Una de las consecuencias económicas más dolorosas de la trastornada aventura bélica de Donald Trump en Irán es el rebrinco de la inflación y el encarecimiento de la deuda. No hay lugar para la duda, desde que comenzaron los bombardeos, a finales de febrero pasado, el interés de los bonos ha subido en todo el mundo, como se ve en el gráfico de los títulos a 10 años que acompaña a este análisis.
Una de las consecuencias económicas más dolorosas de la trastornada aventura bélica de Donald Trump en Irán es el rebrinco de la inflación y el encarecimiento de la deuda. No hay lugar para la duda, desde que comenzaron los bombardeos, a finales de febrero pasado, el interés de los bonos ha subido en todo el mundo, como se ve en el gráfico de los títulos a 10 años que acompaña a este análisis.Seguir leyendo…
Una de las consecuencias económicas más dolorosas de la trastornada aventura bélica de Donald Trump en Irán es el rebrinco de la inflación y el encarecimiento de la deuda. No hay lugar para la duda, desde que comenzaron los bombardeos, a finales de febrero pasado, el interés de los bonos ha subido en todo el mundo, como se ve en el gráfico de los títulos a 10 años que acompaña a este análisis.
La paradoja de esta situación es que Trump podría ser, vía elecciones de medio mandato de noviembre, una de las principales víctimas políticas –las económicas son la mayoría de sus conciudadanos y el resto del mundo– del elevado coste de la vida y del desbocado aumento de los intereses de la deuda. Y aún está por ver si en el intento de adaptarse a este nuevo escenario, los mercados no acaban generando una nueva tormenta financiera. De momento, hay preocupación; aunque aún no se trata de alarma.
En ese clima, Jean Luc Mélenchon, el líder de la izquierda radical agrupada en La Francia Insumisa (LFI), ha agitado la precampaña electoral de las presidenciales de la próxima primavera proponiendo “prenderle fuego” a los títulos de la deuda de su país con el Banco de Francia y en consecuencia con el Banco Central Europeo (BCE). El argumento es que como deudor y acreedor son públicos, no tiene sentido su existencia ni tendría consecuencia su desaparición, que no afectaría a ningún operador privado. Una especie de magia, la deuda desaparece, se pagan menos intereses y se reduce la presión sobre las cuentas públicas, especialmente estresadas en el caso de Francia. El propio Mélenchon, amigo de la espectacularidad y las sacudidas , ha reconocido que su proclama incendiaria tenía intenciones provocativas más que prescriptivas.
La medida afectaría a unos 633.000 millones de euros, el 18% del total, según cálculos del equipo de Mélenchon y rebajaría su peso sobre el PIB desde el 117% al 96%. El Gobierno francés, contrario a la medida, aún va más lejos y eleva la deuda con el banco central hasta el 25% del total, con lo que esta descendería hasta el 88%. En el caso de España, equivale al 19%, en torno a 325.000 millones.
El político francés cuenta con la complicidad de un adinerado banquero de inversión
No es la primera vez que se pone sobre la mesa. En el 2020 otro posible candidato, en este caso de la izquierda socialista, Raphaël Glucksman, avanzó la propuesta de Mélenchon. El debate incluso llegó a España, unos meses después. El entonces vicepresidente del BCE y ex ministro de Economía, Luis de Guindos, la rechazó con contundencia: “Es ilegal según los tratados. Pero no es solo una cuestión legal. Es que no tiene ningún sentido económico o financiero”. Y tuvo una réplica significativa, la del entonces ministro de Inclusión y Seguridad Social, José Luis Escrivá, que ahora es, precisamente, gobernador del Banco de España. Más abierto al debate, afirmó pensar en “la palabra hipocresía al recordar que el 30% de la deuda pública del euro está en sus bancos centrales a pesar” de los tratados.
Ahora, en Francia y a caballo de la elevada deuda del país y el ascenso de los tipos, la propuesta ha ganado tracción y la mayoría de los candidatos se han visto obligados a explicar qué piensan. Mélenchon cuenta con el apoyo de un inopinado aliado político, un banquero de negocios especializado en reestructuraciones de deuda de estados –tenía previsto negociar la externa de Venezuela antes del secuestro de Nicolás Maduro– que le aporta argumentos técnicos y políticos. Se trata de Matthieu Pigasse, atípico ejemplar de acaudalado hombre de negocios que defiende políticas de izquierda radical.
Su perfil mezcla al cínico banquero anarquista de Pessoa con el generoso burgués Friedrich Engels, el solidario compañero adinerado de Karl Marx. Animado por Mélenchon, Pigasse ha construido su grupo mediático de izquierdas, Combat, que incluye Radio Nova y la revista Les Inrockuptibles. El banquero se estrenó en el negocio de los medios, hace años, con la toma de control de Le Monde junto con Xavier Niel, también multimillonario y pareja de la hija mayor de Bernard Arnault, amo del lujo y uno de los hombres más ricos del mundo. Ella, Delphine, es la primera ejecutiva de Christian Dior.
Al efecto del objetivo de Mélenchon, aliviar el presupuesto público por la vía de reducir los intereses de la deuda, el impacto de la cancelación o condonación es irrelevante. Si el Estado francés deja de abonarlos al Banco de Francia, el depositario, a su vez, ya no los aportará de vuelta, vía dividendo, al Tesoro francés. Lo comido por lo servido. La fotografía de las cuentas públicas aparecería más lucida, es cierto, pero la realidad, en esencia, sería la misma. Por otra parte, en realidad el Banco de Francia lleva un lustro sin repartir dividendos, pues paga más a la banca por las reservas que esta mantiene en sus cuentas que dividendos recibe por la deuda del Estado; es decir, registra pérdidas. Pero ese es otro melón.
Mélenchon propone “prenderle fuego” a la deuda del Estado con el BCE: al menos 633.000 millones
Quienes se oponen a la medida argumentan que provocaría tal desconfianza en el mercado y entre los inversores, temerosos de que también les acabara afectando y que habría una gran crisis financiera. Además de que los tratados y reglamentaciones de la Unión Europea y Monetaria no lo permiten. Aunque, obviamente, estas son susceptibles de cambio. Según el premio Nobel Jean Tirole, llevaría a Francia fuera del euro.
Pigasse, el compañero de viaje de Mélenchon, ha avanzado un matiz: “Se puede transformar en deuda perpetua a tasa cero o muy baja, es decir, el capital nunca se reembolsa y permanece en el balance del banco central”. Aunque eso no resuelve la pérdida de valor de esa deuda, que se comería el capital del banco central, el de Francia y el del BCE, y tendría dificultades para preservar el valor del euro, contrarreplican los críticos, por lo que debería recapitalizarse. Aunque hay economistas que defienden que eso no sería necesario, pues el BCE crea el dinero de la nada. En el primer caso, el Tesoro de Francia debería poner dinero, nueva deuda para reponer el capital. Pero en el BCE sus accionistas no tienen todos el mismo porcentaje. ¡El primero es Alemania! En el segundo, en teoría, simplemente no pasaría nada. En fin, un debate complejo, aunque se antoja muy difícil resolver los grandes problemas de un país con el simple recurso a una idea o solución mágica.
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