Los músicos de la Orquestra del Liceu y de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC) toman una vez más la playa de Sant Sebastià para hacer de Barcelona uno de los escenarios veraniegos más envidiados del mundo de la clásica. Con la vocación de insuflar amor por la música, los directores titulares de sendas formaciones, Josep Pons y Ludovic Morlot, han establecido con complicidad un hilo narrativo entre ambos programas, que ofrecerán días consecutivos el 8 y 9 de julio. Al tiempo que el Orfeó Català complementa estas acciones con visitas a hospitales y en espacios geriátricos, a fin de llegar con la música a la gente que por razones desdichadas no pueden acercarse para vivir la experiencia a pie de playa.
Barcelona vuelve a diferenciarse con sus veladas musicales de la OBC y el Liceu en la arena de Sant Sebastià
Los músicos de la Orquestra del Liceu y de la Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya (OBC) toman una vez más la playa de Sant Sebastià para hacer de Barcelona uno de los escenarios veraniegos más envidiados del mundo de la clásica. Con la vocación de insuflar amor por la música, los directores titulares de sendas formaciones, Josep Pons y Ludovic Morlot, han establecido con complicidad un hilo narrativo entre ambos programas, que ofrecerán días consecutivos el 8 y 9 de julio. Al tiempo que el Orfeó Català complementa estas acciones con visitas a hospitales y en espacios geriátricos, a fin de llegar con la música a la gente que por razones desdichadas no pueden acercarse para vivir la experiencia a pie de playa.
Lo que hace unos años era un simple accidente en la vida cultural de Barcelona, se ha normalizado de manera que al inicio de cada verano, la ciudadanía tiene una cita con la clásica junto al mar, lo que, como advertía el concejal de Cultura, Xavier Marcé, es la demostración de que esta es una ciudad “capaz de romper tópicos y de hacer llegar la cultura de minorías a las grandes mayorías”.
Josep Pons y Ludovic Morlot coinciden dirigiendo obras de Chaikovski y Dvorák, entre otras, los días 8 y 9
El Liceu y la OBC esperan que unas 22.000 personas se acerquen a cada concierto, si bien la Guardia Urbana cifró el año pasado en 30.000 los espectadores que acudieron cada día de concierto en la playa. Este año, sin Copa del América –cuando dirigió Gustavo Dudamel– y sin despedidas del musical Mar i Cel de Dagoll Dagom, el Clàssica a la Platja vuelve a la normalidad de ediciones anteriores, con las batutas titulares.

Para Josep Pons, esta será la última performance en la playa como director musical del Gran Teatre del Liceu, un cargo que deja este verano y que ha ostentado durante 14 años, en los que ha puesto a prueba sus dotes de forjador de orquestas llevando a la del coliseo lírico de la Rambla a un estado de salud y excelencia encomiables.
Pons dirigirá un programa que la orquesta en parte conoce bien, pues lo ensayó para una de las funciones del LiceuAprèn que ofreció en marzo en el Gran Teatre para un público familiar, con apunte escénico de Anna Ponces. Titulado Liceu Simfònic, música para todo el mundo, se enmarca en el 25.º aniversario del Petit Liceu, con una idea escénica para que los más pequeños puedan conectar también. Entre pieza y pieza, una voz explica el trabajo que se esconde detrás de una formación sinfónica: cómo se prepara la orquesta, cómo ensaya, cómo convive y comparte la experiencia con los espectadores, lo que incluye valores como saber escuchar a los demás o la disciplina de tocar y cantar cuando llega el momento.

El programa, de unos 80 minutos, es un viaje por la apoteosis de la danza, desde la energía popular de la Danza húngara de Brahms hasta la Eslava de Antonin Dvorák, con guiño de fantasía mediante la Suite del Cascanueces de Piotr Ilich Chaikovski, la pasión de El amor brujo de Manuel de Falla y la rítmica de Estancia de Alberto Ginasterao del Boléro de Maurice Ravel.
El día 9, la OBC con Ludovic Morlot al frente propondrá una sinfonía que estará formada a base de distintos movimientos de diferentes sinfonías: así sonará la Segunda Sinfonía de Alexandr Borodín, la Segunda de Serguéi Rajmáninov, la Tercera de Johannes Brahms, el Allegretto grazioso de la Octava de Dvorák y un vibrante Finale de la Cuarta de Chaikovski, de gran exuberancia orquestal.

El Clàssica a la Platja contará con el mismo escenario orbital de los últimos años, con pantallas a lado y lado, además de otra de 6 x 3,5 metros a mitad de playa. Pero el sonido presenta una mejora respecto a anteriores ediciones: un dispositivo especial basado en 1 Delay Stereo hará que la experiencia sea igual de gratificante para los espectadores que se sitúen a lo largo de los 250 metros de longitud de playa que cede el Port para la ocasión.
Un dispositivo especial basado en 1 Delay Stereo mejorará el sonido en los 250 metros longitudinales de playa
En cuanto a la accesibilidad de este evento popular, las personas sordas cuentan con mayor número de mochilas vibratorias y, por otra parte, se amplía la zona reservada para personas con movilidad reducida que se sitúa al acceder a la playa por uno de los accesos cercanos al escenario. Aigües de Barcelona ahorrará, además, 6.000 botellas de plástico al instalar seis fuentes para uso de los trabajadores y de los artistas que hacen posible el evento cultural.
También el presupuesto para llevarlo a cabo ha experimentado un aumento de 15.000 euros. Ahora es de 515.000 euros y sigue cubriéndose gracias a la tasa turística del Ayuntamiento y el apoyo de la Fundación La Caixa, además de otros patrocinios.
Por lo que respecta a la retransmisión, Betevé y Catalunya Música la harán en directo y, transcurridos unos meses, TVE y 3Cat ofrecerán también ambos conciertos.
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