Por la vía verde de la sierra de Segura hasta Alcaraz

En España, existen más de 3.600 kilómetros de antiguas líneas de ferrocarril en desuso que han sido recuperadas como itinerarios cicloturistas y senderistas. Uno de ellos es el Camino Natural-Vía Verde, que discurre entre la sierra de Segura, en Jaén, y la sierra de Alcaraz, en Albacete, y varios de cuyos tramos se han puesto en uso recientemente. Se trata de la vía verde que recupera el antiguo trazado ferroviario de la línea Baeza-Utiel, que une Jaén con el Levante español y quedó abandonada antes de su finalización en el último tercio del siglo pasado. Ahora, este itinerario salpicado de olivos y de paisajes serranos se ha transformado en una atractiva ruta para ciclistas y senderistas, que atraviesa pueblos con historia y parajes de alto valor ecológico, como las montañas de infinito olivar de la sierra de Segura, pasando por los cañones de los ríos Segura y Mundo y por bellas panorámicas de las estribaciones más orientales de Sierra Morena.

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 Ciclistas y senderistas ya pueden disfrutar del camino natural que recupera parte del antiguo trazado ferroviario Baeza-Utiel, abandonado en el último tercio del siglo pasado. Un itinerario repleto de olivos y de paisajes serranos, y también de patrimonio cultural en pueblos con historia  

En España, existen más de 3.600 kilómetros de antiguas líneas de ferrocarril en desuso que han sido recuperadas como itinerarios cicloturistas y senderistas. Uno de ellos es el Camino Natural-Vía Verde, que discurre entre la sierra de Segura, en Jaén, y la sierra de Alcaraz, en Albacete, y varios de cuyos tramos se han puesto en uso recientemente. Se trata de la vía verde que recupera el antiguo trazado ferroviario de la línea Baeza-Utiel, que une Jaén con el Levante español y quedó abandonada antes de su finalización en el último tercio del siglo pasado. Ahora, este itinerario salpicado de olivos y de paisajes serranos se ha transformado en una atractiva ruta para ciclistas y senderistas, que atraviesa pueblos con historia y parajes de alto valor ecológico, como las montañas de infinito olivar de la sierra de Segura, pasando por los cañones de los ríos Segura y Mundo y por bellas panorámicas de las estribaciones más orientales de Sierra Morena.

Esta vía verde, de unos 50 kilómetros de extensión, cuenta con ocho espacios naturales protegidos localizados en un radio inferior a cinco kilómetros: el parque natural y reserva de la biosfera de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, los Lugares de Importancia Comunitaria (LICS) Cuencas del Rumblar, Guadalén y Guadalmena; sierra del Relumbrar y estribaciones de Alcaraz; sierra de Alcaraz y Segura; cañones del Segura y del Mundo; así como la ZEPA Sierra de Cazorla, Segura y Las Villas (Red Natura 2000).

En tierras andaluzas se desenvuelve en un paisaje de lomas y cerros dominados por el olivar en espacios alejados de poblaciones y rozando en su discurrir el parque natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas. El Camino Natural-Vía Verde de Segura, promovido por la Diputación de Jaén y desarrollado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en 2015, forma parte ahora del Programa Vías Verdes que desde 1993 dinamiza y promueve la Fundación de los Ferrocarriles Españoles.

El camino se abre por un espacio silvestre, repleto de naturaleza y paisajes idílicos. El itinerario arranca junto al mismo hito del kilómetro 217 de la carretera nacional Bailén-Albacete (N-322), a dos kilómetros de Arroyo del Ojanco (Jaén) y a uno de su abandonada estación, donde paneles y señales identifican el punto de partida.

El primer kilómetro desciende al viaducto del río Guadalimar, obra monumental de hormigón con un largo tablero de 175 metros de longitud sustentado por cinco amplios arcos. El viaducto resulta ser un mirador de excepción al bosque galería del río. El Guadalimar es, además, el punto más bajo de la ruta.

Superado el río, la traza del antiguo ferrocarril ha sido ocupada por el acceso a una planta de biogás durante un kilómetro y medio. La alternativa es un camino paralelo que, al sortear los pasos superiores, acomete varias rampas de subida y bajada.

Cuando el asfalto se desvía, la ruta vuelve a monopolizar la plataforma férrea. La vía verde de Segura recupera las bondades de la traza original e inicia una larga travesía por un paisaje de lomas y cerros, dominado por el alineado olivar y alternos campos baldíos donde proliferan las escobas, salpicado con ejemplares aislados y reductos de pinar. A la par, en la lejanía, a uno y otro lado se levantan altos montes donde el olivar asciende hasta el denso pinar que corona las cimas. En tan complicada orografía, el ferrocarril traza largas rectas gracias a sus obras más características. Se suceden altos terraplenes levantados sobre vaguadas de arroyos, trincheras para superar las elevaciones del terreno y falsos túneles allí donde las paredes terrosas de las trincheras resultan demasiado blandas.

A partir del kilómetro 122 se observa cómo, en la cadena montañosa que cierra el horizonte meridional, se abre un profundo tajo. El Guadalimar ha excavado un paso en la sierra de Segura, donde se asienta estratégicamente la localidad La Puerta de Segura. Al fondo de dicho tajo, sobre un cerro, se divisan el castillo y el pueblo de Segura de la Sierra encaramados en una montaña, dominando los confines del parque natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas.

