Un encuentro para que Palestina hable y no para hablar sobre Palestina. Y Palestina ha hablado estos días en Madrid con contundencia. De boca de un puñado de sus creadores en el Ágora ciudadana por la cultura palestina organizada por el Ministerio de Ernest Urtasun. Escritores, arquitectos, poetas, artistas visuales, agencias y entidades de cooperación –desde la Unrwa a la librería Finestres–, que han emocionado por la perseverancia, el ingenio y la valentía de tanta gente.
El Ágora ciudadana por la cultura palestina que precede al encuentro de ministros para ayudar al país árabe emociona en Madrid con las historias de valentía e ingenio de sus creadores
Un encuentro para que Palestina hable y no para hablar sobre Palestina. Y Palestina ha hablado estos días en Madrid con contundencia. De boca de un puñado de sus creadores en el Ágora ciudadana por la cultura palestina organizada por el Ministerio de Ernest Urtasun. Escritores, arquitectos, poetas, artistas visuales, agencias y entidades de cooperación –desde la Unrwa a la librería Finestres–, que han emocionado por la perseverancia, el ingenio y la valentía de tanta gente.
Un relato en el que lejos del tópico los palestinos no son víctimas pasivas sino decididos agentes de su presente y labradores de su futuro. Un relato con muchas historias en las que la gente pone sus cuerpos. Desde funcionarios de la ONU que salvan los archivos de las fichas de las historias de cientos de miles de familias palestinas arrancadas de sus casas sacándolas a escondidas de Gaza en sus maletas de viaje, a mujeres que salvan las colecciones de vestidos tradicionales de museos acabados de arrasar por las bombas israelíes decidiendo ponérselos debajo de la ropa para pasar los controles y peregrinar una y otra vez del sur al norte de la franja. O gente que salva miles de antigüedades de edificios en ruinas y las esconde en tiendas de campaña y las digitaliza antes de volver a ser bombardeadas en la propia tienda. Mucha gente preparada, comprometida y decidida a mantener su cultura, a restaurar sus edificios históricos, caigan las bombas que caigan, y a salvar los obstáculos más imposibles, convirtiendo el Museo Palestino de Birzeit, en Cisjordania, al que apenas pueden acceder los propios palestinos por las dificultades de desplazamiento internas, en un museo con 255 exposiciones por todo el mundo.
Urtasun señaló que “no tenemos derecho a olvidar Gaza” y emocionó la presencia del cineasta Basel Adra
El Ágora ciudadana celebrada martes y miércoles ha sido la previa, con la sociedad civil, del Foro Internacional por la Cultura Palestina que ayer se abrió con una ceremonia en el Prado en la que Urtasun aseguró que “no tenemos derecho a olvidar Gaza” y en la que emocionaron la presencia y las palabras de Basel Adra, codirector del oscarizado documental No other land, que atacó que en Europa se permita que se vendan en los supermercados productos de los asentamientos ilegales israelíes.
Una cumbre con 30 delegaciones ministeriales de todo el mundo que junto al ministro de Cultura de Palestina, Emad Hamdan, van a buscar fórmulas de colaboración con el sector cultural de ese país ante la destrucción sufrida: en la última ronda del conflicto, la primera bomba en Gaza no cayó sobre Hamas sino sobre el Museo de Rafah, subrayó en el Ágora ciudadana Amer Shomali, director del Museo Palestino, un edificio ultramoderno del mismo autor que el Gran Museo Egipcio que hace una década se inauguró sin obras para denunciar el expolio al que han sido sistemáticamente sometidos desde que soldados israelíes saquearon en 1948 el Museo Nacional de Palestina.
“Nadie se pregunta dónde están aquellas obras robadas”, subraya Shomali. Ladrones, apunta, como Moshe Dayan, entonces soldado, luego ministro de Defensa, que entre muchas obras se llevó, en 1967, 13 sarcófagos de Gaza a su casa que ahora, dice, están en The Israel Museum. Más surrealista: piezas de su colección se venden por eBay y Shomali ha podido adquirir alguna. “Los palestinos tenemos que comprar nuestro propio patrimonio”, ironiza. Por suerte, dice, hijos de los soldados que saquearon el museo en 1948 han acudido a devolver obras.
Ahora lo tienen todo digitalizado para conservar su historia, pero denuncia la destrucción sistemática de los museos en Gaza. Ellos lograron exponer el arte de la franja en plena guerra, incluidos artistas asesinados. Y en pleno bloqueo de los caminos que llevan a su museo, se han repensado y sus muestras, de pósters políticos o de Gaza, pueden ser descargadas, impresas y exhibidas en cualquier lugar del mundo. Llevan 255, hasta en Japón. De museo inaccesible a uno de los más visitados.
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