Días después de la intervención de Alberto Núñez Feijóo en el Cercle d’Economia sigue sin saberse a qué paquidermo se refería al hablar del elefante en la habitación. Uno seguro debía ser Junts, el partido independentista que preside desde Waterloo Carles Puigdemont. Todos los políticos se refirieron a él, pese a no estar representado en los debates. Se podría añadir al PNV de Aitor Esteban. Compañeros de viaje buscados por el PP para su acometida parlamentaria contra el Gobierno de Pedro Sánchez, con escaso éxito de momento.
Reuniones discretas de Pradales con Sánchez Llibre y de Illa con Fainé y otros directivos
Días después de la intervención de Alberto Núñez Feijóo en el Cercle d’Economia sigue sin saberse a qué paquidermo se refería al hablar del elefante en la habitación. Uno seguro debía ser Junts, el partido independentista que preside desde Waterloo Carles Puigdemont. Todos los políticos se refirieron a él, pese a no estar representado en los debates. Se podría añadir al PNV de Aitor Esteban. Compañeros de viaje buscados por el PP para su acometida parlamentaria contra el Gobierno de Pedro Sánchez, con escaso éxito de momento.
Feijóo perseguía sus votos para rematar la legislatura hasta que, a las puertas del Palacio de Congresos de Barcelona, se enteró de que los catalanes le pedían que fuera a Waterloo. Respondió simulando que él no quería nada de ellos. Aterrizaje de emergencia que recordó la frase –nunca pronunciada literalmente, sí en su contenido- de “no soy presidente porque no quiero” durante su fallida investidura del 2023.
Pero ese desprecio de los votos de Junts fue tan fugaz que nada más acabar su intervención, Feijóo se dirigió a Josep Sánchez Llibre, el presidente de Foment, al que acompañaba Miquel Roca, y le reiteró que “esto se tiene que desbloquear desde Catalunya”.
Insistencia en la misma línea sobre el líder de Foment, contrastado tejedor de acuerdos con Junts y especialmente con Puigdemont, que han cuajado en varias votaciones parlamentarias clave.

Por su parte, también Pedro Sánchez celebró con ironía los acercamientos del gallego a los potenciales amnistiados y anunció la presentación de los presupuestos para el 2027, aunque es bien sabido que tal cosa solo será posible si Junts, PNV (y los más probables de ERC y Bildu) le dan sus votos.
Hasta la presidenta del Cercle, Teresa Garcia-Milà, pidió cuentas públicas, estabilidad y política económica proempresarial, para lo que los siete diputados de Junts y los cinco del PNV son críticos. Pese a ese papel central, el Cercle, que teme la excesiva politización de sus jornadas, no habilitó ningún debate o mesa para conocer qué piensan esos grupos políticos. Y, en el caso de Junts, debe tenerse en cuenta además que una parte de la clase empresarial catalana le apoya, con más o menos entusiasmo.
En el almuerzo entre Illa y Fainé participaron una veintena de directivos de Barcelona y Madrid
A modo de resumen, el giro del lunes pasado propició que el líder popular llegara a Barcelona muy vivo políticamente y saliera tocado, mientras Sánchez, que llegó muy tocado, se marchó más firme. Un resultado paradójico, si se tiene en cuenta que, como nunca antes, Feijóo contaba con un auditorio predispuesto a escuchar sus mensajes a favor del adelanto electoral.
De todos modos, que Junts y el PNV no hablaran desde el atril –al lehendakari Imanol Pradales se le invitó a hablar solo de financiación autonómica– no significa que las fuerzas nacionalistas y el empresariado no se movieran, entre bambalinas, discretamente.

