humedad que hace que no sea áspero el diálogo. Mantener una regular respiración con el diafragma también nos va a oxigenar y aligerar la conversación».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Sara Sorribes, tenista olímpica: «Parar para cuidar mi bienestar mental fue una gran decisión» noticia Si Gaslighting: la manipulación sistemática que te lleva a pensar que has perdido la cordura noticia Si «La gimnasia cerebral no está en hacer sudokus, sino en cómo vivimos»Por último, propone la técnica del ‘folio en blanco’ , que desarrolla en su libro de autoayuda ‘Técnicas de comunicación eficaz’, como un buen aliado de la comunicación eficiente para no gastar más energías de las necesarias y no quemar el ambiente. « Escribir mentalmente en un folio en blanco imaginario el pensamiento, la idea o la respuesta a una pregunta de nuestro interlocutor nos ayudará posteriormente a conversar con más naturalidad y a focalizar la atención de la otra persona», concluye. El aumento de las temperaturas propio del verano, y sobre todo en las últimas olas de calor de estos últimos días, no solo afecta al cuerpo, también a los procesos psicológicos que intervienen en la comunicación. En estas circunstancias, el organismo destina más recursos a regular la temperatura corporal, lo que incrementa, además, la sensación de fatiga, incomodidad e irritabilidad. El investigador Pilcher y sus colaboradores lo demostraron ya en 2002, asegurando que el calor afecta de tal manera que el ser humano responde con reacciones más impulsivas, con menor paciencia en las conversaciones y una mayor tendencia a interpretar de forma negativa comentarios ambiguos.Rocío Gómez-Juncal , psicología, profesora e investigadora en UNIR, reconoce a ABC que, además, algunas investigaciones, como las presentadas en la revisión sistemática de Thomby, han observado que las olas de calor pueden asociarse con un empeoramiento del bienestar psicológico y con un aumento de síntomas de ansiedad o malestar emocional, mayor riesgo de suicidio, aumento del riesgo de ingreso hospitalario por enfermedad mental y empeoramiento de los síntomas de la enfermedad mental. «Cuando una persona se siente físicamente incómoda, dispone de menos recursos para escuchar activamente, empatizar o gestionar desacuerdos de manera constructiva. Esto no significa que la temperatura determine nuestro comportamiento , ni que cambie quiénes somos; pero sí puede reducir temporalmente nuestra capacidad para regular emociones y manejar conflictos. Cuando el cuerpo está bajo estrés térmico , la paciencia y la tolerancia a la frustración suelen resentirse».No obstante, matiza que es importante señalar que el calor no convierte automáticamente a las personas en agresivas. «No podemos ser tan reduccionistas -advierte-. Factores como la personalidad, el contexto social, el cansancio, la calidad del sueño o la presencia de conflictos previos son determinantes mucho más importantes. El calor debemos entenderlo como un factor que puede reducir nuestro margen de tolerancia o detonar una tendencia de comportamiento ya existente».Noticia relacionada general No No Salas de rabia, un golpe (literal) al estrés Anna CabezaEn su opinión, desde la Psicología se apuesta por la prevención como la estrategia más útil para evitar situaciones conflictivas generadas por las altas temperaturas. Entre ellas destaca la de identificar las señales de irritabilidad . «Si notamos cansancio, tensión, impaciencia o sensación de agobio, conviene interpretar esas señales como una alerta para reducir la intensidad de una conversación conflictiva. Si esto es así, lo mejor es parar, posponer esa conversación es muy recomendable para rebajar la posible escalada».Igualmente considera muy positivo priorizar el descanso y la hidratación . «La deshidratación (por falta de hidratación con agua o por exceso de consumo de bebidas alcohólicas, edulcoradas y con gas) y la falta de sueño pueden aumentar la reactividad emocional. Son factores aparentemente simples, pero con un gran impacto psicológico. Conocerlo y mejorar nuestra higiene del sueño y nuestros hábitos alimenticios es fundamental».Hacer pausas antes de responder «cuando nos sentimos alterados, tomarnos unos minutos de descanso, cambiar de espacio o refrescarnos pueden ayudar a recuperar perspectiva y reducir respuestas impulsivas -prosigue la docente de INIR-. Respirar hondo, contar hasta diez, cambiar de entorno, mojarnos la cara, son posibles pausas que nos van a permitir tomar perspectiva».