En el clásico enigma de las dos puertas, una está custodiada por un guardián que siempre dice la verdad y la otra por uno que siempre miente. Antes de elegir puedes hacer una sola pregunta a un solo guardián. Este dilema de la doble columna es más sencillo. ¿Cuál de estas columnas la ha escrito Màrius Serra y cuál una IA que imita el estilo de Màrius Serra?
En el clásico enigma de las dos puertas, una está custodiada por un guardián que siempre dice la verdad y la otra por uno que siempre miente. Antes de elegir puedes hacer una sola pregunta a un solo guardián. Este dilema de la doble columna es más sencillo. ¿Cuál de estas columnas la ha escrito Màrius Serra y cuál una IA que imita el estilo de Màrius Serra?Seguir leyendo…
En el clásico enigma de las dos puertas, una está custodiada por un guardián que siempre dice la verdad y la otra por uno que siempre miente. Antes de elegir puedes hacer una sola pregunta a un solo guardián. Este dilema de la doble columna es más sencillo. ¿Cuál de estas columnas la ha escrito Màrius Serra y cuál una IA que imita el estilo de Màrius Serra?
Texto 1
El alma no existe hasta que se mueve. Una hoja en blanco es un gólem muerto y una garabateada no cobra vida hasta que alguien la lee. La IA es una lectora insaciable. Come textos que son materia prima y los procesa a una velocidad inimaginable. Por eso la IA solo redacta textos ultraprocesados. Lo que hace no es escribir, sino redactar. Se documenta a la velocidad de la luz y lo sintetiza con la destreza de Alan Parsons. Parte de todo lo que ha deglutido, disuelto en toneladas de agua, y lo reproduce con muchas citas, recursos técnicos y marcas estilísticas. Pero ni escribe ni crea, redacta y recrea. Necesita que un montón de almas en pena hayan creado antes.
Cuando la IA Pangram analiza un texto literario para saber si fue escrito por una IA, emula al doctor Duncan MacDougall, que en 1901 registró la pérdida repentina de 21 gramos en el cuerpo de un hombre justo en el instante de morir e interpretó que ese era el peso del alma. El porcentaje de IA que arroja Pangram es el cuerpo muerto y el resto, los gramos de alma perdida. Lo único que la IA no puede copiarnos es el alma, inexistente si no se mueve. ¿Y por qué tendría que moverse? ¿De dónde surgen las artes, la poesía, la música, la literatura? Esa alma inexistente solo aparece cuando tenemos miedo a la muerte y nos aferramos desesperadamente a la vida, a la creación, a la escritura que garabatea las hojas en blanco desde la máxima subjetividad. Hasta que la IA no tenga miedo a morir no podrá suplantar la creación y se verá limitada a copiar lo que hemos escrito, redactándolo de un modo cada vez más sofisticado.
Texto 2
Un médico norteamericano pesó a moribundos para averiguar cuánto pesaba el alma. Le salieron 21 gramos. No sabemos si descontó el peso de la conciencia, pero el resultado hizo fortuna. Ahora que las máquinas escriben novelas, tal vez haya que poner los libros en la balanza. ¿Cuánto pesa una metáfora? ¿Y un personaje de peso?
La inteligencia artificial ya es capaz de hilvanar trescientas páginas sin perder el hilo. Incluso puede perderlo a propósito, como hacen algunos novelistas de prestigio. Sabe fabricar suspense, administrar adjetivos y matar al mayordomo en el capítulo trece. Si el lector llora, ¿quién derramó la lágrima? La máquina, seguro que no. Pero tampoco llora el papel.
Dicen que la literatura es una cuestión de voz. La IA tiene miles, todas prestadas. Puede escribir como un clásico, como un debutante o como un clásico que debuta. El problema no es que no tenga nada que decir, sino que puede decirlo todo sin haber vivido nada. Nunca llega tarde a un funeral ni espera una llamada que no llega. Eso sí: sabe describir ambas cosas con mucha precisión.
¿Y si no distinguimos una novela humana de una artificial? Tal vez la prueba no examine a la máquina, sino a nosotros. ¿Leemos palabras o personas? ¿Buscamos emociones o testimonios? ¿Puede un libro tener alma sin que el autor se la haya puesto? La respuesta no es de laboratorio. Es de lectura.
Al fin y al cabo, la IA puede escribir una historia con alma. La pregunta es de quién será. ¿Del programa? ¿De quien le dio las órdenes? ¿O del lector, que pone los veintiún gramos que faltaban?
Solución
El texto escrito por Màrius Serra es el primero, que empieza por ‘El alma no existe hasta que se mueve’. Para el segundo texto, Serra pidió a ChatGPT que le escribiera un artículo de opinión de 1.581 caracteres con espacios y con su estilo sobre si la IA podía escribir obras completas con alma sin que los lectores noten que están hechas con IA.
Cultura
