De Picasso a Yoko Ono, pasando por Salvador Dalí, Georges Braque, Joan Miró, Wassily Kandinsky, Andy Warhol, Keith Haring, Francis Bacon, Lucian Freud, David Hockney o Anish Kapoor, los grandes nombres del mundo del arte han sucumbido a la tentación de diseñar etiquetas para botellas de vino. Algunas son tan apreciadas que hay bebedores que incluso se las tatúan. El romance entre el arte y el buen vino es confiable y funciona, acaso porque detrás de cada bodega existe la voluntad de que su vino sea una obra de arte.
De Picasso a Yoko Ono, pasando por Salvador Dalí, Georges Braque, Joan Miró, Wassily Kandinsky, Andy Warhol, Keith Haring, Francis Bacon, Lucian Freud, David Hockney o Anish Kapoor, los grandes nombres del mundo del arte han sucumbido a la tentación de diseñar etiquetas para botellas de vino. Algunas son tan apreciadas que hay bebedores que incluso se las tatúan. El romance entre el arte y el buen vino es confiable y funciona, acaso porque detrás de cada bodega existe la voluntad de que su vino sea una obra de arte.Seguir leyendo…
De Picasso a Yoko Ono, pasando por Salvador Dalí, Georges Braque, Joan Miró, Wassily Kandinsky, Andy Warhol, Keith Haring, Francis Bacon, Lucian Freud, David Hockney o Anish Kapoor, los grandes nombres del mundo del arte han sucumbido a la tentación de diseñar etiquetas para botellas de vino. Algunas son tan apreciadas que hay bebedores que incluso se las tatúan. El romance entre el arte y el buen vino es confiable y funciona, acaso porque detrás de cada bodega existe la voluntad de que su vino sea una obra de arte.

De esa alianza no solo saben, sino que llevan años fomentándola, Quim Vila y Siscu Martí, los responsables de Vila Viniteca, tienda nacida en el Born en 1932 y distribuidora top con más de 11.000 referencias de todo el mundo, que han acabado formando su propia colección con las obras que, año tras año, encargan para ilustrar el catálogo de productos de la casa. A la lista en la que figuran nombres como Perico Pastor –el encargado de inaugurarla–, Javier Mariscal, Frederic Amat, Eduardo Arroyo, Luis Gordillo, Milo Manara, Moebius, Antonio López, Juan Genovés, Perejaume, Jaume Plensa o Miquel Barceló, se suma ahora la pintora Marria Pratts (Barcelona, 1988), una de las figuras más rompedoras y singulares del momento.
La joven pintora catalana ilustra la nueva portada del catálogo de Vila Viniteca
Quim Vila la descubrió hace tres años en el stand de la Galería Mayoral en la feria Arco, donde Pratts exponía dos grandes formatos sobre su reciente maternidad. Se interesó por ellas, pero alguien se le había adelantado, y entonces quiso conocer a la artista, de la que ahora es además amigo, como Sergi Caballero, uno de los creadores del Sónar, artista, músico, viticultor, cineasta y coleccionista, el hombre que le compró a Marria Pratts su primera obra.
“Nunca hago cosas por encargo, pero cuando conocí a Quim me gustó mucho su manera de trabajar desde un lugar más visceral y radical con el que me identifico. Detrás del negocio de la vinoteca hay algo muy poético que me interesa mucho”, señala la artista, que asumió el reto con la misma libertad con la que cada día se enfrenta al lienzo. Trabajaba para una exposición en París titulada Papallona y comenzó pintando una mariposa pero, una vez acabada, giró el sentido de la tela y el insecto se transformó en una suerte de Menina multicolor.

Vila, que comparte con ella su capacidad de enamorarse de las cosas y adentrarse en pensamiento más oníricos, diseñó en su honor una comida regada con vinos y champanes hechos por mujeres, como un Paul Jaboulet Aîne Hermitage La Chapelle 1988 (año que nació Marria) y una sorpresa que nadie vio venir: un Madeira Verdelho de 1878, un siglo antes de que naciera (no encontró del 88) digno de museo.
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