«Ajustar las expectativas puede prevenir muchas discusiones. Si algo nos enseña la investigación es que el contexto influye en nuestras emociones, pero no las determina» Rocío Gómez-Juncal PsicólogaTambién invita a ser conscientes de que en verano muchas personas están más cansadas, duermen peor o soportan condiciones ambientales difíciles. «Recordar esto puede ayudar a no atribuir automáticamente malas intenciones a comportamientos que quizá reflejan simplemente malestar o fatiga. Practicar la autocompasión y la compasión con el otro es un hábito maravilloso que puede evitarnos muchos malos entendidos y discusiones».Por último, destaca la importancia de mantener expectativas realistas, puesto que las vacaciones, el sol y el verano suelen asociarse a la idea de bienestar constante , pero indica que también implican cambios de rutina, convivencia más intensa y estrés logístico. «Ajustar las expectativas puede prevenir muchas discusiones. Y, sobre todo, hay que recordar que si algo nos enseña la investigación es que el contexto influye en nuestras emociones, pero no las determina. Incluso en los días más calurosos conservamos la capacidad de elegir cómo responder, cuidar nuestros vínculos y crear espacios de bienestar. Entender cómo funciona nuestra mente es, precisamente, una de las mejores formas de protegerla. Nosotros siempre tendremos la opción de conocernos para autoregularnos y elegir cómo responder». Control de las emocionesEn este sentido, Julio García Gómez , experto y docente de Comunicación, añade que el control de las emociones forma parte de la seguridad y fortaleza de las personas y juega en contra de las que tienen caracteres más débiles. Explica que el efecto del calor sobre las relaciones humanas se ceba especialmente en aquellos colectivos más sensibles, en el ámbito de las personas mayores y en los niños de corta edad y adolescentes. Matiza que uno de los errores más frecuentes durante los episodios de calor intenso, según este experto, es intentar abordar asuntos complejos en los momentos más desfavorables del día. «Las conversaciones importantes, especialmente las relacionadas con la familia o la pareja, deberían reservarse para las primeras horas de la mañana o las últimas de la noche, cuando el nivel de fatiga es menor y existe una mayor disposición al diálogo», recomienda.Apunta este docente que en el ámbito familiar, la convivencia puede verse especialmente afectada. El aumento del tiempo compartido, unido al cansancio provocado por el calor, favorece situaciones de tensión entre padres e hijos. «Hablar más no significa comunicarse mejor. En verano es fundamental aprender a sintetizar los mensajes y evitar conversaciones interminables que terminan generando agotamiento y frustración», afirma. Asimismo, aconseja aprovechar momentos cotidianos como el desayuno, la comida o la cena para fomentar el diálogo y reducir, de este modo, el tiempo dedicado a pantallas y dispositivos móviles.«La clave está en no convertir cada desacuerdo en una batalla. Hay que dejar espacio para que la otra persona se exprese y evitar que los problemas se acumulen hasta explotar en los momentos de mayor estrés térmico» Julio García Gómez Experto en ComunicaciónAñade que las relaciones de pareja también pueden resentirse durante los meses más calurosos por aumentar la irritabilidad . «La clave está en no convertir cada desacuerdo en una batalla. Hay que dejar espacio para que la otra persona se exprese y evitar que los problemas se acumulen hasta explotar en los momentos de mayor estrés térmico», sostiene García Gómez. Cuando el tono de voz sube de uno a tres puntos, la voz se quiebra en muchos casos y se poluciona la conversación, es decir se pisan constantemente uno y otro, por lo que este experto en Comunicación propone contar mentalmente hasta diez cuando se responde a una pregunta, vertebrar frases muy cortas, practicar el punto y seguido y no meterse en el jardín de frases complicadas en el que no se sabe muy bien dónde está el principio y el