A la vista de la pedanía de La Agracea se sitúa otro hito del camino. A un lado queda un campo de tiro, cuyo bar representa la única posibilidad de abastecerse en las inmediaciones de la vía verde. Unos 200 metros más adelante hay una pista de gravilla que desciende al reencuentro de la traza original del ferrocarril y permite a los vehículos acceder al aparcamiento habilitado ante la primera estación del recorrido. La antigua estación de Puente de Génave presenta idéntico modelo arquitectónico que las otras. La componen un edificio principal de viajeros y un almacén de mercancías con sus respectivos andenes. Sin embargo, aquí se complementa con un embarcadero de ganado, que no veremos en las restantes estaciones, junto al que se ha habilitado un área de descanso. Tras la estación, la vía se enreda con los cursos de los arroyos del Gavilán y del Moral. La traza se curva, obligada por profundas vaguadas con empinados taludes. En ese entorno no domesticado prolifera un pinar que, primero, llega hasta la vía por las intermitentes ramblas que cruza a modo de altos terraplenes, y finalmente se convierte en protagonista.

Los pinos embellecen la ruta entre la pedanía de Bonache, poco antes de cruzar el límite del parque natural, y la trinchera del kilómetro 129. Este tramo incluye un área de descanso, un lugar idílico para la parada, pues el verde y la sombra de los pinos la convierten en un oasis. En la travesía por el parque natural se recobra el paisaje dominante de olivares y baldíos. La vegetación cambia, pero no el entorno de vaguadas que continúan acosando a la traza.

En adelante, la vía verde de Segura acomete una gran trinchera de altas paredes rocosas curvada a la izquierda, que se levanta sobre dos altos terraplenes a modo de mirador a la profunda vaguada, y finalmente se sumerge bajo tierra. El túnel de Génave, el más largo del trayecto, posee una galería recta de 277 metros en perfectas condiciones. Pero carece de iluminación, por lo que conviene traer linterna o luces en la bici.

A partir de la estación de Génave se recobra el entorno alomado, con largas rectas entre olivos y baldíos. Mismo entorno, pero diferentes panorámicas. En el lado izquierdo (norte), Sierra Morena declina y el panorama se abre. La vista puede perderse por los confines de la provincia de Jaén y atisbar incluso los Campos de Montiel, en Ciudad Real.

La travesía por el parque natural llega a su fin a la altura de un paso superior que deja a un lado el cortijo de Santa María. La ruina de las casas y lo agreste del lugar transmiten una sensación de gran desolación. A partir de este cortijo asistimos a un cambio radical del entorno. El olivar deja de ser omnipresente y ahora se alternan campos de cultivos herbáceos y baldíos donde proliferan escobas y encinas. La estación de Villarrodrigo dispone de área de descanso y acceso. Tras ella se sucede el último tramo del itinerario en su tramo jiennense: un leve descenso de kilómetro y medio entre llanos campos de cereal.

Aunque el camino natural está pensado para cicloturistas y senderistas, también es una buena oportunidad para detenerse en el rico patrimonio cultural de los pueblos por los que discurre esta vía verde. En Arroyo del Ojanco se puede visitar el Centro de Interpretación de la Cultura Romana; y en Segura de la Sierra, que forma parte del selecto club de los Pueblos Más Bonitos de España, esperan el castillo y villa (declarados Paisaje Pintoresco y Conjunto Histórico Artístico), la iglesia parroquial de Santa María del Collado, el Ayuntamiento, la Fuente Imperial, la casa de Jorge Manrique, la iglesia de los Jesuitas, la plaza de toros, baños árabes, lienzos, torres y puertas de acceso de la muralla. En Puente de Génave descansan los restos del antiguo puente romano sobre el río Guadalimar; en La Puerta de Segura, la iglesia de San Mateo, el barrio de Beas y el Peñón, el paseo del Guadalimar y torreón del castillo; en Génave, la Torre de la Tercia, torre de la Laguna y la iglesia de la Inmaculada Concepción; y en Villarrodrigo, el Centro de Interpretación Histórica Las Defensas de Frontera, en la torre del antiguo castillo.

Esta ruta también es conocida como la Vía Verde del Renacimiento, precisamente porque discurre por la senda que atravesó el insigne arquitecto Andrés de Vandelvira (nacido en Alcaraz) en su incursión hacia la provincia de Jaén, donde dejó una imborrable huella, en especial en las ciudades patrimoniales de Úbeda y Baeza o la catedral de Jaén.

Para alargar la ruta

La vía verde de Segura finaliza en el límite provincial con Albacete, pero el viaje puede continuar por la vía verde de la sierra de Alcaraz o incluso hasta la capital albaceteña, aunque aún queda un tramo sin recuperar de 16 kilómetros más allá de la estación de Reolid y llegando hasta la villa de Alcaraz.

El ferrocarril que debía unir las localidades de Baeza (Jaén) y Utiel (Valencia), que nunca llegó a terminarse, estaba llamado a recorrer múltiples y muy diferentes territorios. Pero la contradicción paisajística más exacerbada quizás sea la correspondiente a este tramo. Su recorrido nos lleva primero a surcar la llanura albaceteña, un terreno homogéneo y agrícola, y luego nos sumerge en la cuenca del río Jardín, espacio de tránsito hacia un terreno abrupto y montaraz que culmina en la sierra de Alcaraz.

La ruta dispone de paneles informativos y de evacuación, indicadores, barandillas, bolardos, repoblación de los márgenes de la vía, áreas de descanso con mesas, bancos, papeleras, aparcabicis y accesos a las antiguas estaciones.

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