Poner fin a las vacaciones y regresar a la rutina, sobre todo la laboral, suele generar ansiedad en gran parte de la población. El denominado síndrome posvacacional afecta, según datos recogidos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc) hasta al 40% de los trabajadores en España. Según explica a ABC María Jesús Andrés , psicóloga de Psicomaster , puede considerarse habitual porque después de un periodo de vacaciones se produce un cambio bastante brusco: pasamos de disponer de mucho tiempo libre, menos obligaciones y unos horarios más flexibles a recuperar responsabilidades, rutinas y exigencias. Según esta psicóloga, ese contraste puede generar cierta resistencia o sensación de agobio incluso en personas satisfechas con su trabajo. Entre los motivos más frecuentes están la acumulación de tareas pendientes, la anticipación de una carga de trabajo elevada, el cambio de horarios, la pérdida de tiempo para uno mismo o la sensación de volver de golpe a las obligaciones. También influye mucho, dice, cómo anticipamos ese regreso : pensar varios días antes que ‘se acabó lo bueno’ o imaginar todo lo que nos espera puede hacer que la ansiedad aparezca antes de incorporarnos. Andrés apunta que la edad del empleado no determina que la vuelta resulte más o menos fácil, pero reconoce que con los años y la experiencia laboral se adquieren más recursos para saber anticiparse y relativizar ese malestar. Sin embargo, en esta vuelta también intervienen muchos otros factores: el momento vital en el que nos encontramos, las responsabilidades familiares, el nivel de exigencia del puesto, la situación laboral o el grado de desgaste acumulado. «Una persona con muchos años de experiencia laboral puede afrontar perfectamente la vuelta si se encuentra bien en su empleo, mientras que otra puede vivirla con mucha dificultad si lleva meses sometida a estrés. En la misma línea se manifiesta el empresario y consultor Cipri Quintas, experto en Inteligencia Relacional , al reconocer que no cuesta tanto volver al trabajo, «cuesta retomar las relaciones que dejamos sin resolver antes de irnos: la tensión con un jefe, la conversación pendiente con un compañero o cliente, el email que se quedó sin responder. Eso pesa mucho más », afirma.Por ello, desde su perspectiva, la vuelta de vacaciones requiere revisar cómo quedaron las relaciones profesionales antes de desconectar y qué conversaciones pueden estar generando, incluso durante las vacaciones, una resistencia inconsciente al regreso . Asegura que la clave está en identificar qué parte de esa cuesta de septiembre tiene realmente que ver con el trabajo y qué parte tiene que ver con determinadas relaciones, «porque no es lo mismo no querer volver a la oficina que no querer enfrentarse a una conversación concreta, a un conflicto pendiente o a una relación que se dejó en una situación incómoda antes de las vacaciones».«Muchas veces confundimos el cansancio de volver con el rechazo a una situación concreta que nos espera» Cipri Quintás experto en Inteligencia Relacional Para Quintas, la cuesta de septiembre empieza en agosto, momento adecuado para hacer la revisión. La propuesta no consiste en resolver todas las conversaciones antes de reincorporarse ni en convertir las vacaciones en una sesión de planificación laboral. «Se trata, simplemente, de llegar a septiembre sabiendo qué conversaciones existen, cuáles son prioritarias y cómo queremos abordarlas».Agradecer la vuelta a la rutinaMaría Jesús Andrés puntualiza que también hay personas que están deseando retomar la vida laboral porque el trabajo no les supone únicamente una fuente de obligaciones, sino que les aporta estructura, sensación de propósito, contacto social, retos intelectuales y una percepción de eficacia personal. «Hay quienes disfrutan de su profesión y encuentran satisfacción en recuperar proyectos, compañeros o actividades que les resultan estimulantes». Además, no todo el mundo vive bien la falta de rutina. Después de varias semanas con horarios más desordenados o menos objetivos diarios, algunas personas agradecen recuperar una cierta organización. Incluso puede existir una sensación de energía renovada después de haber descansado. «Desear volver al trabajo no significa haber disfrutado menos en las vacaciones» María Jesús AndrésDesear volver al trabajo, dice, no significa haber disfrutado menos de las vacaciones, simplemente refleja que existe un equilibrio saludable entre ambas parcelas. «Es decir, se puede disfrutar del descanso y, al mismo tiempo, sentir ilusión por recuperar una actividad profesional que también forma parte de nuestra vida».Para los más remolones a la hora de volver a la oficina, esta psicóloga da algunos consejos útiles: -Recuperar los horarios antes de volver: adelantar poco a poco la hora de dormir y de levantarse durante los últimos días de vacaciones para ayudar al cuerpo a adaptarse. Evitar un cambio brusco reduce el cansancio y la sensación de descontrol del primer día.