fin. Recomienda, además, hacer titulares ‘periodísticos’ de lo que se quiere expresar, manejar estratégicamente el lenguaje no verbal, no mover las manos de manera amenazante, practicar una media sonrisa y una mirada directa acogedora y no amenazante».Comunicación eficaz en el trabajoEl entorno laboral tampoco escapa a los efectos de las altas temperaturas. Las reuniones largas, la presión y la fatiga pueden dificultar la toma de decisiones y aumentar los conflictos entre compañeros. «Durante una ola de calor conviene utilizar mensajes breves y directos, evitar elevar el tono de voz o prolongar innecesariamente las reuniones. La energía debe destinarse a resolver problemas, no a alimentar tensiones », destaca el experto. Además, subraya la importancia de planificar las jornadas y adaptar las tareas a los momentos de mayor rendimiento físico y mental.En el plano social, García Gómez aconseja moderar la intensidad de las interacciones durante las horas centrales del día y reservar los encuentros más importantes para momentos más frescos. «El calor no debe convertirse en un enemigo de las relaciones. Si aprendemos a adaptar nuestros hábitos comunicativos, podremos aprovechar mejor el tiempo de ocio y fortalecer nuestros vínculos personales», asegura.Como recomendación general, el experto insiste en la necesidad de evitar decisiones precipitadas cuando las temperaturas son extremas. «Las grandes decisiones requieren serenidad. Cuando el calor aprieta, es mejor esperar, reflexionar y evitar actuar desde el cansancio o la irritación». Confiesa a ABC que la hidratación también es terapéutica en comunicación. «Es decir, el agua aporta a nuestra garganta ese punto de humedad que hace que no sea áspero el diálogo. Mantener una regular respiración con el diafragma también nos va a oxigenar y aligerar la conversación».MÁS INFORMACIÓN noticia Si Sara Sorribes, tenista olímpica: «Parar para cuidar mi bienestar mental fue una gran decisión» noticia Si Gaslighting: la manipulación sistemática que te lleva a pensar que has perdido la cordura noticia Si «La gimnasia cerebral no está en hacer sudokus, sino en cómo vivimos»Por último, propone la técnica del ‘folio en blanco’ , que desarrolla en su libro de autoayuda ‘Técnicas de comunicación eficaz’, como un buen aliado de la comunicación eficiente para no gastar más energías de las necesarias y no quemar el ambiente. « Escribir mentalmente en un folio en blanco imaginario el pensamiento, la idea o la respuesta a una pregunta de nuestro interlocutor nos ayudará posteriormente a conversar con más naturalidad y a focalizar la atención de la otra persona», concluye.
El aumento de las temperaturas propio del verano, y sobre todo en las últimas olas de calor de estos últimos días, no solo afecta al cuerpo, también a los procesos psicológicos que intervienen en la comunicación. En estas circunstancias, el organismo destina más recursos … a regular la temperatura corporal, lo que incrementa, además, la sensación de fatiga, incomodidad e irritabilidad. El investigador Pilcher y sus colaboradores lo demostraron ya en 2002, asegurando que el calor afecta de tal manera que el ser humano responde con reacciones más impulsivas, con menor paciencia en las conversaciones y una mayor tendencia a interpretar de forma negativa comentarios ambiguos.
Rocío Gómez-Juncal, psicología, profesora e investigadora en UNIR, reconoce a ABC que, además, algunas investigaciones, como las presentadas en la revisión sistemática de Thomby, han observado que las olas de calor pueden asociarse con un empeoramiento del bienestar psicológico y con un aumento de síntomas de ansiedad o malestar emocional, mayor riesgo de suicidio, aumento del riesgo de ingreso hospitalario por enfermedad mental y empeoramiento de los síntomas de la enfermedad mental. «Cuando una persona se siente físicamente incómoda, dispone de menos recursos para escuchar activamente, empatizar o gestionar desacuerdos de manera constructiva. Esto no significa que la temperatura determine nuestro comportamiento, ni que cambie quiénes somos; pero sí puede reducir temporalmente nuestra capacidad para regular emociones y manejar conflictos. Cuando el cuerpo está bajo estrés térmico, la paciencia y la tolerancia a la frustración suelen resentirse».
