Incluso en España, que lleva más de 30 años como líder mundial en número de donantes por millón de habitantes, y donde el año pasado se hicieron casi 4.000 trasplantes de riñón, la escasez de órganos sigue siendo el factor limitante para unas cirugías vitales en muchas situaciones, y que mejorarían drásticamente la vida de los pacientes en los demás casos. Las enfermedades renales crónicas afectan a 800 millones de personas en el mundo. El carácter temporal del xenotrasplante que se ha aplicado en la intervención de Massachusetts se puede contemplar como un paso intermedio hacia el uso de riñones de cerdo con carácter definitivo.
El viejo sueño de los xenotrasplantes ha alcanzado al fin la madurez científica
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos
El viejo sueño de los xenotrasplantes ha alcanzado al fin la madurez científica
El audio de esta noticia utiliza una voz sintética generada por Inteligencia Artificial y podría tener algunas inconsistencias.


Incluso en España, que lleva más de 30 años como líder mundial en número de donantes por millón de habitantes, y donde el año pasado se hicieron casi 4.000 trasplantes de riñón, la escasez de órganos sigue siendo el factor limitante para unas cirugías vitales en muchas situaciones, y que mejorarían drásticamente la vida de los pacientes en los demás casos. Las enfermedades renales crónicas afectan a 800 millones de personas en el mundo. El carácter temporal del xenotrasplante que se ha aplicado en la intervención de Massachusetts se puede contemplar como un paso intermedio hacia el uso de riñones de cerdo con carácter definitivo.
Además de cerdos, los xenotrasplantes se han probado a lo largo del pasado siglo con ovejas, babuinos y chimpancés, con resultados insuficientes, por expresarlo con un eufemismo. Ha habido dos problemas principales. El primero es el rechazo inmunológico, un obstáculo ya bien conocido en los trasplantes de persona a persona, aunque muy agravado cuando se salta de una especie a otra. Dos humanos no pueden estar separados genéticamente por más de 100.000 años, pero el último antepasado común de humanos y cerdos vivió hace 70 millones de años, en la época en que un meteorito barrió a los dinosaurios de la faz de la Tierra. Desde su separación evolutiva, cada linaje ha acumulado una profusión de variaciones genéticas que reducen enormemente la compatibilidad entre sus órganos y tejidos.
Y el segundo problema son los virus, sobre todo los de una clase especial que residen integrados en el genoma de las dos especies. Se llaman retrovirus endógenos (ERV en sus siglas inglesas). Los humanos se llaman HERV (con la H de humano), y los del cerdo se llaman PERV (con la P de ‘pig’, cerdo en inglés). Los ERV son antiguos virus de vida libre, y se propagaron por los genomas de sus huéspedes mediante infecciones convencionales. Pero, como parte de su ciclo reproductivo, los retrovirus necesitan integrar su genoma en el de su anfitrión, de forma que la maquinaria de replicación de las células saque copias del agente infeccioso. Ese ADN viral se queda integrado ahí y se transmite como cualquier gen humano (o porcino), de padres a hijos.
Los PERV permanecen estables en el genoma del cerdo, al igual que los HERV en el genoma humano, pero en ciertas condiciones –y el xenotrasplante es una de ellas— pueden saltar y recuperar su carácter infeccioso ancestral, con resultados fatales para el paciente.
Ambos problemas han entrado en vías de solución con las nuevas técnicas de edición genómica como CRISPR, por las que Emmanuelle Charpentier y Jennifer Doudna recibieron el premio Nobel de Química en 2020. El genetista de Harvard George Church y la empresa estadounidense eGenesis han sido instrumentales en la aplicación de esas técnicas al campo de los xenotrasplantes, en dura competencia con la pujante ciencia china.
Los genetistas de eGenesis han creado, por edición genómica y clonación, una estirpe de cerdos con 69 cambios simultáneos en su genoma. Algunos evitan que el sistema inmune del paciente rechace masivamente el riñón porcino. Otros introducen en el genoma porcino una serie de genes humanos que controlan las defensas y la inflamación, lo que también ayuda a reducir el rechazo inmunológico. Y los demás cambios inutilizan todos los PERV conocidos, evitando así las infecciones derivadas de la reactivación atávica de estos antiguos virus.
Hay aún muchas cuestiones de detalle por resolver, y la carrera internacional está en ello, pero es justo decir que el viejo sueño de los xenotrasplantes ha alcanzado al fin la madurez científica. Ojalá llegue pronto a la práctica clínica. Y ojalá lo haga en unas condiciones decentes de acceso igualitario.
Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos
Archivado En
Sociedad en EL PAÍS
