La música clásica no puede sobrevivir con los escasos réditos que saca de las plataformas gigantescas de streaming, como Spotify o Apple Music. Muerto el mercado del disco físico, que ya es residual, el sector de la llamada música culta –y ahí se incluye además el jazz y las músicas tradicionales y del mundo– se está devanando los sesos para imaginar un futuro distinto en el que no quede enterrado bajo la música moderna en esas plataformas. Todo el mundo quiere estar presente en Spotify y similares, pero han comprendido que no es una herramienta de recaudación. El algoritmo no juega a su favor. El modelo es insostenible.
Jordi Savall estudia crear una plataforma ante la precariedad del modelo actual
La música clásica no puede sobrevivir con los escasos réditos que saca de las plataformas gigantescas de streaming, como Spotify o Apple Music. Muerto el mercado del disco físico, que ya es residual, el sector de la llamada música culta –y ahí se incluye además el jazz y las músicas tradicionales y del mundo– se está devanando los sesos para imaginar un futuro distinto en el que no quede enterrado bajo la música moderna en esas plataformas. Todo el mundo quiere estar presente en Spotify y similares, pero han comprendido que no es una herramienta de recaudación. El algoritmo no juega a su favor. El modelo es insostenible.
El Palau de la Música, sin ir más lejos, trabaja actualmente con el Orfeó Catalá en un programa de grabaciones del repertorio coral, que va subiendo a Spotify y el resto de plataformas. “Somos conscientes de la importancia de estar presentes para llegar a distintos públicos: a los nuestros y a los que aún no nos conocen. Hay que estar para que nos encuentren, y que el algoritmo haga lo que tenga que hacer”, indica Judith Pi, directora general adjunta del Palau.
También L’Auditori es consciente de que el modelo de negocio de las plataformas no va a favor de la remuneración de los artistas. Pero la motivación principal de una institución pública no es la ambición comercial, comenta su director, Víctor Medem, sino la promoción artística y patrimonial. Lo que publica con su propio sello se lanza a plataformas para ampliar la difusión global. Y de momento tienen más de 150.000 oyentes mensuales en Spotify, que generan muy pocos ingresos.
“El porcentaje que se llevan los artistas de la clásica de plataformas en streaming como Spotify es una estafa”, advierte Santi Barguñó, director artístico de Neu Records, sello especializado en música contemporánea y con una colección de clásica. “Nadie saca réditos, ni las discográficas ni nadie. Solo las grandes multinacionales que controlan las cuatro plataformas que han absorbido todo lo que ellos mismos deciden que se escucha. Es bestial”.
La situación puede leerse como un reflejo más del impacto de la economía financiera, que ha ido absorbiendo todos los ámbitos de acción posibles, incluido el de la música. Ahora se trata de un gran mercado para los fondos de inversión. “No creo que haya mucha diferencia con el mercado de la vivienda. Cuando lo trasladas al colectivo de músicos, que ya era frágil y ahora está precarizado, se hace visible la verdadera injusticia que implica”, afirma.
“Nadie saca réditos, ni las discográficas ni nadie. Solo las grandes multinacionales”
En los años 80 y 90, el artista tenía un porcentaje de participación de los discos que vendía. Con un mínimo impacto en las ventas, acababa obteniendo unos ingresos razonables. “Ahora da igual que te escuchen millones. Mi pequeña discográfica –prosigue Barguñó– tiene muchísimas reproducciones en streaming y no recibo ningún retorno. He de funcionar con las aportaciones de los artistas, con subvenciones públicas, con financiación privada, pero no con la venta de discos. Cuando en términos de autosuficiencia financiera, sería una discográfica viable”. Con el disco Blanc de Bernat Vivancos, que apareció hacia el final de las ventas físicas, tuvo un retorno de 20.000 euros por la venta de discos, con los que pudo reinvertir en el siguiente disco con el compositor. “Un disco que, aun teniendo muchas más reproducciones, me generó en streaming… 5.000 euros. Al final lo que hacemos es un servicio a los melómanos en nuestra página web. O el artista lo vende en un concierto, pero sabe que el fan le comprará el disco por amor, porque ya ni tiene reproductor de CD”.
Así las cosas, Jordi Savall, de los pocos músicos que sigue manteniendo su discográfica alternativa, Alia Vox, ha tomado una determinación: está dispuesto a crear su plataforma. Para la clásica, el jazz y las músicas tradicionales. Y todo el mundo será bienvenido, pero con retornos que no tendrán que ver con el mísero porcentaje que se lleva en estos momentos el intérprete o el compositor en grandes plataformas digitales.