-No intentar resolverlo todo de golpe: al regresar es habitual encontrarse con correos, asuntos pendientes, nuevas tareas… Conviene revisar prioridades, distinguir lo urgente de lo importante y asumir que ponerse al día requiere varios días.-Comenzar con objetivos alcanzables: fijarse metas concretas y realistas permite recuperar la sensación de eficacia. Es preferible avanzar con pequeñas tareas bien definidas que elaborar una lista interminable que aumente la presión.-Reservar un momento para organizarse: dedicar unos minutos a ordenar el espacio de trabajo, revisar la agenda y planificar la semana aporta claridad mental. Una estructura sencilla ayuda a reducir la incertidumbre y mejora la concentración.-Conserva algo agradable de las vacaciones: la vuelta no tiene por qué implicar renunciar de golpe al ocio. Mantener un paseo, una comida tranquila, una actividad deportiva o un plan entre semana favorece el equilibrio y evita que toda la jornada gire en torno al trabajo.-Cuidar el diálogo interno: pensamientos como «no voy a poder con todo» o «se acabó lo bueno» pueden intensificar el malestar. Sustituirlos por mensajes más ajustados —«necesito unos días para adaptarme»— ayuda a vivir el regreso con menos exigencia.-Retomar los hábitos básicos de autocuidado: dormir lo suficiente, comer con regularidad, moverse y limitar el exceso de cafeína son medidas sencillas que influyen directamente en el estado de ánimo, la energía y la capacidad para afrontar el estrés.-Hacer pausas conscientes durante la jornada: parar unos minutos, respirar con calma o alejarse de la pantalla facilita la recuperación de la atención y disminuir la tensión acumulada. Descansar no significa rendir menos, sino sostener mejor el esfuerzo.-Apoyarse en los compañeros: compartir cómo se vive la vuelta puede normalizar las emociones y generar cercanía. Recuperar el contacto social en el entorno laboral también ayuda a que la transición resulte menos fría y más llevadera.-Observar cuánto dura el malestar: es normal sentir cierta desgana durante los primeros días. Sin embargo, si la ansiedad, el insomnio, la tristeza o la irritabilidad se mantienen, empeoran o interfieren de forma clara en la vida diaria, puede ser recomendable consultar con un profesional de la psicología.Por su parte, Cipri Quintás propone cinco acciones sencillas para preparar la vuelta desde una perspectiva relacional:-Hacer una lista de conversaciones pendientes: antes de volver, identificar brevemente aquellas conversaciones con jefes, compañeros, clientes o colaboradores que quedaron pendientes antes del verano.-Decidir cuál merece prioridad: no todo tiene que resolverse el primer día. Elegir qué conversación conviene abordar al regresar y cuáles pueden esperar permite reducir la sensación de tener que enfrentarse a todo de golpe.-Diferenciar la pereza del trabajo de la pereza de una relación: a veces no es el trabajo lo que genera rechazo, sino la perspectiva de volver a encontrarse con una persona, un conflicto o una situación concreta.-Empezar por las personas antes que por la bandeja de entrada: un mensaje, un café o una conversación breve pueden ser una forma más amable de recuperar el contacto que comenzar directamente el primer día revisando cientos de correos.MÁS INFORMACIÓN noticia Si ‘No me da la vida’: cómo gestionar el tiempo en el trabajo (y en casa) para no vivir bajo esta sensación noticia No Tori Dunlap: «Un trabajo tóxico te hace sentir ansiosa y sin poder» noticia No Tres meditaciones guiadas en audio para disfrutar a solas y aprender a quererse más-Dar tiempo a la readaptación relacional: del mismo modo que el cuerpo necesita unos días para recuperar los horarios y el ritmo de sueño, las relaciones también requieren tiempo para volver a funcionar con normalidad. No es necesario resolverlo todo en 24 horas. Poner