El tango como lenguaje, como emoción y también como relato. Sobre esa idea ha construido su trayectoria el director argentino Luis Bravo, creador de Forever Tango, un espectáculo que ha superado los diez millones de espectadores tras estrenarse en Broadway en 1997 y recorrer escenarios de todo el planeta. Ahora llega al barcelonés Teatre Coliseum, que acogerá doce funciones desde el 16 de abril y hasta el 2 de mayo.
‘Forever Tango’ llega al Teatre Coliseum del 16 de abril al 3 de mayo de la mano del director Luis Bravo
El tango como lenguaje, como emoción y también como relato. Sobre esa idea ha construido su trayectoria el director argentino Luis Bravo, creador de Forever Tango, un espectáculo que ha superado los diez millones de espectadores tras estrenarse en Broadway en 1997 y recorrer escenarios de todo el planeta. Ahora llega al barcelonés Teatre Coliseum, que acogerá doce funciones desde el 16 de abril y hasta el 2 de mayo.
Formado en la música antes que en la danza, Bravo entiende el tango como algo que se escucha tanto como se mira. Esa mirada atraviesa un montaje en el que conviven bailarines y músicos en directo, y donde cada pieza funciona como una pequeña historia. El resultado es un recorrido por las raíces del tango en los arrabales de Buenos Aires hasta su expansión internacional.
A unos días de que el espectáculo recale en el teatro de la Gran Via, el músico y director reflexiona sobre la vigencia de esta danza, su transformación a lo largo del tiempo y el vínculo que sigue estableciendo con esta.
Sus orígenes vienen de la música clásica. Pasó a la danza con Forever Tango. ¿Cómo cambió su manera de entender y dirigir el tango sobre el escenario?
Tras hacer carrera en mi país como violonchelista y como músico clásico en Estados Unidos, un día tuve ganas de hacer algo que tuviera que ver con mi cultura, con mi nombre. Junté músicos que habían tocado conmigo muchos años antes, músicos de tango, bailarines, e hice esta obra. Y un escalón llevó a otro y un suceso trajo otro. Y así fui haciendo el camino hasta llegar a donde he llegado. Hasta que llegué a Broadway y a más de 10 millones de personas.
¿Qué tiene el tango que fascina al público internacional?
El tango tiene muchas vertientes. Como todas las artes, no hay arte puro. La pureza hay que buscarla en las matemáticas. Pero el tango tiene una vertiente flamenca, napolitana, caribeña, de música negra, de las Pampas de Argentina. Todas esas culturas que vinieron a poblar la Argentina a fines del siglo XIX, dieron como resultado esta creación anónima y popular que llamamos tango.
Ahora, lo primero que entra al espectador es el baile. Ver bailar el tango es una cosa muy cautivante. Tiene que ver con esa forma que tienen de fundirse esas dos almas, esas dos intenciones que van juntas. Hay una escena de los orígenes del tango en los autobuses, en la parte marginal, donde todos se juntaban para socializar. Y allí, músicos anónimos traían sus instrumentos y comenzaron a tocar toda esa música, que tenía un poco de donde cada uno venía.
Fue considerada una danza lasciva, nació en el lenocinio y no fue aceptada por la aristocracia. Pese a ello, llegó a Europa y a la aristocracia parisina como una danza sofisticada. Y cuando volvió a Argentina, las clases altas lo adoptaron. Desde entonces conquistó el mundo como una danza genuina, propia de nuestra cultura.
Y esa mezcla de pasión, de melancolía y elegancia, ¿sigue siendo su esencia hoy?
Sí. Es una danza que reúne todas las emociones humanas. Es un arte popular muy auténtico. Quizás por este motivo cautive tanto.
¿El público de hoy reacciona igual que el de hace años atrás?
Se enloquece. Se emociona. Yo he visto a la gente llorar. Festejarlo. El show tiene todo tipo de matices. Tiene comicidad. Tiene tragedia. Tiene melancolía. Tiene nostalgia. Tiene abandono. Tiene lujuria. Tiene de todo. Todas las pasiones humanas están ahí.
¿Qué aporta la música en vivo a la experiencia del tango?
Todo. La música es una expresión artística de toda una cultura. Y la danza es una interpretación corporal de esa música. Y lo ves al final de todo el espectáculo: quien realmente se lleva los aplausos son los músicos.
