La ‘guerra’ de los ultraortodoxos judíos por el Shabat contra una cafetería de Jerusalén

Cada sábado Café Basimtá se convierte en el centro de protestas y apoyos por abrir durante el día de descanso judío en la Ciudad Santa Leer Cada sábado Café Basimtá se convierte en el centro de protestas y apoyos por abrir durante el día de descanso judío en la Ciudad Santa Leer  

Café Basimtá («En el callejón», en hebreo) es el símbolo de la renovada batalla del Shabat en Jerusalén. Si en algo coinciden los que hacen cola para entrar en el local y los que gritan para cerrarlo exclamando como recordatorio «Shabes, Shabes» («Shabat» en yiddish) es que se trata de algo más que un café.

Aunque no se trata del único establecimiento abierto en el centro de Jerusalén durante la sagrada jornada de descanso en el judaísmo, Café Basimtá se ha convertido cada sábado en el blanco de las protestas de decenas de ultraortodoxos (jaredim) que a veces desembocan en altercados con los policías. Hoy, por sexta semana consecutiva, no ha sido una excepción, pero la tensión ha sido menor que hace una semana.

«Cuando abrimos a principios de junio, yo esperaba quizá que vendría alguien del Ayuntamiento o de sectores más religiosos pidiéndonos cerrar, pero no pensé que tendríamos aquí manifestaciones y violencia. Ni, por supuesto, que nos convertiríamos en un asunto a nivel nacional y ahora, hablo contigo, también internacional», dice el propietario de la cafetería, Yoel Ben David.

El israelí hace una pausa en su ajetreada jornada para atender a EL MUNDO mientras sus empleados siguen trabajando sin pausa ante la ordenada y militante avalancha de clientes. Le pedimos una respuesta a los que se oponen a la apertura de su local en Shabat alegando que es una zona con muchos residentes religiosos y ultraortodoxos. «Aquí hay una variada mezcla de poblaciones. Hay de todo. No creo que estemos poniendo el dedo en su ojo como dicen», contesta y añade: «Yo sólo quería abrir una pequeña cafetería sin todo este revuelo».

El dueño de Café Basimtá, Yoel Ben David.
El dueño de Café Basimtá, Yoel Ben David.SAL EMERGUI

Sin menospreciar la calidad de su capuchino, Ben David admite que el gran número de ciudadanos que llegan cada sábado es una reacción a las protestas contrarias de determinados sectores ultraortodoxos. «Estoy muy agradecido de que vengan tantas personas para apoyarnos a nosotros y a la idea de que en Jerusalén puede haber establecimientos abiertos y cerrados en Shabat», comenta.

Decenas de israelíes llegados de diferentes puntos de la ciudad y del país esperan en la cola con una paciencia muy rara en estas tierras. No buscan saborear el café, sino reivindicar su forma de vida y su visión de cómo debe ser Jerusalén e Israel.

«Es importante venir y defender los derechos de los habitantes. Esta cafetería está abierta de forma legal y la gente quiere salir y poder tomar algo el sábado. No hay ningún motivo por el que debamos permitir que una minoría violenta y vociferante lo evite», afirma Laura Wharton. Esta representante de Meretz (izquierda) en el consejo municipal indica que cerca de un centenar de establecimientos (cafeterías, restaurantes, etc.) están abiertos en toda la ciudad durante Shabat. Entonces, ¿por qué Café Basimtá provoca tanta oposición? «Los ultraortodoxos protestaron porque está relativamente cerca de ellos», responde. Y confirma que el alcalde, Moshe León, «apoyó a la cafetería, ya que es legal, y condenó la violencia de los que intentaron romper cosas».

Jerusalén cuenta con más de un millón de habitantes. «Hay un tercio ultraortodoxo, otro tercio religioso no ultraortodoxo y un tercio laico, con ventaja de los primeros», señala en una ciudad en la que el 60% son judíos (los jaredím son la mitad) y el 40% palestinos (97% musulmanes).

«Hay diferencia entre que una persona profane el Shabaten privado y que lo haga públicamente ante los demás», comentó esta semana un líder ultraortodoxo al diario Haaretz. «[El propietario] tiene derecho a abrir en Shabat y nosotros tenemos derecho a manifestarnos en contra. Hay suficientes barrios laicos en la ciudad, que abran allí», añadió.

«Es una provocación abrir en Shabat en esta zona de Jerusalén», nos dice un joven jaredí mientras otro señala como motivo adicional de la protesta su denuncia de que el propietario de la cafetería es «misionero cristiano que busca convertir a los judíos». «Yo soy judío mesiánico que cree en el Tanaj y en el Nuevo Testamento, pero la inmensa mayoría que viene a protestar sólo grita ‘Shabes‘», asegura Ben David.

«A nivel personal, es muy importante que en Jerusalén sigan habiendo lugares abiertos enShabat para que personas como yo podamos salir de casa y disfrutar, como, por ejemplo, de un café», asegura Doron Lifshpiz mientras espera su turno. «Hemos venido para apoyarlos. El asunto de la coacción adquiere aquí un tono violento que no tiene cabida en nuestro país. No hay motivo para que alguien no pueda llevar su vida y sus negocios como crea conveniente«, sostiene su amigo Nimrod Ashkenazi. «En esta zona hace muchos años había cines. Algo como esto no pasaría en nuestra época de niños en Jerusalén. Por desgracia, hay una regresión», admite. «Yo soy optimista sobre Jerusalén y el país», añade. De sus palabras se desprende su anhelo de un cambio a nivel general tras los comicios previstos en octubre.

Con la cita electoral cada vez más cerca, esta cafetería situada cerca del emblemático mercado de Majane Yehuda se ha convertido también en plataforma de mensajes. Dirigentes de los partidos en la oposición e identificados sobre todo con la lucha contra los intentos de coacción religiosa suelen acudir a la cafetería cada sábado. Hoy lo hizo Yair Golán, líder del movimiento que unió al Partido Laborista y el izquierdista Meretz. «Lo que vemos hoy aquí es una demostración democrática y liberal de personas que decidieron dejar de ceder y luchar por nuestra capacidad de tener vidas libres en nuestro país», declaró Golán acompañado por activistas de su formación Democratim.

«No cederé porque vinieron de forma intimidatoria. Si les dejo tener éxito, sería como alentarlos. Mi lema es vive y deja vivir», concluye el dueño de la cafetería sobre la que se ha reactivado la lucha por elShabat y la identidad en Jerusalén.

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