fin a las vacaciones y regresar a la rutina, sobre todo la laboral, suele generar ansiedad en gran parte de la población. El denominado síndrome posvacacional afecta, según datos recogidos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc) hasta al 40% de los trabajadores en España. Según explica a ABC María Jesús Andrés , psicóloga de Psicomaster , puede considerarse habitual porque después de un periodo de vacaciones se produce un cambio bastante brusco: pasamos de disponer de mucho tiempo libre, menos obligaciones y unos horarios más flexibles a recuperar responsabilidades, rutinas y exigencias. Según esta psicóloga, ese contraste puede generar cierta resistencia o sensación de agobio incluso en personas satisfechas con su trabajo. Entre los motivos más frecuentes están la acumulación de tareas pendientes, la anticipación de una carga de trabajo elevada, el cambio de horarios, la pérdida de tiempo para uno mismo o la sensación de volver de golpe a las obligaciones. También influye mucho, dice, cómo anticipamos ese regreso : pensar varios días antes que ‘se acabó lo bueno’ o imaginar todo lo que nos espera puede hacer que la ansiedad aparezca antes de incorporarnos. Andrés apunta que la edad del empleado no determina que la vuelta resulte más o menos fácil, pero reconoce que con los años y la experiencia laboral se adquieren más recursos para saber anticiparse y relativizar ese malestar. Sin embargo, en esta vuelta también intervienen muchos otros factores: el momento vital en el que nos encontramos, las responsabilidades familiares, el nivel de exigencia del puesto, la situación laboral o el grado de desgaste acumulado. «Una persona con muchos años de experiencia laboral puede afrontar perfectamente la vuelta si se encuentra bien en su empleo, mientras que otra puede vivirla con mucha dificultad si lleva meses sometida a estrés. En la misma línea se manifiesta el empresario y consultor Cipri Quintas, experto en Inteligencia Relacional , al reconocer que no cuesta tanto volver al trabajo, «cuesta retomar las relaciones que dejamos sin resolver antes de irnos: la tensión con un jefe, la conversación pendiente con un compañero o cliente, el email que se quedó sin responder. Eso pesa mucho más », afirma.Por ello, desde su perspectiva, la vuelta de vacaciones requiere revisar cómo quedaron las relaciones profesionales antes de desconectar y qué conversaciones pueden estar generando, incluso durante las vacaciones, una resistencia inconsciente al regreso . Asegura que la clave está en identificar qué parte de esa cuesta de septiembre tiene realmente que ver con el trabajo y qué parte tiene que ver con determinadas relaciones, «porque no es lo mismo no querer volver a la oficina que no querer enfrentarse a una conversación concreta, a un conflicto pendiente o a una relación que se dejó en una situación incómoda antes de las vacaciones».«Muchas veces confundimos el cansancio de volver con el rechazo a una situación concreta que nos espera» Cipri Quintás experto en Inteligencia Relacional Para Quintas, la cuesta de septiembre empieza en agosto, momento adecuado para hacer la revisión. La propuesta no consiste en resolver todas las conversaciones antes de reincorporarse ni en convertir las vacaciones en una sesión de planificación laboral. «Se trata, simplemente, de llegar a septiembre sabiendo qué conversaciones existen, cuáles son prioritarias y cómo queremos abordarlas».Agradecer la vuelta a la rutinaMaría Jesús Andrés puntualiza que también hay personas que están deseando retomar la vida laboral porque el trabajo no les supone únicamente una fuente de obligaciones, sino que les aporta estructura, sensación de propósito, contacto social, retos intelectuales y una percepción de eficacia personal. «Hay quienes disfrutan de su profesión y encuentran satisfacción en recuperar proyectos, compañeros o actividades que les resultan estimulantes». Además, no todo el mundo vive bien la falta de rutina. Después de varias semanas con horarios más desordenados o menos objetivos diarios, algunas personas agradecen recuperar una cierta organización. Incluso puede existir una sensación de energía renovada después de haber descansado. «Desear volver al trabajo no significa haber disfrutado menos en las vacaciones» María Jesús AndrésDesear volver al trabajo, dice, no significa haber disfrutado menos de las vacaciones, simplemente refleja que existe un equilibrio saludable entre ambas parcelas. «Es decir, se puede disfrutar del descanso y, al mismo tiempo, sentir ilusión por recuperar una actividad profesional que también forma parte de nuestra vida».Para los más remolones a la hora de volver a la oficina, esta psicóloga da algunos consejos útiles: -Recuperar los horarios antes de volver: adelantar poco a poco la hora de dormir y de levantarse durante los últimos días de vacaciones para ayudar al cuerpo a adaptarse. Evitar un cambio brusco reduce el cansancio y la sensación de descontrol del primer día.