El tango ha pasado desde los arrabales hasta llegar a los más grandes teatros del mundo. ¿Cómo ha cambiado su significado cultural?
Todo arte sufre la evolución del artista y el tiempo de la historia en el que sucede. No es lo mismo un tango de Villoldo que un tango de Salgán. Este baile se ha ido enriqueciendo con otras artes. Y todo ello ha contribuido a que haya habido una transformación, pero sin perder la esencia. El arte es identidad. Y yo creo que este espectáculo en sí lo que tiene es una profunda identidad.
A lo largo de los años se ha convertido en una obra de los pueblos del mundo. Hemos actuado en villas de pescadores en el sur de Corea, en la selva guatemalteca o en Broadway. Y siempre hemos tenido el mismo recibimiento. Estamos muy agradecidos por la generosidad con la que el público nos devuelve todo eso que uno entrega arriba del escenario.
Esa idea de identidad que genera el tango, ¿cree que por eso sigue conectando con el público?
Claro. Uno, cuando ve bailar a una pareja de tango, percibe un montón de sensaciones y humanidades de diferentes personalidades de cada uno de los personajes. Un libro de cuentos, donde cada tango es un relato diferente. El espectador se identifica con uno o con otro a partir de una psicología propia. Creo que todas, en lo más posible, están pintadas allí: todas las emociones humanas.
¿Qué tiene de especial presentar Forever Tango aquí en Barcelona?
Hace muchos años que quiero venir a España. Por cuestiones de calendario del show, no hemos podido hasta ahora. Quería venir a Barcelona porque considero que este es un público muy exquisito y es la tierra del gran Pau Casals. Yo soy chelista; para mí estar aquí es muy especial. Tengo por el público catalán una predilección muy grande que viene a partir de la admiración que he tenido por él. Y por los pintores, los escritores, los poetas y la terrible cultura que hay detrás de todo lo que es el pueblo de Catalunya.
¿Qué es lo que le sigue emocionando al ver su obra?
Yo no he elegido ser músico; por alguna razón lo soy y no tengo otra opción. Ayer me preguntaban: “¿Cuánto tiempo seguirás haciendo esto?”. Respondí que toda mi vida. Porque esto soy yo. De esta forma yo he construido mi vida y me emociona todos los días, tanto como hace treinta años. Requiere de una pasión y entrega muy grandes. Tengo que amarlo. Es una vida muy bella de vivir, sobre todo en los tiempos que corren, en que la parte humana está tan descuidada. El ser humano ha puesto la atención fuera en vez de crecer hacia adentro, que es lo que nos ha ido deteriorando como sociedad.
Yo no he elegido ser músico; por alguna razón lo soy y no tengo otra opción
Soy el productor, el empresario, el dueño, el creador, el chelista muchas veces; soy el director de todos, el psiquiatra también. Son varios sombreros que llevo puestos y que me han consumido mucho de mi vida personal. Porque cuando tomo el avión salgo a la vida pública y me tengo que vestir de hombre de acero en un mundo que se está desintegrando en todos los sentidos.
¿Qué imagen le evoca el tango?
Se ha definido de muchas formas, como un pensamiento triste que se baila, como una historia que se cuenta en tres minutos… Lo que sí puedo decir es que es lo que más define a un argentino. ¿Cómo definirías a Messi? Te muestra una cosa, pero cuando menos te lo esperas, estás perdiendo 1-0. La genialidad que tiene esa capacidad de amagar, eso tiene el argentino, eso tiene el tango. Esa sensación de abandono, de melancolía, porque fue una música de inmigrantes. Esa sensación también de lujuria, porque nació en el lenocinio. Y tiene la sexualidad, como todo arte.
La sociedad norteamericana lo relacionó mucho con el sexo. Recuerdo una vez que en el Chicago Tribune llamaron al tango “la expresión vertical de un deseo horizontal”. No entendieron nada. El tango es una tragedia, no tiene nada que ver con una cosa sexual. Es una danza que bailas solo, pero con alguien. Son dos intenciones que van juntas.
Cuando uno ve la obra de Beethoven y la obra de Schubert, es imposible emular a esa gente hoy en día. Nos encontramos en una involución brutal, donde el avance tecnológico, del conocimiento, se ha usado como un instrumento de opresión y no de mejora. Creo que el arte, gracias a Dios, es un refugio muy grande que nos mantiene a salvo de todo eso.
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