No obstante, matiza que es importante señalar que el calor no convierte automáticamente a las personas en agresivas. «No podemos ser tan reduccionistas -advierte-. Factores como la personalidad, el contexto social, el cansancio, la calidad del sueño o la presencia de conflictos previos son determinantes mucho más importantes. El calor debemos entenderlo como un factor que puede reducir nuestro margen de tolerancia o detonar una tendencia de comportamiento ya existente».
Noticia relacionada
-
Anna Cabeza
En su opinión, desde la Psicología se apuesta por la prevención como la estrategia más útil para evitar situaciones conflictivas generadas por las altas temperaturas. Entre ellas destaca la de identificar las señales de irritabilidad. «Si notamos cansancio, tensión, impaciencia o sensación de agobio, conviene interpretar esas señales como una alerta para reducir la intensidad de una conversación conflictiva. Si esto es así, lo mejor es parar, posponer esa conversación es muy recomendable para rebajar la posible escalada».
Igualmente considera muy positivo priorizar el descanso y la hidratación. «La deshidratación (por falta de hidratación con agua o por exceso de consumo de bebidas alcohólicas, edulcoradas y con gas) y la falta de sueño pueden aumentar la reactividad emocional. Son factores aparentemente simples, pero con un gran impacto psicológico. Conocerlo y mejorar nuestra higiene del sueño y nuestros hábitos alimenticios es fundamental».
Hacer pausas antes de responder «cuando nos sentimos alterados, tomarnos unos minutos de descanso, cambiar de espacio o refrescarnos pueden ayudar a recuperar perspectiva y reducir respuestas impulsivas -prosigue la docente de INIR-. Respirar hondo, contar hasta diez, cambiar de entorno, mojarnos la cara, son posibles pausas que nos van a permitir tomar perspectiva».
«Ajustar las expectativas puede prevenir muchas discusiones. Si algo nos enseña la investigación es que el contexto influye en nuestras emociones, pero no las determina»
Rocío Gómez-Juncal
Psicóloga
También invita a ser conscientes de que en verano muchas personas están más cansadas, duermen peor o soportan condiciones ambientales difíciles. «Recordar esto puede ayudar a no atribuir automáticamente malas intenciones a comportamientos que quizá reflejan simplemente malestar o fatiga. Practicar la autocompasión y la compasión con el otro es un hábito maravilloso que puede evitarnos muchos malos entendidos y discusiones».
Por último, destaca la importancia de mantener expectativas realistas, puesto que las vacaciones, el sol y el verano suelen asociarse a la idea de bienestar constante, pero indica que también implican cambios de rutina, convivencia más intensa y estrés logístico. «Ajustar las expectativas puede prevenir muchas discusiones. Y, sobre todo, hay que recordar que si algo nos enseña la investigación es que el contexto influye en nuestras emociones, pero no las determina. Incluso en los días más calurosos conservamos la capacidad de elegir cómo responder, cuidar nuestros vínculos y crear espacios de bienestar. Entender cómo funciona nuestra mente es, precisamente, una de las mejores formas de protegerla. Nosotros siempre tendremos la opción de conocernos para autoregularnos y elegir cómo responder».
Control de las emociones
En este sentido, Julio García Gómez, experto y docente de Comunicación, añade que el control de las emociones forma parte de la seguridad y fortaleza de las personas y juega en contra de las que tienen caracteres más débiles. Explica que el efecto del calor sobre las relaciones humanas se ceba especialmente en aquellos colectivos más sensibles, en el ámbito de las personas mayores y en los niños de corta edad y adolescentes.
Matiza que uno de los errores más frecuentes durante los episodios de calor intenso, según este experto, es intentar abordar asuntos complejos en los momentos más desfavorables del día. «Las conversaciones importantes, especialmente las relacionadas con la familia o la pareja, deberían reservarse para las primeras horas de la mañana o las últimas de la noche, cuando el nivel de fatiga es menor y existe una mayor disposición al diálogo», recomienda.