-No intentar resolverlo todo de golpe: al regresar es habitual encontrarse con correos, asuntos pendientes, nuevas tareas… Conviene revisar prioridades, distinguir lo urgente de lo importante y asumir que ponerse al día requiere varios días.-Comenzar con objetivos alcanzables: fijarse metas concretas y realistas permite recuperar la sensación de eficacia. Es preferible avanzar con pequeñas tareas bien definidas que elaborar una lista interminable que aumente la presión.-Reservar un momento para organizarse: dedicar unos minutos a ordenar el espacio de trabajo, revisar la agenda y planificar la semana aporta claridad mental. Una estructura sencilla ayuda a reducir la incertidumbre y mejora la concentración.-Conserva algo agradable de las vacaciones: la vuelta no tiene por qué implicar renunciar de golpe al ocio. Mantener un paseo, una comida tranquila, una actividad deportiva o un plan entre semana favorece el equilibrio y evita que toda la jornada gire en torno al trabajo.-Cuidar el diálogo interno: pensamientos como «no voy a poder con todo» o «se acabó lo bueno» pueden intensificar el malestar. Sustituirlos por mensajes más ajustados —«necesito unos días para adaptarme»— ayuda a vivir el regreso con menos exigencia.-Retomar los hábitos básicos de autocuidado: dormir lo suficiente, comer con regularidad, moverse y limitar el exceso de cafeína son medidas sencillas que influyen directamente en el estado de ánimo, la energía y la capacidad para afrontar el estrés.-Hacer pausas conscientes durante la jornada: parar unos minutos, respirar con calma o alejarse de la pantalla facilita la recuperación de la atención y disminuir la tensión acumulada. Descansar no significa rendir menos, sino sostener mejor el esfuerzo.-Apoyarse en los compañeros: compartir cómo se vive la vuelta puede normalizar las emociones y generar cercanía. Recuperar el contacto social en el entorno laboral también ayuda a que la transición resulte menos fría y más llevadera.-Observar cuánto dura el malestar: es normal sentir cierta desgana durante los primeros días. Sin embargo, si la ansiedad, el insomnio, la tristeza o la irritabilidad se mantienen, empeoran o interfieren de forma clara en la vida diaria, puede ser recomendable consultar con un profesional de la psicología.Por su parte, Cipri Quintás propone cinco acciones sencillas para preparar la vuelta desde una perspectiva relacional:-Hacer una lista de conversaciones pendientes: antes de volver, identificar brevemente aquellas conversaciones con jefes, compañeros, clientes o colaboradores que quedaron pendientes antes del verano.-Decidir cuál merece prioridad: no todo tiene que resolverse el primer día. Elegir qué conversación conviene abordar al regresar y cuáles pueden esperar permite reducir la sensación de tener que enfrentarse a todo de golpe.-Diferenciar la pereza del trabajo de la pereza de una relación: a veces no es el trabajo lo que genera rechazo, sino la perspectiva de volver a encontrarse con una persona, un conflicto o una situación concreta.-Empezar por las personas antes que por la bandeja de entrada: un mensaje, un café o una conversación breve pueden ser una forma más amable de recuperar el contacto que comenzar directamente el primer día revisando cientos de correos.MÁS INFORMACIÓN noticia Si ‘No me da la vida’: cómo gestionar el tiempo en el trabajo (y en casa) para no vivir bajo esta sensación noticia No Tori Dunlap: «Un trabajo tóxico te hace sentir ansiosa y sin poder» noticia No Tres meditaciones guiadas en audio para disfrutar a solas y aprender a quererse más-Dar tiempo a la readaptación relacional: del mismo modo que el cuerpo necesita unos días para recuperar los horarios y el ritmo de sueño, las relaciones también requieren tiempo para volver a funcionar con normalidad. No es necesario resolverlo todo en 24 horas.