Un paso para regular la inteligencia artificial generativa. Spotify advertirá a sus oyentes cuando estén ante un artista cuya identidad no es real, sino que ha sido generada mediante una IA. Cuando eso ocurra, la plataforma mostrará una etiqueta identificativa en el perfil en la que se podrá leer “AI persona”. Así lo comunicó ayer Spotify mediante un comunicado de prensa en el que aseguran que “la verdadera conexión entre artistas y fans solo se puede construir sobre una base de confianza y autenticidad. Queremos ser más transparentes y fiables”. La medida, que se hará efectiva a partir de septiembre, obliga a la plataforma a revisar perfiles de artistas cuyo nombre e imágenes “parezcan representar una identidad fotorrealista”. Eso sí, especifican que la medida se aplicará de acuerdo con la identidad pública del artista y no con la forma en la que se ha creado su música.
Savall se pregunta también por cuál ha de ser la transmisión de su legado discográfico. Quiere que, cuando falte, la gente pueda seguir escuchando su música y que su discografía tenga medios para seguir funcionando en un mundo en que la venta física representa un porcentaje menor. Y en marzo decidió que el dinero de su Nobel, el premio Ernst von Siemens de Música, fuera a este proyecto.
“Ha de ser una plataforma digital similar a Qobuz, con calidad máxima de sonido, que pueda acoger tanto a artistas independientes como a discográficas… nadie tendrá que pasar por una discográfica major –que también posee Spotify– y el ámbito será restringido a lo que entiende por clásica y que incluye el jazz y la tradicional. Sobre todo porque son músicas que no se rigen por las dinámicas de escucha de la música moderna: audiciones de dos minutos, vinculación entre artistas y para valorar económicamente el esfuerzo económico que suponen ese tipo de grabaciones y el poco retorno que tienen”.
Hasta ahora Spotify calcula las escuchas por un máximo de dos minutos y a partir de aquí ya no amplía la remuneración. La gran novedad de la plataforma de Savall es que remunerará por los minutos reales de escucha. Si uno escucha una pieza 30 minutos, la remuneración será por ese periodo. No es lo mismo grabar, producir y remasterizar una pieza de media hora que de minuto y medio.
El maestro ofrece una alternativa al modelo de Spotify, que no paga la escucha más allá de los dos minutos
Muchos artistas no están de acuerdo con la política de Spotify, pero no tienen la capacidad de irse. Es tan poderosa que puede permitirse que un artista tenga que registrar miles de escuchas para cobrar un céntimo. Rosalía y Beyoncé pueden estar en la cúspide y tener buenos retornos de Spotify, que también tiene Savall. Pero en esas estructuras, primero hay que tener un gran nombre. O la plataforma penaliza al artista.
“Ante esta evidencia, ha querido hacer una plataforma homologable a Qobuz, pagando mejor a los artistas y priorizando la calidad de la escucha, aunque sigue remunerando según la política de Spotify y no está especializada en un ámbito muy concreto en el que el oyente busca la calidad y el matiz”, apunta Sancliment.
En estos momentos Savall tiene cuatro técnicos trabajando en el desarrollo de la plataforma, tanto a nivel técnico como de estudio de mercado. En septiembre decidirá si el proyecto tira adelante o no, pues es millonario y él hace la primera inversión. Y en octubre tiene previsto darla a conocer. Todo depende de si es posible publicar con la calidad que propone y si realmente hay un nicho o no.
El músico prevé ir acompañado de otras figuras que sostengan el valor y apoyen el proyecto
“Yo creo que sí lo habrá, sobre todo si es impulsada por alguien como él”, sostiene el director del festival. Y no es una acción quijotesca de Savall luchando contra los molinos, sino que al lanzarla prevé ir acompañado de otras figuras musicales que sostengan el valor y apoyen el proyecto.
Los artistas podrán estar tanto en esta plataforma como en Spotify, con la diferencia de que la remuneración que reciban por las escuchas será muy distinta, y la calidad de reproducción también.
La idea es también apostar por el nicho que existe en todos esos ámbitos de la llamada clásica . Un nicho fiel en cuanto a escuchas.
Está por ver si sería de pago o acaso de taquilla inversa, cuyas aportaciones irían directamente a la discográfica y el músico. Un concepto innovador en que el artista confía en el público.
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