Apunta este docente que en el ámbito familiar, la convivencia puede verse especialmente afectada. El aumento del tiempo compartido, unido al cansancio provocado por el calor, favorece situaciones de tensión entre padres e hijos. «Hablar más no significa comunicarse mejor. En verano es fundamental aprender a sintetizar los mensajes y evitar conversaciones interminables que terminan generando agotamiento y frustración», afirma. Asimismo, aconseja aprovechar momentos cotidianos como el desayuno, la comida o la cena para fomentar el diálogo y reducir, de este modo, el tiempo dedicado a pantallas y dispositivos móviles.
«La clave está en no convertir cada desacuerdo en una batalla. Hay que dejar espacio para que la otra persona se exprese y evitar que los problemas se acumulen hasta explotar en los momentos de mayor estrés térmico»
Julio García Gómez
Experto en Comunicación
Añade que las relaciones de pareja también pueden resentirse durante los meses más calurosos por aumentar la irritabilidad. «La clave está en no convertir cada desacuerdo en una batalla. Hay que dejar espacio para que la otra persona se exprese y evitar que los problemas se acumulen hasta explotar en los momentos de mayor estrés térmico», sostiene García Gómez.
Cuando el tono de voz sube de uno a tres puntos, la voz se quiebra en muchos casos y se poluciona la conversación, es decir se pisan constantemente uno y otro, por lo que este experto en Comunicación propone contar mentalmente hasta diez cuando se responde a una pregunta, vertebrar frases muy cortas, practicar el punto y seguido y no meterse en el jardín de frases complicadas en el que no se sabe muy bien dónde está el principio y el fin. Recomienda, además, hacer titulares ‘periodísticos’ de lo que se quiere expresar, manejar estratégicamente el lenguaje no verbal, no mover las manos de manera amenazante, practicar una media sonrisa y una mirada directa acogedora y no amenazante».
Comunicación eficaz en el trabajo
El entorno laboral tampoco escapa a los efectos de las altas temperaturas. Las reuniones largas, la presión y la fatiga pueden dificultar la toma de decisiones y aumentar los conflictos entre compañeros. «Durante una ola de calor conviene utilizar mensajes breves y directos, evitar elevar el tono de voz o prolongar innecesariamente las reuniones. La energía debe destinarse a resolver problemas, no a alimentar tensiones», destaca el experto. Además, subraya la importancia de planificar las jornadas y adaptar las tareas a los momentos de mayor rendimiento físico y mental.
En el plano social, García Gómez aconseja moderar la intensidad de las interacciones durante las horas centrales del día y reservar los encuentros más importantes para momentos más frescos. «El calor no debe convertirse en un enemigo de las relaciones. Si aprendemos a adaptar nuestros hábitos comunicativos, podremos aprovechar mejor el tiempo de ocio y fortalecer nuestros vínculos personales», asegura.
Como recomendación general, el experto insiste en la necesidad de evitar decisiones precipitadas cuando las temperaturas son extremas. «Las grandes decisiones requieren serenidad. Cuando el calor aprieta, es mejor esperar, reflexionar y evitar actuar desde el cansancio o la irritación».
Confiesa a ABC que la hidratación también es terapéutica en comunicación. «Es decir, el agua aporta a nuestra garganta ese punto de humedad que hace que no sea áspero el diálogo. Mantener una regular respiración con el diafragma también nos va a oxigenar y aligerar la conversación».
Por último, propone la técnica del ‘folio en blanco’, que desarrolla en su libro de autoayuda ‘Técnicas de comunicación eficaz’, como un buen aliado de la comunicación eficiente para no gastar más energías de las necesarias y no quemar el ambiente. «Escribir mentalmente en un folio en blanco imaginario el pensamiento, la idea o la respuesta a una pregunta de nuestro interlocutor nos ayudará posteriormente a conversar con más naturalidad y a focalizar la atención de la otra persona», concluye.
RSS de noticias de bienestar