Poner fin a las vacaciones y regresar a la rutina, sobre todo la laboral, suele generar ansiedad en gran parte de la población. El denominado síndrome posvacacional afecta, según datos recogidos de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (Semfyc) hasta al 40% … de los trabajadores en España. Según explica a ABC María Jesús Andrés, psicóloga de Psicomaster, puede considerarse habitual porque después de un periodo de vacaciones se produce un cambio bastante brusco: pasamos de disponer de mucho tiempo libre, menos obligaciones y unos horarios más flexibles a recuperar responsabilidades, rutinas y exigencias.
Según esta psicóloga, ese contraste puede generar cierta resistencia o sensación de agobio incluso en personas satisfechas con su trabajo. Entre los motivos más frecuentes están la acumulación de tareas pendientes, la anticipación de una carga de trabajo elevada, el cambio de horarios, la pérdida de tiempo para uno mismo o la sensación de volver de golpe a las obligaciones. También influye mucho, dice, cómo anticipamos ese regreso: pensar varios días antes que ‘se acabó lo bueno’ o imaginar todo lo que nos espera puede hacer que la ansiedad aparezca antes de incorporarnos.
Andrés apunta que la edad del empleado no determina que la vuelta resulte más o menos fácil, pero reconoce que con los años y la experiencia laboral se adquieren más recursos para saber anticiparse y relativizar ese malestar.
Sin embargo, en esta vuelta también intervienen muchos otros factores: el momento vital en el que nos encontramos, las responsabilidades familiares, el nivel de exigencia del puesto, la situación laboral o el grado de desgaste acumulado. «Una persona con muchos años de experiencia laboral puede afrontar perfectamente la vuelta si se encuentra bien en su empleo, mientras que otra puede vivirla con mucha dificultad si lleva meses sometida a estrés.
En la misma línea se manifiesta el empresario y consultor Cipri Quintas, experto en Inteligencia Relacional, al reconocer que no cuesta tanto volver al trabajo, «cuesta retomar las relaciones que dejamos sin resolver antes de irnos: la tensión con un jefe, la conversación pendiente con un compañero o cliente, el email que se quedó sin responder. Eso pesa mucho más», afirma.
Por ello, desde su perspectiva, la vuelta de vacaciones requiere revisar cómo quedaron las relaciones profesionales antes de desconectar y qué conversaciones pueden estar generando, incluso durante las vacaciones, una resistencia inconsciente al regreso. Asegura que la clave está en identificar qué parte de esa cuesta de septiembre tiene realmente que ver con el trabajo y qué parte tiene que ver con determinadas relaciones, «porque no es lo mismo no querer volver a la oficina que no querer enfrentarse a una conversación concreta, a un conflicto pendiente o a una relación que se dejó en una situación incómoda antes de las vacaciones».
«Muchas veces confundimos el cansancio de volver con el rechazo a una situación concreta que nos espera»
Cipri Quintás
experto en Inteligencia Relacional
Para Quintas, la cuesta de septiembre empieza en agosto, momento adecuado para hacer la revisión. La propuesta no consiste en resolver todas las conversaciones antes de reincorporarse ni en convertir las vacaciones en una sesión de planificación laboral. «Se trata, simplemente, de llegar a septiembre sabiendo qué conversaciones existen, cuáles son prioritarias y cómo queremos abordarlas».
Agradecer la vuelta a la rutina
María Jesús Andrés puntualiza que también hay personas que están deseando retomar la vida laboral porque el trabajo no les supone únicamente una fuente de obligaciones, sino que les aporta estructura, sensación de propósito, contacto social, retos intelectuales y una percepción de eficacia personal. «Hay quienes disfrutan de su profesión y encuentran satisfacción en recuperar proyectos, compañeros o actividades que les resultan estimulantes». Además, no todo el mundo vive bien la falta de rutina. Después de varias semanas con horarios más desordenados o menos objetivos diarios, algunas personas agradecen recuperar una cierta organización. Incluso puede existir una sensación de energía renovada después de haber descansado.
