Les Musiciennes du Concert des Nations, la orquesta barroca que impulsó hace tres años Jordi Savall inspirándose en las agrupaciones musicales femeninas del siglo XVIII –sobre todo en el célebre Ospedale della Pietà para cuyas huérfanas componía Vivaldi–, se lució ayer en Santes Creus con un programa de barroco italiano en tiempos del cura rojo que incluyó arias, salmos y antífonas para voz solista, servidas por una Núria Rial en completo estado de gracia.
La orquesta barroca de mujeres fundada por Savall eleva el repertorio italiano con la voz celestial de Núria Rial
Les Musiciennes du Concert des Nations, la orquesta barroca que impulsó hace tres años Jordi Savall inspirándose en las agrupaciones musicales femeninas del siglo XVIII –sobre todo en el célebre Ospedale della Pietà para cuyas huérfanas componía Vivaldi–, se lució ayer en Santes Creus con un programa de barroco italiano en tiempos del cura rojo que incluyó arias, salmos y antífonas para voz solista, servidas por una Núria Rial en completo estado de gracia.
La cantante manresana, la más internacional de las sopranos catalanas especializadas en música antigua, dejó embobado al millar de asistentes con su voz luminosa y su ángel. A su descomunal programa, con Il pianto di Maria de Giovanni Battista Ferrandini, la antífona de Vivaldi, y su salmo Laudate pueri Domium –con un Laudate, pueri con el que rozó la gloria– , solo le hizo falta bisar con el aria de Cleopatra V’adoro pupille, de la ópera Giulio Cesare in Egitto de Händel. Allí llegó la hecatombe. El público no sabía si aplaudir más a rabiar todavía o retirarse en silencio, abandonado a las emociones a flor de piel.
Lina Tur fue baja por lesión: el violín solista lo asumieron Eli Bataller, Cati Reus, Maria Roca y Marguerite Wasserman
Está siendo un verano caliente en Santes Creus. En diversos sentidos. A la mayor escalada de grados en el termómetro se le ha sumado el desgraciado incendio que hace unas semanas tuvo lugar al otro lado de las montañas, en el mismo municipio de Aiguamúrcia. Un incidente que coincidió en el tiempo con la visita de la factoría Disney, que rodaba con gran despliegue de medios algunas escenas de Enredados , la película basada en el cuento de los hermanos Grimm sobre Rapunzel. Disney ocupaba el monasterio y la mismísima plaza barroca en la que anoche Jordi Savall subía al escenario por primera vez en esta edición de su festival que engloba a una serie de localidades del Alt Camp y la Conca de Barberà.
Esta sexta edición, que había comenzado el lunes en Montblanc, con una actuación del Euskal Barrokensemble –sobre la primera vuelta al mundo de Elcano– en el Santuari de la Serra, proseguía ayer con algunos cambios en el programa debido a un pequeño accidente que sufrió la concertino, Lina Tur , cuya lesión la obligó a cancelar. Aunque se espera que esté a punto para el concierto final del domingo, con el programa de Mendelssohn que Savall ofrecerá junto a Le Concert des Nations.
Así, la velada no arrancó ayer según lo previsto con el Concierto para violín núm. 4 de Albinoni. La ausencia de la concertino solista hizo driblar y ensayar con premura el Concierto en Re menor para dos violines de Vivaldi. Y sustituir también su exigente Grosso Mogul por su Concierto para cuatro violines. “Tenemos muy buenas violinistas en la orquesta”, aseguraba el propio Savall horas antes del concierto. Y, efectivamente, echó mano de Eli Bataller, Cati Reus, Maria Roca y Marguerite Wasserman, que llenaron de lirismo y quehacer virtuoso esta cita con la gran música.
El concierto que por suerte sí mantuvo Savall en el programa, junto con las piezas cantadas, fue el Concerto grosso de Geminiani, sobre La Follia de Arcangelo Corelli, el padre del violín virtuoso de aquella Venecia del siglo XVII y XVIII que aún hoy conmociona.
También actuó el violinista invidente Tcha Limberger, uno de los grandes virtuosos de nuestro tiempo, junto al Budapest Gipsy Ensemble
Por la tarde, en el monasterio, actuó el violinista invidente Tcha Limberger, uno de los grandes virtuosos de nuestro tiempo, junto al Budapest Gipsy Ensemble, que celebraban el 500.º aniversario de la llegada del pueblo gitano a la península Ibérica.
Ayudas públicas y taquilla cubren dos terceras partes del presupuesto de 650.000 euros que tiene este festival. El otro tercio es gracias al patrocinio de empresas: La Caixa, Banc Sabadell, Cellers Domenys, Saba…. Con esa cantidad se financian en esta edición 17 conciertos –que suponen mover 180 músicos de múltiples países–, cinco conferencias, actividades paralelas como encargos de obra nueva o la instalación sonora y artística de Marc Vilanova en Montblanc. Y todo con precios asequibles, “que aquí no estamos en la Costa Brava, el tejido y la población es otra, no se puede llegar con pretensiones barcelonesas”, recuerda el director del certamen, Martí Sancliment, quien avanza que este año La Caixa financia un documental que cuenta cómo impacta el festival en las gentes del pueblo y sus vínculos.
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