La Catedral de Barcelona recibe cada año 1,7 millones de visitas cada año, entre feligreses y turistas, y muchos miles (o millones) más deambulan por su plaza, y la cifra aún sería mayor si pudieran contarse los indígenas de paso.
En la ciudad romana hubo dos entradas de agua, pero no hay certeza de que una llegara desde Collserola
La Catedral de Barcelona recibe cada año 1,7 millones de visitas cada año, entre feligreses y turistas, y muchos miles (o millones) más deambulan por su plaza, y la cifra aún sería mayor si pudieran contarse los indígenas de paso.
Sólo los muy observadores o los ayudados por alguna clase de guía se fijan en que el acueducto mutilado de uno de los lados de la plaza, al pie de la ligera cuesta que conduce hacia la plaza de Sant Jaume por la calle del Bisbe por la puerta del mismo nombre, también llamada Porta praetoria romana , no es uno sino dos. Apenas separado por una columna de sillares de piedra, otro pie sugiere que por aquella muralla romana entraban no uno sino dos acueductos. Dos estructuras incrustadas en la muralla, que ahí sigue.
¿Tuvo la Barcino romana un acueducto o dos?
“Entraban dos acueductos”, afirma con contundencia Isabel Rodà, catedrática de arqueología de la UAB, reconocida eminencia en mundo romano y máxima voz discrepante con las nuevas teorías que cuestionan el dibujo de clásico de Barcino.
“Sólo hubo uno”, contradice Carme Miró i Alaix, responsable del Pla Barcino del Servei d’Arqueologia de Barcelona.
“Puede ser que tuviera dos”, media Eduard Riu-Barrera, arqueólogo del Servei de patrimoni i arquitectura de la Generalitat.
“Teniendo en cuenta que el agua siempre hace el mismo camino, sería fácil pensar que solo fue uno, de haber sido dos habrían existido hasta la Edad Media y tendríamos alguna noticia de ambos”, abunda Laia Macià, especialista del Servei d’Arqueologia municipal de Barcelona.
“A mi la idea de que sea un acueducto que al llegar a la ciudad se divide en dos me parece muy dudosa”, entra Ramon Járrega, profesor e investigador del Institut Català d’Arqueologia Clàssica.
El agua de Collserola es muy calcárea y no parece haber restos de cal en las conducciones del interior de Barcino
Si Barcino tuvo un acueducto o dos es –junto a la orientación del fórum y el templo– una de las incógnitas que suscita más controversia entre los especialistas.
El consenso está en que los romanos construyeron una infraestructura de unos 11 kilómetros de longitud que aportaba gran cantidad de agua a la ciudad desde alguna mina freática en Montcada i Reixac que no se ha encontrado.
Los estudios contemporáneos indican que la inclinación del canal era exactamente del 1’2%.
El arquitecto y escritor romano Vitruvio, que estableció el canon de cómo debían ser las ciudades del imperio, daba exactamente ese porcentaje como el idóneo para los acueductos.
De hecho, esa vía de agua persistió hasta la época medieval, cuando el Rec Comtal hacía un recorrido parecido.
En 1988, un aficionado a la arqueología, y colaborador de museos e instituciones, Alfred Lloré, detectó en una obra en la calle Duran i Bas la increíble estructura del acueducto, integrado en una pared. Hoy se puede contemplar.

“El suministro importante era el de Montcada, por los restos que hemos encontrado y porque fue una opción de futuro. Fue trascendental. En época romana el agua es para los patricios y para el funcionamiento de la ciudad, pero por esa canalización o una muy similar a partir de la Edad Media el agua tiene un uso industrial y agrícola muy importante, para molinos harineros, después para la industria manufacturera y a la larga para la textil y hasta para los indianos. La aportación romana duró siglos”, valora Riu-Barrera. “Yo diría que pudieron ser dos, con una segunda aportación desde Vallcarca a través de Gràcia, pero debió tener poca trascendencia porque desaparece”.
El arqueólogo Héctor Orengo, autor de algunas de las investigaciones más recientes sobre Barcino, diseñó un modelo digital del terreno que demuestra que la caída desde Collserola habría generado demasiada presión a causa de la altura, aunque los romanos dominaban la técnica de la “rotura de carga”, depósitos intermedios que detenían la velocidad del agua. Si hubo una conducción desde Collserola, no hay constancia arqueológica, aunque el desarrollo de la ciudad pudo perfectamente hacerla desaparecer. En todo caso, el agua de esta sierra es muy calcárea, lo que a la larga habría provocado una calcificación en las conducciones de la que, al menos hasta hoy, no hay noticia. En Barcino hubo al menos tres termas.
Las últimas investigaciones concluyen que solo hubo uno, que venía por el trazado del Rec Comtal y que tenía dos entradas. Esta idea también ha sentado mal en algunos ámbitos académicos”
Orengo explica que “las últimas investigaciones concluyen que solo hubo uno, que venía por el trazado del Rec Comtal y que [en la muralla] tenía dos entradas. Esta idea también ha sentado mal en algunos ámbitos académicos”.
“La romana es la primera gran civilización del agua, es capital para ellos. Y hacen aqueductus, pero un aqueductus lo es si va elevado o si va a nivel de suelo. Es una conducción de agua, aunque no tenga arcos ni sea espectacular. ¿Si no hay rastro no existió? Venga hombre. Aquí el problema es que hay que publicar-publicar-publicar, pero sin reflexión ni poner en duda las cosas. Lo lanzo y a ver qué pasa”, critica Rodà.
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