«Desear volver al trabajo no significa haber disfrutado menos en las vacaciones»
María Jesús Andrés
Desear volver al trabajo, dice, no significa haber disfrutado menos de las vacaciones, simplemente refleja que existe un equilibrio saludable entre ambas parcelas. «Es decir, se puede disfrutar del descanso y, al mismo tiempo, sentir ilusión por recuperar una actividad profesional que también forma parte de nuestra vida».
Para los más remolones a la hora de volver a la oficina, esta psicóloga da algunos consejos útiles:
-Recuperar los horarios antes de volver: adelantar poco a poco la hora de dormir y de levantarse durante los últimos días de vacaciones para ayudar al cuerpo a adaptarse. Evitar un cambio brusco reduce el cansancio y la sensación de descontrol del primer día.
-No intentar resolverlo todo de golpe: al regresar es habitual encontrarse con correos, asuntos pendientes, nuevas tareas… Conviene revisar prioridades, distinguir lo urgente de lo importante y asumir que ponerse al día requiere varios días.
-Comenzar con objetivos alcanzables: fijarse metas concretas y realistas permite recuperar la sensación de eficacia. Es preferible avanzar con pequeñas tareas bien definidas que elaborar una lista interminable que aumente la presión.
-Reservar un momento para organizarse: dedicar unos minutos a ordenar el espacio de trabajo, revisar la agenda y planificar la semana aporta claridad mental. Una estructura sencilla ayuda a reducir la incertidumbre y mejora la concentración.
-Conserva algo agradable de las vacaciones: la vuelta no tiene por qué implicar renunciar de golpe al ocio. Mantener un paseo, una comida tranquila, una actividad deportiva o un plan entre semana favorece el equilibrio y evita que toda la jornada gire en torno al trabajo.
-Cuidar el diálogo interno: pensamientos como «no voy a poder con todo» o «se acabó lo bueno» pueden intensificar el malestar. Sustituirlos por mensajes más ajustados —«necesito unos días para adaptarme»— ayuda a vivir el regreso con menos exigencia.
-Retomar los hábitos básicos de autocuidado: dormir lo suficiente, comer con regularidad, moverse y limitar el exceso de cafeína son medidas sencillas que influyen directamente en el estado de ánimo, la energía y la capacidad para afrontar el estrés.
-Hacer pausas conscientes durante la jornada: parar unos minutos, respirar con calma o alejarse de la pantalla facilita la recuperación de la atención y disminuir la tensión acumulada. Descansar no significa rendir menos, sino sostener mejor el esfuerzo.
-Apoyarse en los compañeros: compartir cómo se vive la vuelta puede normalizar las emociones y generar cercanía. Recuperar el contacto social en el entorno laboral también ayuda a que la transición resulte menos fría y más llevadera.
-Observar cuánto dura el malestar: es normal sentir cierta desgana durante los primeros días. Sin embargo, si la ansiedad, el insomnio, la tristeza o la irritabilidad se mantienen, empeoran o interfieren de forma clara en la vida diaria, puede ser recomendable consultar con un profesional de la psicología.
Por su parte, Cipri Quintás propone cinco acciones sencillas para preparar la vuelta desde una perspectiva relacional:
-Hacer una lista de conversaciones pendientes: antes de volver, identificar brevemente aquellas conversaciones con jefes, compañeros, clientes o colaboradores que quedaron pendientes antes del verano.
-Decidir cuál merece prioridad: no todo tiene que resolverse el primer día. Elegir qué conversación conviene abordar al regresar y cuáles pueden esperar permite reducir la sensación de tener que enfrentarse a todo de golpe.
-Diferenciar la pereza del trabajo de la pereza de una relación: a veces no es el trabajo lo que genera rechazo, sino la perspectiva de volver a encontrarse con una persona, un conflicto o una situación concreta.
-Empezar por las personas antes que por la bandeja de entrada: un mensaje, un café o una conversación breve pueden ser una forma más amable de recuperar el contacto que comenzar directamente el primer día revisando cientos de correos.
-Dar tiempo a la readaptación relacional: del mismo modo que el cuerpo necesita unos días para recuperar los horarios y el ritmo de sueño, las relaciones también requieren tiempo para volver a funcionar con normalidad. No es necesario resolverlo todo en 24 horas.
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