Pradales se reunió con Sánchez Llibre, fuera del foco de las jornadas, en un hotel barcelonés cercano al Palacio de Congresos . Nada ha trascendido de ese discreto encuentro. Seguro que se buscó sintonizar la tradicional actitud pragmática en materia política de las dos burguesías que ambos representan. El líder vasco estuvo antes en el Parlament con dirigentes de Junts, como Josep Rull y Jordi Turull . En el Cercle, el diálogo fue con Albert Batet, el interlocutor de los independentistas en el mundo económico.
Complicidades que son una de las claves del comportamien-to político del empresariado catalán en esta fase final de la legislatura.
Sánchez Llibre no ha pedido públicamente anticipar las elecciones, en contraste con el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, y el Círculo de empresarios, que preside un catalán, Juan María Nin, pero que no tiene nada que ver con el Cercle y agrupa a directivos de Madrid.
Volviendo a Feijóo, su intervención sorprendió tanto como desagradó a su auditorio. En parte por su tono severo, rozando la reprimenda, como si el político popular estuviera estableciendo una relación de identidad entre los planteamientos de Junts que bloqueaban su anhelada moción de censura instrumental y los de los empresarios presentes. Similar a lo que hizo en la sede de Foment meses antes.
Pradales también aprovechó la reunión del Cercle para hablar con líderes de Junts, como Albert Batet
El líder popular actuó como si no fuera consciente de que muchos de los presentes en una y otra reunión son votantes de su partido y en una proporción que no se condice con el tono y la distancia de su discurso. Fue así en las elecciones del 2023 y lo ha sido en otras muchas.
La burguesía barcelonesa está muy próxima a las propuestas fiscales y económicas de la derecha española y las sitúan en primera posición en su lista de prioridades a la hora de decidir el voto en las legislativas. El bolsillo siempre por delante. Y las corrientes en su seno favorables al adelanto electoral son ahora mayoritarias, especialmente entre sus miembros más influyentes.
Aunque piensen que la combinación ideal sería la del acuerdo de PP con Junts, en lugar de la arriesgada alianza popular con VOX, muy incendiaria en Catalunya. Y saben que para que esa alianza anhelada tenga visos de viabilidad debe estar resuelta la situación de Puigdemont y el resto de los que esperan que la amnistía se aplique.

Son dos calendarios divergentes, el de las elecciones adelantadas y el de la espera de la sentencia de la justicia europea, ahora parece que aplazada hasta el mes de septiembre.
En Catalunya, en cambio, la propuesta burguesa es la del acuerdo entre el PSC y los independentistas, no extraen más posibilidades de los vaticinios demoscópicos. Otra geografía variable. Un ejemplo. El mismo día de la intervención de Feijóo, el martes, un poco más tarde, Salvador Illa almorzó con una representación significativa de empresarios catalanes y españoles.
Fue en el CaixaForum, con los directivos de la Confederación de Directivos y Ejecutivos (CEDE), encabezada por el influyente Isidro Fainé, presidente de La Caixa, grupo que integra la primera corporación de inversión empresarial y el primer banco del mercado español, Criteria y CaixaBank, respectivamente. La galaxia de la estrella mironiana, que en los últimos meses parece más distanciada del Gobierno central, estaba ampliamente representada: Tomàs Muniesa (CaixaBank); José María Méndez (Criteria); Josep Maria Coronas (Fundación La Caixa); Salvador Alemany (Saba); y Ramon Adell; (CEDE). Y otros más o menos cercanos a ella, como Antoni Brufau (Repsol); Simón Pedro Barceló (Barceló); Juan José Cano (KPMG); Ángel García Altozano (ACS); Rafael Villaseca (Celsa); Ana Torrens (Deloitte); y Jorge Villavecchia (Damm).
Según fuentes presentes, durante la reunión Illa explicó su obra de gobierno y sus planes en el ámbito económico. Los empresarios hablaron sobre su propio ámbito. En cualquier caso, una escenificación de normalidad entre la administración catalana y una parte muy relevante del poder económico. “Muy buenas relaciones” con la Generalitat explican fuentes implicadas en el encuentro.
Economía
